Seguridad Pública y Protección Civil
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Policías y ladrones
Asuntos Internos
del Cuerpo Nacional de Policía descubre que un inspector y un agente se
dedicaban presuntamente a robar en casas de pequeños delincuentes
falsificando órdenes de registro

Conocían a sus víctimas por su trabajo y por el mismo motivo disponían
de todo lo necesario para no despertar sospechas. ¿Quién no abre la
puerta de casa a un agente uniformado que muestra una orden de registro?
Eso es lo que supuestamente hacían dos agentes del Cuerpo Nacional de
Policía, detenidos bajo la acusación de liderar una peligrosa banda
dedicada a robar dinero y pequeñas cantidades de droga en pisos de
varios municipios de la periferia sur de la región, según fuentes
judiciales.
Los
policías arrestados, uno de ellos inspector, se dedicaban presuntamente
a falsificar mandamientos judiciales de entrada y registro. Con este
documento, que aparentaba ser perfectamente legal, entraban en los
domicilios seleccionados y los desvalijaban tras retener y detener a los
moradores que, en algún caso, eran delincuentes habituales.
A los
detenidos se les imputan al menos una decena de robos en localidades del
sur de Madrid como Móstoles y Fuenlabrada y en los distritos de la
capital de Carabanchel y Usera.
De
acuerdo con las primeras investigaciones, llevaban operando desde hace
un año tanto en la capital como en la periferia.
Los
funcionarios implicados utilizaban sus conocimientos legales y de
técnicas criminales para realizar delitos de «carácter muy grave» contra
las personas, según las mismas fuentes.
La
investigación ha corrido a cargo del Departamento de Asuntos Internos
del Cuerpo Nacional de Policía y culminó el pasado lunes con el arresto
de uno de los implicados después de que cometiese su última fechoría. Al
día siguiente, se arrestó al segundo agente y al resto de integrantes de
la trama desarticulada, siempre según las mismas fuentes.
En
algunos de sus golpes, la banda llegó a apoderarse de más de 20.000
euros y pequeñas cantidades de estupefacientes. Para sus fechorías
solían elegir pisos de pequeños delincuentes o de personas que manejaban
grandes cantidades de dinero.
Junto a
los policías arrestados se han detenido a otro grupo de ladrones que
integraban la banda. Su misión era elegir los objetivos previamente
y funcionaban empleando una pequeña célula de información con los datos
aportados por los funcionarios apresados.
El
resto de integrantes de la organización también contaban con placas
policiales y de la Guardia Civil y se hacían pasar por funcionarios,
aunque se trataba de impostores.
La
investigación policial arrancó hace varios meses cuando una persona, con
antecedentes, denunció que había sido víctima de una extraña redada
policial. Al mismo tiempo la policía investigaba varios robos
misteriosos.
Se
ha probado que los agentes irrumpían en las casas de las víctimas
elegidas previamente por sus compinches. Una vez allí, exhibían la orden
de entrada y registro que habían falsificado con sellos oficiales del
Cuerpo Nacional de Policía y sellos judiciales.
Pistolas y órdenes
Iban
armados con pistolas y aseguraban que tenían órdenes de inspeccionar la
casa por distintos motivos: tráfico de drogas, falsificación, robos,
etc.. Mostraban placas oficiales y recluían a los supuestos sospechosos
en alguna habitación de la casa. Uno de los miembros de la banda
vigilaba a los retenidos mientras el resto registraba el domicilio.
Los
moradores nunca veían cómo se producía el reconocimiento de la casa y
tampoco sabían lo que estaba ocurriendo durante el rastreo.
Una
vez realizado el trabajo, la banda abandonaba la casa con la
tranquilidad de que iba a ser díficil que fueran denunciados por
personas que estaban relacionadas con algún delito. Pensaban que habían
robado a un ladrón y tenían la certeza de que no iban a ser delatados.
Las
investigaciones permitieron relacionar varios asaltos con los policías
detenidos, de los que se descubrió que detrás de su actividad delictiva
se escondía una más amplia.
Los
agentes, que formaban el primer núcleo operativo del grupo, también
utilizaban sus placas policiales, acompañadas de carnés profesionales
que habían falsificado para extorsionar y amenazar a las víctimas.
Uno
de los policías detenidos trabaja en la Unidad Central de la Policía, en
las dependencias de Canilla, en el distrito de Hortaleza. El otro agente
se encontraba ya en segunda actividad.
Los
otros arrestados están acusados de falsificación documental y robo.
Todos cuentan con antecedentes policiales. Se investiga ahora si los
policías y detenidos maltrataban a sus víctimas. También se está a la
espera de averiguar si hay más personas que han sufrido el azote de
estos agentes.
En los
últimos cinco años una quincena de policías han sido detenidos en la
región por estar implicados en distintas fechorías. Sin embargo,
sólo cuatro de ellos fueron condenados por un juez. El resto siempre
fueron absueltos al no quedar probada su relación con los hechos que se
les imputaban.
Fuente: El Mundo
01/11/2003
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