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Jueves 20 de noviembre de 2003


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

El FBI detiene a 47 brokers de divisas por un fraude millonario y continuado

El escándalo salpica a grandes firmas internacionales, entre las que se encuentran UBS y JPMorgan, que controlan entre ambas el 20% del negocio diario en divisas, el mayor mercado del planeta.

 

Primero cayeron del pedestal los grandes gurús del análisis, ídolos mediáticos en los noventa. Después le tocó el turno a los banqueros de inversión, protagonistas de las operaciones corporativas más espectaculares de la historia. En los últimos meses el escándalo salpica a los fondos de inversión, iconos de la democratización del ahorro que permiten invertir los particulares en igualdad de condiciones que el profesional más sofisticado.

Cuando parecía que la confianza no podía caer más bajo, las irregularidades llegan al mercado de divisas, el mayor del mundo, con una negociación diaria de 1,5 billones de dólares.

Intermediación

En una espectacular redada realizada por el FBI en Nueva York el martes por la noche, bajo el nombre Operación Moneda de Madera, fueron detenidos a 47 empleados pertenecientes a una docena de bancos internacionales por su presunta relación con un fraude en la intermediación en el mercado de divisas. La fiscalía de Manhattan acusó de fraude continuado a estos brokers en un escándalo que salpica a operadores de JP Morgan Chase, Société Générale, UBS, Dresdner Kleinwort Wasserstein e Israel Discount Bank, así como a miembros del comité de divisas de la Reserva Federal de Nueva York.

El fiscal del distrito de Manhattan, James Comey, aseguró que la investigación ha sacado a luz dos sistemas de fraude, mediante los cuales varios grandes bancos y miles de pequeños inversores perdieron “millones de dólares”.

En uno de ellos, “algunos de los mayores bancos del mundo fueron estafados por jugadores corruptos que se encontraban en todos los niveles del mercado interbancario de divisas”, aseguró ayer Comey en una conferencia de prensa. El fiscal explicó que los bancos eran víctimas de operaciones de divisas realizadas por los agentes corruptos diseñadas para provocar pérdidas a los bancos y enriquecer a estos agentes.

En un periodo de seis meses, el FBI descubrió detalles de 123 operaciones fraudulentas que proporcionaron beneficios ilegales de más de 650.000 dólares. La investigación sugiere que ese tipo de operaciones se han estado realizando durante los últimos veinte años.

Pequeños inversores

Comey aseguró que otro de los sistemas descubiertos provocó que miles de pequeños inversores perdiesen millones de dólares al ser engañados por suspuestos agentes del mercado de divisas.

“[Los inversores] recibieron el consejo de que su dinero sería invertido cuidadosamente en el mercado de divisas, y que ganarían grandes sumas de dinero, y que esas inversiones eran para gente corriente.... Incluso les dijeron que era más seguro y predecible que invertir en bolsa”, explicó ayer el fiscal del distrito.

Entre los acusados se encuentra Stephen Moore, primer ejecutivo de Itrade, un bróker del mercado de divisas, quien previamente fue miembro del Foreign Exchange Committee, patrocinado por la Reserva Federal de Nueva York. Empleados de otras firmas de divisas, entre ellas Madison Deane o las británicas ICAP y Tullett Liberty, también fueron arrestados.

Comey dice que los fraudes perpetrados por operaciones en el mercado de divisas ilustran el riesgo potencial que sufren los pequeños inversores. “Si uno se va a nadar, le recomendamos que eche antes un buen vistazo a la orilla antes de lanzarse al agua”, advertía.

Tiburones en el mar financiero

El mercado de cambio de divisas extranjeras mueve a diario 1,2 billones de dólares. Gran parte de este sector no está regulado y en él operan esencialmente importantes compañías financieras, inversores multimillonarios, bancos y firmas de corretaje muy especializadas.

Hasta ahora este mercado estaba al margen de los escándalos financieros en Estados Unidos. Pero la operación sorpresa llevada a cabo a última hora del martes por el FBI ha puesto en evidencia todo lo contrario.

Ahora el caso se suma a la larga lista de abusos que durante los últimos dos años están haciendo temblar los pilares de la economía estadounidense y a los inversores.

