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Jueves 13 de noviembre de 2003


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

La industria militar de EEUU pasa al ataque

La era de los recortes en gastos de Defensa ha concluido y las corporaciones militares se preparan para el nuevo escenario. El 11-S y los pactos para la modernización de la OTAN han desatado una gran ofensiva comercial. Por Carlos Segovia

 

Alas 14.56 horas de aquel 22 de abril de 1999, el general Wesley K. Clark tuvo noticia de que por fin había sido destruido el estratégico puente serbio Zezljev de Novi Sad. El mal tiempo había impedido un bombardeo eficaz con la munición habitual, pero las tres bombas inteligentes -con el sistema Joint Direct Attack Munition (JDAM)- fabricadas por Boeing habían logrado concluir el trabajo.

Reciente despliegue de soldados estaunidenses en alguna zona de Irak

Ahora, cuatro años y medio después, con Slobodan Milosevic en prisión y la Unión Europea financiando la reconstrucción del puente, Thomas C. McLean Jr., director de Relaciones Internacionales de este grupo aeronáutico estadounidense, exhibe orgulloso la precisión de sus bombas sobre aquel puente en las presentaciones comerciales que realiza de sus productos en su local, en Wilson Boulevard, en Washington, próximo al Pentágono.

Boeing, como el resto de gigantes de la industria militar de EEUU, se encuentra inmerso en una ofensiva comercial para aprovechar el fin de los recortes en gastos de defensa. No sólo los atentados del 11 de Septiembre, sino los acuerdos del pasado año en la Cumbre de Praga de modernizar la OTAN, están impulsando al alza los presupuestos de Defensa. Según el último informe del Banco Mundial, los países del mundo gastaron en defensa el pasado año 800.000 millones de dólares, que contrastan con los 56.000 invertidos en ayuda al desarrollo. Y la tendencia es al alza. El presidente de EEUU, George W. Bush, ya ha impulsado un incremento para 2004 de un 4,2%. Los analistas de JP Morgan han estimado que el Pentágono dispondrá hasta 2009 de 483.600 millones de dólares, si se mantiene la misma política.

El mercado europeo también promete, aunque las obligaciones de control presupuestario plantean problemas. «La economía europea está estancada, salvo casos remarcables como el de España. De Alemania, por ejemplo, lo mejor que se puede decir es que aún no ha llegado al desastre de Japón», comenta el provocador analista de la conservadora fundación Heritage, John C. Hulsman. Pero los pactos en la OTAN implican que la defensa debe figurar entre las prioridades de gasto de los próximos años para que Estados Unidos no esté obligado a realizar aportaciones hegemónicas a toda operación internacional y para que los europeos puedan desarrollar una defensa autónoma.

«Europa dispone de millones de soldados que no puede movilizar por su falta de medios para proyectarlos en misiones fuera de zona. La diferencia en capacidades entre EEUU y Europa sigue siendo muy amplia y es necesario un mayor equilibrio», señala el almirante británico Sir Ian Forbes desde su privilegiado observatorio en la cúpula del cuartel general aliado de Norfolk (Virginia), responsable de estrategia y transformación de la OTAN.

«Estamos en un punto de inflexión para nuestra industria con el cambio en la evolución de los presupuestos de defensa; se necesitan nuevos productos militares y nosotros los podemos ofrecer», afirma Mark Clark, de Raytheon. La presidenta de la división internacional de este gigante de la electrónica, Sue Baumgarten, subraya que el mercado de la OTAN «es muy importante para nuestra compañía» y se muestra «orgullosa» de la eficacia de algunos de sus productos «en la operación Libertad para Irak». La industria militar estadounidense muestra sus actividades con la naturalidad de empresas comerciales cualesquiera.

El presidente de Raytheon, William H. Swanson, sostiene como máxima que su misión es «el éxito de nuestros clientes». Y ese lema acompaña a todas las imágenes de misiles Amraan o Patriot, aviones Predator u otros productos con efectos letales equipados por el grupo. «No queremos que nuestro país y nuestros aliados se embarquen en batallas equilibradas. Queremos que nuestros productos sirvan para destruir en situación de superioridad a todo lo que nos amenace y después irnos», explica sin tapujos Jon Waldrop, director de programas internacionales de Lockheed Martin, en su despacho del edificio Jefferson Davis Highway, en Washington, que la empresa comparte con oficinas oficiales del Pentágono.

