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Viernes 12 de diciembre de 2003


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

Kioto o la torre de Babel

Una reunión más de la conocida como Cumbre del Clima.

 

Esta vez el escenario es la ciudad italiana de Milán. Antes lo fueron Nueva Delhi, Marrakech, Bonn, La Haya, de nuevo Bonn, Buenos Aires y Kioto, la que dio nombre al Protocolo que debía contener los mecanismos para corregir las desviaciones del clima del planeta. Se llega a la cita con una agenda cargada de asuntos, algunos muy técnicos, pero una vez más parece que lo único que se pretende es que el Protocolo de Kioto no muera. Técnicamente no lo ha hecho, pero su esencia se perdió hace tiempo, cuando se habilitaron los mecanismos para que, sin dejar de emitir gases contaminantes a la atmósfera, el balance final de resultados fuera en neto y no en bruto.
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Un maquillaje que se consigue principalmente a costa de los bosques -que cada vez ocupan menos extensión y están peor conservados- y de los suelos -cada día más erosionados-. Pese a estas licencias o puertas falsas el consenso no llega. Cada cual viaja en su propio barco, alguno incluso por otros mares, y habla su propio idioma.

Así las cosas, los representantes de más de 180 países reunidos en Milán analizarán los temas contenidos en la agenda. Salvando las negociaciones políticas, aunque vitales para que el Protocolo de Kioto pueda ser resucitado -para lo cual primero es necesario que Rusia vuelva al redil-, los asuntos de mayor interés vuelven a ser, en líneas generales, los planteados por la Unión Europea. La consigna de la UE para esta reunión puede resumirse en «aunque no esté Rusia, deben irse cerrando todos los «flecos» para conseguir que el Protocolo sea plenamente operativo», según fuentes de la delegación española en esta negociación.

Salvar el Protocolo

Aunque los datos conocidos esta misma semana sobre las emisiones de gases de efecto invernadero de los Quince dejan más que lugar al desaliento y chocan con la postura, nada criticable, de salvadores del clima que han mantenido en las anteriores convocatorias, las mismas fuentes reconocen que la UE «no está pasando por su mejor momento», pero consideran que el simple hecho de «haber asumido el reto en su momento y del esfuerzo y recursos invertidos en ello» les autoriza para pedir al resto de participantes que luchen por salvar el Protocolo.

Una de las cuestiones principales de la agenda será aprobar las directrices que permitan que los proyectos incluidos en el llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) puedan ser autorizados. El MDL, que se estableció en el Protocolo de Kioto, permite a los países con objetivos de reducción que financien medidas de protección del clima en países en vías de desarrollo, descontarse unidades de dióxido de carbono de su cuenta de emisiones. Ahora se trata de definir qué proyectos son susceptibles de incluirse en este apartado y para ello el órgano ejecutivo del MDL establecerá una serie de criterios para que se creen unas entidades verificadoras, que son las que tienen que decir si los proyectos que se presentan cumplen los requisitos.

Dentro de estos proyectos también se incluyen los llamados «sumideros» de carbono. No obstante, la utilización de los sumideros estará limitada, limitación que se justifica en que los propios científicos mantienen dudas sobre cuál es la capacidad de absorción de los bosques del planeta. En este sentido, también se pretenden aprobar las metodologías y directrices para contabilizar esos «sumideros» en los inventarios nacionales. Dependiendo de la complejidad del método que se proponga, se empezará más tarde o más temprano a dar los datos netos de emisiones.

Tema de especial interés es el de los instrumentos financieros habilitados por la Convención y el Protocolo para la cooperación al desarrollo. En esta reunión deben aprobarse los presupuestos para 2004 y 2005 y también el destino de esos fondos. Sin embargo, Estados Unidos no quiere que nada del dinero que aporta vaya destinado a cuestiones del Protocolo, sino sólo a la Convención. En este sentido, pretende que este fondo se segregue, un precedente que no se ha dado nunca en Naciones Unidas, según fuentes de la delegación española, y que sin duda generará un importante debate.

Posturas encontradas

Lo mismo ocurrirá previsiblemente con la discusión sobre los futuros trabajos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), pues las posturas sobre cuál debe ser el enfoque de sus próximas investigaciones están muy encontradas. Así, los países en vías de desarrollo optan por un enfoque hacia cuestiones relativas a la adaptación a los impactos del cambio climático; Estados Unidos pretende que se oriente a continuar con la investigación y observación del clima, en línea con las tesis de George W.Bush de que no existen certezas de que la acción del hombre esté detrás del cambio climático, mientras que la Unión Europea entiende que la investigación debe centrarse en cómo hacer frente a la necesaria reducción de emisiones y, al mismo tiempo, en las formas de adaptarse a los efectos del calentamiento global. Unas posturas que no ocultan las verdaderas intenciones de cada uno, y que en el caso de los países en vías de desarrollo tienen que ver con lo que será el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto.

