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Miércoles, 29 de diciembre de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

Un sistema de alerta temprana podría haber reducido el número de víctimas en Asia

"Las olas son totalmente predecibles", sostiene un experto en maremotos

 

Varios expertos aseguran que miles de personas se podrían haber salvado del maremoto que arrasó el sureste asiático si hubiese existido un sistema de alerta temprana. El tsunami impactó de forma más letal en países en los que la mole de agua llegó al menos dos horas después de que el terremoto agitara el fondo marino. Si las autoridades de esos países hubieran trasladado unos metros tierra adentro a la población costera muchos se habrían salvado, sostiene Eddie Bernard, director del Laboratorio Marino del Pacífico.

Foto: El País
 

"No hay razón para que un solo individuo muera a causa de un tsunami", asegura Tad Murty, experto en maremotos de la Universidad de Manitoba. "Las olas son totalmente predecibles. Disponemos de gráficos del recorrido de las olas en todo el océano Índico. Desde el lugar en que se originó el terremoto hasta que las olas llegaron a la costa de India pasaron cuatro horas, el tiempo suficiente para que se hubiera producido un aviso", añade este especialista.

La Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (ISDR) de la ONU denunció ayer la ausencia de un sistema de alerta en los países de la ribera del océano Indico como el existente en los países de la cuenca del Pacífico desde 1948. "Una lección que se debe aprender de este desastre es la importancia de los sistemas de alerta temprana a la hora de reducir el riesgo y la vulnerabilidad de las personas", declaró el director del ISDR, Sálvano Briceño. "Un mensaje simple y a tiempo puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, sin mencionar entre la supervivencia económica o la ruina", añadió.

Keiji Doi, especialista de la Universidad de Tokio, asegura que Indonesia ha sido golpeada anteriormente por maremotos, pero que "aunque en el país hubiera habido conciencia del peligro inmediato, no disponían de ningún sistema para alertar al resto de países situados a lo largo del océano Índico". Las autoridades de Estados Unidos aseguran que quisieron alertar a los países hacia los que se acercaban las olas gigantescas, pero que no existía el mecanismo para hacerlo.

Para ampliar, por favor  pulse sobre la imagen

"Un sistema de alerta", sostiene por su parte Emile A. Okal, especialista francés en tsunamis "es una infraestructura compleja que cuesta muy cara". A diferencia de las réplicas de los terremotos, las de los tsunamis tienden a ser mucho menores y localizadas, por lo que se necesitan instrumentos de alta sensibilidad para detectarlos.

Foto: El Mundo

Secuencia de la formación del 'tsunami' tomada por un satélite de EEUU

Pero tampoco faltan expertos que sostienen, sin embargo, que no hacen falta instrumentos muy sofisticados para detectar la llegada del primer maremoto, y que sólo con haber tenido un mínimo conocimiento de en qué consisten estos fenómenos y cómo se forman habría bastado para salvar muchas vidas. Cuando el mar comienza a retraerse a gran velocidad, es una señal de que una ola gigantesca está a punto de formarse. A partir de ese momento la gente dispone de al menos diez minutos para salir corriendo, asegura Synolakis. "La idea es situarse a una altura o una distancia tierra dentro suficiente como para que el agua que llegue no sea tan fuerte como para devolverte al mar. A partir de un nivel de agua de cintura para arriba es cuando se pierde el control", apunta Bernard.

 

 En EEUU se detectó en minutos el tsunami, pero no se supo a quien avisar

Ya hay un sistema de alerta de «tsunamis», pero nadie ha establecido un interlocutor en Asia al que transmitir el aviso y evitar desastres como el actual

Pocos minutos después del maremoto en el Océano Índico, el «beeper» de George Crawford, en el estado norteamericano de Washington, ya estaba dando la alarma. «Supe enseguida que era un sismo fuerte que podía provocar un tsunami, pero que no afectaría a nuestra costa oeste», asegura.

En Asia, las olas gigantes o «tsunamis» mataron a decenas de miles de personas, pero no había ningún interlocutor a quien avisar de lo que se avecinaba.

Como director de operaciones en el centro de catástrofes de Tacoma, Crawford tiene una conexión directa con el «Tsunami Warning Center» en Alaska, creado en 1967 como sistema de alerta temprana ante la presencia de las olas gigantes por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), que controla la zona del Pacífico.

Alarmas en cinco minutos

Tres años antes, en 1964, un terremoto de 9,2 grados en la escala de Richter había causado 132 muertos en Alaska, la mayoría por un tsunami que se produjo tras el sismo. «En ese entonces había ya un centro de tsunamis en Hawaii, pero pasaban horas hasta que obteníamos informaciones sobre las olas», explica Paul Whitmore, director del centro de Alaska. «Hoy podemos emitir alertas en un plazo de cinco a diez minutos después de los terremotos».

