Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Cuatro diarios
europeos abordan la marcha de la guerra y el futuro del nexo
trasatlántico.
Expertos de Daily
Telegraph, Die Welt, Le Figaro y ABC analizan la evolución del
conflicto: «Cuando los iraquíes vean que se va hasta el final, todos se
echarán a las calles»
Representantes de
los cuatro periódicos integrados en la Alianza Europea de Diarios
debatieron el lunes sobre la guerra moderados por Daniel Johnson, de The
Daily Telegraph
Daniel
Johnson: Sería bueno conocer la posición de cada uno de los diarios
ante esta guerra.
Charles
Moore: «The Daily Telegraph» se plantea esta cuestión desde el punto
de vista de la importancia que tiene la relación trasatlántica y también
el resultado del 11-S. Estamos de acuerdo en que el vínculo entre al
Qaida e Irak no está firmemente probado. Pero también estamos de acuerdo
con la teoría que Bush ha planteado de guerra contra el terrorismo, que
se luchará en muchos frentes y de muchas maneras durante un largo
periodo. Hemos sostenido que Sadam había desafiado permanentemente los
deseos de Naciones Unidas desde 1991, y que era perfectamente oportuno
que los aliados hiciesen algo al respecto. Nuestros lectores estaban muy
divididos al respecto antes de que empezase la guerra. Calculo que el 60
por ciento estaba a favor de la guerra más o menos desde el comienzo, y
que por lo tanto una minoría significativa, 40 por ciento, no estaba a
favor. Sospecho que, ahora que la guerra ha empezado, este 40 por ciento
ha descendido mucho, y me inclino a creer que la abrumadora mayoría de
nuestros lectores quiere que la guerra se desarrolle con el mayor éxito
posible.
Ramón
Pérez-Maura: En esta cuestión, ABC ha apoyado la postura adoptada
por el Gobierno español. También respaldamos la idea de que debería
aprobarse una nueva resolución de Naciones Unidas que autorizara
plenamente la acción militar, aunque eso no llegó a suceder. La línea de
nuestro periódico ha sido que se ha hecho necesario aceptar la 1.441
como cobertura suficiente para la acción militar. Carecemos de encuestas
fiables que nos indiquen la opinión de nuestros lectores. Mi impresión
es que probablemente tengamos un número muy elevado que está en contra
de la decisión adoptada por el Gobierno. Al mismo tiempo, tengo la
sensación de que en los últimos días se ha producido un giro en la
opinión pública, y que está apoyando más la acción militar, pero eso
puede cambiar dependiendo de cómo vaya la guerra. El 15 de febrero se
produjeron enormes manifestaciones en contra de la guerra. Es
interesante que las mismas manifestaciones se convocaron el 15 de marzo
y mucha menos gente salió a las calles. Somos el único periódico de
ámbito nacional que mantien esta postura de apoyo al recurso a la
fuerza.
Moore:
En Reino Unido, aproximadamente el 60 por ciento de la prensa
respalda la guerra.
Thomas
Kielinger: «Die Welt» es un producto anglosajón. Lo fundaron las
fuerzas de ocupación británicas después de la guerra, y hasta 1953 no
pasó a manos del Axel-Springer Gruppe. Como la mayoría de los alemanes,
damos gran importancia a las relaciones trasatlánticas. Así que nos
quedamos estupefactos cuando, en la última fase de la campaña electoral
del año pasado, el canciller dio un vuelco repentino a estos principios
consagrados y empezó a hablar en términos bastante desdeñosos de las
intenciones estadounidenses en el Golfo. En lo que a nuestros lectores
se refiere tampoco hemos hecho encuestas. Pero en vista del hecho bien
documentado de que la gran mayoría de los alemanes está contra la
guerra, supongo que como periódico mantenemos una opinión minoritaria.
Alemania es, por su historia, un país peculiar dentro de Europa. Su
propio ser nacional y su consenso como Estado están en buena medida
destruidos, y todo lo que tenga que ver con los militares es aborrecido
y contemplado con suspicacia. Pensar que pueda haber en Europa una
nación como el Reino Unido, dispuesta a apoyar un conflicto que supone
el mayor de los sacrificios, el enviar a su propia gente a la batalla,
constituye anatema para los alemanes. Hemos dejado tan atrás nuestra
historia militarista que nos hemos pasado al otro extremo.
