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Lunes 16 de junio de 2003


Seguridad Pública y Protección Civil

Los homicidios convierten España en el país más peligroso de la UE

Los homicidios convierten España en el país más peligroso de la UE

      Una tasa de 3,3 muertes violentas por cada mil habitantes sitúa a España como el Estado más inseguro de la UE. La Comunidad de Madrid también copa los primeros puestos entre las ciudades más violentas del mundo.

      La sangre volvió a teñir las noticias de sucesos del pasado domingo en España. Ese día, una turista griega recibió una puñalada mortal en Madrid cuando se resistió a que un menor de origen marroquí le atracara, mientras que un hombre de nacionalidad dominicana fue acuchillado en el centro de la ciudad y falleció al día siguiente. En total, son 56 las vidas robadas violentamente en la Comunidad de Madrid desde que comenzó el año, el doble de los homicidios que tuvieron lugar durante el mismo periodo de 2002.

      Estas cifras, unidas a las que arrojan otras comunidades, convierten a España en el país más peligroso de la Unión Europea (UE). "La tasa de homicidios de España es la más alta de la Unión: 3,3 muertes por cada cien mil habitantes, muy por encima de la media de 1,7 para la UE, de 1,8 de Francia o de 1,2 en Alemania. En EEUU, la tasa es de 5", asegura el portavoz del Instituto de Estudios de Seguridad y Policía (IESP), que forma parte del Sindicato Unificado de Policía. Estos datos corresponden al periodo 1995-2000, ya que, para reunir todos las cifras de los distintos países suelen pasar varios meses.

      La delincuencia en Madrid se dispara, y con ella, la inseguridad ciudadana en toda España. Las denuncias que recoge cada año el Ministerio del Interior arrojan un aumento de la delincuencia de un 40% en los últimos diez años. Los políticos intentan paliar la intranquilidad de los españoles ante tanta violencia con soluciones para erradicarla, y éstas han constituido uno de los ejes centrales de la campaña electoral en las elecciones municipales y autonómicas del pasado 25 de mayo.

      Cifras muy elevadas

      El Plan de Lucha contra la Delincuencia que el Gobierno puso en marcha en septiembre todavía no ha tenido efectos visibles, sobre todo porque las estadísticas escasean. No obstante, según el ministro de Interior, Ángel Acebes, los actos de violencia callejera en España han caído un 86% en el primer cuatrimestre de 2003, y a primeros de mayo anunció que las infracciones penales bajaron en el primer trimestre del año un 1,59% con respecto al mismo periodo del año pasado, un descenso que alcanzó el 7,28% en el caso de los delitos, mientras que las faltas crecieron un 4,44%.

      Pero se partía de unas cifras muy elevadas. En 2002, la policía registró, por primera vez en su historia, más de dos millones de denuncias, según el IESP. La tasa de criminalidad en España se situó, a finales de 2002, en 51,7 infracciones por cada mil habitantes, frente a las 49,7 del año anterior. "A estas alturas, es un hecho contrastado e innegable que el comportamiento y la dimensión de la criminalidad en España ha conocido importantes y negativas modificaciones tanto cuantitativas como cualitativas en los últimos años, hasta sobrepasar cifras que nunca antes se habían alcanzado en nuestro país (2,1 millones de delitos y faltas en 2002, con un incremento del 5,1% sobre el año anterior, que a su vez había aumentado ya un 10,4% sobre el año 2000)", dice un portavoz del IESP.

      El peligro en Baleares

      Madrid no es la única ciudad objetivo de rateros, matones y mafias varias. Le superan Ceuta, Melilla y Baleares. Estas islas han experimentado un fortísimo incremento de la criminalidad (a finales de 1995 el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil registraban 38.841 delitos y faltas, mientras que en diciembre de 2002 calcularon 84.320, bastante más del doble). Según la policía, la criminalidad violenta también se ha incrementado, aunque este indicador ha sido menos negativo en España que en el conjunto de la UE: aumenta un 16,7%, pero lo hace casi cuatro puntos porcentuales por debajo del conjunto de la Unión.