Los expertos han colocado seis sensores que miden el movimiento debajo del mar entre el Ecuador y Alaska. Los aparatos brindan información sobre la actividad sísmica que transmiten a boyas que flotan en la superficie del mar y que las emiten a su vez vía satélite a las centrales en tierra. «En caso de terremotos fuertes, como de 7 grados, enviamos normalmente una advertencia de tsunami a las regiones en peligro, incluso aunque la ola aún no haya sido medida», señala Whitmore.

Los servicios meteorológicos y emisoras de noticias son avisados a través de señales de radio, Internet y por teléfono. «En nuestro caso las radios meteorológicas reaccionarían de inmediato», asegura Jim White, coordinador de emergencias de la Universidad de Santa Barbara.

 

 'Tsunami': una ola a 700 por hora, por Antonio Ruiz de Elvira, Catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares

Llene usted su bañera y trace una línea en la superficie con un chorrito de tinta. Introduzca ahora en el centro de la bañera, en el fondo, un desatascador, o una varilla con una pequeña lámina plana. Levante el desatascador o la varilla lentamente hasta sacarla del agua. Observará pequeñas ondulaciones que se propagan del centro de su bañera hacia las paredes. Repita ahora la experiencia pero sacando el desatascador o la varilla lo más rápido que sea capaz. La onda que generará ahora en su bañera probablemente rebosará los bordes de la misma y parte del agua caerá sobre el suelo. Esto es un pequeño tsunami en su bañera.

Ahora veamos lo que es un terremoto. Coja usted una lámina de plástico duro de las que encuentre por su casa. Dóblela o retuérzala. Cuando se rompa observe la fuerza o la energía que se produce en la rotura.

La corteza de la Tierra es como una lámina de plástico, sometida a tensiones enormes, y que de vez en cuando se rompe como una lámina rígida. Un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter, como el registrado el domingo pasado en Sumatra, libera equivalente a una bomba nuclear de 32.000 megatones, o 32.000 bombas como la Hiroshima.

Una pequeña parte de esa gigantesca energía se invierte en oleaje en el mar. El oleaje se propaga muy deprisa, como la raíz cuadrada de la altura de la ola por la profundidad del mar -a unos 700 kilómetros por hora en el caso del Golfo de Bengala- en forma de una onda no muy alta, pero muy, muy ancha y larga, es decir, que entre un máximo y un mínimo de la onda hay algunos cientos de kilómetros.

Cuando la onda se acerca a la costa, el agua avanza sobre ella como una marea muy grande y extendida, que avanza y avanza sobre la costa y sobre todo lo que hay tras de ella. La ola avanza y retrocede, avanza y retrocede, varias veces, generando corrientes que arrastran con ellas toda clase de escombros sólidos que contribuyen al daño que causa.

La superficie del mar es un medio elástico que soporta movimientos ondulatorios, como un cable tenso o una goma estirada. Cuando le comunicamos energía, cuando el viento al soplar sobre la superficie genera diferencias de presión, y por tanto realiza trabajo sobre ella, en esa superficie se generan ondas que llamamos olas. El proceso es lento y las olas pueden llegar hasta 20 metros de altura en condiciones de mar de viento, pero no más de un par de cientos de metros de longitud.

Sin embargo, cuando se genera un tsunami, la fractura de la superficie tensa del fondo marino produce una liberación brusca de energía hacia la superficie del mar. Es como si un huracán tropical liberara toda su energía en un par de segundos. Un tsunami son muchísimas olas concentradas en una sola, que no es muy alta en el mar pero enormemente larga, de forma que, cuando llega a la costa, crece en altura e invade considerable distancia sobre tierra firme.

Hoy creemos los humanos que dominamos el mundo en que vivimos. Podemos volar, viajar kilómetros en el espacio. Sabemos de las partículas que hay dentro de los núcleos de los átomos, sabemos de las galaxias más lejanas, creemos que conocemos el universo.

Pero aunque viajamos hasta el interior de esos núcleos, no somos capaces de entrar dentro de nuestro propio planeta más que una decena de kilómetros. No podemos predecir cuando y cómo se producen las fracturas de su corteza. Desconocemos como predecir terremotos, tsunamis, huracanes. Somos grandes, pero somos muy pequeños frente a la naturaleza. Nos queda aún mucho por aprender.

 

 Las epidemias por las condiciones higiénicas pueden causar más muertos que el propio maremoto

Los países occidentales con el mayor número de ciudadanos oficialmente fallecidos hasta ayer eran Francia (22), Reino Unido (16), Italia (13) y Noruega (13)

Dos días después de los maremotos que arrasaron las costas de ocho países del Sureste Asiático, el balance de víctimas se acerca a los 60.000 muertos y 30.000 desaparecidos, la gran mayoría registrados en Indonesia y en Sri Lanka. Según todos los informes, se teme que las cifras se multipliquen en los próximos días.

Foto: El MundoEl número de turistas extranjeros que figuran entre las víctimas de la catástrofe no cesa de aumentar. Sólo en Tailandia, más de 700 extranjeros han perdido la vida, y otros 70 han fallecido en Sri Lanka.

