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Lunes 15 de diciembre de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

«Task Force 121», el grupo creado por Bush para la captura

La unidad ultra-secreta estaba compuesta por fuerzas especiales del Pentágono y la CIA

 

Operaban en el más absoluto secreto, dentro y fuera de Iraq, principalmente en la zona del Kurdistán, junto con ayuda de «pesmerghas». Eran los encargados de interrogar a los detenidos más importantes. Incluso, habían blindado la frontera del Kurdistán para evitar que Sadam escapase.
 

Soldados norteamericanos de la
IV división de Infantería celebran
en Tikrit la captura del depuesto
dictador iraquí bebiendo cerveza
 sin alcohol

Son los miembros de la «Task Force 121», (Fuerza de Choque) la unidad ultrasecreta creada por Bush hace dos meses, para capturar a Sadam, «vivo o muerto». Las fuerzas especiales de inteligencia del Pentágono y la CIA, que han dirigido la detención del ex dictador en su ciudad natal, Tikrit.

Hace unos dos meses, justo cuando se cumplía medio año de la caída de Bagdad, el presidente de EE UU, George W. Bush ordenó personalmente la creación de una unidad ultra-secreta para capturar a Sadam Husein, «vivo o muerto». Bush recibió una batería de informes del Pentágono y la CIA, donde se exponía que la única manera de vencer a la llamada resistencia o guerrilla era la «caza del hombre». «Detener o neutralizar», uno a uno, a todos los miembros del antiguo régimen que supuestamente dirigían la resistencia, hasta poder dar con el mismísimo Sadam Husein, que iba camino de convertirse en un «fantasma» al estilo de Ben Laden.

Para ello se creó un nuevo grupo de fuerzas especiales de inteligencia, designada con el nombre de «Task Force 121», y la clave de «red cell» (célula roja), compuesta por unos 6.000 hombres de la Delta Force del Ejército, comandos SEAL de la Armada y agentes operativos paramilitares de la CIA. Su misión, neutralizar a todos los miembros del partido Baaz y capturar «vivo o muerto» a Sadam Husein. El nombre clave que se le asignó a la «Task Force 121» era «célula roja». Quizás por este motivo, la operación realizada la noche del sábado llevaba el nombre de «amanecer rojo» (Red Dawn), que terminó con la captura del dictador. Han sido las encargados de identificar al tirano Sadam Husein, mediante pruebas de ADN. Anteriormente, el pasado mes de julio, habían incluso extraído muestras de ADN a los hijos de Sadam, Uday y Qusay, cuando resultaron muertos después de una confrontación con las tropas de EEUU en Mosul, la capital del Kurdistán iraquí.

La Fuerza de Choque la componen 600 miembros (la mitad de ellos de la Delta Force, las fuerzas especiales del Ejército de EEUU, conocidas popularmente como «boinas verdes») y asesorados por paramilitares de la CIA. Tenían como principal misión encontrar a Sadam Husein, así como a los principales miembros del antiguo régimen depuesto. Estos comandos especiales están entrenados en la toma terrestre de búnkeres y zulos. Portaban, incluso, fotografías robot tratados por ordenador y pruebas de ADN, para determinar, en caso de duda, si las personas que encuentren se trata del verdadero Sadam o alguno de sus «dobles».

Con licencia para matar

Los servicios de Inteligencia seguían sospechando que el dictador se habría disfrazado o que incluso podría utilizar hasta «dobles» para hacer creer a las tropas de EEUU, que se trasladaba de sus refugios subterráneos o incluso simular que se había suicidado o que estaba muerto.

La «célula roja» tenía licencia presidencial para operar en otros países y «neutralizar» (asesinar), si fuera necesario. Pero, pese a estar compuesto por comandos especiales, su verdadera labor era de inteligencia. Sus misiones requerían actuaciones relámpago y dependían directamente de las informaciones facilitadas por la CIA y sobre todo los distintos servicios de inteligencia militares, coordinados en Bagdad por el general «tres estrellas», Ricardo Sánchez, máximo responsable de las fuerzas terrestres de la coalición en Iraq. Pese a esto, el máximo responsable de la «TF-121» es el general «cuatro estrellas», John P. Abizaid, creador de esta unidad que ya operaba clandestinamente en Iraq e incluso en Afganistán, buscando la pista de Ben Laden, con otros nombres. En Iraq se llamaba «Task Force 20», y estuvo operando después de la guerra en la frontera de Siria, evitando la huida de antiguos miembros del anterior régimen. En Afganistán, nada más acabar la invasión y la caída del régimen talibán, se creó la «Task Force 5», para encontrar al líder de Al Qaida.

Abizaid, como máximo responsable del Mando central, una especie de región militar del Pentágono, que se extiende desde el este de África a Oriente Medio, el Golfo Pérsico e incluso el sur de Asia, unificó y combinó los mejores elementos de la «TF-5» en Afganistán, con la «TF-20» en Iraq, creando la ultrasecreta «Task Force 121», que, ocho meses después de la entrada de las tropas de EE UU en Bagdad, ha capturado al dictador conocido también como «el carnicero de Tikrit».

Trece años en el punto de mira

Estados Unidos utilizó todos los medios tecnológicos y humanos a su alcance para atrapar al dictador iraquí.