"El ciudadano tiene que saber que en este mercado puede haber corredores de cambio legítimos, pero también hay tiburones en las aguas. Por eso les aconsejamos un tiempo de reflexión antes de lanzarse a nadar en ellas", advirtió el fiscal antifraude de Mahanttan James Comey.

Según explicaron fuentes conocedoras del sector, este tipo de delitos, utilizando las transferencias de divisas extranjeras, podrían realizarse desde cualquier lugar, porque el mercado de cambios está totalmente descentralizado, opera globalmente las 24 horas del día y está muy desregulado.

"Apenas basta un teléfono y una pantalla de ordenador para realizar las operaciones", explicó un experto. El 60% de las transacciones con divisas se realiza a través de tres centros establecidos en Reino Unido, Estados Unidos y Japón.

Los economistas, mientras tanto, se echan las manos a la cabeza y advierten de que, si no se actúa con prontitud y firmeza, el sistema acabará por colapsarse.

"El sistema capitalista está basado en la confianza, y, cuando ésta se pierde por la corrupción, el sistema se derrumba", afirmaba ayer Richard Hoey, de la firma de analistas financieros Dreyfus, "por eso las autoridades reguladoras deben moverse".

 

Los escándalos se ceban con la banca de inversión

Los excesos cometidos por los operadores del mercado de divisas y los fondos de inversión son sólo el último capítulo de una larga lista de escándalos que han puesto en entredicho la credibilidad de toda la industria de valores en EEUU. La caja de los truenos se destapó con el estallido de la burbuja tecnológica, que dejó al descubierto las numerosas irregularidades cometidas por los bancos de inversión aprovechando la oleada de colocaciones que se produjo en plena efervescencia bursátil. Las polémicas investigaciones llevadas a cabo por la fiscalía de Nueva York y la SEC demostraron el nulo respeto, en muchos casos, a las denominadas murallas chinas, que la normativa obliga a establecer entre las actividades de banca de inversión y de análisis para garantizar la independencia de las recomendaciones que se lanzan al mercado.

Tres nombres pueden servir para ilustrar los excesos, implícitamente reconocidos por las firmas de Wall Street cuando alcanzaron un acuerdo global con las autoridades, que obliga a las entidades a desembolsar 1.400 millones de dólares: Frank Quattrone, el responsable de banca de inversión de empresas tecnológicas de Credit Suisse First Boston, juzgado hace escasas semanas (en un proceso declarado nulo) por las irregularidades cometidas en las OPVs, entre ellas, la de actuar a favor de un círculo de directivos; Jack Grubman, analista estrella de telecomunicaciones de Citigroup, que ejercía como tal y, además, asesoraba a las mismas empresas en operaciones corporativas, entre las que figuraba Worldcom; y Henry Blodget, el analista de Internet de Merrill Lynch, que aconsejó públicamente valores que, en privado, calificó de “basura”. Tres gurús de la época gloriosa de los mercados convertidos hoy en exponente de un sector dominado por los escándalos.

 

La crisis de los fondos salpica a Fidelity

El escándalo de los fondos de inversión en EEUU ha terminado llegando también a los gigantes del sector. El fantasma de malas prácticas de venta parece caer ahora sobre Fidelity Investments y American Funds, primera y tercera gestora de fondos del país, junto a Franklin Resources, grupos que hasta ahora se habían mantenido al margen de la crisis.

Ayer se conoció que la comisión del mercado de valores de EEUU (SEC) está investigando a estos gigantes para descubrir si pagaron comisiones ocultas a Morgan Stanley para que esta firma de bolsa vendiera sus fondos. Una noticia que se conoce dos días después de que Morgan llegara a un acuerdo con la SEC para pagar 50 millones de dólares.

El supervisor considera que las compañías que usan dinero de sus fondos para incentivar la colocación de sus productos de forma preferente a través de Morgan Stanley cometen “fallos de información y de abusos de confianza”. Si estas acusaciones se prueban, la SEC puede multar a las gestoras, ordenar restricciones a su actividad y solicitar que los incentivos pagados a Morgan sean devueltos a los clientes de los fondos afectados.

Los portavoces de las tres gestoras han respondido que éstas no han realizado ninguna mala práctica. Mientras, Morgan Stanley ni admite ni niega ninguna de las acusaciones de la SEC.

Fidelity Investments se encuentra además entras las firmas que han recibido una citación para enviar al legislador de Massachussetts información sobre las operaciones de sus gestores de fondos internacionales. No obstante, desde Fidelity se ha recordado que este requerimiento de información no supone en ningún caso una acusación.

