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Miércoles, 22 de diciembre de 2004


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Liberados en Bagdad los periodistas galos secuestrados hace cuatro meses

Los captores argumentan que no eran «espías»

 

Los dos periodistas franceses secuestrados en Iraq el pasado 20 de agosto fueron inesperadamente liberados ayer, en Bagdad, tras cuatro meses de cautiverio. El autodenominado Ejército Islámico de Iraq entregó a Christian Chesnot y Georges Malbrunot en la Embajada gala de la capital iraquí. Ambos regresarán hoy a Francia acompañados por el ministro de Exteriores, Michel Barnier. Los secuestradores afirmaron haberlos puesto en libertad tras comprobar que no eran «espías del Ejército norteamericano» y por la política antibélica seguida por Francia en Iraq.

Christian Chesnot y Georges Malbrunot, los reporteros galos raptados el pasado 20 de agosto en una carretera al sur de Bagdad, podrán pasar las fiestas de Navidad en casa. La cadena de televisión Al Yazira fue la primera en anunciar el inesperado final feliz de un secuestro que ha mantenido en vilo a la sociedad francesa en los últimos cuatro meses. Poco después, Francia confirmó que ambos habían sido «entregados a las autoridades francesas en Bagdad» y volverán a casa previsiblemente en el día de hoy.

Jacques Chirac interrumpió ayer sus vacaciones en Marruecos y recibirá personalmente a los periodistas en París, momento en el que hará una declaración pública. La jefatura del Estado comunicó ayer su «alegría», «tras una larga espera compartida por todos los franceses» y señaló el trabajo «sin descanso» de las autoridades para obtener su liberación. Con los dos periodistas a salvo en la Embajada gala de Bagdad, lugar donde fueron entregados por sus secuestradores, Francia decidió evacuar a los corresponsales con urgencia hasta Amán, según el hermano de uno de los liberados. El Palacio del Elíseo no confirmó este extremo. El ministro de Exteriores, Michel Barnier, se embarcó ayer hacia la zona para acompañar personalmente hasta Francia a Chesnot y Malbrunot.

El Ejército Islámico de Iraq, como se autodenomina el grupo terrorista que los retenía, motivó su decisión en que los reporteros «no espiaban por cuenta del Ejército norteamericano» y la presentó como una respuesta a las «llamadas y exigencias de las organizaciones musulmanas». Los rebeldes explicitaron, en un comunicado, su «aprecio» por la actitud de París «en la cuestión iraquí y palestina», en referencia a la acogida dispensada por Chirac al líder moribundoYaser Arafat. Las autoridades francesas, después de haber pasado meses acumulando frustraciones por unas gestiones diplomáticas que jamás permitieron un contacto directo con los secuestradores, respiraron aliviadas y mostraron raudas su dicha por la liberación. El primer ministro, Jean Pierre Raffarin, reconoció su «alegría», pero quiso ser precavido y pidió cautela hasta que estén «seguros en territorio nacional». «Esto es la consecuencia», precisó Raffarin en el Senado, «de una actividad constante, difícil y discreta, que ha permitido a los servicios franceses y a sus aliados obtener esta liberación».

El primer ministro, continuamente interrumpido por los aplausos del hemiciclo, felicitó públicamente al ministro de Exteriores, Michel Barnier, y comunicó personalmente la liberacióna a las familias de los rehenes. «Loco de alegría» reconoció estar Robert Ménard, secretario general de la organización Reporteros sin Fronteras, la que ha mantenido viva la llama de las protestas a favor de la liberación de Chesnot y Malbrunot. «Estábamos desechos al ver que no se sabía nada. Es el mejor regalo de Navidad posible que podíamos recibir», añadió Ménard. La radio pública gala, donde colaboraba Chesnot, y el diario «Le Figaro», casa profesional de Malbrunot, también celebraron la noticia y agradecieron los esfuerzos realizados «por autoridades políticas, religiosas y diplomáticas». El secuestro, que tuvo lugar el 20 de agosto y saltó a la luz pública diez días después, cayó como un jarro de agua fría en un país que se movilizó masivamente en contra de la guerra. Algunos interpretaron este movimiento de los terroristas iraquíes, y su posterior ausencia de noticias, como una maniobra para impedir un posible viraje de Chirac sobre la cuestión.

El primer comunicado de los secuestradores, que daba un ultimátum de 48 horas a París para retirar la ley que impedía llevar el velo islámico en las escuelas públicas, desconcertó a las autoridades galas. A este aviso le siguieron otros plazos y condiciones, jamás satisfechas por Francia. Después del guirigay político en los primeros días que sucedieron al secuestro, en los que se llegó a anunciar una liberación «inminente», se impuso la ley del silencio en el Ejecutivo. Las informaciones fueron tornándose inexistentes, ante la imposibilidad de contactar con los secuestradores. El Gobierno llegó a suspender incluso las reuniones en las que daba cuenta a otras formaciones políticas de las gestiones realizadas, ante la ausencia de éstas. La única luz en este largo túnel fue la liberación, el 12 de octubre, de Mohamed Al Youndi, el chófer sirio que acompañaba a Chesnot y Malbrunot. Encontrado en Faluya por tropas estadounidenses, Al Youndi declaró haber permanecido durante meses con los periodistas, pero no pudo aportar pistas sobre su paradero, porque sus secuestradores los habían separado semanas antes.

Fuente: La Razón
22.12.04

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* Última hora: Según informa TV Al Yazira, los dos periodistas franceses secuestrados en Irak el pasado 20 de agosto, han sido liberados (21.12.04 17:35)

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