La interrelación en EEUU entre la industria y el Departamento de Defensa es mucho más explícita que entre empresas y gobiernos de la Unión Europea. «Nosotros no vendemos productos sin permiso del Gobierno de EEUU», recuerda Waldrop.

Para la industria estadounidense, es crucial que la política no fragmente los mercados militares. «Nos preocupa que se cree una Europa fortaleza», coinciden tanto Waldrop como el vicepresidente de Relaciones Internacionales de Boeing, Tom Pickering. Hay un argumento operativo. «Según un informe del Pentágono, no se pudo recurrir a la OTAN para una operación de la envergadura de Afganistán por la falta de interoperabilidad en armas y comunicaciones», lamenta el directivo de Lockheed Martin. Y para que haya esa armonía, los aliados de uno y otro lado del Atlántico deben pescar sus productos de defensa en las mismas aguas.

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Por eso no ha gustado nada a Lockheed Martin, Boeing, Raytheon o General Dynamics, la iniciativa en el Congreso de EEUU del republicano Duncan Hunter de obligar por ley al Pentágono a que el 65% de las armas que adquiera se haya producido en el país.«No, estamos en contra, porque puede ser contraproducente. Eso puede incitar a los europeos a hacer lo mismo y cerrarnos su mercado», explica el directivo de Lockheed Martin.

Hunter, presidente del comité de Servicios Armados en la Cámara de Representantes, quiere con esta llamada Buy America Rule (regla de compre en América) que con el aumento presupuestario en defensa se creen más empleos en el país. Pero en la industria creen que la iniciativa de Hunter responde al clima preelectoral de EEUU y que no llegará a cuajar. En cualquer caso, ha comenzado la carrera por colocar mercancía en la vieja y la nueva Europa y cada uno juega sus bazas:

Un avión indetectable. El producto estrella que Lockheed Martin quiere colocar en el mercado europeo es el llamado F-35 Joint Strike Fighter (JSF). Se trata del primer cazabombardero del mundo indetectable -el actual F-117 es de menor dimensión y posibilidades- y costará 40 millones de dólares cada aparato. El Pentágono espera con mimo los primeros vuelos de prueba, previstos para 2005, y está limitando el número de países con acceso a esta poderosa máquina de guerra.

Reino Unido, Holanda, Italia, Dinamarca, Australia, Turquía y Canadá son los socios escogidos a los que se suman Israel y Singapur como participantes. Lockheed Martin no ha podido ofrecerlo a Alemania, por las fricciones políticas desatadas entre Berlín y Washington a raíz de la Guerra de Irak. En todo caso, el Gobierno alemán ya optó por el Eurofighter, el modelo europeo que, hasta que entre en servicio el JSF, es la joya área de guerra del momento.

Lockheed Martin calcula que el mercado de cazabombarderos en el mundo en los próximos años supera los 2000 aparatos «y EADS no podrá aportar más de 400 Eurofighter», con lo que ve buenas perspectivas para su producto estelar. El F-35 podrá atacar de forma simultánea a un número de objetivos -no revelado- en aire y tierra en cualquier condición meteorológica. «Tiene tantas posibilidades que ni siquiera sabemos aún todo lo que podremos hacer con él», afirma el directivo estadounidense.

Una guerra sin soldados. Según explica Mark Clark, de Raytheon, en la Guerra de Irak se ha seguido como sistema de ataque habitual el envío de un comando de operaciones especiales sobre el terreno. Se señala el objetivo a bombardear enviando la señal al satélite. Este la transmite al alto mando que, tras confirmar la necesidad de atacar, da la orden de destrucción a un F-18. Se hace el trabajo y un avión no tripulado, tipo Global Hawk, se acerca para evaluar los daños.

Pero sostiene que, en el futuro, será el satélite el que fijará el objetivo. El mando, que lo estará viendo en tiempo real, dará la orden de disparar y el encargado no tendrá por qué ser ya un F-18 o un avión tripulado, sino un caza Predator sin personas en su interior. «No es que no vaya a haber soldados, pero se trata de que haya menos gente en las operaciones para minimizar las bajas.».

Raytheon se considera, por supuesto, capaz de montar lo necesario para esta nueva guerra del futuro poniendo «los ojos y oídos» para el ataque con sus sistemas inteligentes de electrónica y comunicaciones, incluido «evitar al máximo los daños colaterales», según Clark.

