Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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España presenta en París
su primer avión espía
El aparato está
pensado no sólo para aplicaciones militares, sino para usos civiles como
detección de incendios, vigilancia de mareas negras, control de la
inmigración ilegal y operaciones de narcotráfico
Desde que
se estrelló en el desierto navarro de las Bárdenas Reales, en junio de
1998, la historia del primer avión espía español ha navegado en una
atmósfera de silencio. Cinco años de misterio que se romperán mañana en
Le Bourget, el viejo aeropuerto parisino que acoge la feria aeronáutica
y del espacio más importante del mundo. De la mano del Instituto
Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), organismo dependiente del
Ministerio de Defensa que lo diseñó, el avión espía será presentado en
sociedad con el nombre más aséptico de SIVA (Sistema de Vigilancia
Aérea).
Más
de 12 millones de euros (por encima de los 36, cifran otras fuentes del
proyecto) se han invertido en esta aeronave no tripulada desde que
comenzara a desarrollarse en 1992. Además de espionaje puramente
militar, el SIVA está pensado para usos civiles como detección de
incendios, vigilancia de mareas negras, inmigración ilegal, operaciones
de narcotráfico...
A
simple vista, el aspecto del SIVA es engañoso. Camuflado bajo la
apariencia inocente de una avioneta, se esconde un depredador. Es un
pájaro con alas y cuerpo de fibra de carbono, cuatro metros de largo por
cinco de envergadura, capaz de distinguir y fotografiar una cerilla a
3.000 metros de altura (su cota máxima es 5.000) o a un náufrago que se
encuentre a 150 kilómetros a la redonda.
Sea
cual sea el objetivo, el aparato navega siempre con una ruta programada
de antemano que lleva incluida en el cerebro informático de a bordo. De
ese modo puede rastrear cada palmo de terreno sin apenas cometer
errores, durante seis u ocho horas. En ese tiempo puede llegar a
recorrer 900 kilómetros.
Y no
sólo eso. Al amparo de la noche, especialmente en misiones militares en
las que los objetivos resultan aún más difíciles de localizar, los
blancos ocultos por la oscuridad tampoco son un obstáculo insalvable
para este avión. En su panza, además de incluir dos enormes airbag (uno
a cada extremo), lleva acoplado un finísimo ojo electrónico, provisto de
rayos infrarrojos, que le permite peinar e identificar con gran
precisión cualquier cuerpo, en ausencia total de luz.
En
palabras de expertos del INTA, ésta es una ventaja que podría ser
«aprovechada en la lucha contra el narcotráfico, sobre todo en la
vigilancia de zonas calientes del litoral español donde las mafias del
contrabando actúan con regularidad».
Las
imágenes captadas por el SIVA, transmitidas por satélite y en color, son
remitidas a un centro de control en tierra, el auténtico corazón del
sistema, donde se visionan y analizan en tiempo real, igual que ocurre
en una retransmisión en directo por televisión. O se guardan
digitalizadas para un posterior estudio mediante programas
informatizados de alta resolución. El equipo completo (avión,
estación de tierra y unidades de lanzamiento y recuperación) es
totalmente móvil, de manera que puede ser transportado por carretera,
barco o avión, y lo suficientemente sencillo para que todos sus
componentes se monten en apenas una hora.
Ver
sin ser visto. Esta parece ser la máxima sobre la que los técnicos del
proyecto, uno de los más emblemáticos de la última década, basan gran
parte del éxito de este avión espía. El secreto, dicen, radica en la
especial composición del fuselaje, hecho en fibra de carbono, sin apenas
elementos metálicos, y recubierto con una pintura especial, que hacen
del SIVA un ingenio volador prácticamente invisible a los radares.
Incluso para los sistemas de búsqueda por infrarrojos, que se guían por
la temperatura de los objetos, resulta un elemento escurridizo, ya que
su motor, además de silencioso, desprende el mínimo calor.
Pese
a los buenos resultados conseguidos en las últimas pruebas de vuelo, el
SIVA ha estado a punto de caerse de la lista de proyectos estrella del
Ministerio de Defensa. Fue a raíz del fallido ensayo llevado a cabo
en las Bárdenas Reales, donde tras el despegue el avión aguantó sólo 10
segundo en el aire.
Anteriormente, otros dos vuelos, realizados en junio y noviembre de
1995, habían corrido igual suerte. Ambos fueron probados en la base
aérea de León y en el Arenosillo (Huelva), el Cabo Cañaveral español.
Los dos prototipos cayeron a los 7 segundos. Como resultado, Defensa se
planteó la posibilidad de dar carpetazo definitivo a la construcción de
la nave espía y en su lugar adquirir un modelo parecido, a menor precio,
a empresas de Estados Unidos o de Israel, país que utiliza desde hace
años este tipo de aviones para mantener a raya sus fronteras y de paso
vigilar los asentamientos de colonos judíos.
A
pesar de los contratiempos, las cosas han ido bien luego de innumerables
modificaciones en el aparato, según los técnicos, y la versión
definitiva del SIVA será visible a partir de mañana en Le Bourget. El
salón parisino se convertirá hasta el 22 de junio en escaparate mundial
de lo último en aviones de combate, lanzadores espaciales, satélites y
prototipos diversos de vehículos para uso civil y militar.
El
precio mínimo del avión espía español, incluida la rampa móvil de
lanzamiento y demás sistemas de control y seguimiento terrestres, ronda
los 3 millones de euros. Y entre sus clientes potenciales, además del
Ejército de Tierra que ya ha mostrado interés por adquirir el aparato,
figuran organismos públicos y empresas privadas de medioambiente, de
protección civil y policía de costas, tanto nacionales como extranjeros.
El SIVA
compartirá pabellón en la feria con el Nanosat, un satélite de bolsillo
de 50 kilos de peso, salido de la nueva hornada de proyectos
aeroespaciales del INTA. Será lanzado en 2004 y tendrá como principal
misión el acopio de datos científicos en la Antártida.
Fuente: El Mundo
13/06/2003