Seguridad Pública y Protección Civil
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Los homicidios
convierten España en el país más peligroso de la UE
Los homicidios
convierten España en el país más peligroso de la UE
Una tasa de 3,3 muertes violentas por cada mil habitantes sitúa
a España como el Estado más inseguro de la UE. La Comunidad de
Madrid también copa los primeros puestos entre las ciudades más
violentas del mundo.
La sangre volvió a teñir las noticias de sucesos del pasado
domingo en España. Ese día, una turista griega recibió una puñalada
mortal en Madrid cuando se resistió a que un menor de origen marroquí le
atracara, mientras que un hombre de nacionalidad dominicana fue
acuchillado en el centro de la ciudad y falleció al día siguiente. En
total, son 56 las vidas robadas violentamente en la Comunidad de Madrid
desde que comenzó el año, el doble de los homicidios que tuvieron lugar
durante el mismo periodo de 2002.

Estas cifras, unidas a las que arrojan otras comunidades,
convierten a España en el país más peligroso de la Unión Europea (UE).
"La tasa de homicidios de España es la más alta de la Unión: 3,3 muertes
por cada cien mil habitantes, muy por encima de la media de 1,7 para la
UE, de 1,8 de Francia o de 1,2 en Alemania. En EEUU, la tasa es de 5",
asegura el portavoz del Instituto de Estudios de Seguridad y Policía (IESP),
que forma parte del Sindicato Unificado de Policía. Estos datos
corresponden al periodo 1995-2000, ya que, para reunir todos las cifras
de los distintos países suelen pasar varios meses.
La delincuencia en Madrid se dispara, y con ella, la inseguridad
ciudadana en toda España. Las denuncias que recoge cada año el
Ministerio del Interior arrojan un aumento de la delincuencia de un 40%
en los últimos diez años. Los políticos intentan paliar la
intranquilidad de los españoles ante tanta violencia con soluciones para
erradicarla, y éstas han constituido uno de los ejes centrales de la
campaña electoral en las elecciones municipales y autonómicas del pasado
25 de mayo.
Cifras muy elevadas
El
Plan de Lucha contra la Delincuencia que el Gobierno puso en marcha en
septiembre todavía no ha tenido efectos visibles, sobre todo porque las
estadísticas escasean. No obstante, según el ministro de Interior, Ángel
Acebes, los actos de violencia callejera en España han caído un 86% en
el primer cuatrimestre de 2003, y a primeros de mayo anunció que las
infracciones penales bajaron en el primer trimestre del año un 1,59% con
respecto al mismo periodo del año pasado, un descenso que alcanzó el
7,28% en el caso de los delitos, mientras que las faltas crecieron un
4,44%.
Pero se partía de unas cifras muy elevadas. En 2002, la policía
registró, por primera vez en su historia, más de dos millones de
denuncias, según el IESP. La tasa de criminalidad en España se situó, a
finales de 2002, en 51,7 infracciones por cada mil habitantes, frente a
las 49,7 del año anterior. "A estas alturas, es un hecho contrastado
e innegable que el comportamiento y la dimensión de la criminalidad en
España ha conocido importantes y negativas modificaciones tanto
cuantitativas como cualitativas en los últimos años, hasta sobrepasar
cifras que nunca antes se habían alcanzado en nuestro país (2,1 millones
de delitos y faltas en 2002, con un incremento del 5,1% sobre el año
anterior, que a su vez había aumentado ya un 10,4% sobre el año 2000)",
dice un portavoz del IESP.
El peligro en Baleares
Madrid no es la única ciudad objetivo de rateros, matones y mafias
varias. Le superan Ceuta, Melilla y Baleares. Estas islas han
experimentado un fortísimo incremento de la criminalidad (a finales de
1995 el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil registraban 38.841
delitos y faltas, mientras que en diciembre de 2002 calcularon 84.320,
bastante más del doble). Según la policía, la criminalidad violenta
también se ha incrementado, aunque este indicador ha sido menos negativo
en España que en el conjunto de la UE: aumenta un 16,7%, pero lo hace
casi cuatro puntos porcentuales por debajo del conjunto de la Unión.
