El informe censurado del 11-S expone vínculos entre Arabia Saudí y Al
Qaeda
La Administración
Bush se niega a publicar los inquietantes contenidos de las 28 páginas
del informe oficial elaborado por el Congreso de Estados Unidos
Washington
se despertó ayer con toda clase de inquietantes detalles sobre las 28
páginas censuradas del informe oficial realizado por el Congreso de
Estados Unidos para identificar los fallos de seguridad que hicieron
posible la tragedia del 11-S. Un capítulo dedicado a las
comprometedoras relaciones entre Al Qaeda y Arabia Saudí que la
Administración Bush se empeña en no publicar con la excusa de no dañar
una serie de investigaciones en curso.
Sin
embargo, estos reparos de la Casa Blanca por no complicar aún más las
tensas relaciones con el país árabe que controla el precio del petróleo,
no son universales. Y varias 'gargantas profundas' han empezado a
sacar a la luz algunos de los trapos sucios que la Administración Bush
hubiera preferido mantener en secreto. Las filtraciones publicadas
por diversos medios de comunicación coinciden en una abultada serie de
vínculos en la trama del 11-S que salpicarían a instituciones, magnates
y miembros de la familia real de Arabia Saudí.
Relaciones con los suicidas del 11-S
Dentro de
la porción desvelada por el New York Times del informe elaborado por los
comités de Inteligencia del Senado y la Cámara Baja se destaca que
dos saudís relacionados con algunos de los terroristas del 11-S
probablemente forman parte de los servicios de inteligencia de Riad.
Los sujetos en cuestión son Omar al-Bayoumi y Osama Bassnan, con base en
San Diego y un extenso contacto con al menos dos de los suicidas que
atacaron el World Trade Center y el Pentágono.
Omar
al-Bayoumi estaba empleado indirectamente por la autoridad de aviación
civil de Arabia Saudí, una "tapadera" que le permitía recibir ingresos
regulares pero sin realizar ningún trabajo a cambio. Estos pagos se
habrían incrementado significativamente después de que el posible espía
entrara en contacto a principios de 2000 con dos de los secuestradores
del 11-S, Khalid al-Mihdhar y Nawaf al-Hazmi llegados a EE.UU. tras
participar en una famosa cita de planificación celebrada en Malasia. Dos
meses antes de la ofensiva terrorista Al-Bayoumi emigró a Gran Bretaña
donde el antiguo jefe de los servicios de inteligencia saudís -el
príncipe Turki al-Faisal- estaba destinado como embajador en Londres.
Ahora, este viajero sujeto se encontraría en Arabia Saudí.
Entre las
revelaciones facilitadas por Los Angeles Times sobre este polémico
documento, se destaca que el Gobierno de Arabia Saudí no sólo facilitó
significativos fondos y ayuda a los terroristas del 11-S sino que
también ha tolerado el envío de cientos de millones de dólares con
destino a las arcas de Al Qaeda y otros grupos terroristas. Citando a
varias fuentes que han tenido acceso a estas páginas clasificadas, el
diario de California enumera una serie de sospechosas actuaciones que no
pueden ser calificadas como actos aislados o coincidencias y que apuntan
directamente al gobierno saudí y no sólo a ciertas entidades o
individuos.
La Casa
Blanca viene defendiendo con firmeza la necesidad de mantener en secreto
por razones de seguridad nacional esta comprometida parte del
informe, de casi 900 páginas, elaborado por el Congreso federal y
presentado hace dos semanas. El propio Bush ha indicado que "no tiene
sentido desclasificar estas páginas porque se estaría ayudando al
enemigo" al revelar métodos y fuentes de los servicios de
inteligencia norteamericanos. Según Bush, "si se está investigando a
determinada gente, no nos interesa que ellos lo sepan".
Riad
quiere que se publique
Estos
argumentos de sigilo han sido rechazados por la mayoría de los
congresistas demócratas y algunos republicanos, para quienes sólo se
debería censurar una mínima parte que ofrece detalles específicos sobre
las actividades de contraespionaje y contraterrorismo del FBI. A
favor de la publicación está el propio gobierno de Arabia Saudí. Según
el príncipe Saud al-Faisal, ministro de Exteriores, su país "no tiene
nada que esconder y no buscamos ni necesitamos un escudo".