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Martes 25 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Sadam Hussein, ángel o demonio

Doce años después, Saddam sigue siendo el mismo

El 3 defebrero de 1991 escribí una columna con el mismo título. Curiosamente si en aquella ocasión los perfiles biográficos del dictador iraquí fueron muchos, en esta crisis de 2003 brillan casi por su ausencia. ¿Es que en la mente de todos se encuentra su biografía?, ¿Lo conoce la generación que grita por la paz?, para que estos jóvenes conozcan al personaje y los más mayores recuerden como es, transcribo parte de aquel artículo:

«En una hermosa ciudad surcada por el Tigris, Tikrit, en una modesta casa, hace 50 años (en 1991) un niño de ojos negros y vivaces, escucha los cuentos de su madre. La madre le habla de la historia de la patria, del gran Saladino, nacido en la ciudad, de origen humilde y que fue subiendo peldaños hasta convertirse en la máxima figura del mundo musulmán; continúa con las gestas de su familia en su lucha contra los otomanos; con las humillaciones sufridas por el pueblo iraquí a causa de los ingleses y de los levantamientos contra ellos de gente de su misma sangre, sus tíos por parte de madre.

Aquella madre, viuda cuando él tenía meses de edad, fue la persona que inculcó en Saddam –hasta el nombre que le puso era premonitorio, ya que significa “el que se enfrenta a todo”- los sentimientos que habrían de guiar toda su vida.

El joven Saddam el Tikrit soñaba con ser un nuevo Saladino, exterminador de cristianos, conquistador de los Santos Lugares y unificador de la gran nación árabe. Ese espíritu, su inmejorable suerte (baraka) y su valor, hicieron el resto.

La historia de Saddam Hussein puede considerarse de película y su juventud se mueve entre conspiraciones, atentados y activismo político. Su baraka le salva de morir en el atentado fallido contra el dictador Kassem y la misma baraka le hace entrar en contacto con el futuro presidente de Irak, Ahmed Hassan Al-Bakr, a través de su futuro suegro, tío y educador.

Tras el golpe de estado de 1968 contra el coronel Aref, de su propio partido, entra en las esferas del poder y su inteligencia, astucia y perseverancia le hace con el control de todos los resortes, de tal forma que cuando dimite Al-Bakr, por “razones de salud”, le designa como sucesor.

Las protestas de algunos miembros del Bass se solventan rápidamente, el nuevo líder iraquí ordena sus detenciones acusándoles de conspiración y de traición a la Patria, 22 son ejecutados y 33 condenados a prisión. A continuación se hace nombrar general, una vieja aspiración, quebrada cuando la elitista Acadamia Militar de Bagdad no lo aceptó. Desde siempre ha tenido Saddam Hussein desprecio por los militares profesionales y ellos se lo pagan con la moneda de las conspiraciones.

Saddam es inteligente, astuto y extrovertido. Conoce que su vida corre peligro y se rodea constantemente de personas de absoluta confianza. Los altos cargos de la política lo ostentan personas de su clan familiar y le rodean para su seguridad guardias de su propia ciudad de Takrit. No obstante, al tomar hace años una segunda esposa, la primera era prima suya e hija del tío que le educó, ha resquebrajado la solidez del clan.

Conoce que tiene “encanto personal” y lo potencia, sabe que posee buena imagen y lo que le gusta al pueblo en cada momento, acariciando niños o rezando son constantes en los medios de comunicación social.

Las personas que han tratado con él en los últimos tiempos, indican que su egolatría y megalomanía han crecido desmesuradamente, se ha convertido en un nuevo Hitler, de tal forma que se regodea con sus palabras. No acepta que nadie le contrarie y las entrevistas con él se convierten en un monólogo de Saddam Hussein.»

A partir de la derrota de 1991 su desconfianza, crueldad, y culto a la personalidad se ha acrecentado extraordinariamente. Si en occidente una persona puede llegar a observar casi cien veces al día la marca de un famoso refresco, en Irak esta imagen es la de Saddam.

Su desconfianza le ha hecho disponer de verdaderos “clones”, personas que se le parecen muchísimo, de tal manera que en alguna ocasión lo han suplantado en un acto oficial, hasta en una conversación con una alta personalidad extranjera. Han llegado a ser tan iguales que solamente se les podría distinguir por el ADN.

Su crueldad ha aumentado, ya no tiene oposición en el ejército, porque lo ha descabezado. Los personajes con uniforme con que se rodea no son militares, sino miembros del partido Baas, a modo de las SS de Hitler. No ha dudado hasta asesinar con sus propias manos a personas de su misma familia que han llegado a contradecirle políticamente.

Las personas cultas de Irak están aterrorizadas, al igual que las minorías chiítas y kurdas. El resto del pueblo está fanatizado por ese esperpentico culto a la personalidad.

Este es Saddam Hussein doce años después.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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