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Lunes 31 de marzo de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La capacidad de combate de un ejército

¿Hay tanta diferencia entre los dos ejércitos que se enfrentan?

En la mente de todos, nos habíamos representado una guerra corta, muy corta, de apenas unos días, y en donde las tropas norteamericanas y británicas avanzaran sin interrupción desde la frontera de Kuwait hasta Bagdad. Como imágenes laterales a este rápido avance, veríamos la rendición sucesiva de todas las unidades iraquíes y el recibimiento en todas las poblaciones como liberadores de la opresión.

Sin embargo nada de eso ha pasado y transcurrido ya el décimo día de la invasión seguimos viendo combates sangrientos y una decidida defensa del territorio por parte de los iraquíes.

El alargamiento de la contienda obliga a reflexionar sobre algunos conceptos militares, que se plasman en las crónicas de los corresponsales y que llegan a nuestros óidos y ojos sin saber exactamente su significado.

Vamos a referirnos al concepto “capacidad de combate”. Hasta no hace mucho, la potencia de un ejército se medía por el número de hombres, de esta forma se decía que para  tener superioridad sobre el adversario y poder ejercer una acción ofensiva, era necesario disponer de una superioridad de efectivos de tres a uno. Las noticias del frente hablan de que la capacidad de combate de los aliados es infinitamente superior a la de los iraquíes, y a ello haya que efectuar algunas matizaciones.

La capacidad de combate se compone de dos componentes claves, uno la moral del combatiente y el otro su “potencia de combate”. El primero plasmado en la exaltación de los sentimientos y valores por los que se lucha; la confianza en el mando supremo y en los mandos inmediatos; la instrucción recibida, es decir el conocimiento de lo que se tiene que hacer en cada momento, aunque no se reciban órdenes directas para hacerlo, por no tener comunicación con el mando; y la experiencia adquirida después de mil situaciones complicadas y conflictivas. Por su parte la potencia de combate se refleja en las armas de que se dipone; de los medios de mando; de la capacidad de trasladarse y moverse por cualquier terreno; y la protección necesaria que proporciona seguridad a las tropas.

Los aliados poseen la potencia de combate en grado alto, de tal manera que un soldado suyo, vale por varios iraquíes, por la sofisticación de sus armas, por la visión todo tiempo que tiene, dado que para él no existe el día y la noche, por la superioridad aérea, por la logística, etc.. Con respecto a su moral, el mejor halago que se les puede decir es la “profesionalidad de las tropas aliadas”; son profesionales del combate, se han entrenado para ello y “aceptan bajas propias como se aceptan los accidentes de tráfico y de trabajo en la vida de un hombre normal”, pero cuando estas bajas se incrementan en demasía, las cosas ya no se ven tan claras, porque ellos, teniendo un determinado sentimiento patriótico, del que no dudamos, no se sienten que estén defendiendo a su país en estos momentos. Para más abundamiento en esta cuestión cabría conocer cuántos norteamericanos puros defienden la bandera de barras y estrellas y cuántos son procedentes de países hispanos o hijos de inmigrantes de los mismos, pudiéndose efectuar el mismo análisis con otros colectivos militares y con el contingente británico.

Los iraquíes, soldados y población, están demostrando que su formación moral es alta; que tienen confianza en su mando supremo y en los mandos tribales, a los cuales Sadam Hussein ha devuelto sus prerrogativas sociales y su preeminencia sobre el grupo en los últimos años; que su instrucción es más que aceptable, y que se han preparado para luchar sin recibir órdenes expresas, porque de antemano sabían que no les iban a funcionar las comunicaciones; y por último están acostumbrados a las situaciones difíciles, están acostumbrados a pasar penalidades, y esta de la guerra no es más que otra. Por ende la potencia de combate de las unidades iraquíes deja mucho que desear, no pudiendo medirse a sus homónimas aliadas, pero para paliar este efecto han recurrido a una argucia militar, que es la de defenderse en las poblaciones, implicando con ello a la población civil y a la obligación que tienen los aliados, por la presión internacional, de evitar bajas civiles.

Vistas esta reflexiones debemos preguntarnos ¿es tan dispar la capacidad de combate de los dos ejércitos enfrentados?. Los iraquíes poseen un gran componente moral, mientras que los aliados una gran potencia de combate, en el primero es el hombre el que predomina y en el segundo la máquina portada por el hombre. Los dos componentes sin tener el mismo peso específico en la capacidad de combate, no se puede desdeñar el primero, por lo que se debe indicar que sin existir igualdad, no hay una superioridad aplastante por parte aliada. Suponemos que este mismo análisis lo estarán haciendo los estados mayores de los ejércitos norteamericano y británico.

Una cuestión es clara, la moral es cambiante, lo que hoy es alto, mañana está por los suelos. La moral del iraquí es alta porque está profundamente adoctrinado y recibe consignas de sus jefes tribales, pero según parece la CIA quiere sobornar a estos para hacer variar, disminuir e incluso cambiar de signo esa moral de combate de los soldados y pueblo iraquí. Aunque no sea muy “moral” desearlo, esperemos que sea pronto para evitar más vidas humanas.

Rafael Vidal Delgado
Coronel de Artillería en la Reserva
Diplomado de Estado Mayor y de Estados Mayores Conjuntos
Doctor en Historia
Director de I+D+i. BELT IBÉRICA S.A.
rvidal@belt.es

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