Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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El FBI detiene a 47
brokers de divisas por un fraude millonario y continuado
El escándalo
salpica a grandes firmas internacionales, entre las que se encuentran
UBS y JPMorgan, que controlan entre ambas el 20% del negocio diario en
divisas, el mayor mercado del planeta.
Primero
cayeron del pedestal los grandes gurús del análisis, ídolos mediáticos
en los noventa. Después le tocó el turno a los banqueros de
inversión, protagonistas de las operaciones corporativas más
espectaculares de la historia. En los últimos meses el escándalo
salpica a los fondos de inversión, iconos de la democratización del
ahorro que permiten invertir los particulares en igualdad de condiciones
que el profesional más sofisticado.
Cuando
parecía que la confianza no podía caer más bajo, las irregularidades
llegan al mercado de divisas, el mayor del mundo, con una negociación
diaria de 1,5 billones de dólares.
Intermediación
En una
espectacular redada realizada por el FBI en Nueva York el martes por la
noche, bajo el nombre Operación Moneda de Madera, fueron detenidos a 47
empleados pertenecientes a una docena de bancos internacionales por su
presunta relación con un fraude en la intermediación en el mercado de
divisas. La fiscalía de Manhattan acusó de fraude continuado a estos
brokers en un escándalo que salpica a operadores de JP Morgan Chase,
Société Générale, UBS, Dresdner Kleinwort Wasserstein e Israel Discount
Bank, así como a miembros del comité de divisas de la Reserva Federal de
Nueva York.
El fiscal
del distrito de Manhattan, James Comey, aseguró que la investigación ha
sacado a luz dos sistemas de fraude, mediante los cuales varios grandes
bancos y miles de pequeños inversores perdieron “millones de dólares”.
En uno de
ellos, “algunos de los mayores bancos del mundo fueron estafados por
jugadores corruptos que se encontraban en todos los niveles del mercado
interbancario de divisas”, aseguró ayer Comey en una conferencia de
prensa. El fiscal explicó que los bancos eran víctimas de operaciones de
divisas realizadas por los agentes corruptos diseñadas para provocar
pérdidas a los bancos y enriquecer a estos agentes.
En un
periodo de seis meses, el FBI descubrió detalles de 123 operaciones
fraudulentas que proporcionaron beneficios ilegales de más de 650.000
dólares. La investigación sugiere que ese tipo de operaciones se han
estado realizando durante los últimos veinte años.
Pequeños inversores
Comey
aseguró que otro de los sistemas descubiertos provocó que miles de
pequeños inversores perdiesen millones de dólares al ser engañados por
suspuestos agentes del mercado de divisas.
“[Los
inversores] recibieron el consejo de que su dinero sería invertido
cuidadosamente en el mercado de divisas, y que ganarían grandes sumas de
dinero, y que esas inversiones eran para gente corriente.... Incluso les
dijeron que era más seguro y predecible que invertir en bolsa”,
explicó ayer el fiscal del distrito.
Entre los
acusados se encuentra Stephen Moore, primer ejecutivo de Itrade, un
bróker del mercado de divisas, quien previamente fue miembro del Foreign
Exchange Committee, patrocinado por la Reserva Federal de Nueva York.
Empleados de otras firmas de divisas, entre ellas Madison Deane o las
británicas ICAP y Tullett Liberty, también fueron arrestados.
Comey dice
que los fraudes perpetrados por operaciones en el mercado de divisas
ilustran el riesgo potencial que sufren los pequeños inversores. “Si uno
se va a nadar, le recomendamos que eche antes un buen vistazo a la
orilla antes de lanzarse al agua”, advertía.
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Tiburones en el mar financiero |
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El
mercado de cambio de divisas extranjeras mueve a diario 1,2 billones
de dólares. Gran parte de este sector no está regulado y en él
operan esencialmente importantes compañías financieras, inversores
multimillonarios, bancos y firmas de corretaje muy especializadas.
Hasta
ahora este mercado estaba al margen de los escándalos financieros en
Estados Unidos. Pero la operación sorpresa llevada a cabo a última
hora del martes por el FBI ha puesto en evidencia todo lo contrario.
Ahora
el caso se suma a la larga lista de abusos que durante los últimos
dos años están haciendo temblar los pilares de la economía
estadounidense y a los inversores.
"El
ciudadano tiene que saber que en este mercado puede haber corredores
de cambio legítimos, pero también hay tiburones en las aguas. Por
eso les aconsejamos un tiempo de reflexión antes de lanzarse a nadar
en ellas", advirtió el fiscal antifraude de Mahanttan James Comey.
