Seguridad Pública y Protección Civil
 |
|
| |
 |
|
|
De California a la
Luna
Los
incendios han dado paso a un paisaje devastado: rocas chamuscadas y
esqueletos de árboles / Los equipos de bomberos hacen turnos de 24 horas
para intentar sofocar las llamas
No
hay vida. Rocas chamuscadas, esqueletos de árboles solitarios y poco
más. Si no fuera por el ruido de los coches de la autopista
colindante uno sentiría la necesidad de llamar a Houston y avisar de una
nueva visita humana a la Luna. El paisaje es tan desolador que
impresiona. Lo que más sorprende es el silencio, y la quietud. La calma
después de la tormenta. Una tormenta de fuego en este caso.
Buscar
el frente activo del responsable de esta desolación no es fácil.
Tras más de 45 minutos en coche rodeando las colinas quemadas aparece a
lo lejos el signo inequívoco de su presencia. Una densa humareda ciega
parcialmente la autopista. ¡Eureka! Casi inmediatamente un coche
patrulla de la policía de autopistas adelanta por la derecha. Hay que
seguirle, seguro que sabe dónde está el mogollón. Seguimos su estela
fuera de la autopista y hacia el interior. No hace falta ir más allá.
Cinco coches de bomberos están aparcados en batería y la carretera
cortada.
Tras
acercarme a dos bomberos ambos responden con lo mismo. «Tienes que
hablar con el PIO [Oficial de Información Pública]». Me señalan un
furgoneta aparcada a unos 100 metros. Da la sensación o de que existe un
código de silencio o simplemente nadie quiere ejercer funciones que no
son suyas.
Alcanzar la furgoneta resultará una tarea ardua, no por las dificultades
orográficas -es todo llano-, sino por las miradas inquisitivas de los
bomberos que descansan antes de volver a la actividad. Quizás sospechan
que los no familiarizados con el fuego puedan empeorar la situación por
negligencia o por el afán de informar.
Ayer
ardía una pequeña unidad móvil de la cadena NBC en uno de los incendios
y cada día se ve a los reporteros de las cadenas locales -auténticos
maestros del dramatismo informativo-, codo con codo con los que luchan
por controlar las llamas.
«¿Qué quieres saber?» dice Mick Meuller, también conocido como PIO, el
bombero Relaciones Públicas. Se nota. Es el que lleva el disfraz más
completo. Un walkie talkie atado en el pecho, gafas de sol, un casco de
obrero, botas de combate y una barba de seis días para dar la impresión
de que esto es duro. Sin duda lo es, aunque para Mick quizás no tanto
como para el resto de bomberos. ¿Por qué nadie habla? «Están cansados»,
asegura Mick.«Hacemos turnos de 24 horas».
Un
ruido de demolición y una polvareda cortan la conversación. A unos 200
metros de distancia en la base de una colina todavía verde, un bulldozer
está destrozando el bosque creando una línea recta. «Estamos
preparando un cortafuegos», afirma sonriente mientras me indica con
el índice. «Es la única forma de parar un incendio de estas
dimensiones». Un incendio llamado Simi/Val Verde, que de momento
lleva quemados más de 110.000 acres.
Los más
de 1.500 bomberos y voluntarios -aunque sólo hay dos docenas a la
vista-, destinados a esta zona están esperando que las condiciones
climáticas sean las idóneas para empezar unos fuegos de contención.
«Es la única solución que tenemos. El agua sirve sólo para ayudar en
casos concretos y es muy caro». Según Mick, se llevan gastados casi
cinco millones de dólares en este incendio.
De
vez en cuando, algún bombero ansioso se pasea arriba y abajo con ganas
de entrar en acción. Todos tienen el rostro rojizo y lucen como medallas
de guerra las manchas de ceniza y el rebozado de polvo en sus trajes. Es
innegable que lo suyo es pura vocación, y más sabiendo que la mayoría
gana 25.000 dólares brutos al año.«Es gente que disfruta haciendo un
servicio a la sociedad», declara Mick. Los atentados del 11 de
Septiembre ha elevado a los bomberos y policías a categoría de héroes
nacionales, hagan lo que hagan.
Cerca del cortafuegos está estacionado otro strike team -grupo de cinco
vehículos de bomberos-. Dentro se encuentran todos sus efectivos listos
para entrar en acción. El humo ha cambiado de dirección y voltea
provocador por encima de las cabezas. Siguiendo su atrevido viaje
encontramos a dos hombres delante de un edificio curioso al otro lado de
la carretera cortada.
«Es un
hotel para animales domésticos», explica uno de ellos.«Hace tres días
que evacuamos a todos los animales y ahora sólo nos queda esperar».
Mike Lovingood es el propietario del hotel, único edificio en la zona y
ya ha visto cinco incendios en los 30 años que lleva en el lugar. «No
creo que nos pase nada», dice señalando dos mangueras gruesas enroscadas
en las vallas de entrada de su hotel. Sin embargo, no puede esconder su
preocupación.
El
segundo strike team abandona el lugar camino de la acción.Lo hace de
forma tranquila, sin sirenas. No hacen falta. Viendo todo esto uno se
pregunta sobre el responsable que quiso ser dios y acabó creando un
infierno. ¿Y si por aquella de las casualidades les entregaran al
culpable? «Habría que dejar paso a la naturaleza humana», contesta Mick.
«No puedes evitar que hombres y mujeres que trabajan y arriesgan su
vida para evitar tragedias quieran ajustar las cuentas a alguien que no
tiene respeto por nada».
Fuente: El Mundo
01/10/2003
Noticias relacionadas:
*
Un incendio forestal arrasa el Sur
de California, causando al menos 14 muertos (27.10)