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Miércoles 26 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Cuatro diarios europeos abordan la marcha de la guerra y el futuro del nexo trasatlántico.

Expertos de Daily Telegraph, Die Welt, Le Figaro y ABC analizan la evolución del conflicto: «Cuando los iraquíes vean que se va hasta el final, todos se echarán a las calles»

Representantes de los cuatro periódicos integrados en la Alianza Europea de Diarios debatieron el lunes sobre la guerra moderados por Daniel Johnson, de The Daily Telegraph

 

Daniel Johnson: Sería bueno conocer la posición de cada uno de los diarios ante esta guerra.

Charles Moore: «The Daily Telegraph» se plantea esta cuestión desde el punto de vista de la importancia que tiene la relación trasatlántica y también el resultado del 11-S. Estamos de acuerdo en que el vínculo entre al Qaida e Irak no está firmemente probado. Pero también estamos de acuerdo con la teoría que Bush ha planteado de guerra contra el terrorismo, que se luchará en muchos frentes y de muchas maneras durante un largo periodo. Hemos sostenido que Sadam había desafiado permanentemente los deseos de Naciones Unidas desde 1991, y que era perfectamente oportuno que los aliados hiciesen algo al respecto. Nuestros lectores estaban muy divididos al respecto antes de que empezase la guerra. Calculo que el 60 por ciento estaba a favor de la guerra más o menos desde el comienzo, y que por lo tanto una minoría significativa, 40 por ciento, no estaba a favor. Sospecho que, ahora que la guerra ha empezado, este 40 por ciento ha descendido mucho, y me inclino a creer que la abrumadora mayoría de nuestros lectores quiere que la guerra se desarrolle con el mayor éxito posible.

Ramón Pérez-Maura: En esta cuestión, ABC ha apoyado la postura adoptada por el Gobierno español. También respaldamos la idea de que debería aprobarse una nueva resolución de Naciones Unidas que autorizara plenamente la acción militar, aunque eso no llegó a suceder. La línea de nuestro periódico ha sido que se ha hecho necesario aceptar la 1.441 como cobertura suficiente para la acción militar. Carecemos de encuestas fiables que nos indiquen la opinión de nuestros lectores. Mi impresión es que probablemente tengamos un número muy elevado que está en contra de la decisión adoptada por el Gobierno. Al mismo tiempo, tengo la sensación de que en los últimos días se ha producido un giro en la opinión pública, y que está apoyando más la acción militar, pero eso puede cambiar dependiendo de cómo vaya la guerra. El 15 de febrero se produjeron enormes manifestaciones en contra de la guerra. Es interesante que las mismas manifestaciones se convocaron el 15 de marzo y mucha menos gente salió a las calles. Somos el único periódico de ámbito nacional que mantien esta postura de apoyo al recurso a la fuerza.

Moore: En Reino Unido, aproximadamente el 60 por ciento de la prensa respalda la guerra.

Thomas Kielinger: «Die Welt» es un producto anglosajón. Lo fundaron las fuerzas de ocupación británicas después de la guerra, y hasta 1953 no pasó a manos del Axel-Springer Gruppe. Como la mayoría de los alemanes, damos gran importancia a las relaciones trasatlánticas. Así que nos quedamos estupefactos cuando, en la última fase de la campaña electoral del año pasado, el canciller dio un vuelco repentino a estos principios consagrados y empezó a hablar en términos bastante desdeñosos de las intenciones estadounidenses en el Golfo. En lo que a nuestros lectores se refiere tampoco hemos hecho encuestas. Pero en vista del hecho bien documentado de que la gran mayoría de los alemanes está contra la guerra, supongo que como periódico mantenemos una opinión minoritaria. Alemania es, por su historia, un país peculiar dentro de Europa. Su propio ser nacional y su consenso como Estado están en buena medida destruidos, y todo lo que tenga que ver con los militares es aborrecido y contemplado con suspicacia. Pensar que pueda haber en Europa una nación como el Reino Unido, dispuesta a apoyar un conflicto que supone el mayor de los sacrificios, el enviar a su propia gente a la batalla, constituye anatema para los alemanes. Hemos dejado tan atrás nuestra historia militarista que nos hemos pasado al otro extremo.

