Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Viernes 21 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

“España, o la suerte de estar”

Las consecuencias del después.

Hace algo más de diez años, con motivo de la primera crisis/guerra del Golfo, escribí un artículo, que tuvo su repercusión entre los diarios que se surtían de la agencia de la era que colaborador, titulado de la misma forma, con la que inicio éste, en el segundo día de la iniciación de las hostilidades entre una coalición internacional e Irak.

En aquel momento y tras casi doscientos años de ostracismo internacional (prácticamente desde 1814), España y su gobierno, entonces presidido por don Felipe González, tenían un protagonismo internacional. España puso a prueba su sistema de crisis, su Comisión Delegada del Gobierno para estas situaciones e incluso activó el “centro de situación de crisis” en el famoso “bunker de la Moncloa”, relacionándose con un grupo restringido de naciones, quince o veinte que intentaban resolver satisfactoriamente la crisis iraquí, bien que por medios bélicos.

A pesar de la oposición interior, que no de partido, y de la apología como “antihéroes” de desertores de la Fuerzas Armadas, por diversos medios de comunicación social y por algunas opciones políticas, el gobierno envió unidades militares (navales) al teatro de la guerra. Posteriormente, ante la crueldades del dictador Sadam Hussein, de gasear a sus propios conciudadanos del Kurdistán, España envió un contingente militar como ayuda humanitaria.

Años más tarde, el gobierno español, agradecido a la ayuda prestada por EE.UU. en la crisis de la “isla del Perejil”, cuyas repercusiones sobre los intereses españoles del norte de África, en caso de que no se hubiera resuelto satisfactoriamente hubieran sido incalculables, ha apoyado sin fisuras al “amigo americano”. Tal ha sido su firme apoyo, que junto con el Reino Unido, han conformado una tríada, liderando a un grupo de naciones, 35 en total, que exigen de forma inmediata el desarme total del régimen de Sadam Hussein, al que declaran “enemigo universal”, proclamando que su pretensión es la “liberación del pueblo iraquí” de su más grande opresor.

Este hecho de liderazgo internacional, corroborado en una cumbre en la Azores, con participación de Aznar, Bush y Blair, junto con el anfitrión luso, platean un nuevo papel de España en el mundo, presentando un rol o papel que no se tenía desde el ya muy lejano tiempo de los monarcas de la Casa de Austria, en el cual, España representaba el papel de los actuales Estados Unidos de Norteamérica.

Ha pasado desapercibido este acontecimiento, o al menos los distintos medios no lo han mencionado explícitamente, involucrados desgraciadamente en las opciones partidistas que hoy, de forma apasionada, enfrentan a los españoles, pero el hecho está ahí, España por voluntad propia o por la de sus gobernantes, se ha convertido en el referente de un gran número de naciones, unas que apoyan fervientemente sus postulados, otras que no se posicionan, pero aceptan su liderazgo y otras, por último que le reprochan su acercamiento a EE.UU. y hasta una cierta dejación de soberanía, pero que en el fondo, envidian la posición que ha alcanzado y que transcurrida la crisis, le situará, con voz y voto, en el puesto internacional que por su económica y cultura debe tener.

No debemos desde estas líneas decantarnos por los que defienden, dentro de España, la postura del gobierno, y los que reprochan sus planteamientos, estos últimos llegando en sus aseveraciones, en que ha perdido el favor popular, haciendo con ello un flaco favor a la democracia, que se sustenta en un recurso a las urnas cada cuatro años y elección de los representantes, que son los que deben apoyar o no la acción de gobierno. Pero lo que desde luego está fuera de toda duda, que el protagonismo de España y su gobierno en la esfera internacional ha cobrado un protagonismo que desde hace trescientos años era inexistente.

La opción tomada por el gobierno, elegido democráticamente por cuatro años, puede ser buena o no, en las próximas elecciones lo dirán los ciudadanos, pero lo que le exigirá imperiosamente el pueblo español, que las consecuencias de lo decidido sea beneficioso para el conjunto: que se incremente la lucha contra el terrorismo que azota desde hace muchos años a España; que se adquiera peso en la escena internacional; que los postulados españoles en su espacio de convivencia sean aceptados por el Consejo de Seguridad; que la pretensión española de ser miembro del Grupo de los 25, sea incluso rebasada llegando a ser miembro del elitista G-8 (G-9 con España); que se presenten oportunidades para la economía española en la reconstrucción de Irak, ocasión perdida entonces con la reconstrucción de Kuwait; y un largo etcétera, que nos hagan recapacitar, que la opción militar para desarmar a Sadam Hussein, ha sido la menos mala de todas, al menos para España.

España tiene la suerte de estar, sin violentar nuestras ideologías, hay que mirarlo con esa perspectiva.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. Belt Ibérica S.A.
rvidal@belt.es

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es