La
Unión Europea, líder mundial en la lucha contra el cambio climático, no
va a cumplir sus propios compromisos al respecto. Las previsiones
que maneja la Comisión Europea indican que en 2010 la UE actual de 15
países habrá reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero, pero
sólo en un 0,5% respecto a lo registrado en 1990 y no en un 8% como se
había impuesto en el Protocolo de Kioto. Esas mismas previsiones indican
que las reducciones logradas desde 1990 invirtieron la tendencia en 2000
y 2001 y que España se mantiene como el país más alejado de su objetivo
nacional. La comisaría de Medio Ambiente, Margot Wallström, pedirá en
quince misivas enviadas a las quince capitales mayores esfuerzos.
"Desgraciadamente, la evolución es negativa, pero Kioto no ha muerto.
Está conteniendo la respiración", declaró ayer Wallström, que acudirá a
la cita de Milán, donde se está celebrando la novena conferencia de las
partes sobre cambio climático, con unos datos que ponen en entredicho la
credibilidad de la Unión a este respecto.
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Grado de
incumplimiento del objetivo de Kioto |
Las
previsiones europeas indican que sólo Reino Unido y Suecia van a cumplir
con los compromisos nacionales que adquirieron en el Protocolo de Kioto
y, según la Comisión Europea, Finlandia, Francia, Grecia e Irlanda
también podrían cumplir si adoptan las medidas adicionales que en su día
identificaron y que proyectan poner en marcha. Holanda quedará
probablemente muy cerca del objetivo marcado para su país y el resto no
lo lograrán, especialmente España, que será, seguramente y como ya
venían indicando estadísticas previas, el que quede más lejos de su
compromiso.
España se
comprometió a contener sus emisiones de gases de efecto invernadero de
tal manera que en 2010 sólo superaran en un 15% a las registradas en
1990. Lejos de eso, y dado que es uno de los países que no ha definido
medidas para frenar las emisiones al alza, las habrá aumentado para
entonces en un 48,3% respecto a 1990, es decir 33,3 puntos por encima
del objetivo al que se comprometió en el reparto interno de la UE para
cumplir entre todos el objetivo de reducción del 8%.
Dinamarca
ocupa por el momento el peor lugar de la tabla, por delante de España,
pero el caso danés es extraordinario. En 1990, este país que se fijó una
de las metas más ambiciosas (reducir en un 21% las emisiones respecto a
ese año), importó más electricidad de lo habitual justamente aquel año,
lo que situó sus emisiones en un nivel extraordinariamente bajo y lo que
le obliga a redoblar sus esfuerzos, razón por la cual sus socios en la
UE admiten que antes del 31 de diciembre de 2006 se afine la medición
teniendo en cuenta tal circunstancia, lo que probablemente le valdrá
dejar el farolillo rojo.
La
tendencia europea, ratificada a través de un informe adoptado ayer por
Bruselas, ha movido a la comisaría europea de Medio Ambiente a enviar
ayer mismo una carta personalizada a cada país de la UE para que
"reconsideren su estrategia" en la lucha contra el cambio climático
y para que pongan en marcha la directiva del mercado de emisiones, uno
de los instrumentos que van a permitir reducir las emisiones.
Mientras
tanto, a nivel internacional, los 188 países miembros de la Convención
Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático se reúnen hasta el día
12 en Milán en la novena Conferencia de las Partes, con la preocupación
por la posición de Rusia, un país que se mostró favorable al Protocolo
de Kioto de la convención y que, sin embargo, aún no lo ha ratificado.
La postura rusa impide que entre en vigor el acuerdo, ya que tienen que
ratificarlo al menos 55 países incluidos países desarrollados cuyas
emisiones sumen el 55% del total mundial en 1990.
Wallström
se mostró ayer confiada en que Rusia se unirá al club por su propio
beneficio y negó que las previsiones de incumplimiento de la UE le sitúe
en una posición hipócrita a nivel internacional. "La Unión está
haciendo esfuerzos, afronta el problema y admite la gravedad del
calentamiento del planeta", dijo ayer. "Es una postura en nada
comparable a la de EE UU, que ignora el problema y sigue aumentando sus
emisiones incontroladamente".
La
Comisión sigue creyendo posible atraer hacia el Protocolo de Kioto a
Estados Unidos, el gran ausente de estos acuerdos internacionales y
responsable del 20% de las emisiones mundiales. Sin embargo, Margot
Wallström puso ayer el acento en empezar a debatir informalmente qué
medidas tomar a partir de 2012, en el llamado segundo periodo del
Protocolo de Kioto, aprobado en aquella ciudad japonesa en 1997, y tener
en cuenta nuevas amenazas. China, con un quinto de la población mundial,
es responsable de sólo el 14% de las emisiones, pero Wallström advirtió
de que en 2020 se convertirá, gracias a su imparable desarrollo, en el
primer contaminador del mundo.
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Rusia mantiene su
resistencia a la ratificación |
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Rusia insiste en no ratificar el Protocolo de Kioto, al menos
en su actual forma. Andréi Ilariónov, el asesor económico
del presidente Vladímir Putin, insistió ayer en que el documento
"impone serias limitaciones al crecimiento económico del país"
y, por ello, "no es posible asumir las responsabilidades que
impone". Mientras Rusia no ratifique, el Protocolo no podrá
entrar en vigor, ya que sin ese país no se alcanza el mínimo del
55% del total de emisiones de 1990 correspondientes a países
desarrollados.
El problema es que, según los rusos, hay una relación directa
entre la restricción de las emisiones y el crecimiento económico.
Los rusos aducen que la limitación de las emisiones de gases de
efecto invernadero les impediría crecer más del 2,5% del PIB al
año. Como prueba, señalan que los países más estrictos tienen un
crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) de un 2,3%
(Comunidad Europea) o incluso mucho menos, como Japón (0,4%);
mientras que en los países que no limitan sus emisiones es
mayor: el de EE UU es del 3,2%, México, un 3,5%, la India, un
5,3%. Y Rusia no puede aceptar un crecimiento pequeño del PIB,
ya que se ha propuesto doblarlo en los próximos diez años.
Además, economistas rusos han calculado que para introducir
las nuevas tecnologías que exigirá el cumplimiento del Protocolo
de Kioto los países que lo han firmado deberían destinar a ello
el 5% del presupuesto a partir del año próximo hasta el 2100.
Pero como el costo no se distribuye equitativamente, ya que no
todos los firmantes han asumido obligaciones de limitar sus
emisiones, resulta que éste subirá para los países que tienen
dichas restricciones al 15% de su presupuesto. Y Rusia no puede
permitirse el lujo de destinar ni el 15% ni el 5% de su
presupuesto a metas ecológicas.
Esto significa que para convencer a Rusia de que ratifique el
Protocolo, hay que crearle condiciones especiales y hacer
concesiones también en otros campos. Como indicaba ayer en
Moscú Ramón de Miguel, secretario de Estado para las relaciones
con Europa, la ratificación del Protocolo de Kioto y el ingreso
de Rusia en la Organización Mundial del Comercio, "son parte
del mismo paquete" para los rusos. Es decir, que Moscú no
ratificará el acuerdo del clima mientras la UE no elimine las
barreras que impiden su ingreso la OMC.
En
Milán, donde se celebra la novena Conferencia de las Partes de
la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático,
Corrado Clini, uno de los responsables de la delegación
italiana, comentó acerca de la postura rusa: "No es ninguna
novedad, el señor Putin ya había dicho a finales de septiembre
que examinaría los pros y los contras de Kioto", informa
France Press. |
Fuente: El País
03/12/2003
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