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Jueves, 16 de diciembre de 2004


Seguridad Alimentaria y Protección Biotecnológica

«Estamos ante un arma química alternativa»

Doctor Antonio Dueñas, representante de España en el Comité de Seguridad de la UE

 

¿Intento de asesinato o sólo de eliminación política? Para el doctor Dueñas, experto en armas químicas en la UE, el «caso Yúshenko» puede ser también un aviso de riesgos más graves

Foto: www.diariomedico.com

 

Pregunta.- ¿Qué es exactamente la dioxina?

Respuesta.- Es en realidad un grupo de 75 sustancias. Pero la más peligrosa, y la que se utilizó según parece contra Yúshenko, es la conocida por las siglas TCDD. La dioxina aparece de modo natural y en pequeñas cantidades cuando se sintetizan herbicidas o se queman sustancias como el cartón o la madera. Sus exposiciones en seres humanos son más bien raras.

P.-¿Existe algún precedente del caso del líder ucraniano?

R.-El único del que tenemos documentación médica pertenece al accidente de 1976 en la localidad italiana de Seveso. En aquel momento, un accidente industrial generó una nube tóxica de TCDD que se desplazó hacia la ciudad. Varias miles de personas desarrollaron problemas en la piel similares a los de Yúshenko.

P.-¿Cuál es el cuadro más característico de la acción de la dioxina en humanos?

R.-El más típico es el cloroacné. Tanto los casos estudiados en Italia como el que se registró en Sevilla en 1982, cuando una familia consumió aceite de un recipiente con dioxinas, presentaron deformaciones en la piel, pero no tan graves como las que observamos en el caso del envenenamiento de Yúshenko. Con él se utilizó sin duda una cantidad más pura de dioxina.

P.-¿Qué consecuencias puede tener la dioxina además de las dermatológicas?

R.-El seguimiento de las víctimas del accidente de Seveso, desde 1976 a 2003, demuestra que en bastantes casos aparecieron al cabo de los años procesos cancerígenos, en particular linfomas, cáncer de recto y cáncer de pulmón, que en algunos casos fueron mortales. Eso significa que Yúshenko tiene más posibilidades de desarrollar con el tiempo un cáncer, como podría ser el caso de un fumador.

P.-¿Puede llegar a matar el veneno que se hizo ingerir a Yúshenko?

R.-Pienso que el que usa dioxina con intención de envenenar no tiene la pretensión de matar, pero sí la de producir lesiones espectaculares como las que vemos en el caso del político ucraniano.

P.-Pero ¿son lesiones que tienen cura?

R.-Si se aplican algunos tratamientos dermatológicos con ácido retoico y antiobióticos, el cloroacné puede remitir; pero estamos hablando de un proceso lento, que puede llevar de 3 a 5 años. Los efectos hepáticos que además sufrió Yúshenko son transitorios.

P.-¿Es sencillo elaborar la dioxina?

R.-En absoluto. La sustancia del TCDD no puede comprarse en el mercado y su elaboración requiere el trabajo de un especialista en armas químicas. Podemos decir que la dioxina es un arma química alternativa. Se ha especulado con la posibilidad de su presencia en el «agente naranja» utilizado en la guerra de Vietnam.

P.-Usted representa a España en el Grupo de Amenazas Químicas del Comité de Seguridad de la UE, creado tras el 11-S. ¿Qué alcance puede tener un suceso como el del envenenamiento del líder de la oposición ucraniana?

R.-Creo que es preocupante. En la Unión Soviética había grupos de expertos en armas químicas, que se han distribuido por otros países del Este de Europa después de la desaparición de la URSS.

P.-¿Ve la mano del ex KGB?

R.-El de Yúshenko es el primer caso con dioxina del que tenemos constancia. El KGB intentó asesinar antes, pero con otras sustancias químicas.

 

El envenenamiento de Yuschenko recuerda las prácticas de Stalin

 

Foto:/www.tvazteca.com

Los servicios secretos de la URSS mataron así a opositores nacionalistas

El envenenamiento del líder opositor, Víctor Yuschenko, no sería el primero contra nacionalistas ucranianos. En 1946 otro dirigente de esa república resultó muerto por los venenos del laboratorio del profesor Grigori Mayranovski. Los servicios secretos de la URSS han empleado desde la época de Stalin sustancias tóxicas para deshacerse de los opositores. En el caso de Yuschenko el objetivo era incapacitarle en su candidatura a la presidencia.

