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Martes 23 de diciembre de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Cazas norteamericanos y bengalas antimisiles blindaron al presidente Aznar en Irak

Helicópteros Superpuma protegieron el aterrizaje en Diwaniya

 

La visita sorpresa, de apenas cuatro horas y media, que ayer realizó el presidente del Gobierno a las tropas españolas destacadas en la localidad iraquí de Diwaniya ha supuesto un mes de preparación en el más estricto secreto, que ha incluido «maniobras de distracción» para despistar a los medios de comunicación. Un equipo formado ex profeso para planificar el viaje de José María Aznar hasta el más mínimo detalle movilizó los medios necesarios sin levantar sospechas y se coordinó con las autoridades norteamericanas que dieron escolta aérea al presidente al sobrevolar territorio iraquí, según supo LA RAZÓN en fuentes del Cuartel General del Ejército del Aire.

Aznar despegó de Torrejón (Madrid) a las 23,30 horas de la noche del viernes, cuando oficialmente descansaba en el Palacio de la Moncloa. Esperaban en la base aérea el ministro de Defensa, Federico Trillo; el secretario de Estado de Defensa, Fernando Díaz Moreno, que coordina el programa de Ayuda a Irak; el Jefe del Estado Mayor del Ejercito de Tierra (JEME), general Luis Alejandre Sintes, y altos cargos de Presidencia, hasta completar un séquito relativamente amplio de 17 personas.

El Gobierno solicitó permisos de sobrevuelo a Egipto, Arabia Saudí y Kuwait, si bien por motivos de seguridad no especificó que se trataba del force one español, salvo a la administración norteamericana. El Airbus-310 presidencial aterrizó en Kuwait y desde allí Aznar se dirigió en un avión de transporte «Hércules» C-130 del Ejército del Aire a la base británica de Tallil, al sur de Iraq. Los «Hércules» allí desplegados están provistos de contramedidas electrónicas y protección antimisiles, como lanzadores de bengalas que crean focos de calor para confundir al misil cuya guía de infrarrojos le conduce hacia el calor que desprenden los motores de una aeronave. Al entrar en Iraq una formación de cazas F-16 norteamericanos escoltó al «Hércules» a 20.000 pies de altura (7.000 metros). «Se mantuvo abierto un canal de comunicación entre el C-130 y los cazas, para repeler en pocos segundos cualquier ataque», aseguran las fuentes. En la base británica, el presidente transbordó a uno de los cuatro helicópteros Cougar HT-21 «Superpuma», dotados igualmente de medidas antimisil, que las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET) han desplegado en Iraq.

Tras 45 minutos de vuelo, a las 8,50 hora española, Aznar llegó a Base España (Cuartel General y sede de la Brigada «Plus Ultra»), en la localidad de Diwaniya. Durante el aterrizaje, otros dos helicópteros que volaban próximos lanzaron bengalas con objeto de crear una «burbuja» antimisil en el momento que el helicóptero está prácticamente estático y, por tanto, «es más vulnerable a los lanzagranadas PRG de la resistencia iraquí», apuntan las fuentes. Mientras tanto, varias patrullas en vehículos BMR protegían un amplio perímetro exterior. El viernes por la mañana Aznar se dirigió por videoconferencia a las tropas en misiones internacionales con el fin de despistar a la prensa sobre la proximidad del viaje a Iraq, que emprendía horas después.

Fuente: La Razón
21/12/2003

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