Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
 |
|
| |
 |
|
|
«La de Irak es la
primera guerra contra un riesgo»
Desde que
publicara en 1986 su obra ya clásica
La sociedad del riesgo, editada en
España por Paidós, Ulrich Beck, de 58 años, se ha convertido en un
interesante referente de la sociología contemporánea. Autor de ¿Qué es
la globalización? y Libertad o capitalismo, Beck, profesor en el
Instituto de Sociología de Múnich y en la London School of Economics,
quiere terminar antes del próximo otoño un ensayo que se titulará La
Europa cosmopolita. En una conversación telefónica con EL MUNDO, Beck
destaca cómo la de Irak es la primera guerra que se libra en la Historia
contra un riesgo.
Pregunta.- Parece que nuestra sociedad es más que nunca una sociedad del
riesgo, con lo que la tesis que expuso en su obra más conocida se
confirma. ¿Nos encontramos en un callejón sin salida o usted ve
soluciones?
Respuesta.- No hay salidas fáciles. La situación se ha complicado
extraordinariamente. Me gustaría explicar cómo la guerra con Irak es un
ejemplo de la sociedad del riesgo. Los americanos, que durante mucho
tiempo fueron escépticos sobre los riesgos que en Europa nos alarmaban,
como los peligros de la alimentación o la energía atómica, casi todas
cuestiones medioambientales, e incluso consideraban la actitud europea
como una muestra de histeria, se han topado de repente con el riesgo del
terrorismo. En su percepción de superpotencia mundial se sienten heridos
en lo más hondo. Así ahora pueden verse envueltos en la primera guerra
de la historia que se libra contra un riesgo. Es una guerra contra un
riesgo global, el riesgo del terrorismo, aunque dudo de que se trate de
una respuesta adecuada al riesgo del terrorismo. Efectivamente, hay
amenazas globales que no pueden verse, pero no creo que tenga sentido
librar una guerra contra un riesgo global. A su vez, hay peligros de
carácter global, no sólo el terrorismo, también medioambientales y de
armamento, que no pueden tratarse desde el esquema tradicional de la
soberanía nacional, y que exigen un compromiso global para ser
resueltos.
P.- Las
consecuencias de esta crisis son dramáticas: han quedado afectadas las
relaciones trasatlánticas, la UE, la ONU. ¿Cree que hay punto de
retorno?
R.- Según
las estadísticas, la población en Estados Unidos y Europa reacciona de
forma parecida. En América existe el mismo miedo a la guerra, a la par
que hay interés en reforzar las instituciones internacionales, y en
proteger el derecho internacional, así como un gran escepticismo sobre
Bush y su política, que da de lado a las iniciativas diplomáticas y se
aferra al principio de «quien no esté conmigo está contra mí». Habría
que aclarar que los estadounidenses se sienten en guerra. Las
discrepancias entre Estados Unidos y Europa se han exagerado y en todo
caso se refieren a las posiciones de los gobiernos. También responde a
que la elite americana, que en Estados Unidos es discutida, está
convencida de que el poder unipolar de América puede solucionar las
cuestiones de seguridad del mundo con medios militares.
P.- Hay
gobiernos, como el español, que aprueban la intervención militar contra
la opinión pública. ¿Qué debe hacer un dirigente político en ese caso?
R.- Lo
normal es que la población le pase factura en las elecciones.Pero de
nuevo la situación es muy compleja. Una parte de la estrategia de guerra
de EEUU y de sus aliados europeos depende de la amenaza radical de
guerra, y de que esta amenaza evite el conflicto.
P.- Una
víctima de esta crisis puede ser el sistema de relaciones
internacionales forjado desde 1945. ¿Cree que la ONU sobrevivirá?
R.- Desde
hace tiempo, se viene planteando la cuestión de cómo reformar las
instituciones internacionales. El Derecho Internacional no es adecuado
para aportar seguridad nacional en cuestión de amenazas globales. Desde
el terror nazi en Alemania, quedó claro que hay cuestiones que inducen a
crear nuevas categorías como los crímenes contra la Humanidad. Ahora se
trata del terrorismo transnacional, otra cuestión que pone de manifiesto
que las instituciones y el derecho vigente no son adecuados para los
nuevos desafíos.La cuestión es si se suprimen estas instituciones, lo
que creo que sería un error, o se reforman.
P.-
Usted defiende que la UE debería tener un ejército propio para ejercer
un papel de liderazgo.
R.- Habría
posibilidad de establecer nuevos acuerdos y organizar un poder militar
multinacional. No se precisarían más gastos en defensa, sino reorganizar
los ejércitos nacionales. Sería una parte de estos ejércitos los que
serían puestos en común.No es una cuestión de dinero, sino de voluntad
política, de la voluntad de fortalecer el papel político de Europa.
P.-
Ahora parece más difícil que nunca, dada la división de Europa.
R.- No
estoy seguro. Está por ver qué pasará con Europa. Por un lado, puede
darse una renacionalización de Europa, como en el siglo XIX, con
diferentes poderes en alianzas diversas, y eso conduciría a que no
hubiera una voz de Europa. Por otro lado, esta situación puede conducir
a que se diera un vacío y que Europa se diera cuenta de que necesita ser
fuerte. Cuando se habla en el plano militar, Europa siempre se queda
atrás. Si quiere ser un auténtico rival de América, el poder europeo ha
de reforzarse, sin que ello quiera decir que los estados nacionales
pierdan poder.
P.-
¿Qué opina sobre la política exterior del canciller Schröder marcada por
un antibelicismo que muchos consideran electoralista en su origen?
R.- Si
hubiera sido oportunista, habría rectificado después de las elecciones.
No estoy de acuerdo con su posición porque hay indicios del llamado
camino alemán. Habría sido mejor apostar por una opción europea, antes
que reforzar la singularidad alemana.
P.- ¿No
es una muestra de que Alemania reclama un papel activo en las relaciones
internacionales?
R.- En
cierto modo es así, pero sólo en parte. Vivimos en una sociedad
interdependiente donde no hay vías nacionales, ni siquiera Estados
Unidos sigue un camino aislado de los otros. También hay una
significativa parte de anticolonialismo: Alemania se libera por primera
vez del gran hermano americano y eso genera una especie de patriotismo
pacifista frente a América.
P.-
¿Están los dirigentes actuales a la altura de las circunstancias?
R.- La
situación actual exige una visión cosmopolita que no se centre en
rivalidades nacionales, que permita que las instituciones
internacionales desempeñen un papel importante, y a la vez busque la
vinculación entre Estados Unidos y Europa en las soluciones globales. Se
necesitaría combinar el compromiso militar de Estados Unidos, el derecho
global que representa la ONU, y la participación de Europa. Lo contrario
de lo que está ocurriendo: las potencias basculan de un lado a otro y
los problemas crecen sin medida.
P.-
¿Cree que son comparables Hitler y Sadam Husein?
R.- Me
parece inapropiado el símil. Fue Enzensberger quien en 1991 comparó a
Sadam con Hitler, pero no estoy de acuerdo. Está sobrevalorando el papel
de Sadam Husein. No es peligroso en la misma medida. Pero volvemos a la
lógica de los riesgos. Los riesgos no se pueden tocar, son
posibilidades, suposiciones, probabilidades y se tratan de forma
preventiva. No se tienen certezas, lo que explica que la acción sea tan
difícil. Los americanos hablan de riesgos, de posibilidades, y los
europeos quieren certezas.La prevención contra Sadam no tiene la
dimensión que exigía el caso de Hitler, en cualquier caso.
Fuente: El Mundo
22/03/2003