Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Lunes 22 de septiembre de 2003


Más cooperación contra el terrorismo

 

Se cumple hoy el segundo aniversario de los trágicos atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, y si algo han asumido las democracias occidentales es que aquel ataque contra el corazón financiero de EEUU, que provocó más de tres mil víctimas, no fue un mero crimen masivo perpetrado por el fundamentalismo islámico.

El ya tristemente conocido como 11-S, definido por la propia OTAN como un acto de guerra, ha puesto de manifiesto que el terrorismo global ha emergido como la principal amenaza para la civilización occidental y su sistema de valores. Ha quedado patente con toda su crudeza que el terrorismo es la guerra del siglo XXI, una guerra no convencional, cuyos primeros capítulos ya se han escrito en Afganistán, con la disolución del régimen talibán, y en Irak, con la expulsión del dictador Sadam Husein. ¿Vivimos, pues, en un mundo mucho más inseguro? No es fácil responder a esa pregunta pero, al margen del simbolismo de las fechas, la amenaza fantasma que ahora atenaza el mundo se fraguó mucho antes del fatídico 11-S. El terrorismo fundamentalista lleva tras de sí un sangriento historial de muchos años de atentados con el objetivo de desestabilizar la sociedad occidental. Ésa es la inspiración del terrorista religioso, convencido de actuar en coherencia con un mandato trascendental contra los valores occidentales y los proyectos democratizadores en el mundo musulmán. En estos postulados se basa precisamente la declaración de guerra a escala mundial de Bin Laden en agosto de 1996, la denominada 'epístola ladenesa'.

De hecho, ya en 1999, durante la Administración Clinton, se produjo un encarnizado debate entre EEUU y Europa para redefinir el nuevo documento estratégico de referencia de la OTAN una vez fenecida la guerra fría. Los democrátas elevaron a la categoría de graves amenazas el terrorismo internacional, las armas de destrucción masiva y los estados fallidos, al tiempo que defendieron las denominadas acciones fuera de área, esto es, atacar donde se genera el terrorismo y no donde se produce. Pero entonces hubo una férrea oposición de Francia y Alemania a tales planteamientos, y Clinton se quedó solo con el apoyo de Solana y de Aznar, a quien se le puede cuestionar sus decisiones pero no su falta de coherencia. Así pues, tuvo que llegar el 11-S para sacudir las conciencias. El concepto tradicional de seguridad y defensa en el mundo occidental se desmoronó al mismo tiempo que las Torres Gemelas. Con el auspicio de Bush -que en esto recibe la herencia de Clinton- y el firme respaldo de Blair y de Aznar, en los últimos dos años se ha avanzado más en cooperación internacional contra el terrorismo global que en todo el siglo XX. Pero aún queda un largo camino por recorrer, porque una vez atenuado el efecto psicológico de los atentados, hay gobiernos -Alemania y Francia, fundamentalmente- que titubean a la hora de abordar la lucha antiterrorista internacional. El nuevo terrorismo representa una grave amenaza para la seguridad de EEUU, pero también para Europa. Los socios comunitarios están obligados a incrementar su cooperación, como España -sensibilizada por el endémico terrorismo etarra- viene proponiendo desde hace años. Es necesario armonizar las legislaciones nacionales, establecer el reconocimiento mutuo de las resoluciones judiciales, potenciar la colaboración operativa y hacer efectiva la cláusula de solidaridad antiterrorista. La cooperación antiterrorista con otros países, particularmente con Estados Unidos y con los países árabes, es indispensable, y la proyección exterior de fuerza puede resultar necesaria en ciertos casos. Nos enfrentamos a un enemigo desconocido, que obliga a replantear los ejércitos, la policía y los servicios de inteligencia. A largo plazo, también la cooperación al desarrollo representa un elemento básico para combatir el caldo de cultivo del terrorismo transnacional. Bush, Blair y Aznar -el trío de las Azores- han sido contundentes al advertir que no podemos quedarnos impasibles. Puede que el mundo no sea ahora más inseguro que hace unos años, pero lo será si las democracias occidentales no unen sus fuerzas contra el enemigo invisible. De momento, a través de la cadena Al Yazira, Bin Laden conmemoró ayer su particular 11-S con una inquietante amenaza: "la auténtica batalla no ha comenzado".

 

Fuente: Expansión
11.09.03

* Pulse aquí para ver el especial 2º aniversario 11S

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es