Seguridad Pública y Protección Civil
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Las
bandas mafiosas han asesinado sólo en Nápoles a 122 personas en lo que
va de año
Italia: aviso a
navegantes. Una muchacha de 22 años torturada e incinerada en su coche.
Seis tiros en la cara y el pecho, desde una vespa, a un hombre que
paseaba por el centro. Tres cadáveres achicharrados en un maletero.
Miles de policías en régimen militar. Casi 25 asesinatos en un mes. Son
historias de Nápoles, donde ha estallado una guerra entre dos facciones
de un clan de la Camorra. Es la historia de Italia, que no se libra de
la Mafia
El pasado
25 de agosto una ordenanza prohibió la venta de cuchillos de cocina en
Nápoles. La noticia, por su surrealismo, tuvo eco internacional. El
gremio de cuchilleros napolitanos se manifestó durante días por las
calles de la ciudad. Así, servido en frío, puede sonar a cachondeo. Pero
contrastado con los índices de criminalidad de la ciudad, se nos
revela una acción desesperada. Porque Nápoles es el lugar
de Europa donde más íntimamente se convive con la delincuencia, la
extorsión, el narcotráfico y, en definitiva, con cualquier
actividad que figure en el código penal. Una urbe en la que barrios
enteros viven al margen de la ley, una ciudad de más de un millón de
habitantes en la que las bandas mafiosas han asesinado a 122 personas
en lo que va de año. Un sitio en el que más de la mitad de los
ciudadanos aseguran que dormirían más tranquilos si se militarizasen
las calles. Ante la analogía inevitable entre la Mafia y
su género cinematográfico, un alto cargo de la lucha antimafia italiana
nos aporta un matiz: «La guerra que desangra Nápoles no se puede
comparar con lo que vemos en películas como “El Padrino”. Es mucho peor.
Mucho más cruel». La lucha que hoy encharca de sangre Nápoles comenzó
hace mes y medio y se desencadenó en el seno de una importante familia
mafiosa cuya principal actividad es el narcotráfico: el clan «Di Lauro».
Todo andaba tranquilo hasta la retirada de Paolo Di Lauro, alias «el
Millonario», el gran «capo» del clan y uno de los más potentes de toda
la Camorra.
La Policía
estima que hay varios miles de pistoleros en su órbita. Una vez
retirado, el grande de los Di Lauro dejó el negocio en manos de su hijo
pequeño, Ciro, un veinteañero codicioso y sin el temple suficiente para
controlar un imperio que, se estima, mueve cerca de 15.000 millones de
euros al año (una cifra similar a la producción anual de toda
Guatemala). Además de pecar de inexperiencia, Ciro intentó exprimir la
vaca más de lo debido. El resultado fue la rebelión de un grupo de
pistoleros, que decidieron independizarse y controlar una parte del
pastel. Así estalló la guerra de los «scisionisti». Ante la revuelta, el
clan «Di Lauro» decidió reforzar su «ejército», contratando a varios
matones albaneses para llevar a cabo la gran «vendetta» y eliminar a
todos los revoltosos. Empezaron a hallarse los cadáveres en las aceras,
en los maleteros, tirados por la calle. La guerra de los «Di Lauro» se
convirtió en asunto de Estado.
A Nápoles
viajaron el presidente de la República y el ministro de Interior, que
desde entonces tiene una segunda residencia en la ciudad. Se comenzó a
aumentar la presencia policial y se infiltraron los servicios secretos,
especialmente en los barrios más conflictivos (como el conocido como
«Tercer Mundo»). Los «Carabinieri» se mezclaron en la guerra. Dos fueron
asesinados durante una misión. Pese a los problemas y la lentitud, las
investigaciones fueron dando su fruto. De tal suerte que la semana
pasada se pudo detener a más de 60 miembros del clan, incluido el
pequeño «capo» Ciro Di Lauro. Hicieron falta 1.500 policías, decenas de
bomberos y varios helicópteros para entrar en los fortines del clan. La
Policía actuó en plena noche, por sorpresa, con movimientos militares y
evitando que los pistoleros utilizasen los fusiles de asalto, las
pistolas, granadas y armas ligeras que escondían en sus búnker. Los
bomberos, armados con sopletes, abrieron paso a las fuerzas del orden,
tirando abajo puertas blindadas y desconectando sistemas de seguridad
hasta desalentar las guaridas de los mafiosos.
Cientos de
madres, hermanas y esposas de los detenidos, muchas acompañadas de sus
retoños, gritaban y agredían a los policías militarizados en plena
calle. A la mañana siguiente el barrio amaneció alborotado, pero al
parecer las detenciones han conseguido contener la matanza. Al menos de
momento. Al contrario de lo que suele pensarse fuera de Italia, la
asociación mafiosa sigue siendo el primer problema del sur país y, según
varios expertos, atraviesa un dulce renacimiento. El grupo mafioso más
pujante es la «Ndraghetta» calabresa, una asociación criminal de origen
siciliano y un código de conducta basado en el honor y la tradición, que
responde al estereotipo cinematográfico mucho mejor que la mafia
napolitana. Según el último informe oficial, la «Ndraghetta» es el grupo
que más rápidamente crece, habiendo adquirido una posición privilegiada
en el narcotráfico internacional (especialmente con la cocaína
colombiana), así como en la venta clandestina de armas entre los
Balcanes, el área caucásica y Oriente Medio. Mafiosos globalizados,
vaya.
Además, la
«Ndraghetta» continúa practicando con dinamismo la «actividad
empresarial» con la que empezó a hacer dinero, el así llamado «pizzo»
(pellizco), o soborno exigido a los propietarios de negocios o
industrias. Otro dato alarmante: tras haber sido prácticamente
erradicado durante los años 80, el «pizzo» parece estar volviendo a
calar en la mismísima Roma, donde miles de comerciantes de la periferia
aseguran estar sufriendo el soborno. Fuentes fiables confirman que el
fenómeno está mucho más extendido en la capital de lo que podría parecer
a simple vista. Mafia y poder político
La Mafia
se sufre en silencio, como las almorranas. Los clanes cuentan con la
complicidad, o el tapado, de buena parte de la población. Por eso es tan
difícil combatirlos y por eso suelen dar poco que hablar. Además, en
muchas ocasiones la Mafia corrompe, o financia, al propio poder
político. Sin ir más lejos, la mano derecha de Silvio Berlusconi,
Marcello Dell' Utri, fue condenado ayer a nueve años de cárcel por
colaborar con la mafia. Y hace menos de un mes que tres diputados del
Parlamento italiano, de todos los colores políticos, fueron puestos a
disposición judicial, acusados de los mismos cargos. Por si fuera poco,
los lazos de la Mafia se fortalecen durante los periodos de crisis
económica y paro, puesto que son periodos de desconfianza hacia el
Estado, hacen más factibles los sobornos y simplifican el reclutamiento
de pistoleros. Italia es el país que menos crece de Europa, el paro se
dispara. Y la Mafia está en plena metástasis.
Fuente: La Razón
12.12.04
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