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Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno
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Un sistema de alerta
temprana podría haber reducido el número de víctimas en Asia
"Las olas son
totalmente predecibles", sostiene un experto en maremotos
Varios
expertos aseguran que miles de personas se podrían haber salvado del
maremoto que arrasó el sureste asiático si hubiese existido un sistema
de alerta temprana. El tsunami impactó de forma más letal en países en
los que la mole de agua llegó al menos dos horas después de que el
terremoto agitara el fondo marino. Si las autoridades de esos países
hubieran trasladado unos metros tierra adentro a la población costera
muchos se habrían salvado, sostiene Eddie Bernard, director del
Laboratorio Marino del Pacífico.

"No hay
razón para que un solo individuo muera a causa de un tsunami", asegura
Tad Murty, experto en maremotos de la Universidad de Manitoba. "Las olas
son totalmente predecibles. Disponemos de gráficos del recorrido de las
olas en todo el océano Índico. Desde el lugar en que se originó el
terremoto hasta que las olas llegaron a la costa de India pasaron cuatro
horas, el tiempo suficiente para que se hubiera producido un aviso",
añade este especialista.
La Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (ISDR) de la
ONU denunció ayer la ausencia de un sistema de alerta en los países de
la ribera del océano Indico como el existente en los países de la cuenca
del Pacífico desde 1948. "Una lección que se debe aprender de este
desastre es la importancia de los sistemas de alerta temprana a la hora
de reducir el riesgo y la vulnerabilidad de las personas", declaró el
director del ISDR, Sálvano Briceño. "Un mensaje simple y a tiempo puede
significar la diferencia entre la vida y la muerte, sin mencionar entre
la supervivencia económica o la ruina", añadió.
Keiji Doi, especialista de la Universidad de Tokio, asegura que
Indonesia ha sido golpeada anteriormente por maremotos, pero que "aunque
en el país hubiera habido conciencia del peligro inmediato, no disponían
de ningún sistema para alertar al resto de países situados a lo largo
del océano Índico". Las autoridades de Estados Unidos aseguran que
quisieron alertar a los países hacia los que se acercaban las olas
gigantescas, pero que no existía el mecanismo para hacerlo.
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Para
ampliar, por favor pulse sobre la imagen |
"Un sistema de alerta", sostiene por su parte Emile A. Okal,
especialista francés en tsunamis "es una infraestructura compleja que
cuesta muy cara". A diferencia de las réplicas de los terremotos, las de
los tsunamis tienden a ser mucho menores y localizadas, por lo que
se
necesitan instrumentos de alta sensibilidad para detectarlos.
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Secuencia de
la formación del 'tsunami' tomada por un satélite de EEUU |
Pero tampoco faltan expertos que sostienen, sin embargo, que no hacen
falta instrumentos muy sofisticados para detectar la llegada del primer
maremoto, y que sólo con haber tenido un mínimo conocimiento de en qué
consisten estos fenómenos y cómo se forman habría bastado para salvar
muchas vidas. Cuando el mar comienza a retraerse a gran velocidad, es
una señal de que una ola gigantesca está a punto de formarse. A partir
de ese momento la gente dispone de al menos diez minutos para salir
corriendo, asegura Synolakis. "La idea es situarse a una altura o una
distancia tierra dentro suficiente como para que el agua que llegue no
sea tan fuerte como para devolverte al mar. A partir de un nivel de agua
de cintura para arriba es cuando se pierde el control", apunta Bernard.
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En
EEUU se detectó en minutos el tsunami, pero no se
supo a quien avisar |
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Ya hay un sistema de
alerta de «tsunamis», pero nadie
ha establecido un interlocutor en Asia al que
transmitir el aviso y evitar desastres como el actual
Pocos minutos después del maremoto en el Océano Índico, el «beeper»
de George Crawford, en el estado norteamericano de Washington, ya
estaba dando
la alarma. «Supe enseguida que era un sismo fuerte que podía
provocar un tsunami, pero que no afectaría a nuestra costa oeste»,
asegura.
En Asia, las olas gigantes o «tsunamis» mataron a decenas de miles de
personas, pero no había ningún interlocutor a quien avisar de lo que se
avecinaba.
Como director de operaciones en el centro de catástrofes de Tacoma,
Crawford tiene una conexión directa con el
«Tsunami Warning Center» en Alaska, creado en 1967 como
sistema de alerta temprana ante la presencia de las olas gigantes por la
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en
inglés), que controla la zona del Pacífico.
Alarmas en cinco minutos
Tres años antes, en 1964, un terremoto de 9,2 grados en la escala de
Richter había causado 132 muertos en Alaska, la mayoría por un tsunami
que se produjo tras el sismo. «En ese entonces había ya un centro de
tsunamis en Hawaii, pero pasaban horas hasta que obteníamos
informaciones sobre las olas», explica Paul Whitmore, director del
centro de Alaska. «Hoy podemos emitir alertas en
un plazo de cinco a diez minutos después de los terremotos».
Los expertos han colocado seis sensores que miden el
movimiento debajo del mar entre el Ecuador y Alaska. Los aparatos
brindan información sobre la actividad sísmica que transmiten a boyas
que flotan en la superficie del mar y que las emiten a su vez vía
satélite a las centrales en tierra. «En caso de terremotos fuertes, como
de 7 grados, enviamos normalmente una advertencia de tsunami a las
regiones en peligro, incluso aunque la ola aún no haya sido medida»,
señala Whitmore.
Los servicios meteorológicos y emisoras de noticias son avisados a
través de señales de radio, Internet y por teléfono. «En nuestro
caso las radios meteorológicas reaccionarían de inmediato», asegura Jim
White, coordinador de emergencias de la Universidad de Santa Barbara.
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'Tsunami':
una ola a 700 por hora,
por Antonio Ruiz de
Elvira, Catedrático de Física Aplicada de la
Universidad de Alcalá de Henares |
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Llene usted su bañera y
trace una línea en la superficie con un chorrito de tinta. Introduzca
ahora en el centro de la bañera, en el fondo, un desatascador, o una
varilla con una pequeña lámina plana. Levante el desatascador o la
varilla lentamente hasta sacarla del agua. Observará pequeñas
ondulaciones que se propagan del centro de su bañera hacia las paredes.
Repita ahora la experiencia pero sacando el desatascador o la varilla lo
más rápido que sea capaz. La onda que generará ahora en su bañera
probablemente rebosará los bordes de la misma y parte del agua caerá
sobre el suelo. Esto es un pequeño
tsunami en su bañera.
Ahora veamos lo que es un terremoto. