Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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El "Oso" alerta
sobre los peligros de ocupar Irak
El veterano general
Norman Schwarzkopf, hoy en la reserva y colaborador de la cadena NBC,
fue el comandante de la coalición internacional que derrotó, en la
primera Guerra del Golfo, al Ejército de Sadam Husein que había invadido
Kuwait. Y nadie como él sabe por qué las tropas bajo su mando no tomaron
Bagdad: «La ofensiva final la detuvo el presidente de EEUU».
O por qué Sadam no
fue derrocado y debido a la cual Washington ha iniciado la segunda
Guerra del Golfo. CRONICA, para dar respesta a esa y otras preguntas,
recupera las reflexiones del artífice de la rendición, el 27 de febrero
de 1991 (hace 12 años), del que él consideraba entonces el cuarto
Ejército más poderoso del planeta. En esta entrevista, que formó parte
de un documental emitido en 2001 por la cadena PBS (la televisión
pública) de EEUU, Schwarzkopf, conocido como el oso del desierto,
especula con qué ocurriría tras un hipotético derrocamiento del dictador
iraquí.
Y advierte del
riesgo de que las fuerzas militares estadounidenses terminen convertidas
en meras fuerzas de ocupación del país productor de petrólero. Bush
padre, a su juicio, no quiso correr el riesgo de que se desintegrara la
coalición internacional que participó en la llamada Tormenta del
Desierto, con la que se liberó a Kuwait en apenas 100 horas de lucha
desigual. En esta clarificadora entrevista, el general recuerda la
derrota en Vietnam para alertar sobre el peligro de hacer la guerra sin
contar con la legitimidad internacional.
PREGUNTA.- Tras la invasión de Kuwait, ¿cuál fue su evaluación militar
de Irak?
RESPUESTA.- En primer lugar, los iraquíes poseían el cuarto Ejército más
poderoso del mundo. Segundo, la economía iraquí era incapaz de
reincorporar a la vida civil a semejante Ejército y, tercero, durante el
conflicto con Irán, sus ofensivas acorazadas resultaron muy creíbles.
Poseían una gran variedad de equipo militar soviético, francés y
británico e Irak podía ser un enemigo formidable. Hay que medir al
enemigo bajo el peor escenario posible.
P.- Se
ha dicho que Washington nunca le dio una directriz estratégica.
R.- Cuando
se planeó la invasión de Normandía, se presentó un objetivo estratégico
muy específico sobre el cual se desarrolló el desembarco. Nunca nos
dieron una directiva estratégica semejante. Mi gente se preguntaba:
¿Cuál es el objetivo final? ¿Cómo acaba todo esto? ¿Usaremos armas
nucleares? Una vez que se toma una decisión política, los militares
necesitamos una orden, un planteamiento que nos permita adoptar la
opción más adecuada.
P.- Se
dijo que había un objetivo muy claro, ya sabe: echar a los iraquíes de
Kuwait. ¿Acaso no era eso suficiente?
R.- Bueno,
pienso que... lo sucedido desde entonces es indicativo de que tal vez no
fuera suficiente. Me refiero a la pregunta que me repiten una y otra
vez: «¿Por qué no fue a Bagdad y capturó a Sadam Husein? ¿Por qué no le
hizo más daño a la Guardia Republicana?».Fueron decisiones políticas
ajenas al ámbito militar.
P.-
¿Qué instrucciones tenía sobre Sadam Husein?
R.- Sadam
era un objetivo, al tratarse de un centro de gravedad...Era la persona
más importante del país y clave en la voluntad iraquí de combatir en
esta guerra.
P.-
¿Quería atraparle?
R.-
Representaba una de las debilidades estratégicas iraquíes.Nuestra
intención era impedir que pudiera comunicarse con sus tropas en el
frente. Si había que matarle, pues que así fuera.
P.-
¿Estuvieron cerca de conseguirlo?
R.-
Llegamos a estar muy cerca. Una noche recibimos información de un convoy
muy grande que viajaba por una carretera. Lo atacamos y, por lo que sé,
hicimos blanco en el vehículo que iba delante del suyo y en el
inmediatamente posterior. Matamos a sus guardaespaldas, pero a él no le
tocamos. Hasta entonces había aparecido mucho en público y por la
televisión. Después de eso, apenas volvimos a saber de él.
P.-
¿Recibió algún informe de Inteligencia advirtiendo sobre la posibilidad
de que los iraquíes tuvieran algún artefacto nuclear?
R.- No.
Teníamos informes fiables de que no poseían ningún arma nuclear. Durante
muchos años hubo indicios de que tenían un programa nuclear en marcha y
cabía la posibilidad de que pudieran producir algún artefacto
radiactivo.
P.- En
cuanto a los misiles crucero, se dice que Colin Powell le telefoneó para
advertirle de que resultaban caros. ¿Por qué dejó de lanzarlos?
