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«El islamismo radical se
asfixiará a sí mismo dentro de 10 o 15 años»
Francis Fukuyama,
Catedrático de Economía Política Internacional
Autor de
'best-sellers' como 'El fin de la historia', este politólogo
norteamericano cree que está cerca el fin del extremismo islamista, dado
que en el mundo existe una «gran tendencia histórica hacia la democracia
liberal»

Lo
vaticina quien predijo El fin de la historia y la derrota del comunismo
antes de la caída del muro de Berlín: al islamismo radical le queda poco
más de una década para morir.«Van a perder la batalla», afirma sin
atisbo de duda Francis Fukuyama (Chicago, 1952), catedrático de Economía
Política Internacional en la Universidad Johns Hopkins.
Fukuyama
estuvo esta semana en Madrid para pronunciar la conferencia ¿Sigue la
historia de nuestro lado?, dentro del ciclo La revolución de la libertad
que organiza la Fundación FAES. Además, presentaba su nuevo libro, La
construcción del Estado (Ediciones B), sobre cómo crear nuevas
instituciones gubernamentales y cómo fortalecer las existentes.
Hace ahora 15 años, Fukuyama acuñó la teoría de El fin de la historia al
aventurar que la lucha entre modelos de organización del mundo había
terminado a finales de los años 80, y triunfaba en solitario la
democracia liberal frente al comunismo. Con su capacidad única para
capturar la esencia de cada momento político internacional y hacerlo
comprensible, Fukuyama analiza en esta entrevista el islamismo radical,
nueva amenaza para la democracia una vez derrotado el comunismo.
Pregunta.- Aludiendo al título de su libro más célebre, ¿cree ahorra
que ha rearrancado la Historia a partir del 11 de Septiembre?
Respuesta.- La tesis de El fin de la historia se basaba en la teoría de
modernización de las sociedades. Resulta de las ideas que lanzaron Hegel
y Marx en el siglo XIX, que concebían la Historia como un continuo
progreso que nos llevaría a una hipersociedad, denominada comunismo. Y
mi argumento era muy simple: a finales del siglo XX no parecía que
hubiese triunfado el comunismo, como los intelectuales más progresistas
habían vaticinado durante las últimas décadas. No íbamos a desembocar en
una utopía comunista, sino que nos habíamos detenido en una etapa que
Marx llamaba 'democracia burguesa'. Desde esa óptica habíamos llegado al
fin de la Historia.
P.- Y en ese fin, según usted, seguimos inmersos en la actualidad,
pese a la ideología del islam radical.
R.- Por supuesto. El fin de la historia sigue ofreciendo una
interpretación válida de lo que sucede en el mundo. Hoy, cualquier país
que quiera modernizarse deberá orientar sus mercados hacia la democracia
capitalista. No hay otra alternativa viable. Eso sí, desde el 11-S nos
enfrentamos al desafío de una ideología crítica y peligrosa, el
islamismo radical, que golpea con atentados terroristas. Pero no creo
que vaya a ser un desafío como el que representaron los totalitarismos
en el siglo XX.
P.- ¿En qué es distinto el Islam?
R.- Primero diferenciemos el islamismo radical del religioso.El primero
refleja la alienación general de los musulmanes en varias partes del
mundo. Porque, al final, no parece ser la ideología que siente como suya
la mayoría de los musulmanes, incluso en Oriente Próximo. De hecho, en
dos países que han vivido bajo este islamismo radical, Afganistán e
Irán, sus sociedades mostraron gran satisfacción al terminarse esos
regímenes. Por esto, entre otras cosas, no creo que el islamismo radical
sea una alternativa ideológica seria a la democracia liberal.
P.- ¿Se atrevería entonces a ponerle fecha de caducidad?
R.- Sí. Van a perder la batalla. Es un movimiento que se va a asfixiar a
sí mismo, de forma crítica, en los próximos 10 o 15 años. Pero no verá
su fin mediante la intervención militar, sino a través de una reacción
de los musulmanes moderados contra este islam violento y extremo. La
única excepción a esta afirmación es la tecnología y las armas de
destrucción masiva. Si las sacamos de esta discusión, creo que ya no hay
duda de quién ganará la batalla. Pero la tecnología ofrece mucho más
poder para actuar en el mundo, incluso a la gente marginal. Los
atentados del 11-M en Madrid son la prueba: no requirieron una
organización muy planificada, podría decirse que fue la tecnología quien
obró la masacre.
P.- ¿Cuál será el futuro de esta ideología? ¿Pasará a la Historia?
