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Jueves 19 de junio de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

España presenta en París su primer avión espía

El aparato está pensado no sólo para aplicaciones militares, sino para usos civiles como detección de incendios, vigilancia de mareas negras, control de la inmigración ilegal y operaciones de narcotráfico

 

Desde que se estrelló en el desierto navarro de las Bárdenas Reales, en junio de 1998, la historia del primer avión espía español ha navegado en una atmósfera de silencio. Cinco años de misterio que se romperán mañana en Le Bourget, el viejo aeropuerto parisino que acoge la feria aeronáutica y del espacio más importante del mundo. De la mano del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), organismo dependiente del Ministerio de Defensa que lo diseñó, el avión espía será presentado en sociedad con el nombre más aséptico de SIVA (Sistema de Vigilancia Aérea).

Más de 12 millones de euros (por encima de los 36, cifran otras fuentes del proyecto) se han invertido en esta aeronave no tripulada desde que comenzara a desarrollarse en 1992. Además de espionaje puramente militar, el SIVA está pensado para usos civiles como detección de incendios, vigilancia de mareas negras, inmigración ilegal, operaciones de narcotráfico...

A simple vista, el aspecto del SIVA es engañoso. Camuflado bajo la apariencia inocente de una avioneta, se esconde un depredador. Es un pájaro con alas y cuerpo de fibra de carbono, cuatro metros de largo por cinco de envergadura, capaz de distinguir y fotografiar una cerilla a 3.000 metros de altura (su cota máxima es 5.000) o a un náufrago que se encuentre a 150 kilómetros a la redonda.

Sea cual sea el objetivo, el aparato navega siempre con una ruta programada de antemano que lleva incluida en el cerebro informático de a bordo. De ese modo puede rastrear cada palmo de terreno sin apenas cometer errores, durante seis u ocho horas. En ese tiempo puede llegar a recorrer 900 kilómetros.

Y no sólo eso. Al amparo de la noche, especialmente en misiones militares en las que los objetivos resultan aún más difíciles de localizar, los blancos ocultos por la oscuridad tampoco son un obstáculo insalvable para este avión. En su panza, además de incluir dos enormes airbag (uno a cada extremo), lleva acoplado un finísimo ojo electrónico, provisto de rayos infrarrojos, que le permite peinar e identificar con gran precisión cualquier cuerpo, en ausencia total de luz.

En palabras de expertos del INTA, ésta es una ventaja que podría ser «aprovechada en la lucha contra el narcotráfico, sobre todo en la vigilancia de zonas calientes del litoral español donde las mafias del contrabando actúan con regularidad».

Las imágenes captadas por el SIVA, transmitidas por satélite y en color, son remitidas a un centro de control en tierra, el auténtico corazón del sistema, donde se visionan y analizan en tiempo real, igual que ocurre en una retransmisión en directo por televisión. O se guardan digitalizadas para un posterior estudio mediante programas informatizados de alta resolución. El equipo completo (avión, estación de tierra y unidades de lanzamiento y recuperación) es totalmente móvil, de manera que puede ser transportado por carretera, barco o avión, y lo suficientemente sencillo para que todos sus componentes se monten en apenas una hora.

Ver sin ser visto. Esta parece ser la máxima sobre la que los técnicos del proyecto, uno de los más emblemáticos de la última década, basan gran parte del éxito de este avión espía. El secreto, dicen, radica en la especial composición del fuselaje, hecho en fibra de carbono, sin apenas elementos metálicos, y recubierto con una pintura especial, que hacen del SIVA un ingenio volador prácticamente invisible a los radares. Incluso para los sistemas de búsqueda por infrarrojos, que se guían por la temperatura de los objetos, resulta un elemento escurridizo, ya que su motor, además de silencioso, desprende el mínimo calor.

Pese a los buenos resultados conseguidos en las últimas pruebas de vuelo, el SIVA ha estado a punto de caerse de la lista de proyectos estrella del Ministerio de Defensa. Fue a raíz del fallido ensayo llevado a cabo en las Bárdenas Reales, donde tras el despegue el avión aguantó sólo 10 segundo en el aire.

Anteriormente, otros dos vuelos, realizados en junio y noviembre de 1995, habían corrido igual suerte. Ambos fueron probados en la base aérea de León y en el Arenosillo (Huelva), el Cabo Cañaveral español. Los dos prototipos cayeron a los 7 segundos. Como resultado, Defensa se planteó la posibilidad de dar carpetazo definitivo a la construcción de la nave espía y en su lugar adquirir un modelo parecido, a menor precio, a empresas de Estados Unidos o de Israel, país que utiliza desde hace años este tipo de aviones para mantener a raya sus fronteras y de paso vigilar los asentamientos de colonos judíos.

A pesar de los contratiempos, las cosas han ido bien luego de innumerables modificaciones en el aparato, según los técnicos, y la versión definitiva del SIVA será visible a partir de mañana en Le Bourget. El salón parisino se convertirá hasta el 22 de junio en escaparate mundial de lo último en aviones de combate, lanzadores espaciales, satélites y prototipos diversos de vehículos para uso civil y militar.

El precio mínimo del avión espía español, incluida la rampa móvil de lanzamiento y demás sistemas de control y seguimiento terrestres, ronda los 3 millones de euros. Y entre sus clientes potenciales, además del Ejército de Tierra que ya ha mostrado interés por adquirir el aparato, figuran organismos públicos y empresas privadas de medioambiente, de protección civil y policía de costas, tanto nacionales como extranjeros.

El SIVA compartirá pabellón en la feria con el Nanosat, un satélite de bolsillo de 50 kilos de peso, salido de la nueva hornada de proyectos aeroespaciales del INTA. Será lanzado en 2004 y tendrá como principal misión el acopio de datos científicos en la Antártida.

Fuente: El Mundo
13/06/2003

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