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El coste de la
inseguridad empresarial
Aunque no tuvo su
origen en una acción terrorista, el impresionante apagón ocurrido el
pasado 14 de agosto en Estados Unidos recuerda al sector privado que sus
medidas de seguridad y de contingencia continúan siendo insuficientes
Gracias a Dios, el
terrorismo islámico no ha sido esta vez el causante de uno de los
mayores apagones de la historia. Pero este apagón ha servido, eso sí,
para recordar a los americanos la fragilidad del equilibrio y la paz
sociales, aireando la vulnerabilidad de algunas infraestructuras
críticas -importantes blancos económicos- como son los sistemas de
generación y distribución eléctrica.

Escasez de recursos
Casi han transcurrido
dos años desde los ataques del 11 de septiembre. Y a pesar de ello,
puede decirse que las empresas americanas han hecho bastante poco por
fortalecer sus defensas frente al terrorismo y otras situaciones de
emergencia.
En las semanas
siguientes a los ataques del 11-S, los únicos movimientos al alza que
se produjeron en las bolsas americanas tuvieron lugar en empresas que
tenían algo que ver con la seguridad: fabricantes de detectores de
metales o antrax, proveedores de equipos de seguridad, etc. El sector
privado de forma generalizada comenzó a realizar evaluaciones detalladas
de riesgos y a elaborar planes de contingencia y políticas de seguridad
con el fin de proteger en la medida de lo posible a personas y bienes.
Sin embargo, reforzado
por la no ocurrencia de posteriores ataques, esta carrera perdió fuerza
y las inversiones e implantaciones se pospusieron una y otra vez. Una
encuesta efectuada entre 331 empresas el pasado mes de julio reveló que
el gasto en seguridad se ha incrementado una media de un 4%, y en su
mayor parte debido al incremento del coste de las primas de seguros.
La sombra del
riesgo
El apagón ocurrido el
pasado 14 de agosto podría haber servido para que los ahora denominados
"Departamentos de Gerencia de Riesgos" pudieran haber solicitado mayores
recursos a asignar a la protección de activos. Sin embargo, las empresas
privadas continúan mostrando una gran resistencia a incurrir en costes
de este tipo, más aún sin existir recomendaciones expresas por parte del
gobierno, del que se espera no sólo que marque las directrices, sino que
corra con parte de estos gastos.
El coste de la
inseguridad
Es cierto que las
empresas no pueden protegerse frente a cualquier escenario por
inimaginable que sea. Sucesos de tan superlativas proporciones como los
del 11-S requerirían a su vez medidas desproporcionadas; esto es
económicamente y operativamente inviable.
Sin embargo, existe un
punto óptimo entre el todo y la nada. Y en estos momentos, debido a los
bajos momentos que atraviesa la economía americana, parece que las
empresas han decidido infra-invertir en su propia seguridad. Esperemos
que no sea necesario un segundo 11-S para cambiar esta tendencia, ya que
sólo en estos momentos críticos parece darse cuenta América del
incalculable coste de la inseguridad.
María J. Muñoz
Ingeniero Industrial ICAI
MBA por el Instituto de Empresa
Directora de Desarrollo de Negocio
BELT IBÉRICA S.A.
mjmunoz@belt.es
02.09.2003
Fuente: The Economist
23.08.03
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