De profesión delincuente
Las
historias de delincuencia no siempre pertenecen al género de Agatha
Christie. Las tasas de criminalidad se disparan, pero con ellas también
lo hacen las de delitos comunes: en España, desaparece un coche cada
tres minutos y medio y se roban unos veinte móviles en una hora, algunos
de los objetos más deseados por los ladrones. Son muchos quienes han
hecho de la delincuencia su profesión, porque saben que si les detienen
por sustraer tres Mercedes apenas recibirán castigo. Tan sólo arrestos
de fines de semana que, según el Ministerio de Justicia, "han
demostrado su ineficacia" e incumplimiento generalizado después de
siete años de vigencia. Por eso, luchar contra este tipo de delitos se
ha convertido en una prioridad en España y la reforma del Código Penal,
de hecho, ha declarado la guerra a quienes delincan de forma habitual.
Se suprimirán, así, esos arrestos de fin de semana, con los que ahora se
castiga la comisión de cuatro faltas de hurto en el plazo de un año.
Cuando se apruebe la nueva legislación penal, las cuatro faltas
constituirán un delito y, por tanto, se sancionarán con pena de cárcel
de seis a dieciocho meses. Si se trata de faltas de lesión, la condena
será de tres a seis meses de prisión. En función de la naturaleza o
gravedad del delito se sustituyen, además, los arrestos de fin de semana
por multas, trabajos en beneficio de la comunidad o localización
permanente. Y ahí no acaba todo: quien ya haya sido condenado por
tres delitos de la misma naturaleza y cometa un cuarto, podrá ir a la
cárcel durante cuatro años y tres meses. O, lo que es lo mismo, quien
robe el cuarto Mercedes.
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Es
ecuatoriano, hoy se llama Jack y mañana Paco
Los
sucesos del siglo XXI entienden de razas. "Tres ecuatorianos", "dos
marroquíes" o "un rumano" suelen protagonizar las nuevas historias
que entran a formar parte de las listas de delincuencia. Sin
embargo, cuando se trata de delincuentes españoles rara vez se
identifica su procedencia, que se sustituye por "un hombre", "un
joven" o "un menor". Radica ahí uno de los motivos por los que en
España, muy a menudo, se relaciona extranjería y delincuencia, según
denuncian la mayoría de asociaciones de inmigrantes. Para muestra,
las estadísticas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS):
seis de cada diez españoles están "muy" o "bastante" de acuerdo con
la idea de que hay una relación entre inseguridad ciudadana e
inmigración, y sólo uno de cada decena rechaza esta vinculación. A
ello se suma que, según el CIS, para el 84% de los ciudadanos, la
entrada en España de nuevos inmigrantes debe limitarse a aquellos
que tengan un contrato de trabajo.
Cambio de nombre
Hay más cifras que hablan por sí solas: un gran porcentaje de
los presos preventivos son de nacionalidad extranjera, lo que
también genera alarma entre la población. Sin embargo, en el estudio
de estos datos hay que tener en cuenta que este tipo de reclusión
afecta, sobre todo, a los delincuentes que no tienen domicilio
reconocido; es decir, principalmente extranjeros. Por el contrario,
el detenido suele quedar en libertad a la espera de juicio cuando se
conoce su residencia; o, lo que es lo mismo, en la mayoría de los
casos, cuando es español. En cualquier caso, esta tendencia puede
suavizarse cuando se dejen sentir los efectos de los juicios
rápidos, en vigor desde el 28 de abril, ya que uno de sus objetivos
es acortar los tiempos de prisión preventiva.
La relación entre delincuencia e inmigración también tiene que
ver con la reincidencia. La explicación es sencilla: españoles e
inmigrantes comparten protagonismo en el problema de la
habitualidad, pero con una diferencia. Los primeros están ya más
que fichados por la policía, al haber cometido varios delitos;
mientras que un inmigrante, cuando no tiene papeles, hoy puede
llamarse Jack y mañana, Paco. Una sola nacionalidad, pero muchas
caracterizaciones distintas con las que disfrazar sus delitos. |
Fuente: Expansión
11/06/2003