El olor de los cadáveres en estado de descomposición predomina en toda la zona siniestrada, donde se están enterrando los cuerpos en masa por temor a la aparición de epidemias. Confrontada a «una catástrofe sin precedentes», según palabras de un responsable de Naciones Unidas. A causa del número de países afectados simultáneamente, la ONU y la Cruz Roja se esfuerzan por coordinar las ayudas internacionales que afluyen hacia la zona.

Falta de higiene

La Organización Mundial de la Salud (OMS) teme que las epidemias consecutivas al maremoto por falta de higiene causen aún más muertos que las «tsunamis» (olas gigantescas) del pasado domingo, según declaró un alto funcionario de esta institución.

«El terror ligado en un primer momento al maremoto y al temblor de tierra pueden ser nada al lado del sufrimiento a largo plazo de los pueblos, donde el riesgo de enfermedades transmisibles se ha convertido en una amenaza grave y real», declaró el representante del director general de la OMS para las crisis, David Nabarro.

«Podríamos tener al menos tantos muertos a causa de enfermedades transmisibles que a causa de la «tsunami»», añadió.

Los países donantes, los países afectados y las organizaciones de ayuda, celebraron ayer una reunión de urgencia en Ginebra. El número de personas desplazadas es muy elevado. «Hay un millón de personas desplazadas en Sri Lanka, otras 29.000 en Tailandia y un millar en la India», declaró en Ginebra una portavoz de la Cruz Roja, Marie-Françoise Borel.

Los maremotos producidos en el Océano Indico el pasado domingo fueron provocados por un seísmo de magnitud 9 en la escala abierta de Richter frente a las costas de Indonesia. A la hora de cierre de esta edición, el número de muertos confirmados se acercaba a los 60.000, concretamente 59.186 según las cifras provisionales proporcionadas por los países afectados.

El balance aumentó considerablemente en Indonesia, que anunció haber registrado 27.174 muertos, mientras que se espera lo peor para las islas indias de Andamán y Nicobar, situadas en el Golfo de Bengala, que todavía no tienen un balance de víctimas. En la India, ayer fueron contabilizados otros unos 8.500 muertos, 4.500 de ellos en el Estado del Tamil Nadu y otros 4.000 en Andamán y Nicobar, con lo que la cifra total en ese país se elevaba a 11.499, Pero cerca de 30. 000 personas se encuentran desaparecidas en Andamán, con lo que es previsible que aumente considerablemente el número de víctimas mortales.

Un guardacostas estimó que podría haber hasta 10.000 muertos sólo en la isla de Car Nicobar (45.000 habitantes), donde «un 80 por ciento de los edificios fueron aplastados».

Duelo nacional

En Sri Lanka, el último balance era de más de 18.706 muertos y 2.000 desaparecidos para el conjunto de la isla. Las autoridades han decretado un día de duelo nacional para el viernes y desean que se organicen ceremonias ecuménicas en memoria de las víctimas.

En Tailandia, las autoridades dieron un balance provisional de 1.516 muertos, entre ellos 700 turistas extranjeros, y 1.200 desaparecidos. Asimismo, 65 personas han muerto en Malasia y 36 en Myanmar (antigua Birmania), según fuentes de la ONU. Otras 55 han perdido la vida en las Maldivas.

El terremoto fue tan potente que enormes olas llegaron hasta la costa oriental de Africa, situada a más de 4.000 kilómetros de distancia, provocando la muerte de al menos 133 personas, 40 pescadores de Somalia, país donde otros 60 han sido dados por desaparecidos, además de otras en Tanzania y Kenia.

Turistas occidentales

Los países occidentales que ayer contaban con el mayor número de ciudadanos oficialmente fallecidos eran Francia (22), Reino Unido (16), Italia (13) y Noruega (13). Cientos de turistas seguían desaparecidos o no han podido ser contactados y registrados a causa del caos que reina en ciertas regiones.

El temor procede sobre todo de Alemania y Suecia, ya que el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, teme «un número de una amplitud extremadamente grave» de muertos y de heridos, al menos un centenar, entre los 4.000 turistas alemanes. Al menos 1.600 suecos en Tailandia están desaparecidos. Entre 15.000 y 20.000 turistas suecos se encontraba sólo en la región de Phuket (sur) en el momento de la catástrofe.

Los países occidentales están repatriando a miles de turistas que querían pasar sus vacaciones de fin de año en los paraísos turísticos de las Maldivas, Sri Lanka, de Phuket o de Phi Phi, en Tailandia.

Varios países como Japón, Bélgica, Francia y España han comenzado a enviar aviones cargados de víveres, medicamentos y equipos de rescate.

Un responsable de las cuestiones humanitarias de la ONU, Jan Egeland, declaró que los maremotos han causado daños valorados en «miles de millones de dólares» que requerirán la «mayor operación» de ayuda humanitaria de la historia de Naciones Unidas.

Fuentes: El País
ABC
El Mundo
Belt Ibérica S.A.
28.12.04
29.12.04

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