Sadam Husein saluda
 a sus simpatizantes
en Bagdad en una
manifestación celebrada en 1995

El hombre que quiso matar al padre de George W. Bush se convirtió en una obsesión de EE UU tras la invasión de Kuwait, en el verano de 1990. Desde entonces su vida fue una huida constante. Gobernaba Irak desde el terror más como un fugitivo amparado en la clandestinidad que como el presidente de un país. Se protegía en escondites o en los búnkeres de sus faraónicos palacios, apenas aparecía en público -y nunca se sabía si era él, ya que utilizaba varios dobles- y vivía rodeado de las más increíbles medidas de seguridad.

"El tirano duerme horas robadas. Cambia constantemente de hora y lugar. Nunca pasa la noche en ninguno de sus palacios. Va de cama secreta en cama secreta", escribió el periodista Mark Bowden en un perfil del dictador. El autor de Black Hawk derribado relata alguna de las precauciones que tomaba Sadam para comer: todos los alimentos que recibía eran analizados por "científicos nucleares en busca de radiaciones o venenos", en sus decenas de palacios se cocinaba tres veces al día y cuando cenaba en algún restaurante de Bagdad un batallón de agentes de seguridad invadía la cocina y comprobaba cada cacerola. Utilizaba catadores. Aunque sólo después del 11-S la CIA recuperó oficialmente su licencia para matar, Sadam sabía que estaba en el punto de mira de Washington.

Todas estas cautelas, sumadas a una crueldad sin límites y a un hábil apoyo en el sistema tribal iraquí, le permitieron seguir en libertad hasta ayer, pese a la implacable persecución de EEUU, que incluyó dos campañas masivas de bombardeos y una invasión de su país. Como muchos otros dictadores, Sadam fue ante todo un superviviente; pero ni siquiera su minucioso plan de fuga le permitió seguir huyendo eternamente.

La segunda guerra del Golfo comenzó en la madrugada del 20 de marzo con un bombardeo de precisión que demostró desde el principio cuál era el objetivo de EEUU: 40 misiles de crucero Tomahawk cayeron sobre un complejo presidencial en Bagdad donde los servicios de espionaje creían que el dictador podía estar reunido con sus generales. Sólo el 18 de abril, cuando Al Arabiya difundió un vídeo que mostraba al dictador en Bagdad el 9 de abril, se confirmó que la operación, que hizo cambiar en el último momento los planes bélicos de EEUU, había errado.

Decenas de miles de misiles después, EE UU volvió a intentarlo: en la noche del 7 de abril cuatro bombas antibúnker de mil kilos cada una cayeron sobre una manzana de casas en el lujoso barrio bagdaguí de Al Mansur. De nuevo, gracias a un chivatazo, los servicios de información creyeron tener localizado a Sadam. Los estadounidenses analizaron los restos humanos encontrados entre los escombros para comprobar si habían conseguido acabar con él. Cuando la CIA indicó que las grabaciones que el dictador enviaba a televisiones árabes desde su escondite, con claras referencias temporales, eran auténticas, quedó claro que Sadam había conseguido huir.

A las pocas horas de la toma de Bagdad, el 9 de abril, soldados estadounidenses rodearon y asaltaron una mezquita en el barrio suní de Adahamiya, en Bagdad, convencidos de que Sadam se escondía en su interior. No andaban muy desencaminados, porque fue visto por última vez en público en esa zona. Un impacto de artillería en el minarete y varios cristales reventados en el interior del templo recuerdan todavía esa batalla. Fue el primero de una larga serie de asaltos en busca del fugitivo. Cuando, en verano, los ataques de la resistencia comenzaron a convertirse en un problema muy grave, la necesidad de atrapar a Sadam se transformó en una obsesión, sobre todo teniendo en cuenta que el otro archienemigo de Washington, Osama Bin Laden, sigue en paredero desconocido.

El Pentágono no escatimó medios tecnológicos ni humanos. Ofreció una recompensa de 25 millones de dólares, consciente de que la delación era la forma más rápida de lograr su objetivo, como finalmente ocurrió. Empleó satélites y fotos aéreas. Las comunicaciones eran minuciosamente analizadas. También distribuyó fotografías de Sadam con diferentes aspectos. En las operaciones participaban soldados de infantería o marines, pero dos unidades secretas especializadas en la caza del hombre estaban dedicadas exclusivamente a la captura del dictador, cuyo nombre en clave era Elvis.

En los meses posteriores a la guerra, actuó la Grey Fox (Zorro Gris), que formaba parte de la Task Force 20. "Fue creada en 1981 por el Pentágono para actuar como cazadores de hombres, asesinos y agentes expertos en infiltrarse tras las líneas enemigas", escribió Peter Beaumont en The Guardian. Su éxito más importante fue la caza del narcotraficante Pablo Escobar en Colombia. Grey Fox estuvo en Bosnia, Somalia, Afganistán y en muchos otros lugares no revelados hasta que fue destinada a Irak para capturar, vivo o muerto, a Sadam.

La Task Force 20 fue relevada en noviembre y el Pentágono anunció que la Task Force 121, un nuevo grupo de élite secreto formado por fuerzas especiales de diferentes cuerpos del Ejército y creado ad hoc para esta operación, se ocuparía a partir de entonces de la captura de Sadam y también de Bin Laden. La novedad es que su marco de actuación no se reduciría a Irak o Afganistán, aunque finalmente Sadam fue capturado en su región natal sin disparar un tiro.

 Fuente: La Razón
El País
15/12/2003

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