Seguridad
Alimentaria y Protección Biotecnológica
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El misterio del agua
envenenada
La adulteración de
botellas ha causado decenas de heridos en Italia
¿Quién
envenena el agua? Todas las fiscalías de Italia y el Departamento
Antiterrorista del Ministerio del Interior se hacen esa pregunta. Cada
día aparecen nuevas botellas manipuladas, con amoniaco o detergente
disuelto en el agua, y decenas de personas han sido hospitalizadas por
intoxicación desde que, el 19 de noviembre, se registró en Mantua el
primer caso. La policía cree que una persona, o más probablemente una
banda, cometió los delitos iniciales, y que imitadores y mitómanos se
encargan de extender la psicosis. No hay pistas ni reivindicaciones.
El
modus operandi es siempre el mismo: con una jeringuilla para la
administración de insulina, con aguja muy fina, se inyecta un producto
tóxico bajo el cuello de la botella. El producto puede ser lejía,
lavaplatos, detergente industrial, cloro activo, acetona, amoníaco... Se
han encontrado sustancias muy variadas en las más de cien botellas, de
diversas marcas, que han dado resultado positivo en los análisis. Y los
casos se multiplican.
El
miércoles hubo 15 hospitalizaciones, y ayer, tres: un chico de 14 años
intoxicado con hipoclorito de sodio, una niñera de 25 y un hombre de 23.
Hasta ahora, ningún envenenamiento ha tenido consecuencias graves. Pero
las ventas de agua embotellada, un negocio que factura anualmente 3.000
millones de euros en Italia, están cayendo en picado. Y la policía teme
que el problema se extienda a la leche y los zumos.
La
Fiscalía de Trieste habla de "terrorismo social". El Ministerio
del Interior no ha encontrado pista alguna que apunte hacia la
culpabilidad de una banda terrorista, pero considera que el caso
"aterroriza a la sociedad" y merece, por tanto, la atención del
Departamento Antiterrorista. Un grupo anarquista que en el último año ha
cometido una serie de atentados con explosivos en Italia, el más
reciente contra una delegación de Iberia, hizo saber a través de un
comunicado que no tenía nada que ver con el asunto.
La
policía centra las investigaciones en los ocho primeros casos,
registrados todos ellos a finales de noviembre en provincias del norte.
Las similitudes entre esas ocho botellas hacen pensar que una sola mano,
o un solo grupo, inyectó las sustancias tóxicas. A partir de ahí, el
problema se descontroló. Por un lado, según la policía, aparecieron
imitadores que se dedicaron a expandir el problema. Por otro, surgieron
decenas de mitómanos que compraban una botella de agua, inyectaban lejía
en la botella y corrían a presentar denuncia en comisaría: ya hay dos
personas procesadas por "causar alarma social". "No hay nada
que haga pensar en una estrategia criminal organizada", declaró un
portavoz del Ministerio del Interior.
Las
botellas pendientes de análisis se acumulan en los laboratorios, y
agentes especiales del Arma de Carabineros patrullan las plantas de
embotellado y los anaqueles de agua de los supermercados. El
ministro de Sanidad, Girolamo Sirchia, recomienda a los italianos que
beban agua del grifo mientras dure la alarma, o que, al menos, agiten la
botella antes de abrirla para comprobar que no hay orificios. Incluso
esto último, sin embargo, tiene sus riesgos: una mujer de Brindisi
sufrió ayer lesiones leves en un ojo porque agitó una botella manipulada
y le saltó a la cara un chorro de agua presuntamente envenenada; algo
parecido le ocurrió el día antes a un niño en Vercelli.
Fuente: El País
12/12/2003
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