Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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«Task
Force 121», el grupo creado por Bush para la captura
La unidad
ultra-secreta estaba compuesta por fuerzas especiales del Pentágono y la
CIA
Operaban en el más absoluto secreto, dentro y fuera de Iraq,
principalmente en la zona del Kurdistán, junto con ayuda de «pesmerghas».
Eran los encargados de interrogar a los detenidos más importantes.
Incluso, habían blindado la frontera del Kurdistán para evitar que
Sadam escapase.
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Soldados norteamericanos de la
IV
división de Infantería celebran
en Tikrit la captura del
depuesto
dictador iraquí bebiendo cerveza
sin alcohol |
Son
los miembros de la «Task Force 121», (Fuerza de Choque) la unidad
ultrasecreta creada por Bush hace dos meses, para capturar a Sadam,
«vivo o muerto». Las fuerzas especiales de inteligencia del
Pentágono y la CIA, que han dirigido la detención del ex dictador en su
ciudad natal, Tikrit.
Hace
unos dos meses, justo cuando se cumplía medio año de la caída de Bagdad,
el presidente de EE UU, George W. Bush ordenó personalmente la creación
de una unidad ultra-secreta para capturar a Sadam Husein, «vivo o
muerto». Bush recibió una batería de informes del Pentágono y la
CIA, donde se exponía que la única manera de vencer a la llamada
resistencia o guerrilla era la «caza del hombre». «Detener o
neutralizar», uno a uno, a todos los miembros del antiguo régimen que
supuestamente dirigían la resistencia, hasta poder dar con el mismísimo
Sadam Husein, que iba camino de convertirse en un «fantasma» al estilo
de Ben Laden.
Para ello se creó un nuevo grupo de fuerzas especiales de inteligencia,
designada con el nombre de «Task Force 121», y la clave de «red
cell» (célula roja), compuesta por unos 6.000 hombres de la Delta
Force del Ejército, comandos SEAL de la Armada y agentes operativos
paramilitares de la CIA. Su misión, neutralizar a todos los miembros del
partido Baaz y capturar «vivo o muerto» a Sadam Husein. El nombre
clave que se le asignó a la «Task Force 121» era «célula roja».
Quizás por este motivo, la operación realizada la noche del sábado
llevaba el nombre de «amanecer rojo» (Red Dawn), que terminó con la
captura del dictador. Han sido las encargados de identificar al tirano
Sadam Husein, mediante pruebas de ADN. Anteriormente, el pasado mes de
julio, habían incluso extraído muestras de ADN a los hijos de Sadam,
Uday y Qusay, cuando resultaron muertos después de una confrontación con
las tropas de EEUU en Mosul, la capital del Kurdistán iraquí.
La Fuerza de Choque la componen 600 miembros (la mitad de ellos de la
Delta Force, las fuerzas especiales del Ejército de EEUU, conocidas
popularmente como «boinas verdes») y asesorados por paramilitares de
la CIA. Tenían como principal misión encontrar a Sadam Husein, así como
a los principales miembros del antiguo régimen depuesto. Estos comandos
especiales están entrenados en la toma terrestre de búnkeres y zulos.
Portaban, incluso, fotografías robot tratados por ordenador y pruebas de
ADN, para determinar, en caso de duda, si las personas que encuentren se
trata del verdadero Sadam o alguno de sus «dobles».
Con licencia para matar
Los servicios de Inteligencia
seguían sospechando que el dictador se habría disfrazado o que incluso
podría utilizar hasta «dobles» para hacer creer a las tropas de
EEUU, que se trasladaba de sus refugios subterráneos o incluso simular
que se había suicidado o que estaba muerto.
La «célula roja» tenía
licencia presidencial para operar en otros países y «neutralizar»
(asesinar), si fuera necesario. Pero, pese a estar compuesto por
comandos especiales, su verdadera labor era de inteligencia. Sus
misiones requerían actuaciones relámpago y dependían directamente de las
informaciones facilitadas por la CIA y sobre todo los distintos
servicios de inteligencia militares, coordinados en Bagdad por el
general «tres estrellas», Ricardo Sánchez, máximo responsable de
las fuerzas terrestres de la coalición en Iraq. Pese a esto, el máximo
responsable de la «TF-121» es el general «cuatro estrellas», John
P. Abizaid, creador de esta unidad que ya operaba clandestinamente en
Iraq e incluso en Afganistán, buscando la pista de Ben Laden, con otros
nombres. En Iraq se llamaba «Task Force 20», y estuvo operando
después de la guerra en la frontera de Siria, evitando la huida de
antiguos miembros del anterior régimen. En Afganistán, nada más acabar
la invasión y la caída del régimen talibán, se creó la «Task Force 5»,
para encontrar al líder de Al Qaida.
Abizaid, como máximo responsable
del Mando central, una especie de región militar del Pentágono, que se
extiende desde el este de África a Oriente Medio, el Golfo Pérsico e
incluso el sur de Asia, unificó y combinó los mejores elementos de la
«TF-5» en Afganistán, con la «TF-20» en Iraq, creando la
ultrasecreta «Task Force 121», que, ocho meses después de la
entrada de las tropas de EE UU en Bagdad, ha capturado al dictador
conocido también como «el carnicero de Tikrit».
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Trece años en el
punto de mira |
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Estados Unidos
utilizó todos los medios tecnológicos y humanos a su alcance
para atrapar al dictador iraquí.
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Sadam
Husein saluda
a sus simpatizantes
en Bagdad en una
manifestación celebrada en 1995 |
El
hombre que quiso matar al padre de George W. Bush se convirtió
en una obsesión de EE UU tras la invasión de Kuwait, en el
verano de 1990. Desde entonces su vida fue una huida constante.