Y es que a partir de 2012 estos países deberían tener objetivo de reducción, pero como no les interesa abrir esa discusión quieren que el debate científico sólo se centre en la mitigación de impactos. No obstante, la Unión Europea intentará de una manera «sutil y con tiento» recordar que sería conveniente comenzar a hablar de esas obligaciones, según las mismas fuentes. El Protocolo establece que a más tardar, en 2005, deben empezarse a discutir los compromisos de reducción de los países que ahora no los tienen, además de revisar los que ya están fijados. Estados Unidos tampoco quiere oír hablar de reducción de emisiones, pero en su caso porque ya ha rechazado reducirlas, por lo menos en base al Protocolo de Kioto. Ambas posturas no hacen más que politizar el debate científico y demostrar que dos no se entienden si uno no quiere.

Las grandes chimeneas que contaminan el planeta

El futuro del Protocolo de Kioto sobre cambio climático está sobre todo en las manos de los mayores contribuyentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Cuánto emiten, lo que están haciendo o no para evitarlo y cuáles son sus obligaciones dentro del Protocolo se exponen a continuación:

Estados Unidos: Es el país que más emite, tanto de forma absoluta como por habitante, si bien también es el que produce más riqueza. Cuando se adoptó el Protocolo, Estados Unidos se comprometió a reducir sus emisiones en un 6 por ciento. Desde entonces no sólo ha rechazado el Protocolo sino que ha aumentado sus emisiones un 16 por ciento sobre los niveles de 1990. Sus emisiones representan el 36,1 por ciento del conjunto de emisiones del planeta.

Unión Europea: Los Quince ratificaron el Protocolo de Kioto en mayo de 2002. Este grupo es el defensor más entusiasta del Protocolo, habiendo presionado a países como Rusia, Japón y Canadá para que ratificaran el acuerdo internacional. La Unión Europea ha abogado siempre por una rigurosa aplicación de Kioto, por ejemplo, limitando el uso de los llamados mecanismos de flexibilidad que permiten a los países cumplir parcialmente con sus objetivos de reducción de emisiones invirtiendo en países en vías de desarrollo. Asimismo, la UE se ha opuesto al uso ilimitado de los bosques como sumideros de carbono. Sin embargo, a pesar de esta férrea posición sus emisiones crecieron un 1 por ciento en 2001, y la situación entre sus países miembros es muy dispar.

China: No se encuentra entre los países del Anexo 1 del Tratado de Kioto, pues como país en vías de desarrollo no tiene obligación de reducir sus emisiones en el primer periodo de cumplimiento (2008-2012). No obstante, ha reducido sus emisiones desde mediados de los años 90 en un 17 por ciento, habiendo crecido su economía en un tercio en el mismo periodo. Teniendo en cuenta que acumula un quinto de la población mundial y que está creciendo muy rápidamente, China podría muy pronto emitir lo suficiente para empequeñecer cualquier reducción de los países del Anexo 1. China ratificó el Protocolo en 2002.

Rusia: De este país depende la entrada en vigor del Protocolo, pero todo hace pensar que no habrá decisión de ratificarlo hasta que pasen las elecciones presidenciales de la primavera del año que viene. Rusia tiene obligación de reducir sus emisiones. Pero su economía ha mermado tanto desde 1990 y su actividad industrial ha caído de tal forma que sus emisiones se han reducido en un 40 por ciento manteniéndose por debajo del límite que le permite Kioto. Esta situación le permitirá a corto plazo ganar billones de dólares con el comercio de derechos de emisión, pero a largo plazo el resurgimiento de su actividad industrial podría suponerle grandes costes económicos. De ahí su tardanza en ratificar el Protocolo.

Japón: Una de las mayores potencias económicas mundiales, que fue responsable del 8,5 por ciento de las emisiones contaminantes en 1990. Este país ratificó el Protocolo en junio de 2002, tras haber mantenido que no lo haría si no había ratificación por parte de Estados Unidos. Las autoridades niponas reconocen que la aplicación del Protocolo les beneficia, porque las compañías de este país pueden hacerse con nuevos mercados para las nuevas tecnologías limpias.

India: Países en vías de desarrollo como India no tienen por ahora compromisos de reducción de sus emisiones contaminantes. Las emisiones de este país han aumentado un 52 por ciento desde 1990, y dentro de poco será uno de los mayores emisores del planeta.

Fuente: ABC
07/12/2003

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