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Martes 29 de abril de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

«Gracias a nuestros amigos españoles por su ayuda»

Um Qsar agradece la labor humanitaria foránea, pero desea la partida de los ejércitos Apenas hace quince días que llegaron a Iraq y la labor de las tropas españolas ya se nota. Valgan como ejemplo las palabras de agradecimiento a España y sus ciudadanos pronunciadas ayer por dos autoridades de Um Qsar, Nayin Abd Mahdid, dirigente civil, y el imán Mohamed Al Saloui.
 

El calor es tórrido y sofocante en Um Qsar, ciudad portuaria iraquí situada a menos de veinte kilómetros de la frontera con Kuwait y que fue la primera en ser tomada por las fuerzas de la coalición angloestadounidense que derrocó a Sadam Husein. El termómetro supera ya a media mañana los 35 grados y la humedad no baja del 60 por ciento. Sin embargo, del transporte de la Armada Galicia, atracado en el puerto antiguo de la ciudad, que está bajo responsabilidad española, no paran de salir patrullas y convoyes de infantes de Marina y del Ejército de Tierra que se dedican a distribuir la esperada ayuda humanitaria por los barrios de la localidad.

La ciudad de Um Qsar, de unos 35.000 habitantes, necesita de la ayuda de estos hombres y mujeres. La guerra les ha dejado sin agua corriente y su única forma de abastecimiento son los aljibes militares españoles y británicos, que distribuyen el líquido elemento que llega a un gran depósito de la ciudad procedente de Basora y de las donaciones que hace el Gobierno de Kuwait.

«La situación es terrible», dice Nayin Abd Mahdid, el jefe del consejo local, nombrado por las fuerzas británicas destacadas en la zona a propuesta de otros líderes tribales. «Falta el agua, la electricidad y estamos muy preocupados por la falta de seguridad. Sin embargo, gracias a los soldados españoles el agua ya se distribuye entre los distintos barrios, la luz volverá en unos diez días, las escuelas empiezan a funcionar y tenemos asistencia médica».

El imán chií Mohamed Al Saloui asiente y coincide con él: «Gracias, gracias, gracias al pueblo español». LA RAZÓN tuvo la oportunidad de acompañar a los soldados españoles en una entrega de agua y comida en uno de los barrios más deprimidos de Um Qsar. Nada más ver a los vehículos españoles, aljibes y todoterrenos Hummer idénticos a los que utilizan los marines estadounidenses, la gente sale a la calle y se agolpa frente a ellos para recoger los 10.000 litros de agua y 625 raciones de comida.

Las mujeres se cubren el rostro mientras llenan los cubos, casi todos los hombres se van hacia donde se reparte la comida y los niños se acercan a los soldados y a los periodistas para saludarles y pedirles «gifts» (regalos). Algunos más mayorcitos intentan cambiar fotocopias en color de los billetes utilizados en la etapa de Sadam Husein por dólares americanos. Sí, aunque parezca mentira, en el depauperado y desolado Iraq hay fotocopiadoras en color que se utilizan para intentar timar a los desprevenidos.

Los soldados españoles tienen bien establecido el sistema de entrega de ayuda. Como explica el comandante Manuel Badás, responsable cívico-militar de la operación y encargado de las relaciones con las autoridades locales, los habitantes de Um Qsar «están agradecidos a las fuerzas internacionales por haberles liberado, pero su cultura árabe y orgullo les hace un poco reacios a aceptar la ayuda humanitaria».

Por ello, el contingente entrega las raciones y los paquetes a los responsables o a los imanes de los distintos barrios de la localidad, para que sean ellos quienes se lo hagan llegar a la población. Con este método, los ciudadanos iraquíes no se sienten tan heridos en su orgullo.

Otro punto fundamental de la actuación española es el de la reconstrucción de las escuelas. La ciudad contaba con veinte antes de la guerra y en estos momentos sólo funciona una, aunque tiene una parte en reparación. Los planes inmediatos, según el comandante Badás, pasan por terminar de arreglar ésta y poner en marcha otras tres, aunque la falta de materiales en la zona ¬sólo se ha podido conseguir un suministrador en Basora¬ está retrasando las labores.

No obstante, también es cierto pese al agradecimiento, que los líderes locales desean la pronta salida de las fuerzas de España, Estados Unidos y Gran Bretaña de su país. Nayin pone el ejemplo de Kuwait en 1991, que una vez liberada por una vasta coalición de tropas occidentales se dejó la administración en manos de personas de ese país.

«Ése debe ser el modelo. Una vez que los tres países hayan cumplido su labor ¬aunque no precisó el tiempo¬ se irán», para que los iraquíes puedan decidir libremente su futuro, opina Nayin.

Fuente: La Razón
24/04/2003

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