Simultáneamente y también bajo el patronato del NKVD (predecesor del KGB) desarrollaba investigaciones similares un laboratorio bacteriológico encabezado por el profesor Serguei Muromtsev. Condenado a 10 años de prisión en 1951 durante una campaña contra el «cosmopolitismo», que principalmente hizo estragos entre intelectuales de origen judío, Mayranovski escribió al jefe de la NKVD, Lavrenti Beria: «De mi mano fueron aniquilados más de una decena de enemigos del poder soviético, incluidos nacionalistas de todo tipo». Liberado en 1960, el «Profesor Veneno» murió de muerte repentina, que hace sospechar a los historiadores que fue víctima de algún producto de sus propias investigaciones.

Poco antes, en 1958, durante el proceso contra Beria y el «jefe de operaciones especiales» del NKVD, Pavel Sudoplatov, a quienes, en particular, se incriminó el envenenamiento de cuatro personas, salieron a la luz los experimentos sobre prisioneros del Gulag (campo de concentración estalinista) para perfeccionar los venenos de los laboratorios de Mayranovski y Muromtsev. «Beria y sus cómplices (...) experimentaban venenos mortíferos sobre seres vivos. Semejantes experimentos monstruosos se realizaban sobre gran número de personas condenadas», decía la sentencia.

De los casos probados, en 1946 fue víctima de semejante experimento el dirigente nacionalista ucraniano Shumski, deportado a la región de Saratov, y en 1947 corrió la misma suerte el arzobispo uniata de los Cárpatos, Romzha, a quien Mayranovski hizo personalmente la inyección letal. Ambos, de acuerdo a las autopsias, fallecieron de «aguda insuficiencia cardíaca». Según afirma en sus memorias Sudoplatov, también en 1947 el mismo veneno causó la letal «insuficiencia cardíaca aguda» del diplomático sueco Raoul Wallenberg, secuestrado por los servicios secretos soviéticos en 1945 en Viena después de haber salvado del holocausto a más de 100.000 judíos.
En 1955 en el penal de Vladímir murió de «insuficiencia cardíaca aguda» el último comandante del Berlín nazi, poco después de que fuera decidida su repatriación. «Es posible que (el entonces líder soviético, Nikita) Jrsuchov no quisiera que trascendieran los últimos días de Hitler y las circunstancias de su suicidio», escribió el historiador ruso Boris Sokolov. Un año antes, en la misma prisión y con el mismo diagnóstico, falleció el mariscal hitleriano Ewald von Kleist, a quien las autoridades soviéticas no deseaban ver al frente de la Wermacht de Alemania Occidental. En el mismo período en el penal de Vladímir estaba recluido Mayranovski.

En 1957 y 1959 fueron envenenados los dirigentes nacionalistas ucranianos Lev Rebet y Stepan Bandera, y en 1958 el KGB intentó matar con un talco radiactivo a su ex agente prófugo Nikolái Jojlov, pero los médicos norteamericanos consiguieron salvarlo. El último sonado atentado en el que se vio implicado el KGB se produjo en 1980 en Londres, cuando de un pinchazo de un paraguas envenenado murió el disidente búlgaro Guergui Markov.

En 2003 Rusia, heredera de los secretos del KGB, empleó una carta envenenada para aniquilar en Chechenia al saudí Jatab, uno de los comandantes de la guerrilla chechena más odiados por las fuerzas rusas. El mismo año el primer ministro de Chechenia, Anatoli Popov, en agudo conflicto con los militares rusos, sufrió un misterioso envenenamiento, del que logró salvarse gracias a los médicos del Hospital Clínico de Moscú.

En cuanto al caso de Yuschenko, diversos expertos coinciden en señalar que el objetivo de quienes organizaron su envenenamiento no era la muerte del líder opositor, sino ponerle fuera de combate en plena campaña electoral y, posiblemente, descalificar su candidatura a la Presidencia por razones de salud. «Es poco probable que tras su envenenamiento esté un servicio secreto con un potente arsenal tóxico, de lo contrario, hallarían un agente que garantizara el desenlace letal y no dejara rastro en el organismo», dijo el coronel retirado del KGB Mijail Liubimov.

Fuentes: ABC
La Razón
Belt Ibérica S.A.
12.12.04
16.12.04


Suplemento Temático: Bioterrorismo


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