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Lunes 24 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

El "Oso" alerta sobre los peligros de ocupar Irak

El veterano general Norman Schwarzkopf, hoy en la reserva y colaborador de la cadena NBC, fue el comandante de la coalición internacional que derrotó, en la primera Guerra del Golfo, al Ejército de Sadam Husein que había invadido Kuwait. Y nadie como él sabe por qué las tropas bajo su mando no tomaron Bagdad: «La ofensiva final la detuvo el presidente de EEUU».

O por qué Sadam no fue derrocado y debido a la cual Washington ha iniciado la segunda Guerra del Golfo. CRONICA, para dar respesta a esa y otras preguntas, recupera las reflexiones del artífice de la rendición, el 27 de febrero de 1991 (hace 12 años), del que él consideraba entonces el cuarto Ejército más poderoso del planeta. En esta entrevista, que formó parte de un documental emitido en 2001 por la cadena PBS (la televisión pública) de EEUU, Schwarzkopf, conocido como el oso del desierto, especula con qué ocurriría tras un hipotético derrocamiento del dictador iraquí.

Y advierte del riesgo de que las fuerzas militares estadounidenses terminen convertidas en meras fuerzas de ocupación del país productor de petrólero. Bush padre, a su juicio, no quiso correr el riesgo de que se desintegrara la coalición internacional que participó en la llamada Tormenta del Desierto, con la que se liberó a Kuwait en apenas 100 horas de lucha desigual. En esta clarificadora entrevista, el general recuerda la derrota en Vietnam para alertar sobre el peligro de hacer la guerra sin contar con la legitimidad internacional.

PREGUNTA.- Tras la invasión de Kuwait, ¿cuál fue su evaluación militar de Irak?

RESPUESTA.- En primer lugar, los iraquíes poseían el cuarto Ejército más poderoso del mundo. Segundo, la economía iraquí era incapaz de reincorporar a la vida civil a semejante Ejército y, tercero, durante el conflicto con Irán, sus ofensivas acorazadas resultaron muy creíbles. Poseían una gran variedad de equipo militar soviético, francés y británico e Irak podía ser un enemigo formidable. Hay que medir al enemigo bajo el peor escenario posible.

P.- Se ha dicho que Washington nunca le dio una directriz estratégica.

R.- Cuando se planeó la invasión de Normandía, se presentó un objetivo estratégico muy específico sobre el cual se desarrolló el desembarco. Nunca nos dieron una directiva estratégica semejante. Mi gente se preguntaba: ¿Cuál es el objetivo final? ¿Cómo acaba todo esto? ¿Usaremos armas nucleares? Una vez que se toma una decisión política, los militares necesitamos una orden, un planteamiento que nos permita adoptar la opción más adecuada.

P.- Se dijo que había un objetivo muy claro, ya sabe: echar a los iraquíes de Kuwait. ¿Acaso no era eso suficiente?

R.- Bueno, pienso que... lo sucedido desde entonces es indicativo de que tal vez no fuera suficiente. Me refiero a la pregunta que me repiten una y otra vez: «¿Por qué no fue a Bagdad y capturó a Sadam Husein? ¿Por qué no le hizo más daño a la Guardia Republicana?».Fueron decisiones políticas ajenas al ámbito militar.

P.- ¿Qué instrucciones tenía sobre Sadam Husein?

R.- Sadam era un objetivo, al tratarse de un centro de gravedad...Era la persona más importante del país y clave en la voluntad iraquí de combatir en esta guerra.

P.- ¿Quería atraparle?

R.- Representaba una de las debilidades estratégicas iraquíes.Nuestra intención era impedir que pudiera comunicarse con sus tropas en el frente. Si había que matarle, pues que así fuera.

P.- ¿Estuvieron cerca de conseguirlo?

R.- Llegamos a estar muy cerca. Una noche recibimos información de un convoy muy grande que viajaba por una carretera. Lo atacamos y, por lo que sé, hicimos blanco en el vehículo que iba delante del suyo y en el inmediatamente posterior. Matamos a sus guardaespaldas, pero a él no le tocamos. Hasta entonces había aparecido mucho en público y por la televisión. Después de eso, apenas volvimos a saber de él.

P.- ¿Recibió algún informe de Inteligencia advirtiendo sobre la posibilidad de que los iraquíes tuvieran algún artefacto nuclear?

R.- No. Teníamos informes fiables de que no poseían ningún arma nuclear. Durante muchos años hubo indicios de que tenían un programa nuclear en marcha y cabía la posibilidad de que pudieran producir algún artefacto radiactivo.

P.- En cuanto a los misiles crucero, se dice que Colin Powell le telefoneó para advertirle de que resultaban caros. ¿Por qué dejó de lanzarlos?

