Seguridad Colectiva
y Defensa Nacional
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Estados Unidos
estuvo a punto de derribar un avión procedente de España el 11-S
Desde
los atentados, Washington ha ordenado a sus cazas interceptar 1.500
vuelos comerciales
Cada día se
producen, como promedio, dos incidentes en los que los pilotos de
cazas estadounidenses reciben la orden de vigilar un vuelo comercial,
de ser cierta la información publicada por el Times. Los aviones del
Comando Aerospacial de Norteamérica (NORAD, según sus siglas inglesas)
son los encargados de seguir de cerca a los aparatos de pasajeros
considerados sospechosos. El NORAD es una estructura militar conjunta de
EE.UU y Canadá para proteger el espacio aéreo de los dos países.
Según el Times, los
pilotos del NORAD realizan tres o cuatro veces a la semana maniobras en
las que simulan el derribo de aparatos de aerolíneas civiles. Para
que la cosa sea lo más real posible, el NORAD alquiló en junio de 2002
un Boeing 757 a la línea aérea Delta, para que los pilotos militares
sepan bien a qué podrían tener que tirarle.
Entre el
entrenamiento de los pilotos está su adiestramiento psicológico para
evitar que "duden al apretar el gatillo", según el comandante en jefe
del NORAD, el general Ralph Eberhart. "Hemos tenido largas discusiones
con la gente, con los pilotos y con el personal de defensa aérea en
tierra, para ver si están psicológicamente preparados".
Lo que no dice el
Times es hasta qué punto estos juegos de guerra y el seguimiento de
aviones civiles entraña riesgos para la seguridad. Al fin y al cabo,
el propio 11-S estuvo a punto de producirse una tragedia con un avión
procedente de España.
Según una
investigación del Washington Post, publicada en 2002, después de que
se hubieran estrellado los cuatro aviones, y cuando las autoridades ya
habían ordenado el cierre del espacio aéreo, la Fuerza Aérea
norteamericana "estaba siguiendo a un avión comercial en ruta de España
a EEUU. El avión emitía una señal de emergencia, señal de que podría
haber sido secuestrado".
Solicitud para
atacar
Según declaró Bush al
Post, alguien le preguntó: "¿Tenemos permiso para derribar ese avión?"
El presidente estadounidense, que estaba en un búnker en Nevada,
contestó: "Aseguraos de que lo identificáis. Seguidlo de cerca hasta
aseguraros". Finalmente, resultó ser una falsa alarma. En otras
ocasiones, los aviones civiles no han sido tan afortunados. El 3 de
julio de 1988, el destructor estadounidense Vicennes derribó en el Golfo
Pérsico un Airbus A-300 iraní matando a 290 personas. Aparentemente, la
tripulación del barco confundió el Airbus con un cazabombardero iraní.
Pero nadie ha
explicado cómo uno de los navíos más sofisticados de la Marina
estadounidense fue capaz de confundir un avión de pasajeros, que mide 63
metros y pesa 138 toneladas, con un caza, que no supera los 19 metros y
pesa cinco veces menos.
Las propias
autoridades estadounidenses nunca han explicado qué pasó con el avión
que se estrelló el 11 de Septiembre de 2001 en Pensilvania. Aunque
atribuir el accidente al heroísmo de los pasajeros, que se enfrentaron a
los secuestradores, es un acto de fe en Estados Unidos, antes de
estrellarse, el avión era perseguido al menos por un F-16 y por varios
aviones de guerra electrónica que pudieron haber interferido sus
controles de vuelo y haberlo estrellado.
Fuente: El Mundo
07.10.03
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