Gobernaba Irak desde el terror más como un fugitivo amparado en
la clandestinidad que como el presidente de un país. Se protegía
en escondites o en los búnkeres de sus faraónicos palacios,
apenas aparecía en público -y nunca se sabía si era él, ya que
utilizaba varios dobles- y vivía rodeado de las más increíbles
medidas de seguridad.
"El tirano duerme horas robadas. Cambia constantemente de
hora y lugar. Nunca pasa la noche en ninguno de sus palacios. Va
de cama secreta en cama secreta", escribió el periodista
Mark Bowden en un perfil del dictador. El autor de Black Hawk
derribado relata alguna de las precauciones que tomaba Sadam
para comer: todos los alimentos que recibía eran analizados por
"científicos nucleares en busca de radiaciones o venenos",
en sus decenas de palacios se cocinaba tres veces al día y
cuando cenaba en algún restaurante de Bagdad un batallón de
agentes de seguridad invadía la cocina y comprobaba cada
cacerola. Utilizaba catadores. Aunque sólo después del 11-S la
CIA recuperó oficialmente su licencia para matar, Sadam sabía
que estaba en el punto de mira de Washington.
Todas estas cautelas, sumadas a una crueldad sin límites y a un
hábil apoyo en el sistema tribal iraquí, le permitieron seguir
en libertad hasta ayer, pese a la implacable persecución de EEUU,
que incluyó dos campañas masivas de bombardeos y una invasión de
su país. Como muchos otros dictadores, Sadam fue ante todo un
superviviente; pero ni siquiera su minucioso plan de fuga le
permitió seguir huyendo eternamente.
La
segunda guerra del Golfo comenzó en la madrugada del 20 de marzo
con un bombardeo de precisión que demostró desde el principio
cuál era el objetivo de EEUU: 40 misiles de crucero Tomahawk
cayeron sobre un complejo presidencial en Bagdad donde los
servicios de espionaje creían que el dictador podía estar
reunido con sus generales. Sólo el 18 de abril, cuando Al
Arabiya difundió un vídeo que mostraba al dictador en Bagdad el
9 de abril, se confirmó que la operación, que hizo cambiar en el
último momento los planes bélicos de EEUU, había errado.
Decenas de miles de misiles después, EE UU volvió a intentarlo:
en la noche del 7 de abril cuatro bombas antibúnker de mil kilos
cada una cayeron sobre una manzana de casas en el lujoso barrio
bagdaguí de Al Mansur. De nuevo, gracias a un chivatazo, los
servicios de información creyeron tener localizado a Sadam. Los
estadounidenses analizaron los restos humanos encontrados entre
los escombros para comprobar si habían conseguido acabar con él.
Cuando la CIA indicó que las grabaciones que el dictador enviaba
a televisiones árabes desde su escondite, con claras referencias
temporales, eran auténticas, quedó claro que Sadam había
conseguido huir.
A
las pocas horas de la toma de Bagdad, el 9 de abril, soldados
estadounidenses rodearon y asaltaron una mezquita en el barrio
suní de Adahamiya, en Bagdad, convencidos de que Sadam se
escondía en su interior. No andaban muy desencaminados, porque
fue visto por última vez en público en esa zona. Un impacto de
artillería en el minarete y varios cristales reventados en el
interior del templo recuerdan todavía esa batalla. Fue el
primero de una larga serie de asaltos en busca del fugitivo.
Cuando, en verano, los ataques de la resistencia comenzaron a
convertirse en un problema muy grave, la necesidad de atrapar a
Sadam se transformó en una obsesión, sobre todo teniendo en
cuenta que el otro archienemigo de Washington, Osama Bin Laden,
sigue en paredero desconocido.
El
Pentágono no escatimó medios tecnológicos ni humanos. Ofreció
una recompensa de 25 millones de dólares, consciente de que la
delación era la forma más rápida de lograr su objetivo, como
finalmente ocurrió. Empleó satélites y fotos aéreas. Las
comunicaciones eran minuciosamente analizadas. También
distribuyó fotografías de Sadam con diferentes aspectos. En las
operaciones participaban soldados de infantería o marines, pero
dos unidades secretas especializadas en la caza del hombre
estaban dedicadas exclusivamente a la captura del dictador, cuyo
nombre en clave era Elvis.
En
los meses posteriores a la guerra, actuó la Grey Fox (Zorro
Gris), que formaba parte de la Task Force 20. "Fue creada en
1981 por el Pentágono para actuar como cazadores de hombres,
asesinos y agentes expertos en infiltrarse tras las líneas
enemigas", escribió Peter Beaumont en The Guardian. Su éxito
más importante fue la caza del narcotraficante Pablo Escobar en
Colombia. Grey Fox estuvo en Bosnia, Somalia, Afganistán y en
muchos otros lugares no revelados hasta que fue destinada a Irak
para capturar, vivo o muerto, a Sadam.
La
Task Force 20 fue relevada en noviembre y el Pentágono anunció
que la Task Force 121, un nuevo grupo de élite secreto formado
por fuerzas especiales de diferentes cuerpos del Ejército y
creado ad hoc para esta operación, se ocuparía a partir de
entonces de la captura de Sadam y también de Bin Laden. La
novedad es que su marco de actuación no se reduciría a Irak o
Afganistán, aunque finalmente Sadam fue capturado en su región
natal sin disparar un tiro. |
Fuente: La Razón
El País
15/12/2003
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