R.- El
misil crucero era un factor clave de la campaña estratégica aérea,
resultaba muy efectivo, pero también muy caro y el arsenal disponible
era limitado. En cierto momento, Colin me dijo: «Espero que sepas que
cada vez que lanzas uno de esos cruceros, son otros dos millones de
dólares los que salen volando. Me gustaría que consideraras otra forma
de cumplir las misiones».
P.-
Usted y Powell tenían una relación bastante buena, pero discutieron
intensamente desde el primer momento sobre la fecha de inicio del
ataque.
R.- Sí,
pero prefiero no hacer comentarios. Esa discusión se sacó de contexto,
como hizo Newsweek con una cita cuando publiqué mi libro. Lo primero que
Colin leyó de mi libro fue que él y yo nos pasamos el tiempo gritando
por teléfono. Aquello envenenó nuestra relación durante mucho tiempo y
opino que de una forma injustificada.
P.- ¿No
hubiera preferido que la guerra hubiese durado cinco días en vez de cien
horas?
R.- Bueno,
en un mundo de fantasía me hubiera encantado que la guerra hubiera
durado un día más y sin una sola baja nuestra. Ya habíamos conseguido
una enorme victoria con un mínimo de bajas y para mí eso fue suficiente.
P.- Uno
de sus generales, Freddy Franks, declaró que, si tanto deseaba eliminar
a la Guardia Republicana iraquí, ¿por qué detuvo la ofensiva final
prevista para el día siguiente?
R.- La
respuesta es sencilla. ¡Yo no detuve nada! Lo detuvo el presidente de
EEUU. ¡El general Schwarzkopf no detuvo nada! La decisión de detener la
ofensiva provino de Washington. Yo me limité a acatarla.
P.-
Ellos han afirmado que detuvieron la ofensiva porque usted les dijo que
ya se habían cumplido todos los objetivos.
R.-
Habíamos cumplido todos nuestros objetivos militares.
P.-
Debo preguntarle por qué no fue a Bagdad a rematar el trabajo.
R.- Sobre
la cuestión de Bagdad, recuerde Vietnam, donde no teníamos ningún marco
legal internacional para hacer lo que hicimos. El resultado fue que
primero perdimos la guerra de la opinión pública mundial y, finalmente,
perdimos la guerra en casa. Durante la Guerra del Golfo gozamos de una
gran legitimidad internacional gracias a las ocho resoluciones de la
ONU. En cada una de ellas se decía: «Expulsar a los iraquíes de Kuwait»,
pero no se decía ni una palabra de Irak, ni de ocupar Bagdad, ni de
ahorcar a Sadam. Eso, lo primero. Segundo, si hubiéramos marchado hacia
Bagdad, dudo que los franceses nos hubieran seguido y estoy seguro de
que los árabes tampoco; la coalición aliada se hubiera desintegrado y
los únicos que hubieran seguido adelante habrían sido EEUU y Gran
Bretaña. ¡Ah!, por cierto, pienso que aún seguiríamos allí, como un
dinosaurio atrapado en una ciénaga de brea, sin poder retirarnos y
convertidos en una fuerza de ocupación. En tercer lugar, dudo que
hubiéramos localizado a Sadam en un país del tamaño de Irak. Pienso que
existe otra consideración estratégica incluso mayor. Desde un principio,
Sadam Husein afirmó: «Esto no es una guerra contra la ocupación iraquí
de Kuwait. Se trata de los lacayos coloniales de Israel que quieren
destruir Irak, la única nación que osa enfrentarse a Israel». En el caso
de haber invadido y ocupado Irak, pienso que millones de personas en esa
región del mundo le hubieran dado la razón. Ése era su objetivo. En vez
de eso, entramos e hicimos lo que nos pedía el mandato de la ONU. Y por
supuesto que me hubiera encantado ir a Bagdad y atrapar a Sadam, pero no
se trataba de una decisión emocional, sino de una decisión estratégica.
Fuimos lo bastante inteligentes como para ganar la guerra, y la paz...
P.-
¿Qué le diría a la gente que afirma: «Sadam sigue en el poder.Él fue
quien ganó la guerra»?
R.- Por
supuesto que no ganó la guerra, aunque él afirme lo contrario. Eso es
una broma y todo el mundo lo sabe. Eso es muy importante. En el mundo
árabe el honor lo supone todo. Hoy día, Sadam se encuentra impotente y
carece de voz entre los árabes. Es más, si Sadam fuera derrocado mañana,
lo más probable es que fuera sustituido por alguien igual o peor que él.
Algunos afirman que estamos mejor con Sadam que con cualquier otro de
ahí dentro. Pero la pregunta final debe ser: ¿Quién es Sadam?
Fuente: El Mundo
23/03/2003