Baudouin Bollaert: «Le Figaro» ha seguido la línea de Chirac. El 80 por ciento de nuestros lectores está en contra de la guerra. No entendemos muy bien sus objetivos. Podemos entender el deseo de desarmar Irak y de expulsar a Sadam Husein. Naturalmente, estamos de acuerdo con eso. Pero no vemos la relación entre la guerra contra el terrorismo y la necesidad de invadir Irak. Y no estamos de acuerdo con la necesidad de remodelar Oriente Próximo y de establecer una nueva política para la región. Pensamos que esto tendrá unas consecuencias terribles. Preferimos el statu quo. No entendemos por qué, diez años después de la Primera Guerra del Golfo, con el régimen de Sadam Husein exhausto, se hace necesario utilizar medidas extremas, invadir el país y declarar una guerra. Por eso el Gobierno francés quería dar más tiempo a los inspectores de Naciones Unidas.

Johnson: Pasando a cómo hemos llegado hasta aquí, ¿pensamos que tras el 11-S esta guerra era inevitable, y que, independientemente de lo que hiciesen todos los demás, Estados Unidos se aseguraría de quitar a Sadam del poder? ¿A quién se debe culpar por esta desunión sin precedentes en Occidente?

Kielinger: No creo que nadie pensara el 11-S que el blanco inmediato sería Sadam Husein. Veíamos a Al Qaida como la madre de todos los males y, por consiguiente, había que atacar primero a Afganistán. Irak sólo se puso en nuestro punto de mira cuando empezó a entenderse mejor la cuestión de las armas de destrucción masiva a escala planetaria. A menudo se dice que Blair es un perrito faldero de los norteamericanos. Yo sostengo que es lo contrario. Blair estaba ahí mucho antes que el presidente Bush. En las memorias de Paddy Ashdown hay una entrada en su diario correspondiente a noviembre de 1997 que resulta asombrosa leída ahora. Blair le dice a Ashdown: «He visto informes secretos sobre Sadam y lo que ha ocurrido con esas armas. Te digo que es tan terrible que no consigo creérmelo». Y a renglón seguido dice algo profético: «No entiendo por qué a los franceses no les entra en la cabeza». Y la siguiente frase es: «No debemos permitir que se salga con la suya». Blair intentaba persuadir a Clinton para que lo viese desde su punto de vista pero en ese momento, Clinton estaba ocupado con su proceso de inhabilitación. Bush y el 11-S ayudaron a centrar la mente de la comunidad internacional en una cuestión que Blair había sido el primero en expresar.

Bollaert: ¿Cómo justificas el colosal fracaso a la hora de explicar el peligro que representa Sadam?

Pérez-Maura: Déjenme responder. Es muy fácil. La tarea de los inspectores no era la que el Gobierno francés y el alemán parecían esperar que hicieran, la de andar en busca de pruebas de dichas transgresiones. Las inspecciones no funcionan de esa forma. Los inspectores funcionan cuando un gobierno accede a desarmarse y, cuando llegan los inspectores, los llevan a los lugares pertinentes y les presentan pruebas de que el gobierno ha hecho lo que había dicho que haría.

Bollaert: Si uno cree eso, entonces no era necesario enviar inspectores a Irak. Habría sido mejor enviarlos a los cuarteles generales de la CIA...

Johnson: ¿Piensa que la CIA ya tiene las pruebas?

Bollaert: Cuando hablaba del colosal fracaso para explicar la situación, podría haber mencionado también a Blair. Si Naciones Unidas o el Reino Unido disponen de pruebas, tienen que presentarlas.

