Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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“España, o la suerte de estar”
Las
consecuencias del después.
Hace algo más de diez años, con motivo de la primera crisis/guerra del
Golfo, escribí un artículo, que tuvo su repercusión entre los diarios
que se surtían de la agencia de la era que colaborador, titulado de la
misma forma, con la que inicio éste, en el segundo día de la iniciación
de las hostilidades entre una coalición internacional e Irak.
En aquel momento y tras casi doscientos años de ostracismo internacional
(prácticamente desde 1814), España y su gobierno, entonces presidido por
don Felipe González, tenían un protagonismo internacional. España puso a
prueba su sistema de crisis, su Comisión Delegada del Gobierno para
estas situaciones e incluso activó el “centro de situación de crisis”
en el famoso “bunker de la Moncloa”, relacionándose con un grupo
restringido de naciones, quince o veinte que intentaban resolver
satisfactoriamente la crisis iraquí, bien que por medios bélicos.
A pesar de la oposición interior, que no de partido, y de la apología
como “antihéroes” de desertores de la Fuerzas Armadas, por
diversos medios de comunicación social y por algunas opciones políticas,
el gobierno envió unidades militares (navales) al teatro de la guerra.
Posteriormente, ante la crueldades del dictador Sadam Hussein, de gasear
a sus propios conciudadanos del Kurdistán, España envió un contingente
militar como ayuda humanitaria.
Años más tarde, el gobierno español, agradecido a la ayuda prestada por
EE.UU. en la crisis de la “isla del Perejil”, cuyas repercusiones
sobre los intereses españoles del norte de África, en caso de que no se
hubiera resuelto satisfactoriamente hubieran sido incalculables, ha
apoyado sin fisuras al “amigo americano”. Tal ha sido su firme apoyo,
que junto con el Reino Unido, han conformado una tríada, liderando a un
grupo de naciones, 35 en total, que exigen de forma inmediata el desarme
total del régimen de Sadam Hussein, al que declaran “enemigo
universal”, proclamando que su pretensión es la “liberación del
pueblo iraquí” de su más grande opresor.
Este hecho de liderazgo internacional, corroborado en una cumbre en la
Azores, con participación de Aznar, Bush y Blair, junto con el anfitrión
luso, platean un nuevo papel de España en el mundo, presentando un rol o
papel que no se tenía desde el ya muy lejano tiempo de los monarcas de
la Casa de Austria, en el cual, España representaba el papel de los
actuales Estados Unidos de Norteamérica.
Ha pasado desapercibido este acontecimiento, o al menos los distintos
medios no lo han mencionado explícitamente, involucrados
desgraciadamente en las opciones partidistas que hoy, de forma
apasionada, enfrentan a los españoles, pero el hecho está ahí, España
por voluntad propia o por la de sus gobernantes, se ha convertido en el
referente de un gran número de naciones, unas que apoyan fervientemente
sus postulados, otras que no se posicionan, pero aceptan su liderazgo y
otras, por último que le reprochan su acercamiento a EE.UU. y hasta una
cierta dejación de soberanía, pero que en el fondo, envidian la posición
que ha alcanzado y que transcurrida la crisis, le situará, con voz y
voto, en el puesto internacional que por su económica y cultura debe
tener.
No debemos desde estas líneas decantarnos por los que defienden, dentro
de España, la postura del gobierno, y los que reprochan sus
planteamientos, estos últimos llegando en sus aseveraciones, en que ha
perdido el favor popular, haciendo con ello un flaco favor a la
democracia, que se sustenta en un recurso a las urnas cada cuatro años y
elección de los representantes, que son los que deben apoyar o no la
acción de gobierno. Pero lo que desde luego está fuera de toda duda, que
el protagonismo de España y su gobierno en la esfera internacional ha
cobrado un protagonismo que desde hace trescientos años era inexistente.
La opción tomada por el gobierno, elegido democráticamente por cuatro
años, puede ser buena o no, en las próximas elecciones lo dirán los
ciudadanos, pero lo que le exigirá imperiosamente el pueblo español, que
las consecuencias de lo decidido sea beneficioso para el conjunto:
que se incremente la lucha contra el terrorismo que azota desde hace
muchos años a España; que se adquiera peso en la escena
internacional; que los postulados españoles en su espacio de convivencia
sean aceptados por el Consejo de Seguridad; que la pretensión española
de ser miembro del Grupo de los 25, sea incluso rebasada llegando a ser
miembro del elitista G-8 (G-9 con España); que se presenten
oportunidades para la economía española en la reconstrucción de Irak,
ocasión perdida entonces con la reconstrucción de Kuwait; y un largo
etcétera, que nos hagan recapacitar, que la opción militar para desarmar
a Sadam Hussein, ha sido la menos mala de todas, al menos para España.
España tiene la suerte de estar, sin violentar nuestras ideologías, hay
que mirarlo con esa perspectiva.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. Belt Ibérica S.A.
rvidal@belt.es