Baudouin Bollaert: «Le Figaro» ha seguido la línea de Chirac. El 80
por ciento de nuestros lectores está en contra de la guerra. No
entendemos muy bien sus objetivos. Podemos entender el deseo de desarmar
Irak y de expulsar a Sadam Husein. Naturalmente, estamos de acuerdo con
eso. Pero no vemos la relación entre la guerra contra el terrorismo y la
necesidad de invadir Irak. Y no estamos de acuerdo con la necesidad de
remodelar Oriente Próximo y de establecer una nueva política para la
región. Pensamos que esto tendrá unas consecuencias terribles.
Preferimos el statu quo. No entendemos por qué, diez años después de la
Primera Guerra del Golfo, con el régimen de Sadam Husein exhausto, se
hace necesario utilizar medidas extremas, invadir el país y declarar una
guerra. Por eso el Gobierno francés quería dar más tiempo a los
inspectores de Naciones Unidas.
Johnson:
Pasando a cómo hemos llegado hasta aquí, ¿pensamos que tras el 11-S
esta guerra era inevitable, y que, independientemente de lo que hiciesen
todos los demás, Estados Unidos se aseguraría de quitar a Sadam del
poder? ¿A quién se debe culpar por esta desunión sin precedentes en
Occidente?
Kielinger: No creo que nadie pensara el 11-S que el blanco inmediato
sería Sadam Husein. Veíamos a Al Qaida como la madre de todos los males
y, por consiguiente, había que atacar primero a Afganistán. Irak sólo se
puso en nuestro punto de mira cuando empezó a entenderse mejor la
cuestión de las armas de destrucción masiva a escala planetaria. A
menudo se dice que Blair es un perrito faldero de los norteamericanos.
Yo sostengo que es lo contrario. Blair estaba ahí mucho antes que el
presidente Bush. En las memorias de Paddy Ashdown hay una entrada en su
diario correspondiente a noviembre de 1997 que resulta asombrosa leída
ahora. Blair le dice a Ashdown: «He visto informes secretos sobre Sadam
y lo que ha ocurrido con esas armas. Te digo que es tan terrible que no
consigo creérmelo». Y a renglón seguido dice algo profético: «No
entiendo por qué a los franceses no les entra en la cabeza». Y la
siguiente frase es: «No debemos permitir que se salga con la suya».
Blair intentaba persuadir a Clinton para que lo viese desde su punto de
vista pero en ese momento, Clinton estaba ocupado con su proceso de
inhabilitación. Bush y el 11-S ayudaron a centrar la mente de la
comunidad internacional en una cuestión que Blair había sido el primero
en expresar.
Bollaert: ¿Cómo justificas el colosal fracaso a la hora de explicar
el peligro que representa Sadam?
Pérez-Maura: Déjenme responder. Es muy fácil. La tarea de los
inspectores no era la que el Gobierno francés y el alemán parecían
esperar que hicieran, la de andar en busca de pruebas de dichas
transgresiones. Las inspecciones no funcionan de esa forma. Los
inspectores funcionan cuando un gobierno accede a desarmarse y, cuando
llegan los inspectores, los llevan a los lugares pertinentes y les
presentan pruebas de que el gobierno ha hecho lo que había dicho que
haría.
Bollaert: Si uno cree eso, entonces no era necesario enviar
inspectores a Irak. Habría sido mejor enviarlos a los cuarteles
generales de la CIA...
Johnson:
¿Piensa que la CIA ya tiene las pruebas?
Bollaert: Cuando hablaba del colosal fracaso para explicar la
situación, podría haber mencionado también a Blair. Si Naciones Unidas o
el Reino Unido disponen de pruebas, tienen que presentarlas.
Moore: En este sentido, comprendo muy bien a quienes se oponen a
la guerra. Lo que detectan en todo esto es mala fe, que Estados Unidos,
y en menor medida Reino Unido, están haciendo algo por una razón que no
acaban de aclarar. Los franceses y otros detractores dicen que si es por
las armas de destrucción masiva, que nos enseñen pruebas. Aunque a lo
largo del tiempo no han mostrado mucho entusiasmo por las inspecciones.