R.- Deberá ser entendida como cualquier otra ideología radical del siglo
XX, con una combinación de actividades políticas y, lamentablemente,
terroristas. Pero no debemos sobrevalorar el poder de esta ideología,
porque no resulta atractiva a otra persona que no sea musulmana,
culturalmente hablando. Ni creo que España pueda ser islamizada, tampoco
EEUU o Japón, ni preveo conversiones masivas al islam. Para muchos
musulmanes, incluso, esta ideología ha sido poco exitosa.
P.- ¿Supone el islam una barrera para que la democracia llegue a
algunos países musulmanes?
R.- Muchos pensadores plantean que el islam y el desarrollo de la
democracia son incompatibles. Defienden que el islam une Iglesia y
Estado, lo que supone un escollo insuperable para la democracia.Pero las
doctrinas religiosas están sujetas siempre a interpretaciones políticas.
Recordemos que la cristiandad fue utilizada para defender la esclavitud.
Al igual que Osama bin Laden utiliza la religión políticamente y hace
suyas muchas ideas de las ideologías radicales fascistas o comunistas,
que no emanan en realidad de la tradición islámica. Creo que el islam y
la democracia no son incompatibles.De hecho, hay países musulmanes y
democráticos como Turquía, Indonesia, Mali, Senegal, Malasia... éste
último con grandes éxitos económicos. Los que lo han intentado lo han
hecho bastante bien.
P.- En su libro Confianza habla de la riqueza del capital social para
el buen funcionamiento de la democracia. ¿Existe buen tejido social en
los estados islámicos?
R.- El capital social de estos países es muy primario, porque se basa en
la familia, en la tribu. Hay una falta total del sentido de ciudadanía.
La gente se ve incapaz de confiar en alguien de fuera de su tribu o
clan. No hay sensación de integración en la sociedad, ni identidad
social. Ese es uno de los peligros.
P.- En España, nos enfrentamos al reto de la integración cultural de
los inmigrantes musulmanes.
R.- En general, Europa tiene un problema con su población musulmana
inmigrante. Y ése es el reto a largo plazo en la democracia liberal:
integrar a personas de diferentes culturas en una sociedad
democrática.Los políticos, en general, no se enfrentan a este problema.
Por un lado, muchos países europeos, a diferencia de EEUU, no ofrecen
trabajo digno e integración cultural a los musulmanes. Esto provoca una
profunda sensación de alienación que puede llevarles al terrorismo, a
separarse de la sociedad. Por otro lado, hay una especie de fallo en la
democracia liberal, ya que debe garantizar ciertos mecanismos para que
los individuos acepten las reglas del juego y el pluralismo de vivir en
esas sociedades. Pero sucede que los musulmanes radicales no las
aceptan.
P.- EEUU ha mostrado mayor capacidad de integrar a otras
culturas.¿Hay algo que debamos aprender?
R.- EEUU tiene mayor éxito en la tolerancia y habilidad para la
integración. Todos mis estudiantes se sienten norteamericanos pese a ser
descendientes de inmigrantes. También yo mismo, que pertenezco a la
tercera generación de inmigrantes de Japón, me siento norteamericano.
Para un musulmán, es más fácil vivir en EEUU. Muchos países europeos se
están escondiendo del problema.En Holanda, por ejemplo, surgió un brote
antimusulmán tras el asesinato de Theo van Gogh. Es un problema que
empeorará los próximos años en Europa, a no ser que se hagan intentos
más honestos para solucionar este problema cultural.
P.- ¿Hay algunos ejemplos de que algo se está haciendo bien?
R.- El único político europeo que parece tomarse este tema en serio es
Nicolas Sarkozy. Aunque tiene políticas discutibles, al menos es el
único que se está ocupando del problema, encarando sus dos vertientes.
Como ministro del Interior puso en práctica una dura política
antiterrorista, pero cuando ganó la Presidencia del UPM, tuvo a una
cantante francoargelina actuando en su convención.Es un hombre muy
interesante, intenta decir que la cultura gala está cambiando y que el
norte de Africa es también parte del acervo cultural de Francia. También
hay propuestas interesantes en Alemania, donde los democristianos
acuñaron en 2002 el concepto de leitkultur [cultura dominante] para la
integración. El término propone que haya una cultura democrática
dominante, ligada a la ciudadanía europea, que deben aceptar los
musulmanes en el país. Es positivo para que reconozcan derechos
individuales como que las mujeres islámicas decidan con quién casarse.
Fuente: El Mundo
19.12.04
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