Según
explicaron fuentes conocedoras del sector, este tipo de delitos,
utilizando las transferencias de divisas extranjeras, podrían
realizarse desde cualquier lugar, porque el mercado de cambios está
totalmente descentralizado, opera globalmente las 24 horas del día y
está muy desregulado.
"Apenas basta un teléfono y una pantalla de ordenador para realizar
las operaciones", explicó un experto. El 60% de las
transacciones con divisas se realiza a través de tres centros
establecidos en Reino Unido, Estados Unidos y Japón.
Los
economistas, mientras tanto, se echan las manos a la cabeza y
advierten de que, si no se actúa con prontitud y firmeza, el sistema
acabará por colapsarse.
"El
sistema capitalista está basado en la confianza, y, cuando ésta se
pierde por la corrupción, el sistema se derrumba", afirmaba ayer
Richard Hoey, de la firma de analistas financieros Dreyfus, "por eso
las autoridades reguladoras deben moverse". |
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Los escándalos se
ceban con la banca de inversión |
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Los excesos cometidos por los operadores del mercado de divisas
y los fondos de inversión son sólo el último capítulo de una
larga lista de escándalos que han puesto en entredicho la
credibilidad de toda la industria de valores en EEUU. La caja
de los truenos se destapó con el estallido de la burbuja
tecnológica, que dejó al descubierto las numerosas
irregularidades cometidas por los bancos de inversión
aprovechando la oleada de colocaciones que se produjo en plena
efervescencia bursátil. Las polémicas investigaciones
llevadas a cabo por la fiscalía de Nueva York y la SEC
demostraron el nulo respeto, en muchos casos, a las denominadas
murallas chinas, que la normativa obliga a establecer entre las
actividades de banca de inversión y de análisis para garantizar
la independencia de las recomendaciones que se lanzan al
mercado.
Tres nombres pueden servir para ilustrar los excesos,
implícitamente reconocidos por las firmas de Wall Street cuando
alcanzaron un acuerdo global con las autoridades, que obliga a
las entidades a desembolsar 1.400 millones de dólares: Frank
Quattrone, el responsable de banca de inversión de empresas
tecnológicas de Credit Suisse First Boston, juzgado hace escasas
semanas (en un proceso declarado nulo) por las irregularidades
cometidas en las OPVs, entre ellas, la de actuar a favor de un
círculo de directivos; Jack Grubman, analista estrella de
telecomunicaciones de Citigroup, que ejercía como tal y, además,
asesoraba a las mismas empresas en operaciones corporativas,
entre las que figuraba Worldcom; y Henry Blodget, el analista de
Internet de Merrill Lynch, que aconsejó públicamente valores
que, en privado, calificó de “basura”. Tres gurús de la
época gloriosa de los mercados convertidos hoy en exponente de
un sector dominado por los escándalos. |
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La crisis de los
fondos salpica a Fidelity |
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El
escándalo de los fondos de inversión en EEUU ha terminado
llegando también a los gigantes del sector. El fantasma de malas
prácticas de venta parece caer ahora sobre Fidelity Investments
y American Funds, primera y tercera gestora de fondos del país,
junto a Franklin Resources, grupos que hasta ahora se habían
mantenido al margen de la crisis.
Ayer se conoció que la comisión del mercado de valores de EEUU
(SEC) está investigando a estos gigantes para descubrir si
pagaron comisiones ocultas a Morgan Stanley para que esta firma
de bolsa vendiera sus fondos. Una noticia que se conoce dos días
después de que Morgan llegara a un acuerdo con la SEC para pagar
50 millones de dólares.
El
supervisor considera que las compañías que usan dinero de sus
fondos para incentivar la colocación de sus productos de forma
preferente a través de Morgan Stanley cometen “fallos de
información y de abusos de confianza”. Si estas acusaciones
se prueban, la SEC puede multar a las gestoras, ordenar
restricciones a su actividad y solicitar que los incentivos
pagados a Morgan sean devueltos a los clientes de los fondos
afectados.
Los portavoces de las tres gestoras han respondido que éstas no
han realizado ninguna mala práctica. Mientras, Morgan Stanley ni
admite ni niega ninguna de las acusaciones de la SEC.
Fidelity Investments se encuentra además entras las firmas que
han recibido una citación para enviar al legislador de
Massachussetts información sobre las operaciones de sus gestores
de fondos internacionales. No obstante, desde Fidelity se ha
recordado que este requerimiento de información no supone en
ningún caso una acusación.