Pero es cierto que la razón básica por la que Estados Unidos y Reino
Unido quieren atacar Irak no es simplemente que Sadam no acate las
órdenes de los inspectores de armamento. Tiene más que ver con una idea
general sobre la amenaza que los extremistas islámicos y árabes
representan para el poder occidental en el mundo. Una de las cosas que
Estados Unidos ha hecho mal en todo esto ha sido el no preparar el
terreno, retórica y diplomáticamente, en el extranjero. Lo hizo muy bien
en el interior. Pero el sistema de diplomacia público de Estados Unidos
no salió a explicar esto adecuadamente al resto del mundo. Desde
diciembre de 2001, cuando visité Washington y me entrevisté con Colin
Powell y otros, me quedó claro que Estados Unidos atacaría Irak. El
resto del mundo ha entendido mal. Estaban decididos a atacar Irak,
ciertamente desde finales de 2001, y quizá desde el 11 de septiembre, y
una vez que lo sabes, eso afecta a la forma en que lo ves todo.
Johnson: ¿Creemos que la doctrina de ataques preventivos
planteada por Bush es compatible con el tipo de política desarrollado en
la UE?
Pérez-Maura: El problema con la doctrina de Bush y la mentalidad
europea es que, como bien dice Robert Kagan, los europeos se han
acostumbrado a no librar guerras en ninguna parte. Creemos que todo se
puede resolver mediante negociaciones. Los consejos europeos se alargan
durante horas y noches, y finalmente llegan a un acuerdo. Ésa es una
forma perfecta de resolver los asuntos entre personas dispuestas a
dialogar. Pero el mundo ahí fuera es distinto. Afuera hay líderes que no
discuten nada a no ser que estén intentando engañarte. Así que, a veces,
la acción preventiva es inevitable.
Moore: La mayoría se equivocó en sus cálculos sobre Francia a
este respecto. Pensaron que Francia se quejaría de lo que estaba
ocurriendo, pero que al final querría formar parte. Entonces el
presidente Chirac declaró que vetarían en cualquier circunstancia. Quedó
claro que Francia no iba a cambiar. ¿Por qué se adoptó esa estrategia?
Bollaert: Por la actitud de las autoridades estadounidenses.
Recuérdese que Rumsfeld dijo hace dos semanas que no necesitaba a las
tropas británicas y que podía ir en solitario a la guerra en Irak. Esto
puede resultar muy abrasivo. Pienso que Chirac y Villepin consideraron
que era imposible dialogar con los estadounidenses.
Pérez-Maura: Añadiría algo. Una vez que España se puso de parte
de Reino Unido y de otros países europeos en la carta de los Ocho
publicada en The Wall Street Journal, se hizo imposible que Francia
cambiase de postura. Francia podría alcanzar un acuerdo y hacer una
concesión ante Reino Unido o Estados Unidos, pero nunca ante España.
Moore: ¿Fue la carta del Wall Street Journal una razón importante
para la ira francesa?
Bollaert: No. La forma en que se hizo no fue aceptable para
Chirac. Pero el texto de la carta en sí no era un problema. Para Francia
firmarlo era posible.
Johnson: ¿Tenía razón Blair en intentar la vía de la ONU? ¿Por
qué fracasó?
Pérez-Maura: Debemos recordar que el primer país que habló de otra
resolución de la ONU después de la 1.441 fue Francia. Fueron Blair y
Aznar quienes recogieron el guante. Dijeron: hubo unanimidad en la
1.441, los franceses quieren otra, vayamos a por otra. Pero a quien se
relegó fue a Blair y Aznar. Cuando lograron convencer a la
Administración estadounidense de que era necesario celebrar una nueva
votación, los franceses y los alemanes salieron a la palestra y dijeron
que realmente no la deseaban. Porque si se producía una nueva votación
era probable que condujese a una acción militar.
Bollaert: Para mí era una cuestión de tiempo. Si los británicos y
los estadounidenses hubieran podido esperar un mes, dos meses, tres
meses, no habría habido problema. Por desgracia, no es buena idea ser
impaciente.
