Seguridad Pública y Protección Civil
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Los menores que violaron y quemaron viva a
Sandra Palo acumulaban más de 700 denuncias
El grupo de
menores detenido bajo la acusación de asesinar a la joven Sandra Palo,
acumulaban más de 700 denuncias ante la Comisaría de Policía de
Alcorcón y la Fiscalía de Menores. Las denuncias van desde la quema de
coches y diversos actos vandálicos, hasta las heridas causadas a los
viandantes por los disparos, con una escopeta de perdigones, que uno
de ellos realizó desde su ventana. El hecho de que sean menores ha
impedido su ingreso en prisión.
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Sandra Palo |
'El
Malaguita', de dieciocho años y, por lo tanto, el único mayor de edad
del grupo, "El Ramón", "El Ramoncín" y "El Rafita" son, además de los
cuatro asesinos de Sandra Palo, los integrantes de una banda que tiene
atemorizados a los vecinos de la Avenida de Villaviciosa, en Alcorcón.
Las
historias de todos ellos son, sin duda, paralelas y es que acumulan
más de 700 denuncias contra ellos. El vandalismo ha sido su
actividad principal a lo largo de toda la vida. Comenzaron rompiendo las
farolas, las puertas del recinto en el que viven, los árboles. Estos
cuatro jóvenes provienen de distintas zonas de Madrid, pero el problema
se agudiza cuando, tal y como comentan los vecinos, "el IRIS
(Instituto para el Realojo y la Integración Social) decide reagrupar a
todos estos chicos y sus familias en la misma zona de viviendas".
Desde ese
momento, los vecinos han visto cómo les robaban los coches, se los
quemaban, les destrozaban el barrio mientras que "aquí nadie hace nada
porque la respuesta es siempre la misma, son menores", comenta un
vecino. En la Fiscalía de Menores se les conoce, en la Policía de
Alcorcón se les conoce también, y es que algunos de estos cuatro
asesinos han formado parte de la antigua banda "del Chupete" que tantos
problemas causó hace años a los vecinos de Alcorcón. Esta banda se
dedicaba a robar los coches del vecindario para cometer todo tipo de
asaltos. El mismo "modus operandi" que utilizaron el pasado 17 de mayo
cuando violaron, quemaron y asesinaron a Sandra Palo.
Tienen
miedo
Los
vecinos tienen miedo y es que estos niños, no son tan niños. Son
crueles, fríos. En la Fiscalía de Menores se amontonan las denuncias
contra estos jóvenes delincuentes. Sus expedientes van acumulando folios
y folios a medida que los vecinos denuncian infructuosamente ante la
Policía los diferentes y continuos delitos: robos, tirones, asaltos,
agresiones, alunizajes, amenazas y cualquier delito propio de
experimentados delincuentes.
Por cada
una de las demandas presentadas, el denunciante recibe una carta de la
Fiscalía de Menores de Madrid siempre con la misma respuesta: "Respecto
de la denuncia formulada por Vd. por hechos presuntamente cometidos por
el/los menor/es R.G.F. ha recaído una resolución de Archivo por no haber
cumplido dichos menores la edad de 14 años". Así ocurrió en
septiembre del año 2002, cuando diez vecinos denunciaron haber visto
cómo 'el Rafita' disparó con una escopeta de perdigones a cuantos
paseaban por la avenida de Villaviciosa, hiriendo con sus disparos a
varios de los viandantes que tuvieron que ser atendidos por los
servicios sanitarios. Uno de los vecinos estuvo a punto de perder un ojo
a causa de los disparos. Ésta es sólo una de las denuncias. Al 'Pumuki'
se le atribuye su participación en robos de coches, alunizajes
(utilizan los coches robados para estrellarlos contra los escaparates de
los comercios y así robar más fácilmente), amenazas, tirones,
vandalismo y todos estos delitos los ha cometido junto a los otros
menores.
