Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
 |
|
| |
 |
|
|
Kioto o la torre de Babel
Una reunión más de
la conocida como Cumbre del Clima.
Esta
vez el escenario es la ciudad italiana de Milán. Antes lo fueron
Nueva Delhi, Marrakech, Bonn, La Haya, de nuevo Bonn, Buenos Aires y
Kioto, la que dio nombre al Protocolo que debía contener los mecanismos
para corregir las desviaciones del clima del planeta. Se llega a la cita
con una agenda cargada de asuntos, algunos muy técnicos, pero una vez
más parece que lo único que se pretende es que el Protocolo de Kioto no
muera. Técnicamente no lo ha hecho, pero su esencia se perdió hace
tiempo, cuando se habilitaron los mecanismos para que, sin dejar de
emitir gases contaminantes a la atmósfera, el balance final de
resultados fuera en neto y no en bruto.
 |
| Pulse
encima para ampliarla |
Un maquillaje que se consigue principalmente a costa de los bosques -que cada vez ocupan menos
extensión y están peor conservados- y de los suelos -cada día más
erosionados-. Pese a estas licencias o puertas falsas el consenso no
llega. Cada cual viaja en su propio barco, alguno incluso por otros
mares, y habla su propio idioma.
Así las
cosas, los representantes de más de 180 países reunidos en Milán
analizarán los temas contenidos en la agenda. Salvando las
negociaciones políticas, aunque vitales para que el Protocolo de Kioto
pueda ser resucitado -para lo cual primero es necesario que Rusia vuelva
al redil-, los asuntos de mayor interés vuelven a ser, en líneas
generales, los planteados por la Unión Europea. La consigna de la UE
para esta reunión puede resumirse en «aunque no esté Rusia, deben irse
cerrando todos los «flecos» para conseguir que el Protocolo sea
plenamente operativo», según fuentes de la delegación española en
esta negociación.
Salvar
el Protocolo
Aunque los
datos conocidos esta misma semana sobre las emisiones de gases de efecto
invernadero de los Quince dejan más que lugar al desaliento y chocan con
la postura, nada criticable, de salvadores del clima que han mantenido
en las anteriores convocatorias, las mismas fuentes reconocen que la UE
«no está pasando por su mejor momento», pero consideran que el simple
hecho de «haber asumido el reto en su momento y del esfuerzo y recursos
invertidos en ello» les autoriza para pedir al resto de
participantes que luchen por salvar el Protocolo.
Una de las
cuestiones principales de la agenda será aprobar las directrices que
permitan que los proyectos incluidos en el llamado Mecanismo de
Desarrollo Limpio (MDL) puedan ser autorizados. El MDL, que se
estableció en el Protocolo de Kioto, permite a los países con objetivos
de reducción que financien medidas de protección del clima en países en
vías de desarrollo, descontarse unidades de dióxido de carbono de su
cuenta de emisiones. Ahora se trata de definir qué proyectos son
susceptibles de incluirse en este apartado y para ello el órgano
ejecutivo del MDL establecerá una serie de criterios para que se creen
unas entidades verificadoras, que son las que tienen que decir si los
proyectos que se presentan cumplen los requisitos.
Dentro de
estos proyectos también se incluyen los llamados «sumideros» de
carbono. No obstante, la utilización de los sumideros estará limitada,
limitación que se justifica en que los propios científicos mantienen
dudas sobre cuál es la capacidad de absorción de los bosques del
planeta. En este sentido, también se pretenden aprobar las metodologías
y directrices para contabilizar esos «sumideros» en los
inventarios nacionales. Dependiendo de la complejidad del método que se
proponga, se empezará más tarde o más temprano a dar los datos netos de
emisiones.
Tema de
especial interés es el de los instrumentos financieros habilitados por
la Convención y el Protocolo para la cooperación al desarrollo. En
esta reunión deben aprobarse los presupuestos para 2004 y 2005 y también
el destino de esos fondos. Sin embargo, Estados Unidos no quiere que
nada del dinero que aporta vaya destinado a cuestiones del Protocolo,
sino sólo a la Convención. En este sentido, pretende que este fondo se
segregue, un precedente que no se ha dado nunca en Naciones Unidas,
según fuentes de la delegación española, y que sin duda generará un
importante debate.
Posturas encontradas
Lo
mismo ocurrirá previsiblemente con la discusión sobre los futuros
trabajos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC),
pues las posturas sobre cuál debe ser el enfoque de sus próximas
investigaciones están muy encontradas. Así, los países en vías de
desarrollo optan por un enfoque hacia cuestiones relativas a la
adaptación a los impactos del cambio climático; Estados Unidos pretende
que se oriente a continuar con la investigación y observación del clima,
en línea con las tesis de George W.Bush de que no existen certezas de
que la acción del hombre esté detrás del cambio climático, mientras que
la Unión Europea entiende que la investigación debe centrarse en cómo
hacer frente a la necesaria reducción de emisiones y, al mismo tiempo,
en las formas de adaptarse a los efectos del calentamiento global. Unas
posturas que no ocultan las verdaderas intenciones de cada uno, y que en
el caso de los países en vías de desarrollo tienen que ver con lo que
será el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto.
