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Martes, 21 de diciembre de 2004


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

«El islamismo radical se asfixiará a sí mismo dentro de 10 o 15 años»

Francis Fukuyama, Catedrático de Economía Política Internacional

 

Autor de 'best-sellers' como 'El fin de la historia', este politólogo norteamericano cree que está cerca el fin del extremismo islamista, dado que en el mundo existe una «gran tendencia histórica hacia la democracia liberal»

Foto: www.sagecrossroads.net

Lo vaticina quien predijo El fin de la historia y la derrota del comunismo antes de la caída del muro de Berlín: al islamismo radical le queda poco más de una década para morir.«Van a perder la batalla», afirma sin atisbo de duda Francis Fukuyama (Chicago, 1952), catedrático de Economía Política Internacional en la Universidad Johns Hopkins.

Fukuyama estuvo esta semana en Madrid para pronunciar la conferencia ¿Sigue la historia de nuestro lado?, dentro del ciclo La revolución de la libertad que organiza la Fundación FAES. Además, presentaba su nuevo libro, La construcción del Estado (Ediciones B), sobre cómo crear nuevas instituciones gubernamentales y cómo fortalecer las existentes.

Hace ahora 15 años, Fukuyama acuñó la teoría de El fin de la historia al aventurar que la lucha entre modelos de organización del mundo había terminado a finales de los años 80, y triunfaba en solitario la democracia liberal frente al comunismo. Con su capacidad única para capturar la esencia de cada momento político internacional y hacerlo comprensible, Fukuyama analiza en esta entrevista el islamismo radical, nueva amenaza para la democracia una vez derrotado el comunismo.

Pregunta.- Aludiendo al título de su libro más célebre, ¿cree ahorra que ha rearrancado la Historia a partir del 11 de Septiembre?

Respuesta.- La tesis de El fin de la historia se basaba en la teoría de modernización de las sociedades. Resulta de las ideas que lanzaron Hegel y Marx en el siglo XIX, que concebían la Historia como un continuo progreso que nos llevaría a una hipersociedad, denominada comunismo. Y mi argumento era muy simple: a finales del siglo XX no parecía que hubiese triunfado el comunismo, como los intelectuales más progresistas habían vaticinado durante las últimas décadas. No íbamos a desembocar en una utopía comunista, sino que nos habíamos detenido en una etapa que Marx llamaba 'democracia burguesa'. Desde esa óptica habíamos llegado al fin de la Historia.

P.- Y en ese fin, según usted, seguimos inmersos en la actualidad, pese a la ideología del islam radical.

R.- Por supuesto. El fin de la historia sigue ofreciendo una interpretación válida de lo que sucede en el mundo. Hoy, cualquier país que quiera modernizarse deberá orientar sus mercados hacia la democracia capitalista. No hay otra alternativa viable. Eso sí, desde el 11-S nos enfrentamos al desafío de una ideología crítica y peligrosa, el islamismo radical, que golpea con atentados terroristas. Pero no creo que vaya a ser un desafío como el que representaron los totalitarismos en el siglo XX.

P.- ¿En qué es distinto el Islam?

R.- Primero diferenciemos el islamismo radical del religioso.El primero refleja la alienación general de los musulmanes en varias partes del mundo. Porque, al final, no parece ser la ideología que siente como suya la mayoría de los musulmanes, incluso en Oriente Próximo. De hecho, en dos países que han vivido bajo este islamismo radical, Afganistán e Irán, sus sociedades mostraron gran satisfacción al terminarse esos regímenes. Por esto, entre otras cosas, no creo que el islamismo radical sea una alternativa ideológica seria a la democracia liberal.

P.- ¿Se atrevería entonces a ponerle fecha de caducidad?

R.- Sí. Van a perder la batalla. Es un movimiento que se va a asfixiar a sí mismo, de forma crítica, en los próximos 10 o 15 años. Pero no verá su fin mediante la intervención militar, sino a través de una reacción de los musulmanes moderados contra este islam violento y extremo. La única excepción a esta afirmación es la tecnología y las armas de destrucción masiva. Si las sacamos de esta discusión, creo que ya no hay duda de quién ganará la batalla. Pero la tecnología ofrece mucho más poder para actuar en el mundo, incluso a la gente marginal. Los atentados del 11-M en Madrid son la prueba: no requirieron una organización muy planificada, podría decirse que fue la tecnología quien obró la masacre.

