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Martes 04 de noviembre de 2003


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

Padres de familia empiezan a contratar detectives para controlar el abuso de drogas de sus hijos

Casi tres de cada diez jóvenes de 14 a 18 años regresan a su casa los viernes y sábados pasadas las cuatro de la madrugada, y casi todos salen de bares y discotecas

 

La ingesta de alcohol por parte de los jóvenes españoles, así lo refrenda la última encuesta escolar del Plan Nacional sobre Drogas, es altamente preocupante. Mucho más si tenemos en cuenta los conflictos sociales que se derivan de este «hábito» adquirido por la población de 14 a 18 años quienes afirman, en tres de cada cuatro casos, que su actividad predilecta durante los fines de semana es salir de bares y discotecas. En ese ambiente se generan escalofriantes estadísticas: un 55 por ciento de los jóvenes consume habitualmente bebidas alcohólicas y un 22 por ciento toma cannabis en sus salidas nocturnas; que, por si fuese poco, se prolongan hasta pasadas las cuatro de la madrugada en el 28 por ciento de los casos.

Todas estas cifras se traducen en padres suspicaces ante un comportamiento inusual e hijos que eluden el contacto con sus progenitores. La vía de salida de esta incesante preocupación es, para muchos padres, contratar a detectives privados para que penetren en la intimidad de sus hijos. ¿Deber de educar de unos o derecho a un espacio de libertad de otros?

Buscar las pruebas del «delito»

Dos mil euros a cambio de saber qué hace su hijo un sábado por la noche. ¿Por quiénes se rodea, qué lugares frecuenta, qué hace? Sea tentadora o no, lo cierto es que cada vez son más los padres que sucumben a esta oferta y deciden contratar los servicios de detectives privados para responder a ese sinfín de interrogantes que, de madrugada, sus hijos no osan contestar. Del otro lado, las agencias de investigadores afirman que, pese a que sí es un fenómeno hoy totalmente en auge «hace más de 30 años que se registran peticiones de este tipo» -apunta el presidente de la Asociación Profesional de Detectives Privados en España (Apdpe), Javier E. Iglesias-, y que, además, diferencia entre lugares de residencia, siendo las grandes ciudades el mejor escondite para «reprochables» hábitos de los hijos.

Si la educación de los hijos es siempre tarea ardua, la preocupación como ingrediente añadido lleva a algunos a buscar ayudas foráneas. Poco éticas, para unos. Necesarias, para otros. Las agencias de detectives se perfilan para estos últimos como las idóneas para confirmar o rechazar las sospechas.

«La mayoría de las veces los padres acuden porque tienen algún indicio o han observado un comportamiento extraño en su hijo. Lo normal es que su desconfianza sea fundada y nos limitemos a ratificar lo que ya suponían», afirma César Martín, de la agencia «Castellana Detectives». Tres días de investigación suelen bastar para descubrir las actividades que los hijos realizan a escondidas. Por lo general, a los detectives no les resulta difícil «pillar» a sus investigados «in fraganti», y no dudan en entrar en contacto directo con ellos buscando alguna excusa si la situación lo requiere. Con este objetivo, las agencias delegan estos servicios a los detectives más jóvenes, para que les sea más sencillo infiltrarse en el grupo que rodea al hijo del cliente.

El proceso de investigación culmina con la presentación de las pruebas recabadas ante los padres. Un informe escrito, acompañado de grabaciones audiovisuales, corroborarán los presuntos «delitos». Los más frecuentes, los relacionados con el consumo de drogas y alcohol. «Algunas veces nos hemos encontrado con chicos que consumían y también vendían éxtasis u otras sustancias», explicó Martín.

Estatus socioeconómico medio-bajo

El elevado precio que entraña la investigación -nunca inferior a 1.500 euros- parece no suponer un gran obstáculo para los padres de menor poder adquisitivo. De hecho, la mayoría de las agencias entrevistadas por ABC coinciden en un novedoso y curioso diagnóstico: los padres que contratan a «guardianes» de sus hijos tienen un estatus socioeconómico medio-bajo. «El perfil del padre adinerado que trabaja y averigua qué hacen sus hijos a través de un detective se ha roto desde hace años», dice Eduardo Indiano, responsable de la agencia «Adex». A su vez, Ángel Iglesias, director del grupo «Rausa&Rausa», verifica que «contrariamente a lo que cabe pensar, se trata de padres que, en contacto permanente con sus hijos, detectan que algo va mal y acuden a estos medios en busca de soluciones». De confirmar sus sospechas, los padres no optan por «represalias» contundentes, sino -apunta Iglesias- por atajar el problema «a través del especialista adecuado».

Fuente: ABC
02/11/2003

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