 

 

Otro fraude en wall street

Llueve sobre mojado en Wall Street. La detención en la tarde del martes de 47 empleados pertenecientes a una docena de brokers de divisas de Nueva York por su presunta relación con un fraude en la intermediación acrecienta el peligro a que se desencadene una crisis de confianza en el sistema financiero.

Al formidable escándalo por las prácticas irregulares de algunos fondos de inversión estadounidenses se suma ahora la investigación de la fiscalía de Manhattan, que trata de determinar si algunos de los operadores arrestados fueron sobornados por los propios clientes para que cargasen pérdidas en la cuenta de sus respectivas firmas y ganancias en la de los clientes.

Al margen de los derroteros por los que pueda discurrir el caso, las diligencias judiciales abiertas son ya una mala noticia. No se puede pasar por alto que hay dos firmas de primera fila entre los implicados –UBS y JP Morgan– que controlan alrededor del 20% del negocio diario del mercado de divisas. Parece fuera de toda duda que las autoridades deben estrechar al máximo su vigilancia sobre el mercado para evitar que se produzcan nuevos escándalos. Hay que reconocer que en el caso del mercado de divisas el control no es sencillo dada su dispersión: no tiene un centro físico de operaciones, y funciona a través de intermediarios las 24 horas en una red de agentes conectada por teléfono y ordenadores.

No obstante, la gravedad de la situación exige poner todos los medios necesarios. Porque, al final, es la credibilidad del sistema la que puede estar en entredicho. La quiebra de Enron y los problemas en torno a la auditora Arthur Andersen, con sus perniciosos efectos sobre las bolsas internacionales, están en la mente de todos.

 

 

Dos años de escándalos financieros en Wall Street

Los escándalos financieros están a la orden del día y las páginas de esta saga parecen no tener fin. Habría que remontarse en el tiempo hasta 1920 para encontrar un episodio similar en EE UU. El fraude abarca ya a prácticamente todos los sectores financieros: compañías que cotizan en bolsa, bancos de inversión, pensiones, fondos de inversión y, ahora, el exclusivo mercado de cambio de divisas.

Y todo esto sucede mientras las autoridades reguladoras y los dirigentes políticos se siguen preguntando cómo puede estar pasando todo esto. Mientras, los inversores, los grandes perdedores en esta historia, les critican por no haber prestado más atención y por actuar con mucha lentitud ante los abusos.

El suma y sigue en esta oleada de escándalos financieros que están haciendo temblar todavía hoy a uno de los pilares de la economía estadounidense y a Wall Street, comenzó hace dos años, coincidiendo con el colapso del gigante energético estadounidense Enron. El caso puso en evidencia las primeras deficiencias de un sistema sobre el que se asienta gran parte de la riqueza de la mayor economía del mundo. En Enron se destapó una serie de manipulaciones contables por parte de sus máximos gestores y de las auditoras.

Impacto

Su impacto en la Bolsa de Nueva York se hizo sentir y desde la otra orilla del Atlántico, en Europa, se seguía con preocupación la evolución de este caso. Era sólo el comienzo del seísmo. Después, siguió un fraude similar: el descalabro de la compañía WorldCom, entre otras. La cadena de manipulación y de conflictos de intereses se completó con una serie de análisis de mercado más que dudosos de las firmas más prestigiosas que operan en Wall Street. Mientras, millones de inversores se quedaban en la estacada y veían cómo sus acciones se derrumbaban en la bolsa.

Y cuando todo parecía que volvía a su cauce y la economía americana empezaba a salir de tres años de crisis, el fiscal general del Estado de Nueva York, Eliot Spitzer, se sacaba de la manga en septiembre el penúltimo escándalo de la saga: las irregularidades en la industria de los fondos de inversión.

Este sector estaba hasta ahora considerado impoluto por el público norteamericano. Sólo el año pasado manejó activos por un valor de siete billones de dólares, un volumen de dinero muy similar al producto interior bruto (PIB) de EE UU. Hay 88 fondos investigados y se calcula que en la mitad de ellos se cometieron irregularidades. Los economistas atribuyen los escándalos a la explosión de la burbuja financiera.

Fuente: El País
Expansión
20/11/2003

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