Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Cazas
norteamericanos y bengalas antimisiles blindaron al presidente Aznar
en Irak
Helicópteros Superpuma
protegieron el aterrizaje en Diwaniya
La visita sorpresa, de apenas cuatro
horas y media, que ayer realizó el presidente del Gobierno a las
tropas españolas destacadas en la localidad iraquí de Diwaniya ha
supuesto un mes de preparación en el más estricto secreto, que ha
incluido «maniobras de distracción» para despistar a los medios de
comunicación. Un equipo formado ex profeso para planificar el viaje
de José María Aznar hasta el más mínimo detalle movilizó los medios
necesarios sin levantar sospechas y se coordinó con las autoridades
norteamericanas que dieron escolta aérea al presidente al sobrevolar
territorio iraquí, según supo LA RAZÓN en fuentes del Cuartel
General del Ejército del Aire.

Aznar despegó de Torrejón (Madrid) a las 23,30 horas de la noche
del viernes, cuando oficialmente descansaba en el Palacio de la
Moncloa. Esperaban en la base aérea el ministro de Defensa, Federico
Trillo; el secretario de Estado de Defensa, Fernando Díaz Moreno,
que coordina el programa de Ayuda a Irak; el Jefe del Estado Mayor
del Ejercito de Tierra (JEME), general Luis Alejandre Sintes, y
altos cargos de Presidencia, hasta completar un séquito
relativamente amplio de 17 personas.
El Gobierno solicitó permisos de sobrevuelo a Egipto, Arabia Saudí y Kuwait, si bien por motivos de seguridad no especificó que
se trataba del force one español, salvo a la administración
norteamericana. El Airbus-310 presidencial aterrizó en Kuwait y
desde allí Aznar se dirigió en un avión de transporte «Hércules»
C-130 del Ejército del Aire a la base británica de Tallil, al sur de
Iraq. Los «Hércules» allí desplegados están provistos de
contramedidas electrónicas y protección antimisiles, como lanzadores
de bengalas que crean focos de calor para confundir al misil cuya
guía de infrarrojos le conduce hacia el calor que desprenden los
motores de una aeronave. Al entrar en Iraq una formación de cazas
F-16 norteamericanos escoltó al «Hércules» a 20.000 pies de altura
(7.000 metros). «Se mantuvo abierto un canal de comunicación entre
el C-130 y los cazas, para repeler en pocos segundos cualquier
ataque», aseguran las fuentes. En la base británica, el presidente
transbordó a uno de los cuatro helicópteros Cougar HT-21
«Superpuma», dotados igualmente de medidas antimisil, que las
Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET) han desplegado en
Iraq.
Tras 45 minutos de vuelo, a las 8,50 hora española, Aznar llegó a
Base España (Cuartel General y sede de la Brigada «Plus Ultra»), en
la localidad de Diwaniya. Durante el aterrizaje, otros dos
helicópteros que volaban próximos lanzaron bengalas con objeto de
crear una «burbuja» antimisil en el momento que el helicóptero está
prácticamente estático y, por tanto, «es más vulnerable a los
lanzagranadas PRG de la resistencia iraquí», apuntan las fuentes.
Mientras tanto, varias patrullas en vehículos BMR protegían un
amplio perímetro exterior. El viernes por la mañana Aznar se dirigió
por videoconferencia a las tropas en misiones internacionales con el
fin de despistar a la prensa sobre la proximidad del viaje a Iraq,
que emprendía horas después.
Fuente: La Razón
21/12/2003