R.- El misil crucero era un factor clave de la campaña estratégica aérea, resultaba muy efectivo, pero también muy caro y el arsenal disponible era limitado. En cierto momento, Colin me dijo: «Espero que sepas que cada vez que lanzas uno de esos cruceros, son otros dos millones de dólares los que salen volando. Me gustaría que consideraras otra forma de cumplir las misiones».

P.- Usted y Powell tenían una relación bastante buena, pero discutieron intensamente desde el primer momento sobre la fecha de inicio del ataque.

R.- Sí, pero prefiero no hacer comentarios. Esa discusión se sacó de contexto, como hizo Newsweek con una cita cuando publiqué mi libro. Lo primero que Colin leyó de mi libro fue que él y yo nos pasamos el tiempo gritando por teléfono. Aquello envenenó nuestra relación durante mucho tiempo y opino que de una forma injustificada.

P.- ¿No hubiera preferido que la guerra hubiese durado cinco días en vez de cien horas?

R.- Bueno, en un mundo de fantasía me hubiera encantado que la guerra hubiera durado un día más y sin una sola baja nuestra. Ya habíamos conseguido una enorme victoria con un mínimo de bajas y para mí eso fue suficiente.

P.- Uno de sus generales, Freddy Franks, declaró que, si tanto deseaba eliminar a la Guardia Republicana iraquí, ¿por qué detuvo la ofensiva final prevista para el día siguiente?

R.- La respuesta es sencilla. ¡Yo no detuve nada! Lo detuvo el presidente de EEUU. ¡El general Schwarzkopf no detuvo nada! La decisión de detener la ofensiva provino de Washington. Yo me limité a acatarla.

P.- Ellos han afirmado que detuvieron la ofensiva porque usted les dijo que ya se habían cumplido todos los objetivos.

R.- Habíamos cumplido todos nuestros objetivos militares.

P.- Debo preguntarle por qué no fue a Bagdad a rematar el trabajo.

R.- Sobre la cuestión de Bagdad, recuerde Vietnam, donde no teníamos ningún marco legal internacional para hacer lo que hicimos. El resultado fue que primero perdimos la guerra de la opinión pública mundial y, finalmente, perdimos la guerra en casa. Durante la Guerra del Golfo gozamos de una gran legitimidad internacional gracias a las ocho resoluciones de la ONU. En cada una de ellas se decía: «Expulsar a los iraquíes de Kuwait», pero no se decía ni una palabra de Irak, ni de ocupar Bagdad, ni de ahorcar a Sadam. Eso, lo primero. Segundo, si hubiéramos marchado hacia Bagdad, dudo que los franceses nos hubieran seguido y estoy seguro de que los árabes tampoco; la coalición aliada se hubiera desintegrado y los únicos que hubieran seguido adelante habrían sido EEUU y Gran Bretaña. ¡Ah!, por cierto, pienso que aún seguiríamos allí, como un dinosaurio atrapado en una ciénaga de brea, sin poder retirarnos y convertidos en una fuerza de ocupación. En tercer lugar, dudo que hubiéramos localizado a Sadam en un país del tamaño de Irak. Pienso que existe otra consideración estratégica incluso mayor. Desde un principio, Sadam Husein afirmó: «Esto no es una guerra contra la ocupación iraquí de Kuwait. Se trata de los lacayos coloniales de Israel que quieren destruir Irak, la única nación que osa enfrentarse a Israel». En el caso de haber invadido y ocupado Irak, pienso que millones de personas en esa región del mundo le hubieran dado la razón. Ése era su objetivo. En vez de eso, entramos e hicimos lo que nos pedía el mandato de la ONU. Y por supuesto que me hubiera encantado ir a Bagdad y atrapar a Sadam, pero no se trataba de una decisión emocional, sino de una decisión estratégica. Fuimos lo bastante inteligentes como para ganar la guerra, y la paz...

P.- ¿Qué le diría a la gente que afirma: «Sadam sigue en el poder.Él fue quien ganó la guerra»?

R.- Por supuesto que no ganó la guerra, aunque él afirme lo contrario. Eso es una broma y todo el mundo lo sabe. Eso es muy importante. En el mundo árabe el honor lo supone todo. Hoy día, Sadam se encuentra impotente y carece de voz entre los árabes. Es más, si Sadam fuera derrocado mañana, lo más probable es que fuera sustituido por alguien igual o peor que él. Algunos afirman que estamos mejor con Sadam que con cualquier otro de ahí dentro. Pero la pregunta final debe ser: ¿Quién es Sadam?

Fuente: El Mundo
23/03/2003

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