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Lunes 24 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

«La de Irak es la primera guerra contra un riesgo»

 Desde que publicara en 1986 su obra ya clásica La sociedad del riesgo, editada en España por Paidós, Ulrich Beck, de 58 años, se ha convertido en un interesante referente de la sociología contemporánea. Autor de ¿Qué es la globalización? y Libertad o capitalismo, Beck, profesor en el Instituto de Sociología de Múnich y en la London School of Economics, quiere terminar antes del próximo otoño un ensayo que se titulará La Europa cosmopolita. En una conversación telefónica con EL MUNDO, Beck destaca cómo la de Irak es la primera guerra que se libra en la Historia contra un riesgo.

 

Pregunta.- Parece que nuestra sociedad es más que nunca una sociedad del riesgo, con lo que la tesis que expuso en su obra más conocida se confirma. ¿Nos encontramos en un callejón sin salida o usted ve soluciones?

Respuesta.- No hay salidas fáciles. La situación se ha complicado extraordinariamente. Me gustaría explicar cómo la guerra con Irak es un ejemplo de la sociedad del riesgo. Los americanos, que durante mucho tiempo fueron escépticos sobre los riesgos que en Europa nos alarmaban, como los peligros de la alimentación o la energía atómica, casi todas cuestiones medioambientales, e incluso consideraban la actitud europea como una muestra de histeria, se han topado de repente con el riesgo del terrorismo. En su percepción de superpotencia mundial se sienten heridos en lo más hondo. Así ahora pueden verse envueltos en la primera guerra de la historia que se libra contra un riesgo. Es una guerra contra un riesgo global, el riesgo del terrorismo, aunque dudo de que se trate de una respuesta adecuada al riesgo del terrorismo. Efectivamente, hay amenazas globales que no pueden verse, pero no creo que tenga sentido librar una guerra contra un riesgo global. A su vez, hay peligros de carácter global, no sólo el terrorismo, también medioambientales y de armamento, que no pueden tratarse desde el esquema tradicional de la soberanía nacional, y que exigen un compromiso global para ser resueltos.

P.- Las consecuencias de esta crisis son dramáticas: han quedado afectadas las relaciones trasatlánticas, la UE, la ONU. ¿Cree que hay punto de retorno?

R.- Según las estadísticas, la población en Estados Unidos y Europa reacciona de forma parecida. En América existe el mismo miedo a la guerra, a la par que hay interés en reforzar las instituciones internacionales, y en proteger el derecho internacional, así como un gran escepticismo sobre Bush y su política, que da de lado a las iniciativas diplomáticas y se aferra al principio de «quien no esté conmigo está contra mí». Habría que aclarar que los estadounidenses se sienten en guerra. Las discrepancias entre Estados Unidos y Europa se han exagerado y en todo caso se refieren a las posiciones de los gobiernos. También responde a que la elite americana, que en Estados Unidos es discutida, está convencida de que el poder unipolar de América puede solucionar las cuestiones de seguridad del mundo con medios militares.

P.- Hay gobiernos, como el español, que aprueban la intervención militar contra la opinión pública. ¿Qué debe hacer un dirigente político en ese caso?

R.- Lo normal es que la población le pase factura en las elecciones.Pero de nuevo la situación es muy compleja. Una parte de la estrategia de guerra de EEUU y de sus aliados europeos depende de la amenaza radical de guerra, y de que esta amenaza evite el conflicto.

P.- Una víctima de esta crisis puede ser el sistema de relaciones internacionales forjado desde 1945. ¿Cree que la ONU sobrevivirá?

R.- Desde hace tiempo, se viene planteando la cuestión de cómo reformar las instituciones internacionales. El Derecho Internacional no es adecuado para aportar seguridad nacional en cuestión de amenazas globales. Desde el terror nazi en Alemania, quedó claro que hay cuestiones que inducen a crear nuevas categorías como los crímenes contra la Humanidad. Ahora se trata del terrorismo transnacional, otra cuestión que pone de manifiesto que las instituciones y el derecho vigente no son adecuados para los nuevos desafíos.La cuestión es si se suprimen estas instituciones, lo que creo que sería un error, o se reforman.

P.- Usted defiende que la UE debería tener un ejército propio para ejercer un papel de liderazgo.

R.- Habría posibilidad de establecer nuevos acuerdos y organizar un poder militar multinacional. No se precisarían más gastos en defensa, sino reorganizar los ejércitos nacionales. Sería una parte de estos ejércitos los que serían puestos en común.No es una cuestión de dinero, sino de voluntad política, de la voluntad de fortalecer el papel político de Europa.

P.- Ahora parece más difícil que nunca, dada la división de Europa.

R.- No estoy seguro. Está por ver qué pasará con Europa. Por un lado, puede darse una renacionalización de Europa, como en el siglo XIX, con diferentes poderes en alianzas diversas, y eso conduciría a que no hubiera una voz de Europa. Por otro lado, esta situación puede conducir a que se diera un vacío y que Europa se diera cuenta de que necesita ser fuerte. Cuando se habla en el plano militar, Europa siempre se queda atrás. Si quiere ser un auténtico rival de América, el poder europeo ha de reforzarse, sin que ello quiera decir que los estados nacionales pierdan poder.

P.- ¿Qué opina sobre la política exterior del canciller Schröder marcada por un antibelicismo que muchos consideran electoralista en su origen?

R.- Si hubiera sido oportunista, habría rectificado después de las elecciones. No estoy de acuerdo con su posición porque hay indicios del llamado camino alemán. Habría sido mejor apostar por una opción europea, antes que reforzar la singularidad alemana.

P.- ¿No es una muestra de que Alemania reclama un papel activo en las relaciones internacionales?

R.- En cierto modo es así, pero sólo en parte. Vivimos en una sociedad interdependiente donde no hay vías nacionales, ni siquiera Estados Unidos sigue un camino aislado de los otros. También hay una significativa parte de anticolonialismo: Alemania se libera por primera vez del gran hermano americano y eso genera una especie de patriotismo pacifista frente a América.

P.- ¿Están los dirigentes actuales a la altura de las circunstancias?

R.- La situación actual exige una visión cosmopolita que no se centre en rivalidades nacionales, que permita que las instituciones internacionales desempeñen un papel importante, y a la vez busque la vinculación entre Estados Unidos y Europa en las soluciones globales. Se necesitaría combinar el compromiso militar de Estados Unidos, el derecho global que representa la ONU, y la participación de Europa. Lo contrario de lo que está ocurriendo: las potencias basculan de un lado a otro y los problemas crecen sin medida.

P.- ¿Cree que son comparables Hitler y Sadam Husein?

R.- Me parece inapropiado el símil. Fue Enzensberger quien en 1991 comparó a Sadam con Hitler, pero no estoy de acuerdo. Está sobrevalorando el papel de Sadam Husein. No es peligroso en la misma medida. Pero volvemos a la lógica de los riesgos. Los riesgos no se pueden tocar, son posibilidades, suposiciones, probabilidades y se tratan de forma preventiva. No se tienen certezas, lo que explica que la acción sea tan difícil. Los americanos hablan de riesgos, de posibilidades, y los europeos quieren certezas.La prevención contra Sadam no tiene la dimensión que exigía el caso de Hitler, en cualquier caso.

Fuente: El Mundo
22/03/2003

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