Moore: En este sentido, comprendo muy bien a quienes se oponen a la guerra. Lo que detectan en todo esto es mala fe, que Estados Unidos, y en menor medida Reino Unido, están haciendo algo por una razón que no acaban de aclarar. Los franceses y otros detractores dicen que si es por las armas de destrucción masiva, que nos enseñen pruebas. Aunque a lo largo del tiempo no han mostrado mucho entusiasmo por las inspecciones. Pero es cierto que la razón básica por la que Estados Unidos y Reino Unido quieren atacar Irak no es simplemente que Sadam no acate las órdenes de los inspectores de armamento. Tiene más que ver con una idea general sobre la amenaza que los extremistas islámicos y árabes representan para el poder occidental en el mundo. Una de las cosas que Estados Unidos ha hecho mal en todo esto ha sido el no preparar el terreno, retórica y diplomáticamente, en el extranjero. Lo hizo muy bien en el interior. Pero el sistema de diplomacia público de Estados Unidos no salió a explicar esto adecuadamente al resto del mundo. Desde diciembre de 2001, cuando visité Washington y me entrevisté con Colin Powell y otros, me quedó claro que Estados Unidos atacaría Irak. El resto del mundo ha entendido mal. Estaban decididos a atacar Irak, ciertamente desde finales de 2001, y quizá desde el 11 de septiembre, y una vez que lo sabes, eso afecta a la forma en que lo ves todo.

Johnson: ¿Creemos que la doctrina de ataques preventivos planteada por Bush es compatible con el tipo de política desarrollado en la UE?


Pérez-Maura: El problema con la doctrina de Bush y la mentalidad europea es que, como bien dice Robert Kagan, los europeos se han acostumbrado a no librar guerras en ninguna parte. Creemos que todo se puede resolver mediante negociaciones. Los consejos europeos se alargan durante horas y noches, y finalmente llegan a un acuerdo. Ésa es una forma perfecta de resolver los asuntos entre personas dispuestas a dialogar. Pero el mundo ahí fuera es distinto. Afuera hay líderes que no discuten nada a no ser que estén intentando engañarte. Así que, a veces, la acción preventiva es inevitable.

Moore: La mayoría se equivocó en sus cálculos sobre Francia a este respecto. Pensaron que Francia se quejaría de lo que estaba ocurriendo, pero que al final querría formar parte. Entonces el presidente Chirac declaró que vetarían en cualquier circunstancia. Quedó claro que Francia no iba a cambiar. ¿Por qué se adoptó esa estrategia?

Bollaert: Por la actitud de las autoridades estadounidenses. Recuérdese que Rumsfeld dijo hace dos semanas que no necesitaba a las tropas británicas y que podía ir en solitario a la guerra en Irak. Esto puede resultar muy abrasivo. Pienso que Chirac y Villepin consideraron que era imposible dialogar con los estadounidenses.

Pérez-Maura: Añadiría algo. Una vez que España se puso de parte de Reino Unido y de otros países europeos en la carta de los Ocho publicada en The Wall Street Journal, se hizo imposible que Francia cambiase de postura. Francia podría alcanzar un acuerdo y hacer una concesión ante Reino Unido o Estados Unidos, pero nunca ante España.

Moore: ¿Fue la carta del Wall Street Journal una razón importante para la ira francesa?

Bollaert: No. La forma en que se hizo no fue aceptable para Chirac. Pero el texto de la carta en sí no era un problema. Para Francia firmarlo era posible.

Johnson: ¿Tenía razón Blair en intentar la vía de la ONU? ¿Por qué fracasó?

Pérez-Maura: Debemos recordar que el primer país que habló de otra resolución de la ONU después de la 1.441 fue Francia. Fueron Blair y Aznar quienes recogieron el guante. Dijeron: hubo unanimidad en la 1.441, los franceses quieren otra, vayamos a por otra. Pero a quien se relegó fue a Blair y Aznar. Cuando lograron convencer a la Administración estadounidense de que era necesario celebrar una nueva votación, los franceses y los alemanes salieron a la palestra y dijeron que realmente no la deseaban. Porque si se producía una nueva votación era probable que condujese a una acción militar.

Bollaert: Para mí era una cuestión de tiempo. Si los británicos y los estadounidenses hubieran podido esperar un mes, dos meses, tres meses, no habría habido problema. Por desgracia, no es buena idea ser impaciente.

