Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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El
general discreto
Tommy Franks,
el militar de mano dura que dirige las operaciones en Irak, es un
vaquero que le gusta estar con sus soldados, quienes le adoran
Me acuerdo que trataba de un general. Decía muchos discursos. Al final,
lo mataron. Con esas tres frases resumió en una ocasión la biografía de
Julio César, Tommy Franks. El lacónico general de cuatro estrellas que
dirige las operaciones contra Sadam Hussein. Intesos ojos azules, herido
tresw veces en Vietnan, la cara marcada por profundas arrugas, el
general nacido en Oklahoma y criado en Texas, es uno de esos militares
con el culo pelado y el cuerpo cosido a cicatrices adorado por los
soldados. Cada vez que puede, el general se escapa a la cantina y se
sienta al lado de los veteranos para oir sus historias y cantar con
ellos.
El hombre de 57 años y 1,93 metros de altura que está al frente de las
cinco divisiones y de la flota de cinco portaaviones que pretende
invadir Irak es todo lo contrario que su antecesor, el cultivado general
Schwartkopf, al que le encantaba la ópera y los discursos de alta
diplomacia. Tommy Franks es un vaquero que conduce un “Ford Mustang”
mientras escucha música “country” y calza botas de cow boy, un tipo que
llegó al Ejército. NO terminó sus estudios universitarios en Austin
(Texas) y, con 24 años, y unas calificaciones más que regulares decidií
enrolarse.
De Vietnan a Aganistán
Dos añños después estaba en Vietnan, en primer alínea de fuego, con el
empleo de subteniente de Artillería y la misión de indicar los objetivos
a las baterías de la retaguardia.
De vuelta a casa, y gracias al Ejército, volvió a estudiar. Hizo cursos
y almacenó diplomas, ascensos y destinos: Corea, Alemania y, por fin, el
Pentágono, donde defendió las tesis de su arma: los bombardeos masivos.
Cuando Estado Unidos decidió intervenir en Irak en 1991, Tommy Franks
era el segundo comandante de la 1ª División de Caballería, una de las
fuerzas de choque en la operación “Tormenta del Desierto”. En julio
del año 2000 obtuvo su cuarta estrella y un nuevo destino: la jefatura
del Comando Central que, contra lo que pudiera parecer, no es más que la
denominación de una de las cinco regiones militares en que EE.UU. ha
dividido al mundo. La de Franks abarca 25 países, desde Sudáfrica a
Pakistán. No es uno de los mandos más destacados –los militares de
carrera prefieren Europa o un buen puesto en el Pentágono- pero los
atentados del 11 de septiembre de 2001 la convirtieron el punta de lanza
de la “política” exterior norteamericana.
Tommy Frakns hizo frente a su misión más difícil, invadir Afganistán
y apresar a los dirigentes de Al Qaida sin poder llevar a cabo su manual
de combate. Los civiles que controlan el Pentágono impusieron un
modo de hacer la guerra (“quirúrgica” fue el objetivo que triunfó en
aquellos días) donde había poco lugar para la táctica. La fuga de Bin
Laden y de sus lugartenientes dejó en muy mal lugar a Franks. El
secretario de defensa, Ronald Rumsfeld, salvaguardó el honor del militar
a quién calificó como “rápido, inteligente y conoce su oficio”. Franks,
que sólo rinde cuentas ante el presidente de EE.UU., fue invitado a
posponer su retiro para preparar el ataque a Irak.
Esta vez sus ideas (despliegue masivo de tropas, control del territorio,
bombardeos) han sido acatadas por el Pentágono. Además el largo proceso
diplomático en la ONU ha permitido acercar y acantonar a decenas de
miles de soldados en las inmediaciones de Irak. Durante la campaña de
Afganistán, el general Franks dirigió a sus tropas desde la base aérea
de Mac Dill, en Texas.
Esposa y “top secret”
Esta vez ha optado por trasladarse a Qatar, aunque su viejo Boeing 707,
con el que visita a tropas y mandatarios extranjeros, está presto para
despegar de inmediato. En el asiento contiguo al suyo, rotulados sobre
el reposacabezas, aparcen cuatro corazones trazados con un bolígrafo por
el propio general. Es el sitio de su esposa, Cathy, con la que lleva
casado 35 años y una relación que le ha valido más de un disgusto. Cathy
acostumbra a acompañar al general en todos sus desplazamientos.
Un subordinado denunció que la esposa del militar tenía acceso a
información calificada como “top secret” (al parecer sólo puede llegar
hasta el nivel “secret”). El Pentágono abrió una investigación que fue
cerrada sin cargos.
Ahora este general que debía estar retirado, compañero de instituto de
Laura, la esposa fr George Bush, hijo de campesinos emigrados a Midland
(Texas) por la fiebre del petróleo, tiene en sus manos el futuro y la
vida de millones de personas. Hace una semana, horas antes del ataque,
Tommy Franks reunión a sus oficiales. Quería ver qué tenían en sus ojos.
Lo que encontró en sus miradas le decidió a atacar.
Julián
Méndez
Fuente: SUR de Málaga
25.03.03