Y es que a
partir de 2012 estos países deberían tener objetivo de reducción, pero
como no les interesa abrir esa discusión quieren que el debate
científico sólo se centre en la mitigación de impactos. No obstante, la
Unión Europea intentará de una manera «sutil y con tiento»
recordar que sería conveniente comenzar a hablar de esas obligaciones,
según las mismas fuentes. El Protocolo establece que a más tardar, en
2005, deben empezarse a discutir los compromisos de reducción de los
países que ahora no los tienen, además de revisar los que ya están
fijados. Estados Unidos tampoco quiere oír hablar de reducción de
emisiones, pero en su caso porque ya ha rechazado reducirlas, por lo
menos en base al Protocolo de Kioto. Ambas posturas no hacen más que
politizar el debate científico y demostrar que dos no se entienden si
uno no quiere.
|
Las grandes
chimeneas que contaminan el planeta |
|
El futuro del Protocolo de Kioto sobre cambio climático está
sobre todo en las manos de los mayores contribuyentes de
emisiones de gases de efecto invernadero. Cuánto emiten, lo
que están haciendo o no para evitarlo y cuáles son sus
obligaciones dentro del Protocolo se exponen a continuación:
Estados Unidos: Es el país que más emite, tanto de forma
absoluta como por habitante, si bien también es el que produce
más riqueza. Cuando se adoptó el Protocolo, Estados Unidos se
comprometió a reducir sus emisiones en un 6 por ciento. Desde
entonces no sólo ha rechazado el Protocolo sino que ha aumentado
sus emisiones un 16 por ciento sobre los niveles de 1990. Sus
emisiones representan el 36,1 por ciento del conjunto de
emisiones del planeta.
Unión Europea: Los Quince ratificaron el Protocolo de
Kioto en mayo de 2002. Este grupo es el defensor más entusiasta
del Protocolo, habiendo presionado a países como Rusia, Japón y
Canadá para que ratificaran el acuerdo internacional. La Unión
Europea ha abogado siempre por una rigurosa aplicación de Kioto,
por ejemplo, limitando el uso de los llamados mecanismos de
flexibilidad que permiten a los países cumplir parcialmente con
sus objetivos de reducción de emisiones invirtiendo en países en
vías de desarrollo. Asimismo, la UE se ha opuesto al uso
ilimitado de los bosques como sumideros de carbono. Sin embargo,
a pesar de esta férrea posición sus emisiones crecieron un 1 por
ciento en 2001, y la situación entre sus países miembros es muy
dispar.
China: No se encuentra entre los países del Anexo 1 del
Tratado de Kioto, pues como país en vías de desarrollo no tiene
obligación de reducir sus emisiones en el primer periodo de
cumplimiento (2008-2012). No obstante, ha reducido sus emisiones
desde mediados de los años 90 en un 17 por ciento, habiendo
crecido su economía en un tercio en el mismo periodo. Teniendo
en cuenta que acumula un quinto de la población mundial y que
está creciendo muy rápidamente, China podría muy pronto emitir
lo suficiente para empequeñecer cualquier reducción de los
países del Anexo 1. China ratificó el Protocolo en 2002.
Rusia: De este país depende la entrada en vigor del
Protocolo, pero todo hace pensar que no habrá decisión de
ratificarlo hasta que pasen las elecciones presidenciales de la
primavera del año que viene. Rusia tiene obligación de reducir
sus emisiones. Pero su economía ha mermado tanto desde 1990 y su
actividad industrial ha caído de tal forma que sus emisiones se
han reducido en un 40 por ciento manteniéndose por debajo del
límite que le permite Kioto. Esta situación le permitirá a corto
plazo ganar billones de dólares con el comercio de derechos de
emisión, pero a largo plazo el resurgimiento de su actividad
industrial podría suponerle grandes costes económicos. De ahí su
tardanza en ratificar el Protocolo.
Japón: Una de las mayores potencias económicas mundiales,
que fue responsable del 8,5 por ciento de las emisiones
contaminantes en 1990. Este país ratificó el Protocolo en junio
de 2002, tras haber mantenido que no lo haría si no había
ratificación por parte de Estados Unidos. Las autoridades
niponas reconocen que la aplicación del Protocolo les beneficia,
porque las compañías de este país pueden hacerse con nuevos
mercados para las nuevas tecnologías limpias.
India: Países en vías de desarrollo como India no tienen
por ahora compromisos de reducción de sus emisiones
contaminantes. Las emisiones de este país han aumentado un 52
por ciento desde 1990, y dentro de poco será uno de los mayores
emisores del planeta.
|
Fuente: ABC
07/12/2003
Noticias relacionadas:
*
Las empresas
advierten que el Protocolo de Kioto costará hasta 4.000 millones al
año (13.11)
*
El Ministerio de Medio Ambiente
distribuye a las CC.AA. recursos económicos para proteger
el medio natural (24.10)
|