Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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«Gracias a
nuestros amigos españoles por su ayuda»
Um Qsar agradece la labor
humanitaria foránea, pero desea la partida de los ejércitos Apenas hace quince días que llegaron
a Iraq y la labor de las tropas españolas ya se nota. Valgan como
ejemplo las palabras de agradecimiento a España y sus ciudadanos
pronunciadas ayer por dos autoridades de Um Qsar, Nayin Abd Mahdid,
dirigente civil, y el imán Mohamed Al Saloui.
El calor es tórrido y
sofocante en Um Qsar, ciudad portuaria iraquí situada a menos de veinte
kilómetros de la frontera con Kuwait y que fue la primera en ser tomada
por las fuerzas de la coalición angloestadounidense que derrocó a Sadam
Husein. El termómetro supera ya a media mañana los 35 grados y la
humedad no baja del 60 por ciento. Sin embargo, del transporte de la
Armada Galicia, atracado en el puerto antiguo de la ciudad, que está
bajo responsabilidad española, no paran de salir patrullas y convoyes de
infantes de Marina y del Ejército de Tierra que se dedican a distribuir
la esperada ayuda humanitaria por los barrios de la localidad.
La ciudad de Um Qsar, de unos 35.000 habitantes, necesita de la ayuda
de estos hombres y mujeres. La guerra les ha dejado sin agua corriente y
su única forma de abastecimiento son los aljibes militares españoles y
británicos, que distribuyen el líquido elemento que llega a un gran
depósito de la ciudad procedente de Basora y de las donaciones que hace
el Gobierno de Kuwait.
«La situación es terrible», dice Nayin Abd Mahdid, el jefe del
consejo local, nombrado por las fuerzas británicas destacadas en la zona
a propuesta de otros líderes tribales. «Falta el agua, la electricidad y
estamos muy preocupados por la falta de seguridad. Sin embargo, gracias
a los soldados españoles el agua ya se distribuye entre los distintos
barrios, la luz volverá en unos diez días, las escuelas empiezan a
funcionar y tenemos asistencia médica».
El imán chií Mohamed Al Saloui asiente y coincide con él:
«Gracias,
gracias, gracias al pueblo español». LA RAZÓN tuvo la oportunidad de
acompañar a los soldados españoles en una entrega de agua y comida en
uno de los barrios más deprimidos de Um Qsar. Nada más ver a los
vehículos españoles, aljibes y todoterrenos Hummer idénticos a los que
utilizan los marines estadounidenses, la gente sale a la calle y se
agolpa frente a ellos para recoger los 10.000 litros de agua y 625
raciones de comida.
Las mujeres se cubren el rostro mientras llenan los cubos, casi todos
los hombres se van hacia donde se reparte la comida y los niños se
acercan a los soldados y a los periodistas para saludarles y pedirles «gifts»
(regalos). Algunos más mayorcitos intentan cambiar fotocopias en color
de los billetes utilizados en la etapa de Sadam Husein por dólares
americanos. Sí, aunque parezca mentira, en el depauperado y desolado Iraq hay fotocopiadoras en color que se utilizan para intentar timar a
los desprevenidos.
Los soldados españoles tienen bien establecido el sistema de entrega
de ayuda. Como explica el comandante Manuel Badás, responsable
cívico-militar de la operación y encargado de las relaciones con las
autoridades locales, los habitantes de Um Qsar «están agradecidos a las
fuerzas internacionales por haberles liberado, pero su cultura árabe y
orgullo les hace un poco reacios a aceptar la ayuda humanitaria».
Por ello, el contingente entrega las raciones y los paquetes a los
responsables o a los imanes de los distintos barrios de la localidad,
para que sean ellos quienes se lo hagan llegar a la población. Con este
método, los ciudadanos iraquíes no se sienten tan heridos en su orgullo.
Otro punto fundamental de la actuación española es el de la
reconstrucción de las escuelas. La ciudad contaba con veinte antes de la
guerra y en estos momentos sólo funciona una, aunque tiene una parte en
reparación. Los planes inmediatos, según el comandante Badás, pasan por
terminar de arreglar ésta y poner en marcha otras tres, aunque la falta
de materiales en la zona ¬sólo se ha podido conseguir un suministrador
en Basora¬ está retrasando las labores.
No obstante,
también es cierto pese al agradecimiento, que los
líderes locales desean la pronta salida de las fuerzas de España,
Estados Unidos y Gran Bretaña de su país. Nayin pone el ejemplo de
Kuwait en 1991, que una vez liberada por una vasta coalición de tropas
occidentales se dejó la administración en manos de personas de ese país.
«Ése debe ser el modelo. Una vez que los tres países hayan cumplido
su labor ¬aunque no precisó el tiempo¬ se irán», para que los iraquíes
puedan decidir libremente su futuro, opina Nayin.
Fuente: La Razón
24/04/2003