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Lunes, 20 de diciembre de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

Las bandas mafiosas han asesinado sólo en Nápoles a 122 personas en lo que va de año

Italia: aviso a navegantes. Una muchacha de 22 años torturada e incinerada en su coche. Seis tiros en la cara y el pecho, desde una vespa, a un hombre que paseaba por el centro. Tres cadáveres achicharrados en un maletero. Miles de policías en régimen militar. Casi 25 asesinatos en un mes. Son historias de Nápoles, donde ha estallado una guerra entre dos facciones de un clan de la Camorra. Es la historia de Italia, que no se libra de la Mafia

 

El pasado 25 de agosto una ordenanza prohibió la venta de cuchillos de cocina en Nápoles. La noticia, por su surrealismo, tuvo eco internacional. El gremio de cuchilleros napolitanos se manifestó durante días por las calles de la ciudad. Así, servido en frío, puede sonar a cachondeo. Pero contrastado con los índices de criminalidad de la ciudad, se nos revela una acción desesperada. Porque Nápoles es el lugar de Europa donde más íntimamente se convive con la delincuencia, la extorsión, el narcotráfico y, en definitiva, con cualquier actividad que figure en el código penal. Una urbe en la que barrios enteros viven al margen de la ley, una ciudad de más de un millón de habitantes en la que las bandas mafiosas han asesinado a 122 personas en lo que va de año. Un sitio en el que más de la mitad de los ciudadanos aseguran que dormirían más tranquilos si se militarizasen las calles. Ante la analogía inevitable entre la Mafia y su género cinematográfico, un alto cargo de la lucha antimafia italiana nos aporta un matiz: «La guerra que desangra Nápoles no se puede comparar con lo que vemos en películas como “El Padrino”. Es mucho peor. Mucho más cruel». La lucha que hoy encharca de sangre Nápoles comenzó hace mes y medio y se desencadenó en el seno de una importante familia mafiosa cuya principal actividad es el narcotráfico: el clan «Di Lauro». Todo andaba tranquilo hasta la retirada de Paolo Di Lauro, alias «el Millonario», el gran «capo» del clan y uno de los más potentes de toda la Camorra.

La Policía estima que hay varios miles de pistoleros en su órbita. Una vez retirado, el grande de los Di Lauro dejó el negocio en manos de su hijo pequeño, Ciro, un veinteañero codicioso y sin el temple suficiente para controlar un imperio que, se estima, mueve cerca de 15.000 millones de euros al año (una cifra similar a la producción anual de toda Guatemala). Además de pecar de inexperiencia, Ciro intentó exprimir la vaca más de lo debido. El resultado fue la rebelión de un grupo de pistoleros, que decidieron independizarse y controlar una parte del pastel. Así estalló la guerra de los «scisionisti». Ante la revuelta, el clan «Di Lauro» decidió reforzar su «ejército», contratando a varios matones albaneses para llevar a cabo la gran «vendetta» y eliminar a todos los revoltosos. Empezaron a hallarse los cadáveres en las aceras, en los maleteros, tirados por la calle. La guerra de los «Di Lauro» se convirtió en asunto de Estado.

A Nápoles viajaron el presidente de la República y el ministro de Interior, que desde entonces tiene una segunda residencia en la ciudad. Se comenzó a aumentar la presencia policial y se infiltraron los servicios secretos, especialmente en los barrios más conflictivos (como el conocido como «Tercer Mundo»). Los «Carabinieri» se mezclaron en la guerra. Dos fueron asesinados durante una misión. Pese a los problemas y la lentitud, las investigaciones fueron dando su fruto. De tal suerte que la semana pasada se pudo detener a más de 60 miembros del clan, incluido el pequeño «capo» Ciro Di Lauro. Hicieron falta 1.500 policías, decenas de bomberos y varios helicópteros para entrar en los fortines del clan. La Policía actuó en plena noche, por sorpresa, con movimientos militares y evitando que los pistoleros utilizasen los fusiles de asalto, las pistolas, granadas y armas ligeras que escondían en sus búnker. Los bomberos, armados con sopletes, abrieron paso a las fuerzas del orden, tirando abajo puertas blindadas y desconectando sistemas de seguridad hasta desalentar las guaridas de los mafiosos.

Cientos de madres, hermanas y esposas de los detenidos, muchas acompañadas de sus retoños, gritaban y agredían a los policías militarizados en plena calle. A la mañana siguiente el barrio amaneció alborotado, pero al parecer las detenciones han conseguido contener la matanza. Al menos de momento. Al contrario de lo que suele pensarse fuera de Italia, la asociación mafiosa sigue siendo el primer problema del sur país y, según varios expertos, atraviesa un dulce renacimiento. El grupo mafioso más pujante es la «Ndraghetta» calabresa, una asociación criminal de origen siciliano y un código de conducta basado en el honor y la tradición, que responde al estereotipo cinematográfico mucho mejor que la mafia napolitana. Según el último informe oficial, la «Ndraghetta» es el grupo que más rápidamente crece, habiendo adquirido una posición privilegiada en el narcotráfico internacional (especialmente con la cocaína colombiana), así como en la venta clandestina de armas entre los Balcanes, el área caucásica y Oriente Medio. Mafiosos globalizados, vaya.

Además, la «Ndraghetta» continúa practicando con dinamismo la «actividad empresarial» con la que empezó a hacer dinero, el así llamado «pizzo» (pellizco), o soborno exigido a los propietarios de negocios o industrias. Otro dato alarmante: tras haber sido prácticamente erradicado durante los años 80, el «pizzo» parece estar volviendo a calar en la mismísima Roma, donde miles de comerciantes de la periferia aseguran estar sufriendo el soborno. Fuentes fiables confirman que el fenómeno está mucho más extendido en la capital de lo que podría parecer a simple vista. Mafia y poder político

La Mafia se sufre en silencio, como las almorranas. Los clanes cuentan con la complicidad, o el tapado, de buena parte de la población. Por eso es tan difícil combatirlos y por eso suelen dar poco que hablar. Además, en muchas ocasiones la Mafia corrompe, o financia, al propio poder político. Sin ir más lejos, la mano derecha de Silvio Berlusconi, Marcello Dell' Utri, fue condenado ayer a nueve años de cárcel por colaborar con la mafia. Y hace menos de un mes que tres diputados del Parlamento italiano, de todos los colores políticos, fueron puestos a disposición judicial, acusados de los mismos cargos. Por si fuera poco, los lazos de la Mafia se fortalecen durante los periodos de crisis económica y paro, puesto que son periodos de desconfianza hacia el Estado, hacen más factibles los sobornos y simplifican el reclutamiento de pistoleros. Italia es el país que menos crece de Europa, el paro se dispara. Y la Mafia está en plena metástasis.

Fuente: La Razón
12.12.04

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