Johnson:
Pasemos a la guerra. ¿Está funcionando la estrategia de combatir al
régimen de Sadam sin tocar al pueblo? ¿Y este alarde de fuerza militar
de Estados Unidos le impresiona o le asusta?
Pérez-Maura: Me impresiona la forma en que Estados Unidos ha
decidido usar sus fuerzas terrestres para avanzar, en lugar de
bombardear sin más. Demuestra un gran coraje. Pone en riesgo las vidas
de soldados estadounidenses y británicos. Es muy interesante que eso se
haga para proteger las vidas del enemigo.
Johnson:
¿Cómo ve esto la opinión pública francesa?
Bollaert: Quieren ver fuera a Sadam Husein. Pero es muy difícil
construir una verdadera democracia con la guerra.
Moore:
Algo que la campaña está intentando hacer es reiterar la afirmación:
«No tenemos nada contra el pueblo iraquí». Están intentando hacer una
distinción entre el cambio de régimen y el pueblo en general. Y para los
de arriba no se trata sólo de un cambio de régimen. Se trata de la
desbaazificación. Lo que ocurrió en 1991 causó un daño real. Cuando la
gente en Irak se alzó después de la guerra del Golfo, no fueron
convenientemente apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña. Eso les
está haciendo muy cautelosos esta ocasión. A medida que penetran las
tropas, la mayoría de la gente no está apoyando activamente a Sadam. No
están luchando hasta el último hombre. Pero se ha colocado a elementos
baazistas por todo el país. Los iraquíes de a pie están asustados. No
están convencidos del todo de que vayamos a ir hasta el final y
desbaazificarlo realmente. Hasta que no lo estén, no van a salir a las
calles . No creo que la campaña haya tenido éxito hasta ahora. Creo que
se pondrá más difícil. Pero está demostrando algo muy importante que no
tiene nada que ver con Irak: que es posible para los aliados como Gran
Bretaña y Estados Unidos actuar de manera decisiva y militar en el
mundo. Cuando se piensa en la naturaleza de las amenazas, tiene que
haber naciones sensatas en el mundo que puedan actuar juntas
militarmente para combatirlas. Eso es algo que está calando de manera
impresionante, y tendrá un eco en el tiempo.
Johnson:
Esto nos lleva hablar de la post guerra. ¿Creemos que puede cerrarse la
brecha trasatlántica?
Bollaert: Una manera mejor de reparar la brecha trasatlántica, y de
mejorar las relaciones anglo francesas, sería restaurar el espíritu de
St. Malo, cuando tanto Francia como el Reino Unido se pusieron de
acuerdo en construir la capacidad de defensa europea. Un pilar europeo
dentro de la OTAN, sería bueno para todos.
Johnson:
¿Cuál es el juego de Chirac? ¿Está intentando construir una coalición de
los reticentes para atar de manos a la hiperpotencia estadounidense?
Bollaert: No estoy de acuerdo con eso. En primer lugar, Chirac no es
un gallina, como algunos en el equipo de Bush. Fue a la guerra, y fue
oficial en Argelia. Tienen que recordar que en 1995 hizo una oferta para
reintegrar a Francia en la OTAN.
Johnson:
¿Cuál es su meta? ¿Adónde conduce esta política?
Bollaert: No lo sé exactamente. Pero es mejor para Estados Unidos y
Gran Bretaña tener un socio difícil que uno débil. Francia está
desempeñando en la OTAN el papel que Gran Bretaña desempeña en la Unión
Europea. Podría llamarle a eso jugar con el comodín.
Kielinger: Mi suposición es que Francia es una aspirante a potencia
mundial. Le gustaría tener el poder para ser más importante de lo que
realmente es. El problema con Europa es que siempre hemos querido ser
mayores de lo que realmente somos. Siempre hemos sostenido que debe
haber un contrapeso a Estados Unidos. Nada es más corrosivo que jugar
continuamente a la carta antiestadounidense. Estados Unidos es mayor y
más poderoso que los siguientes diez países. El aumento del presupuesto
del Pentágono sólo este año es mayor que el presupuesto de defensa total
de Alemania. Y si seguimos encontrando nuestra raison d´être en
abofetear a los estadounidenses, pasarán por encima de nosotros.