Johnson: Pasemos a la guerra. ¿Está funcionando la estrategia de combatir al régimen de Sadam sin tocar al pueblo? ¿Y este alarde de fuerza militar de Estados Unidos le impresiona o le asusta?

Pérez-Maura: Me impresiona la forma en que Estados Unidos ha decidido usar sus fuerzas terrestres para avanzar, en lugar de bombardear sin más. Demuestra un gran coraje. Pone en riesgo las vidas de soldados estadounidenses y británicos. Es muy interesante que eso se haga para proteger las vidas del enemigo.

Johnson: ¿Cómo ve esto la opinión pública francesa?

Bollaert: Quieren ver fuera a Sadam Husein. Pero es muy difícil construir una verdadera democracia con la guerra.

Moore: Algo que la campaña está intentando hacer es reiterar la afirmación: «No tenemos nada contra el pueblo iraquí». Están intentando hacer una distinción entre el cambio de régimen y el pueblo en general. Y para los de arriba no se trata sólo de un cambio de régimen. Se trata de la desbaazificación. Lo que ocurrió en 1991 causó un daño real. Cuando la gente en Irak se alzó después de la guerra del Golfo, no fueron convenientemente apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña. Eso les está haciendo muy cautelosos esta ocasión. A medida que penetran las tropas, la mayoría de la gente no está apoyando activamente a Sadam. No están luchando hasta el último hombre. Pero se ha colocado a elementos baazistas por todo el país. Los iraquíes de a pie están asustados. No están convencidos del todo de que vayamos a ir hasta el final y desbaazificarlo realmente. Hasta que no lo estén, no van a salir a las calles . No creo que la campaña haya tenido éxito hasta ahora. Creo que se pondrá  más difícil. Pero está demostrando algo muy importante que no tiene nada que ver con Irak: que es posible para los aliados como Gran Bretaña y Estados Unidos actuar de manera decisiva y militar en el mundo. Cuando se piensa en la naturaleza de las amenazas, tiene que haber naciones sensatas en el mundo que puedan actuar juntas militarmente para combatirlas. Eso es algo que está calando de manera impresionante, y tendrá un eco en el tiempo.

Johnson: Esto nos lleva hablar de la post guerra. ¿Creemos que puede cerrarse la brecha trasatlántica?

Bollaert: Una manera mejor de reparar la brecha trasatlántica, y de mejorar las relaciones anglo francesas, sería restaurar el espíritu de St. Malo, cuando tanto Francia como el Reino Unido se pusieron de acuerdo en construir la capacidad de defensa europea. Un pilar europeo dentro de la OTAN, sería bueno para todos.

Johnson: ¿Cuál es el juego de Chirac? ¿Está intentando construir una coalición de los reticentes para atar de manos a la hiperpotencia estadounidense?

Bollaert: No estoy de acuerdo con eso. En primer lugar, Chirac no es un gallina, como algunos en el equipo de Bush. Fue a la guerra, y fue oficial en Argelia. Tienen que recordar que en 1995 hizo una oferta para reintegrar a Francia en la OTAN.

Johnson: ¿Cuál es su meta? ¿Adónde conduce esta política?

Bollaert: No lo sé exactamente. Pero es mejor para Estados Unidos y Gran Bretaña tener un socio difícil que uno débil. Francia está desempeñando en la OTAN el papel que Gran Bretaña desempeña en la Unión Europea. Podría llamarle a eso jugar con el comodín.
Kielinger: Mi suposición es que Francia es una aspirante a potencia mundial. Le gustaría tener el poder para ser más importante de lo que realmente es. El problema con Europa es que siempre hemos querido ser mayores de lo que realmente somos. Siempre hemos sostenido que debe haber un contrapeso a Estados Unidos. Nada es más corrosivo que jugar continuamente a la carta antiestadounidense. Estados Unidos es mayor y más poderoso que los siguientes diez países. El aumento del presupuesto del Pentágono sólo este año es mayor que el presupuesto de defensa total de Alemania. Y si seguimos encontrando nuestra raison d´être en abofetear a los estadounidenses, pasarán por encima de nosotros.

