Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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La
capacidad de combate de un ejército
¿Hay tanta diferencia
entre los dos ejércitos que se enfrentan?
En la mente de todos, nos habíamos representado una guerra corta, muy
corta, de apenas unos días, y en donde las tropas norteamericanas y
británicas avanzaran sin interrupción desde la frontera de Kuwait hasta
Bagdad. Como imágenes laterales a este rápido avance, veríamos la
rendición sucesiva de todas las unidades iraquíes y el recibimiento en
todas las poblaciones como liberadores de la opresión.
Sin embargo nada de eso ha pasado y transcurrido ya el décimo día de la
invasión seguimos viendo combates sangrientos y una decidida defensa del
territorio por parte de los iraquíes.
El alargamiento de la contienda obliga a reflexionar sobre algunos
conceptos militares, que se plasman en las crónicas de los
corresponsales y que llegan a nuestros óidos y ojos sin saber
exactamente su significado.
Vamos a referirnos al concepto “capacidad de combate”. Hasta no
hace mucho, la potencia de un ejército se medía por el número de
hombres, de esta forma se decía que para tener superioridad sobre el
adversario y poder ejercer una acción ofensiva, era necesario disponer
de una superioridad de efectivos de tres a uno. Las noticias del frente
hablan de que la capacidad de combate de los aliados es infinitamente
superior a la de los iraquíes, y a ello haya que efectuar algunas
matizaciones.
La capacidad de combate se compone de dos componentes claves, uno la
moral del combatiente y el otro su “potencia de combate”. El primero
plasmado en la exaltación de los sentimientos y valores por los que se
lucha; la confianza en el mando supremo y en los mandos inmediatos; la
instrucción recibida, es decir el conocimiento de lo que se tiene que
hacer en cada momento, aunque no se reciban órdenes directas para
hacerlo, por no tener comunicación con el mando; y la experiencia
adquirida después de mil situaciones complicadas y conflictivas. Por su
parte la potencia de combate se refleja en las armas de que se dipone;
de los medios de mando; de la capacidad de trasladarse y moverse por
cualquier terreno; y la protección necesaria que proporciona seguridad a
las tropas.
Los aliados poseen la potencia de combate en grado alto, de tal
manera que un soldado suyo, vale por varios iraquíes, por la
sofisticación de sus armas, por la visión todo tiempo que tiene, dado
que para él no existe el día y la noche, por la superioridad aérea, por
la logística, etc.. Con respecto a su moral, el mejor halago que se
les puede decir es la “profesionalidad de las tropas aliadas”; son
profesionales del combate, se han entrenado para ello y “aceptan bajas
propias como se aceptan los accidentes de tráfico y de trabajo en la
vida de un hombre normal”, pero cuando estas bajas se incrementan en
demasía, las cosas ya no se ven tan claras, porque ellos, teniendo un
determinado sentimiento patriótico, del que no dudamos, no se sienten
que estén defendiendo a su país en estos momentos. Para más abundamiento
en esta cuestión cabría conocer cuántos norteamericanos puros defienden
la bandera de barras y estrellas y cuántos son procedentes de países
hispanos o hijos de inmigrantes de los mismos, pudiéndose efectuar el
mismo análisis con otros colectivos militares y con el contingente
británico.
Los iraquíes, soldados y población, están demostrando que su
formación moral es alta; que tienen confianza en su mando supremo y en
los mandos tribales, a los cuales Sadam Hussein ha devuelto sus
prerrogativas sociales y su preeminencia sobre el grupo en los últimos
años; que su instrucción es más que aceptable, y que se han
preparado para luchar sin recibir órdenes expresas, porque de antemano
sabían que no les iban a funcionar las comunicaciones; y por último
están acostumbrados a las situaciones difíciles, están acostumbrados a
pasar penalidades, y esta de la guerra no es más que otra. Por ende la
potencia de combate de las unidades iraquíes deja mucho que desear, no
pudiendo medirse a sus homónimas aliadas, pero para paliar este efecto
han recurrido a una argucia militar, que es la de defenderse en las
poblaciones, implicando con ello a la población civil y a la obligación
que tienen los aliados, por la presión internacional, de evitar bajas
civiles.
Vistas esta reflexiones debemos preguntarnos ¿es tan dispar la
capacidad de combate de los dos ejércitos enfrentados?. Los iraquíes
poseen un gran componente moral, mientras que los aliados una gran
potencia de combate, en el primero es el hombre el que predomina y en el
segundo la máquina portada por el hombre. Los dos componentes sin tener
el mismo peso específico en la capacidad de combate, no se puede
desdeñar el primero, por lo que se debe indicar que sin existir
igualdad, no hay una superioridad aplastante por parte aliada. Suponemos
que este mismo análisis lo estarán haciendo los estados mayores de los
ejércitos norteamericano y británico.
Una cuestión es clara, la moral es cambiante, lo que hoy es alto,
mañana está por los suelos. La moral del iraquí es alta porque está
profundamente adoctrinado y recibe consignas de sus jefes tribales, pero
según parece la CIA quiere sobornar a estos para hacer variar, disminuir
e incluso cambiar de signo esa moral de combate de los soldados y pueblo
iraquí. Aunque no sea muy “moral” desearlo, esperemos que sea pronto
para evitar más vidas humanas.
Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es