Moore:
Creo que nos enfrentamos a una crisis en una serie de instituciones
mundiales que tiene que ver con la forma en que el mundo está cambiando.
La Unión Europea está cambiando. La distinción entre «Vieja Europa» y
«Nueva Europa» es real. La OTAN está cambiando porque, en primer lugar
se ha hecho mucho mayor, pero también porque Estados Unidos tendrá una
actitud muy diferente hacia ella tras estos acontecimientos. Y la ONU
está cambiando porque ahora las mayores tensiones se están ejerciendo
sobre la idea de la seguridad por medio del Consejo de Seguridad. Creo
que Francia, sobre todo, y en menor medida Alemania, se han colocado en
un callejón sin salida. Francia está defendiendo el viejo statu quo de
la UE. Estados Unidos tiene mucha más visión de futuro. Algunas personas
en Europa creen que ésta es simplemente una administración
estadounidense de derechas y que todo se disipará si Bush pierde las
próximas elecciones. No es así. Estados Unidos se está planteando las
cosas de una manera diferente y nueva, que no es del todo bueno para
nosotros, pero es más cabal e imaginativa que el pensamiento que está
saliendo de Francia. Siguen adelante en Irak. Después de esto pondrán la
vista en Siria e Irán. Y Corea del Norte. No quiero decir que estén a
punto de atacar a todos estos países. Hay una serie de problemas muy
grandes que ven en relación con estos países y quieren hacer algo al
respecto. La opinión a la francesa parece ser intentar seguir tirando
con la actual situación, y no creo que eso funcione.
Johnson:
¿Cómo vemos el futuro? ¿Sigue habiendo un Occidente?
Bollaert: La guerra no es una buena forma de crear la democracia. Si
nos fijamos en lo que ocurrió en Bosnia, Kosovo, Macedonia, Serbia,
incluso Afganistán, es bastante difícil ser realmente optimista. ¿Qué
vemos en Afganistán? Los viejos jefes militares dirigen ahora el
comercio de la droga. No existe democracia. Quizá dentro de diez años
las cosas estarán bien. Pero es imposible predecir lo que ocurrirá.
Pérez-Maura: Uno de los grandes pecados de nuestra sociedad es que
estamos tan felices de vivir como vivimos que simplemente nos importa un
bledo cómo viven otros pueblos en sociedades distintas. Eso no puede
seguir así. Es cierto que en Kosovo, en Bosnia, en Macedonia y en
Afganistán, las cosas no van tan bien como querríamos que fueran. Pero
también creo que es incuestionable que muchas mujeres en Afganistán son
mucho más felices de lo que eran hace quince meses. El gran cambio que
trajo el 11-S es que repentinamente algunas sociedades a nuestro
alrededor se hicieron conscientes de las amenazas a la libertad que
existían en otras partes del mundo y de que teníamos una cierta
obligación de abordar el asunto.
Moore:
El concepto de Occidente sigue siendo real. Esta alianza de periódicos
que tenemos no existiría con un diario de Angola y uno de Siria. Existe
algo llamado Occidente. Estados Unidos y todas las naciones europeas
están incluidas en él. Creo que sobrevivirá. La gente dice que es
horrible que el poder y la justicia sean lo mismo. No creo que la fuerza
sea justicia. Pero la debilidad es algo equivocado. Si la idea de
Occidente es una idea dinámica en el mundo, no debe ser débil. Lo que
hemos visto en esto, y no por primera vez, es el liderazgo de Occidente
por parte de las potencias de habla inglesa. Creo que eso es muy
significativo. Una de las cosas acerca de las coaliciones de los
dispuestos a actuar es que hay que preguntarse qué ocurre con los
reticentes. Creo que ésa va a ser la cuestión ahora. Y, sobre todo en
Europa, que pasará con Francia. Ésta es la nación reticente. ¿Qué
quieren? ¿Quieren formar parte o no? Creo que se nos van a hacer
preguntas bastante desafiantes acerca de nuestros valores y lo que
queremos hacer con ellos. Las respuestas están lejos de ser obvias.
Fuente: ABC
26/03/2003