P.- ¿Cuál será el futuro de esta ideología? ¿Pasará a la Historia?

R.- Deberá ser entendida como cualquier otra ideología radical del siglo XX, con una combinación de actividades políticas y, lamentablemente, terroristas. Pero no debemos sobrevalorar el poder de esta ideología, porque no resulta atractiva a otra persona que no sea musulmana, culturalmente hablando. Ni creo que España pueda ser islamizada, tampoco EEUU o Japón, ni preveo conversiones masivas al islam. Para muchos musulmanes, incluso, esta ideología ha sido poco exitosa.

P.- ¿Supone el islam una barrera para que la democracia llegue a algunos países musulmanes?

R.- Muchos pensadores plantean que el islam y el desarrollo de la democracia son incompatibles. Defienden que el islam une Iglesia y Estado, lo que supone un escollo insuperable para la democracia.Pero las doctrinas religiosas están sujetas siempre a interpretaciones políticas. Recordemos que la cristiandad fue utilizada para defender la esclavitud. Al igual que Osama bin Laden utiliza la religión políticamente y hace suyas muchas ideas de las ideologías radicales fascistas o comunistas, que no emanan en realidad de la tradición islámica. Creo que el islam y la democracia no son incompatibles.De hecho, hay países musulmanes y democráticos como Turquía, Indonesia, Mali, Senegal, Malasia... éste último con grandes éxitos económicos. Los que lo han intentado lo han hecho bastante bien.

P.- En su libro Confianza habla de la riqueza del capital social para el buen funcionamiento de la democracia. ¿Existe buen tejido social en los estados islámicos?

R.- El capital social de estos países es muy primario, porque se basa en la familia, en la tribu. Hay una falta total del sentido de ciudadanía. La gente se ve incapaz de confiar en alguien de fuera de su tribu o clan. No hay sensación de integración en la sociedad, ni identidad social. Ese es uno de los peligros.

P.- En España, nos enfrentamos al reto de la integración cultural de los inmigrantes musulmanes.

R.- En general, Europa tiene un problema con su población musulmana inmigrante. Y ése es el reto a largo plazo en la democracia liberal: integrar a personas de diferentes culturas en una sociedad democrática.Los políticos, en general, no se enfrentan a este problema. Por un lado, muchos países europeos, a diferencia de EEUU, no ofrecen trabajo digno e integración cultural a los musulmanes. Esto provoca una profunda sensación de alienación que puede llevarles al terrorismo, a separarse de la sociedad. Por otro lado, hay una especie de fallo en la democracia liberal, ya que debe garantizar ciertos mecanismos para que los individuos acepten las reglas del juego y el pluralismo de vivir en esas sociedades. Pero sucede que los musulmanes radicales no las aceptan.

P.- EEUU ha mostrado mayor capacidad de integrar a otras culturas.¿Hay algo que debamos aprender?

R.- EEUU tiene mayor éxito en la tolerancia y habilidad para la integración. Todos mis estudiantes se sienten norteamericanos pese a ser descendientes de inmigrantes. También yo mismo, que pertenezco a la tercera generación de inmigrantes de Japón, me siento norteamericano. Para un musulmán, es más fácil vivir en EEUU. Muchos países europeos se están escondiendo del problema.En Holanda, por ejemplo, surgió un brote antimusulmán tras el asesinato de Theo van Gogh. Es un problema que empeorará los próximos años en Europa, a no ser que se hagan intentos más honestos para solucionar este problema cultural.

P.- ¿Hay algunos ejemplos de que algo se está haciendo bien?

R.- El único político europeo que parece tomarse este tema en serio es Nicolas Sarkozy. Aunque tiene políticas discutibles, al menos es el único que se está ocupando del problema, encarando sus dos vertientes. Como ministro del Interior puso en práctica una dura política antiterrorista, pero cuando ganó la Presidencia del UPM, tuvo a una cantante francoargelina actuando en su convención.Es un hombre muy interesante, intenta decir que la cultura gala está cambiando y que el norte de Africa es también parte del acervo cultural de Francia. También hay propuestas interesantes en Alemania, donde los democristianos acuñaron en 2002 el concepto de leitkultur [cultura dominante] para la integración. El término propone que haya una cultura democrática dominante, ligada a la ciudadanía europea, que deben aceptar los musulmanes en el país. Es positivo para que reconozcan derechos individuales como que las mujeres islámicas decidan con quién casarse.

Fuente: El Mundo
19.12.04

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