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Miércoles 5 de noviembre de 2003


Seguridad Pública y Protección Civil

Policías y ladrones

Asuntos Internos del Cuerpo Nacional de Policía descubre que un inspector y un agente se dedicaban presuntamente a robar en casas de pequeños delincuentes falsificando órdenes de registro

Conocían a sus víctimas por su trabajo y por el mismo motivo disponían de todo lo necesario para no despertar sospechas. ¿Quién no abre la puerta de casa a un agente uniformado que muestra una orden de registro? Eso es lo que supuestamente hacían dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía, detenidos bajo la acusación de liderar una peligrosa banda dedicada a robar dinero y pequeñas cantidades de droga en pisos de varios municipios de la periferia sur de la región, según fuentes judiciales.

Los policías arrestados, uno de ellos inspector, se dedicaban presuntamente a falsificar mandamientos judiciales de entrada y registro. Con este documento, que aparentaba ser perfectamente legal, entraban en los domicilios seleccionados y los desvalijaban tras retener y detener a los moradores que, en algún caso, eran delincuentes habituales.

A los detenidos se les imputan al menos una decena de robos en localidades del sur de Madrid como Móstoles y Fuenlabrada y en los distritos de la capital de Carabanchel y Usera.

De acuerdo con las primeras investigaciones, llevaban operando desde hace un año tanto en la capital como en la periferia.

Los funcionarios implicados utilizaban sus conocimientos legales y de técnicas criminales para realizar delitos de «carácter muy grave» contra las personas, según las mismas fuentes.

La investigación ha corrido a cargo del Departamento de Asuntos Internos del Cuerpo Nacional de Policía y culminó el pasado lunes con el arresto de uno de los implicados después de que cometiese su última fechoría. Al día siguiente, se arrestó al segundo agente y al resto de integrantes de la trama desarticulada, siempre según las mismas fuentes.

En algunos de sus golpes, la banda llegó a apoderarse de más de 20.000 euros y pequeñas cantidades de estupefacientes. Para sus fechorías solían elegir pisos de pequeños delincuentes o de personas que manejaban grandes cantidades de dinero.

Junto a los policías arrestados se han detenido a otro grupo de ladrones que integraban la banda. Su misión era elegir los objetivos previamente y funcionaban empleando una pequeña célula de información con los datos aportados por los funcionarios apresados.

El resto de integrantes de la organización también contaban con placas policiales y de la Guardia Civil y se hacían pasar por funcionarios, aunque se trataba de impostores.

La investigación policial arrancó hace varios meses cuando una persona, con antecedentes, denunció que había sido víctima de una extraña redada policial. Al mismo tiempo la policía investigaba varios robos misteriosos.

Se ha probado que los agentes irrumpían en las casas de las víctimas elegidas previamente por sus compinches. Una vez allí, exhibían la orden de entrada y registro que habían falsificado con sellos oficiales del Cuerpo Nacional de Policía y sellos judiciales.

Pistolas y órdenes

Iban armados con pistolas y aseguraban que tenían órdenes de inspeccionar la casa por distintos motivos: tráfico de drogas, falsificación, robos, etc.. Mostraban placas oficiales y recluían a los supuestos sospechosos en alguna habitación de la casa. Uno de los miembros de la banda vigilaba a los retenidos mientras el resto registraba el domicilio.

Los moradores nunca veían cómo se producía el reconocimiento de la casa y tampoco sabían lo que estaba ocurriendo durante el rastreo.

Una vez realizado el trabajo, la banda abandonaba la casa con la tranquilidad de que iba a ser díficil que fueran denunciados por personas que estaban relacionadas con algún delito. Pensaban que habían robado a un ladrón y tenían la certeza de que no iban a ser delatados.

Las investigaciones permitieron relacionar varios asaltos con los policías detenidos, de los que se descubrió que detrás de su actividad delictiva se escondía una más amplia.

Los agentes, que formaban el primer núcleo operativo del grupo, también utilizaban sus placas policiales, acompañadas de carnés profesionales que habían falsificado para extorsionar y amenazar a las víctimas.

Uno de los policías detenidos trabaja en la Unidad Central de la Policía, en las dependencias de Canilla, en el distrito de Hortaleza. El otro agente se encontraba ya en segunda actividad.

Los otros arrestados están acusados de falsificación documental y robo. Todos cuentan con antecedentes policiales. Se investiga ahora si los policías y detenidos maltrataban a sus víctimas. También se está a la espera de averiguar si hay más personas que han sufrido el azote de estos agentes.

En los últimos cinco años una quincena de policías han sido detenidos en la región por estar implicados en distintas fechorías. Sin embargo, sólo cuatro de ellos fueron condenados por un juez. El resto siempre fueron absueltos al no quedar probada su relación con los hechos que se les imputaban.

Fuente: El Mundo
01/11/2003

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