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Los servicios secretos de
la URSS mataron así a opositores nacionalistas
El envenenamiento
del líder opositor, Víctor Yuschenko, no sería el primero contra
nacionalistas ucranianos. En 1946 otro dirigente de esa república
resultó muerto por los venenos del laboratorio del profesor Grigori
Mayranovski. Los servicios secretos de la URSS han empleado desde la
época de Stalin sustancias tóxicas para deshacerse de
los opositores. En el caso de Yuschenko el objetivo era incapacitarle en
su candidatura a la presidencia.
Simultáneamente y también
bajo el patronato del NKVD (predecesor del KGB) desarrollaba
investigaciones similares un laboratorio bacteriológico encabezado por
el profesor Serguei Muromtsev. Condenado a 10 años de prisión en 1951
durante una campaña contra el «cosmopolitismo», que principalmente
hizo estragos entre intelectuales de origen judío, Mayranovski escribió
al jefe de la NKVD, Lavrenti Beria: «De mi mano fueron aniquilados más
de una decena de enemigos del poder soviético, incluidos nacionalistas
de todo tipo». Liberado en 1960, el «Profesor Veneno» murió de muerte
repentina, que hace sospechar a los historiadores que fue víctima de
algún producto de sus propias investigaciones.
Poco antes, en 1958,
durante el proceso contra Beria y el «jefe de operaciones especiales»
del NKVD, Pavel Sudoplatov, a quienes, en particular, se incriminó el
envenenamiento de cuatro personas, salieron a la luz los
experimentos sobre prisioneros del Gulag (campo de concentración
estalinista) para perfeccionar los venenos de los laboratorios de
Mayranovski y Muromtsev. «Beria y sus cómplices (...) experimentaban
venenos mortíferos sobre seres vivos. Semejantes experimentos
monstruosos se realizaban sobre gran número de personas condenadas»,
decía la sentencia.
De los casos probados,
en 1946 fue víctima de semejante experimento el dirigente
nacionalista ucraniano Shumski, deportado a la región de Saratov, y en
1947 corrió la misma suerte el arzobispo uniata de los Cárpatos, Romzha,
a quien Mayranovski hizo personalmente la inyección letal. Ambos, de
acuerdo a las autopsias, fallecieron de «aguda insuficiencia cardíaca».
Según afirma en sus memorias Sudoplatov, también en 1947 el mismo veneno
causó la letal «insuficiencia cardíaca aguda» del diplomático sueco
Raoul Wallenberg, secuestrado por los servicios secretos soviéticos en
1945 en Viena después de haber salvado del holocausto a más de 100.000
judíos.
En 1955 en el penal de Vladímir murió de «insuficiencia cardíaca aguda»
el último comandante del Berlín nazi, poco después de que fuera decidida
su repatriación. «Es posible que (el entonces líder soviético, Nikita)
Jrsuchov no quisiera que trascendieran los últimos días de Hitler y las
circunstancias de su suicidio», escribió el historiador ruso Boris
Sokolov. Un año antes, en la misma prisión y con el mismo diagnóstico,
falleció el mariscal hitleriano Ewald von Kleist, a quien las
autoridades soviéticas no deseaban ver al frente de la Wermacht de
Alemania Occidental. En el mismo período en el penal de Vladímir estaba
recluido Mayranovski.
En 1957 y 1959
fueron envenenados los dirigentes nacionalistas ucranianos Lev
Rebet y Stepan Bandera, y en 1958 el KGB intentó matar con un talco
radiactivo a su ex agente prófugo Nikolái Jojlov, pero los médicos
norteamericanos consiguieron salvarlo. El último sonado atentado en el
que se vio implicado el KGB se produjo en 1980 en Londres, cuando de un
pinchazo de un paraguas envenenado murió el disidente búlgaro Guergui
Markov.
En 2003 Rusia,
heredera de los secretos del KGB, empleó una carta envenenada para
aniquilar en Chechenia al saudí Jatab, uno de los comandantes de la
guerrilla chechena más odiados por las fuerzas rusas. El mismo año el
primer ministro de Chechenia, Anatoli Popov, en agudo conflicto con los
militares rusos, sufrió un misterioso envenenamiento, del que
logró salvarse gracias a los médicos del Hospital Clínico de Moscú.
En cuanto al caso de
Yuschenko, diversos expertos coinciden en señalar que el objetivo de
quienes organizaron su envenenamiento no era la muerte del líder
opositor, sino ponerle fuera de combate en plena campaña electoral y,
posiblemente, descalificar su candidatura a la Presidencia por razones
de salud. «Es poco probable que tras su envenenamiento esté un servicio
secreto con un potente arsenal tóxico, de lo contrario, hallarían un
agente que garantizara el desenlace letal y no dejara rastro en el
organismo», dijo el coronel retirado del KGB Mijail Liubimov.
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