Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Ataque aéreo sin
respuesta
Los ataques aéreos
sobre Bagdad se han intensificado con una especial crudeza en estas
últimas horas. El objetivo de las fuerzas aliadas es el de eliminar
lo más rápidamente posible la resistencia iraquí en su capital, zona
en la que han concentrado a su mayor número de efectivos, para facilitar
lo más posible la futura entrada de su Infantería. Y si todavía se sigue
bombardeando Bagdad es porque aún quedan allí focos de resistencia que
consideran necesario atajar.
Dominadora desde un primer momento del espacio aéreo por la nula
operatividad de la aviación iraquí, la coalición anglo-americana ha
buscado en una primera ofensiva neutralizar los centros de mando y
control de las fuerzas iraquíes y destruir los centros de comunicación.
Más que un desgaste de fuerzas se ha buscado descabezarlas. Una vez rota
la línea de mando, el objetivo aliado es la destrucción de las bases
aéreas, los aeródromos y los misiles. Si todo esto se consigue, la
Infantería tendría prácticamente expedito el camino hacia Bagdad.
Para
todo ello, el papel de la aviación en esta primera fase de la contienda
es fundamental. No hay que olvidar que quien consigue la
superioridad aérea parte con una gran ventaja para el desarrollo
posterior del conflicto y nadie duda que los aliados son quienes mandan
en la actualidad sobre el cielo iraquí. Los estrategas suelen distinguir
entre supremacía y superioridad. Se habla de supremacía cuando dominas
totalmente el aire, cuando vuelas cuando quieres y cómo quieres y cuando
no existe ningún peligro por parte del enemigo. Pero esto es muy difícil
de obtener y casi nadie lo consigue. Por eso se busca siempre un mayor
grado de superioridad. Gracias a este dominio aéreo, las fuerzas
terrestres han avanzado más de 30 kilómetros al día.
En este
conflicto, la superioridad aérea de las fuerzas aliadas ha sido
aplastante. Sin oposición por parte de los aviones y helicópteros
iraquíes, que a día de hoy todavía no han hecho ninguna salida, la única
resistencia (mínima) la han encontrado en las baterías de misiles
superficie-aire.
Y
mientras tanto, la aviación iraquí sigue sin hacer acto de presencia.
Dos son las causas que podrían justificarlo. Primero, por la experiencia
que tuvieron en la Guerra del Golfo, donde fueron aplastados por la
enorme superioridad de las fuerzas aliadas. Y, después, porque tras once
años de embargo, se duda que las fuerzas aérea iraquíes tenga capacidad
alguna operativa para intervenir en combate. Se sabe que tienen 135 «Mig-21»,
50 «Mig-23», 13 «Mig-25», 14 «Mig-29» -todos ellos de procedencia rusa-
y 29 «Mirages F-1» franceses. Sin embargo, de todos ellos muy
poquitos están operativos. Se calcula que sólo un diez por ciento, si es
que llega.
El
bloqueo internacional que han tenido les ha pasado factura. La única
amenaza para las fuerzas de la coalición la constituye las baterías de
misiles superficie-aire y superficie-superficie. De los primeros tienen
24 «Sam-2» y 16 «Sam-3», y de los segundos, 30 «Sam-6», 23 «Sam-8», 27 «Sam-9»,
30 «Sam-13» y 46 «Roland». Estos sí están mucho más operativos que los
aviones porque requieren un mantenimiento mucho menor.
También
hay que considerar la escasa preparación de los pilotos iraquíes,
quienes no han podido volar debido a las zonas de exclusión establecidas
en 1991. La OTAN recomienda que cada piloto debe de tener no menos de
doscientas horas de vuelo anuales para poder estar suficientemente
entrenados, y los iraquíes no llegan a esta cifra. Por todo ello,
plantear un enfrentamiento directo en el aire contra las fuerzas de la
coalición sería suicida.
Y todo,
a pesar de que los aliados únicamente han utilizado sus «Apaches»,
desechando los «A-10». La respuesta al por qué de esta decisión sólo
la tiene el Cuartel General de Mando aliado y la teoría respondería a
una simple cuestión de estrategia. El «Apache» tiene una mayor
capacidad de estar sobre el terreno, pero aporta menor velocidad y más
vulnerabilidad. El «A-10» es más rápido, menos vulnerable, pero
no puede permanecer tanto tiempo en el aire sobre un mismo objetivo.
Uno aporta permanencia y otro velocidad. Hasta ahora se ha apostado más
por el primero, que también podría ser el más utilizado como apoyo de la
Infantería cuando se entre en Bagdad y la lucha sea cuerpo a cuerpo. Y
eso que la reciente tormenta de arena ha dejado en los hangares a muchos
«Apaches», que necesitan ver el objetivo y conocer el terreno antes de
su ataque.
Domingo Lucas
Bertoméu
Teniente Coronel del Ejército del Aire
Fuente: ABC
29/03/2003