      De profesión delincuente

      Las historias de delincuencia no siempre pertenecen al género de Agatha Christie. Las tasas de criminalidad se disparan, pero con ellas también lo hacen las de delitos comunes: en España, desaparece un coche cada tres minutos y medio y se roban unos veinte móviles en una hora, algunos de los objetos más deseados por los ladrones. Son muchos quienes han hecho de la delincuencia su profesión, porque saben que si les detienen por sustraer tres Mercedes apenas recibirán castigo. Tan sólo arrestos de fines de semana que, según el Ministerio de Justicia, "han demostrado su ineficacia" e incumplimiento generalizado después de siete años de vigencia. Por eso, luchar contra este tipo de delitos se ha convertido en una prioridad en España y la reforma del Código Penal, de hecho, ha declarado la guerra a quienes delincan de forma habitual. Se suprimirán, así, esos arrestos de fin de semana, con los que ahora se castiga la comisión de cuatro faltas de hurto en el plazo de un año. Cuando se apruebe la nueva legislación penal, las cuatro faltas constituirán un delito y, por tanto, se sancionarán con pena de cárcel de seis a dieciocho meses. Si se trata de faltas de lesión, la condena será de tres a seis meses de prisión. En función de la naturaleza o gravedad del delito se sustituyen, además, los arrestos de fin de semana por multas, trabajos en beneficio de la comunidad o localización permanente. Y ahí no acaba todo: quien ya haya sido condenado por tres delitos de la misma naturaleza y cometa un cuarto, podrá ir a la cárcel durante cuatro años y tres meses. O, lo que es lo mismo, quien robe el cuarto Mercedes.

 

Es ecuatoriano, hoy se llama Jack y mañana Paco

      Los sucesos del siglo XXI entienden de razas. "Tres ecuatorianos", "dos marroquíes" o "un rumano" suelen protagonizar las nuevas historias que entran a formar parte de las listas de delincuencia. Sin embargo, cuando se trata de delincuentes españoles rara vez se identifica su procedencia, que se sustituye por "un hombre", "un joven" o "un menor". Radica ahí uno de los motivos por los que en España, muy a menudo, se relaciona extranjería y delincuencia, según denuncian la mayoría de asociaciones de inmigrantes. Para muestra, las estadísticas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): seis de cada diez españoles están "muy" o "bastante" de acuerdo con la idea de que hay una relación entre inseguridad ciudadana e inmigración, y sólo uno de cada decena rechaza esta vinculación. A ello se suma que, según el CIS, para el 84% de los ciudadanos, la entrada en España de nuevos inmigrantes debe limitarse a aquellos que tengan un contrato de trabajo.

      Cambio de nombre

      Hay más cifras que hablan por sí solas: un gran porcentaje de los presos preventivos son de nacionalidad extranjera, lo que también genera alarma entre la población. Sin embargo, en el estudio de estos datos hay que tener en cuenta que este tipo de reclusión afecta, sobre todo, a los delincuentes que no tienen domicilio reconocido; es decir, principalmente extranjeros. Por el contrario, el detenido suele quedar en libertad a la espera de juicio cuando se conoce su residencia; o, lo que es lo mismo, en la mayoría de los casos, cuando es español. En cualquier caso, esta tendencia puede suavizarse cuando se dejen sentir los efectos de los juicios rápidos, en vigor desde el 28 de abril, ya que uno de sus objetivos es acortar los tiempos de prisión preventiva.

      La relación entre delincuencia e inmigración también tiene que ver con la reincidencia. La explicación es sencilla: españoles e inmigrantes comparten protagonismo en el problema de la habitualidad, pero con una diferencia. Los primeros están ya más que fichados por la policía, al haber cometido varios delitos; mientras que un inmigrante, cuando no tiene papeles, hoy puede llamarse Jack y mañana, Paco. Una sola nacionalidad, pero muchas caracterizaciones distintas con las que disfrazar sus delitos.

Fuente: Expansión
11/06/2003

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