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Otro fraude en wall street
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Llueve sobre mojado en Wall Street. La detención en la tarde
del martes de 47 empleados pertenecientes a una docena de
brokers de divisas de Nueva York por su presunta relación con un
fraude en la intermediación acrecienta el peligro a que se
desencadene una crisis de confianza en el sistema financiero.
Al
formidable escándalo por las prácticas irregulares de algunos
fondos de inversión estadounidenses se suma ahora la
investigación de la fiscalía de Manhattan, que trata de
determinar si algunos de los operadores arrestados fueron
sobornados por los propios clientes para que cargasen pérdidas
en la cuenta de sus respectivas firmas y ganancias en la de los
clientes.
Al
margen de los derroteros por los que pueda discurrir el caso,
las diligencias judiciales abiertas son ya una mala noticia. No
se puede pasar por alto que hay dos firmas de primera fila entre
los implicados –UBS y JP Morgan– que controlan alrededor del 20%
del negocio diario del mercado de divisas. Parece fuera de toda
duda que las autoridades deben estrechar al máximo su vigilancia
sobre el mercado para evitar que se produzcan nuevos escándalos.
Hay que reconocer que en el caso del mercado de divisas el
control no es sencillo dada su dispersión: no tiene un centro
físico de operaciones, y funciona a través de intermediarios las
24 horas en una red de agentes conectada por teléfono y
ordenadores.
No
obstante, la gravedad de la situación exige poner todos los
medios necesarios. Porque, al final, es la credibilidad del
sistema la que puede estar en entredicho. La quiebra de Enron y
los problemas en torno a la auditora Arthur Andersen, con sus
perniciosos efectos sobre las bolsas internacionales, están en
la mente de todos.
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Dos años de escándalos
financieros en Wall Street |
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Los escándalos financieros están a la orden del día y las
páginas de esta saga parecen no tener fin. Habría que remontarse
en el tiempo hasta 1920 para encontrar un episodio similar en EE
UU. El fraude abarca ya a prácticamente todos los sectores
financieros: compañías que cotizan en bolsa, bancos de
inversión, pensiones, fondos de inversión y, ahora, el exclusivo
mercado de cambio de divisas.
Y
todo esto sucede mientras las autoridades reguladoras y los
dirigentes políticos se siguen preguntando cómo puede estar
pasando todo esto. Mientras, los inversores, los grandes
perdedores en esta historia, les critican por no haber prestado
más atención y por actuar con mucha lentitud ante los abusos.
El
suma y sigue en esta oleada de escándalos financieros que están
haciendo temblar todavía hoy a uno de los pilares de la economía
estadounidense y a Wall Street, comenzó hace dos años,
coincidiendo con el colapso del gigante energético
estadounidense Enron. El caso puso en evidencia las primeras
deficiencias de un sistema sobre el que se asienta gran parte de
la riqueza de la mayor economía del mundo. En Enron se destapó
una serie de manipulaciones contables por parte de sus máximos
gestores y de las auditoras.
Impacto
Su
impacto en la Bolsa de Nueva York se hizo sentir y desde la otra
orilla del Atlántico, en Europa, se seguía con preocupación la
evolución de este caso. Era sólo el comienzo del seísmo.
Después, siguió un fraude similar: el descalabro de la compañía
WorldCom, entre otras. La cadena de manipulación y de conflictos
de intereses se completó con una serie de análisis de mercado
más que dudosos de las firmas más prestigiosas que operan en
Wall Street. Mientras, millones de inversores se quedaban en
la estacada y veían cómo sus acciones se derrumbaban en la
bolsa.
Y
cuando todo parecía que volvía a su cauce y la economía
americana empezaba a salir de tres años de crisis, el fiscal
general del Estado de Nueva York, Eliot Spitzer, se sacaba de la
manga en septiembre el penúltimo escándalo de la saga: las
irregularidades en la industria de los fondos de inversión.
Este sector estaba hasta ahora considerado impoluto por el
público norteamericano. Sólo el año pasado manejó activos por un
valor de siete billones de dólares, un volumen de dinero muy
similar al producto interior bruto (PIB) de EE UU. Hay 88 fondos
investigados y se calcula que en la mitad de ellos se cometieron
irregularidades. Los economistas atribuyen los escándalos a
la explosión de la burbuja financiera. |
Fuente: El País
Expansión
20/11/2003
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