Seguridad Pública y Protección Civil
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La prevención, base
de la lucha contra el fuego
La
puntualidad y la regularidad con la que cada verano se producen los
incendios en España lleva muchas veces a pasar de largo o minusvalorar
un problema que tiene muy graves consecuencias tanto económicas como
ecológicas -por no hablar de las vidas humanas que se cobran los
siniestros-. Sólo cuando los incendios alcanzan la magnitud de los que
estos días asolan diversas regiones de España parece que tomamos
conciencia pública de la importancia que verdaderamente tiene; según los
datos del Ministerio de Medio Ambiente, el año pasado hubo en nuestro
país casi veinte mil siniestros, con un total de 107.472 hectáreas
afectadas y unas pérdidas económicas de más de 220 millones de euros.
Son cifras tan elocuentes como frías, ya que no son capaces de reflejar
todo el daño causado.
No
se puede hablar de falta de previsión por parte de las Administraciones.
La -en líneas generales- rápida y eficaz actuación ante los siniestros
de los últimos días así lo demuestra; basta echar una mirada a la vecina
Portugal, donde se ha decretado el «estado de calamidad pública», para
darse cuenta de los avances realizados en esta materia en nuestro país.
El Ministerio de Medio Ambiente cuenta para combatir los incendios con
más de medio centenar de aeronaves y once brigadas especiales, que
componen más de cuatrocientas personas; en la Universidad de Valladolid
se encuentra el Laboratorio de Teledetección (Latuv), único centro en
Europa que controla en tiempo real el riesgo de incendios, y que está
coordinada con entidades como la Agencia Europea del Espacio y los
Gobiernos autónomos de Castilla y León y de Galicia. La Guardia Civil,
como cada año, tiene puesto en marcha desde el 1 de junio su «Plan
contra incendios forestales», en el que según la información de la
Benemérita están implicados y en permanente alerta unos 35.000
efectivos. Son botones que muestran la preocupación existente ante el
problema.
Aun
así, resulta innegable que las medidas de vigilancia y prevención
tomadas no son del todo suficientes y que han que aumentar la inversión
en la lucha contra el fuego y la dotación de medios para mejorar su
efectividad. Las lluvias caídas en España en los últimos meses facilitan
la acumulación de rastrojos y de vegetación que, una vez seca y con las
altísimas temperaturas que vive en estos días la Península, se convierte
en un aliado importantísimo para el fuego, por la facilidad con que se
propaga. Parece claro que ante circunstancias así conviene reforzar los
trabajos preventivos y redoblar la vigilancia y el cuidado en aquellas
zonas donde existe mayor riesgo de incendio. Máxime cuando los bosques
son, cada vez más acusadamente, terreno de nadie.
La
prevención y la educación ciudadana resultan por tanto absolutamente
indispensables (no pueden descuidarse tampoco las campañas publicitarias
y pedagógicas), pero no son suficientes. No podemos olvidar que una
buena parte de los incendios forestales son provocados, y hay que luchar
tanto en el frente policial -la Guardia Civil detuvo el pasado año a 112
personas por su presunta implicación en incendios forestales- como en el
legislativo. Medidas como las existentes en algunas Comunidades
Autónomas tendentes a prohibir la recalificación de los terrenos
afectados por el fuego o la utilización mercantilista de los recursos
quemados -con las que se trata de poner coto a la especulación-
contribuyen a esta necesaria labor de lucha contra uno de los mayores
males que padece la Naturaleza en España.
Fuente: ABC
06.08.03
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