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Lunes 31 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Ataque aéreo sin respuesta

Los ataques aéreos sobre Bagdad se han intensificado con una especial crudeza en estas últimas horas. El objetivo de las fuerzas aliadas es el de eliminar lo más rápidamente posible la resistencia iraquí en su capital, zona en la que han concentrado a su mayor número de efectivos, para facilitar lo más posible la futura entrada de su Infantería. Y si todavía se sigue bombardeando Bagdad es porque aún quedan allí focos de resistencia que consideran necesario atajar.

Dominadora desde un primer momento del espacio aéreo por la nula operatividad de la aviación iraquí, la coalición anglo-americana ha buscado en una primera ofensiva neutralizar los centros de mando y control de las fuerzas iraquíes y destruir los centros de comunicación. Más que un desgaste de fuerzas se ha buscado descabezarlas. Una vez rota la línea de mando, el objetivo aliado es la destrucción de las bases aéreas, los aeródromos y los misiles. Si todo esto se consigue, la Infantería tendría prácticamente expedito el camino hacia Bagdad.

Para todo ello, el papel de la aviación en esta primera fase de la contienda es fundamental. No hay que olvidar que quien consigue la superioridad aérea parte con una gran ventaja para el desarrollo posterior del conflicto y nadie duda que los aliados son quienes mandan en la actualidad sobre el cielo iraquí. Los estrategas suelen distinguir entre supremacía y superioridad. Se habla de supremacía cuando dominas totalmente el aire, cuando vuelas cuando quieres y cómo quieres y cuando no existe ningún peligro por parte del enemigo. Pero esto es muy difícil de obtener y casi nadie lo consigue. Por eso se busca siempre un mayor grado de superioridad. Gracias a este dominio aéreo, las fuerzas terrestres han avanzado más de 30 kilómetros al día.

En este conflicto, la superioridad aérea de las fuerzas aliadas ha sido aplastante. Sin oposición por parte de los aviones y helicópteros iraquíes, que a día de hoy todavía no han hecho ninguna salida, la única resistencia (mínima) la han encontrado en las baterías de misiles superficie-aire.

Y mientras tanto, la aviación iraquí sigue sin hacer acto de presencia. Dos son las causas que podrían justificarlo. Primero, por la experiencia que tuvieron en la Guerra del Golfo, donde fueron aplastados por la enorme superioridad de las fuerzas aliadas. Y, después, porque tras once años de embargo, se duda que las fuerzas aérea iraquíes tenga capacidad alguna operativa para intervenir en combate. Se sabe que tienen 135 «Mig-21», 50 «Mig-23», 13 «Mig-25», 14 «Mig-29» -todos ellos de procedencia rusa- y 29 «Mirages F-1» franceses. Sin embargo, de todos ellos muy poquitos están operativos. Se calcula que sólo un diez por ciento, si es que llega.

El bloqueo internacional que han tenido les ha pasado factura. La única amenaza para las fuerzas de la coalición la constituye las baterías de misiles superficie-aire y superficie-superficie. De los primeros tienen 24 «Sam-2» y 16 «Sam-3», y de los segundos, 30 «Sam-6», 23 «Sam-8», 27 «Sam-9», 30 «Sam-13» y 46 «Roland». Estos sí están mucho más operativos que los aviones porque requieren un mantenimiento mucho menor.

También hay que considerar la escasa preparación de los pilotos iraquíes, quienes no han podido volar debido a las zonas de exclusión establecidas en 1991. La OTAN recomienda que cada piloto debe de tener no menos de doscientas horas de vuelo anuales para poder estar suficientemente entrenados, y los iraquíes no llegan a esta cifra. Por todo ello, plantear un enfrentamiento directo en el aire contra las fuerzas de la coalición sería suicida.

Y todo, a pesar de que los aliados únicamente han utilizado sus «Apaches», desechando los «A-10». La respuesta al por qué de esta decisión sólo la tiene el Cuartel General de Mando aliado y la teoría respondería a una simple cuestión de estrategia. El «Apache» tiene una mayor capacidad de estar sobre el terreno, pero aporta menor velocidad y más vulnerabilidad. El «A-10» es más rápido, menos vulnerable, pero no puede permanecer tanto tiempo en el aire sobre un mismo objetivo. Uno aporta permanencia y otro velocidad. Hasta ahora se ha apostado más por el primero, que también podría ser el más utilizado como apoyo de la Infantería cuando se entre en Bagdad y la lucha sea cuerpo a cuerpo. Y eso que la reciente tormenta de arena ha dejado en los hangares a muchos «Apaches», que necesitan ver el objetivo y conocer el terreno antes de su ataque.

Domingo Lucas Bertoméu
Teniente Coronel del Ejército del Aire
Fuente: ABC
29/03/2003

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