Moore: Creo que nos enfrentamos a una crisis en una serie de instituciones mundiales que tiene que ver con la forma en que el mundo está cambiando. La Unión Europea está cambiando. La distinción entre «Vieja Europa» y «Nueva Europa» es real. La OTAN está cambiando porque, en primer lugar se ha hecho mucho mayor, pero también porque Estados Unidos tendrá una actitud muy diferente hacia ella tras estos acontecimientos. Y la ONU está cambiando porque ahora las mayores tensiones se están ejerciendo sobre la idea de la seguridad por medio del Consejo de Seguridad. Creo que Francia, sobre todo, y en menor medida Alemania, se han colocado en un callejón sin salida. Francia está defendiendo el viejo statu quo de la UE. Estados Unidos tiene mucha más visión de futuro. Algunas personas en Europa creen que ésta es simplemente una administración estadounidense de derechas y que todo se disipará si Bush pierde las próximas elecciones. No es así. Estados Unidos se está planteando las cosas de una manera diferente y nueva, que no es del todo bueno para nosotros, pero es más cabal e imaginativa que el pensamiento que está saliendo de Francia. Siguen adelante en Irak. Después de esto pondrán la vista en Siria e Irán. Y Corea del Norte. No quiero decir que estén a punto de atacar a todos estos países. Hay una serie de problemas muy grandes que ven en relación con estos países y quieren hacer algo al respecto. La opinión a la francesa parece ser intentar seguir tirando con la actual situación, y no creo que eso funcione.

Johnson: ¿Cómo vemos el futuro? ¿Sigue habiendo un Occidente?

Bollaert: La guerra no es una buena forma de crear la democracia. Si nos fijamos en lo que ocurrió en Bosnia, Kosovo, Macedonia, Serbia, incluso Afganistán, es bastante difícil ser realmente optimista. ¿Qué vemos en Afganistán? Los viejos jefes militares dirigen ahora el comercio de la droga. No existe democracia. Quizá dentro de diez años las cosas estarán bien. Pero es imposible predecir lo que ocurrirá.

Pérez-Maura: Uno de los grandes pecados de nuestra sociedad es que estamos tan felices de vivir como vivimos que simplemente nos importa un bledo cómo viven otros pueblos en sociedades distintas. Eso no puede seguir así. Es cierto que en Kosovo, en Bosnia, en Macedonia y en Afganistán, las cosas no van tan bien como querríamos que fueran. Pero también creo que es incuestionable que muchas mujeres en Afganistán son mucho más felices de lo que eran hace quince meses. El gran cambio que trajo el 11-S es que repentinamente algunas sociedades a nuestro alrededor se hicieron conscientes de las amenazas a la libertad que existían en otras partes del mundo y de que teníamos una cierta obligación de abordar el asunto.

Moore: El concepto de Occidente sigue siendo real. Esta alianza de periódicos que tenemos no existiría con un diario de Angola y uno de Siria. Existe algo llamado Occidente. Estados Unidos y todas las naciones europeas están incluidas en él. Creo que sobrevivirá. La gente dice que es horrible que el poder y la justicia sean lo mismo. No creo que la fuerza sea justicia. Pero la debilidad es algo equivocado. Si la idea de Occidente es una idea dinámica en el mundo, no debe ser débil. Lo que hemos visto en esto, y no por primera vez, es el liderazgo de Occidente por parte de las potencias de habla inglesa. Creo que eso es muy significativo. Una de las cosas acerca de las coaliciones de los dispuestos a actuar es que hay que preguntarse qué ocurre con los reticentes. Creo que ésa va a ser la cuestión ahora. Y, sobre todo en Europa, que pasará con Francia. Ésta es la nación reticente. ¿Qué quieren? ¿Quieren formar parte o no? Creo que se nos van a hacer preguntas bastante desafiantes acerca de nuestros valores y lo que queremos hacer con ellos. Las respuestas están lejos de ser obvias.

Fuente: ABC
26/03/2003

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