"El Rafita"
es a pesar de ser el más pequeño uno de los más violentos. "El Pumuki",
como también es conocido, es todo un experto en el robo de coches. Desde
bien pequeño, ésta ha sido una de sus ocupaciones principales con la
banda del Chupete. Desde hace años las denuncias contra él se acumulan.
Cuando uno de los vecinos fue a presentar una de tantas denuncias en la
comisaría le comentó al agente que le tomaba declaración que con ésta
eran ya, por lo menos, 30 las denuncias que presentaba contra "El Pumuki",
ante lo que el agente contestó que esa cifra podría acercarse a las
denuncias diarias que recibía esa comisaría contra estos chicos. Es
posible que el agente exagerara, pero lo cierto es que el número de
denuncias contra esta banda es sin duda alarmante. "El Rafita" conoce
bien lo que es un centro para menores. Allí es donde va cada vez que le
detienen por cometer cualquier delito, pero él mejor que nadie sabe que
quedará impune.
En más de
una ocasión una vez detenido y de camino al centro de Chamberí, donde
suele ser trasladado, "El Rafita" le ha dicho a los policías "Veremos
que hay hoy de cena y si me gusta me quedo y, si no, me escapo y esta
noche ya duermo en casa".
Estos
internamientos en un Centro de Reforma para Menores de la Comunidad de
Madrid son, tal y como ellos dicen: "unas vacaciones". Reinsertar,
reeducar es el objetivo fundamental de la Ley del Menor pero, como dicen
los vecinos de la Avenida de Villaviciosa: "¿Cómo se puede reinsertar a
alguien que, como estos niños, no han estado nunca dentro de la
sociedad?". Sus delitos y las denuncias interpuestas hacia ellos hablan
por sí solas.
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Retoques para una
buena Ley
La
dramática muerte de Sandra Palo ha puesto con toda intensidad el
debate sobre la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, acerca de
la cual tenemos que constatar, al menos, dos realidades: que
carece de credibilidad ante la ciudadanía y que ha generado una
sensación de impunidad en los menores que creen que, por el
hecho de serlo, nada de lo que hagan puede estar castigado. Estos
hechos son lo suficientemente graves como para que todos asumamos
el reto de plantear los ajustes y los medios que la ley necesita
para que pueda ser aplicada con la eficacia que se pretendió al
concebirla. La indignación ante estas brutales circunstancias
es tan humana como comprensible pero considero que es
necesario que las instituciones y los poderes públicos intenten
abstraerse, por difícil que sea, de los hechos y hacer una
reflexión al respecto. Es una buena ley. Una ley avanzada,
aprobada por unanimidad de todos los grupos políticos, con una
marcado espíritu educador y cuyo objetivo es la recuperación del
menor para la sociedad.
Es,
en fin, un marco normativo a la altura de los mejores de Europa:
exigente con el menor y útil para el conjunto de los ciudadanos,
pero, sin duda, necesita muchos más medios y algunos retoques
importantes para lo cual se hace imprescindible el desarrollo
reglamentario de la misma, en estos momentos en trámites, pero
pendiente de aprobación. No funcionará esta ley si no se dota
de más recursos a la Fiscalía y a los juzgados de Menores para
evitar que múltiples causas estén siendo archivadas por
prescripción. Es imprescindible aumentar el equipo técnico
para asesorar a fiscales y jueces; grupos especiales de Policía y
Guardia Civil, así como la máxima especialización de todos los
profesionales que actúan en el proceso. Es necesario crear
centros especializados en trastornos de conducta y para menores
drogodependientes. Es conveniente también desarrollar la ley
de Protección del Menor para que haya una coordinación, hoy
inexistente, con esta ley de responsabilidad penal. Es
necesario además pactar una mínima contención en los centros de
acogida para que puedan cumplir su función. Habría que tomar,
también, más medidas que no diré porque debe ser el objetivo del
debate que tendría que producirse en septiembre, como tarde, entre
Justicia, Comunidades Autónomas, fiscales y jueces, partidos y
fuerzas de seguridad. |
Fuente: La Razón
29.07.03