En 2004 comienza el despliegue del llamado escudo antimisiles de EEUU, en el que Raytheon tiene importantes intereses y asegura que, pese a la polémica inicial contra el presidente George W.Bush, «varios países europeos muestran interés».

Este grupo ofrece hasta 25 productos para los tres ejércitos, incluidos los misiles Amraam, capaces de lanzarse por primera vez desde tierra, o los de defensa naval Evolved SeaSparrow. Y, además, medios para mejorar la seguridad interna -el 11-S los bomberos no podían hablar con los policías porque tenían distintas frecuencias de radio- o para protección de fronteras, como un radar de alta frecuencia que detecta embarcaciones, aviones o icebergs inesperados en 200 millas.

Raytheon sigue apostando por nuevos torpedos, «porque la lucha submarina seguirá siendo importante». El lanzamiento de misiles tomahawk desde submarinos ha sido decisivo en Irak. «Al menos un tercio de ellos ha sido lanzado desde debajo del agua», asegura, en su escala en Norfolk, David S. Ratte, el comandante del USS Minneapolis, un submarino de propulsión nuclear de EEUU que acaba de regresar de una misión en el Mediterráneo.

La fuerza aérea. La divión de sistemas integrados de defensa de Boeing ofrece un paquete pret a porter a los ejércitos mundiales que incluye armas y fuerzas aéreas, sistemas de inteligencia y reconocimiento y arquitectura de comunicaciones. El grupo atraviesa una tormenta en EEUU por un presunto escándalo de espionaje a sus competidores y de corrupción de militares del Pentágono por aplicar un sobreprecio en el alquiler de aparatos.

Mientras se esclarecen los hechos, su división de defensa superará por primera vez en ingresos a la civil este año y asegura que está poniendo en marcha una decena de sistemas de fuerza aérea. Entre ellos, los nuevos Boeing 737, la nueva generación de vigilancia. El general Tommy Franks, máximo responsable en Irak, pudo seguir las operaciones con el sistema de radares JSTARS, montado sobre Boeing 727, capaces de captar lo que sucedía en tierra a más de 150 millas.

En este capítulo, Boeing también mantiene su apuesta por los C-17, que transportaron 2.200 soldados y 400 vehículos al norte de Irak desde Aviano (Italia) el pasado abril. En ese terreno disputa el mercado a los nuevos A400-M de Airbus. En el capítulo de ataque, el grupo recuerda que su sistema de guía de bombas JDAM fue utilizado en 652 bombardeos en la guerra de Kosovo y el 98% tuvo éxito.

El complejo militar-industrial

Siempre que intentemos analizar la política actual de Estados Unidos debemos tener como referente de partida al 11-S. Cuando hace dos años juró combatir el terrorismo -«Haremos lo que haga falta, haremos lo que cueste ... para ganar la primera guerra del siglo XXI», dijo-, el presidente Bush sabía que el cambio de régimen en Afganistán, y a continuación en Irak, figuraban sobre la mesa de operaciones del Pentágono. Y sabía que el presupuesto militar de EEUU, que ya era el equivalente de la suma de los presupuestos de los 15 siguientes países en la clasificación de gasto de defensa, crecería exponencialmente y con ello la exportación de armamento.

El ataque a las Torres Gemelas marcó un antes y un después. Quienes no estaban con EEUU estaban en contra. La primera potencia del mundo se protegería primero a sí misma y después a sus países amigos, rearmándolos según los casos. Y su ingente industria militar aplastaría a sus enemigos. «Hubo alguna vez una dominación que no aparecía como algo natural para aquellos que la ejercían», se preguntaba John Stuart Mill, el gran liberal inglés en tiempos del súper poderío británico del XIX.

Ante esta cruda realidad conviene recordar las palabras de despedida del Presidente Eisenhower cuando en 1961 pasó el testigo al joven John Kennedy. Eisenhower, general vencedor de la Segunda Guerra Mundial, puso en boga el término «complejo militar-industrial» que describe la colaboración entre los militares y los fabricantes de armamento para incrementar el gasto de defensa. El viejo general advirtió sobre los riesgos de este complejo: «Nunca deberíamos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o nuestros procesos democráticos».

Fuente: El Mundo
09/11/2003

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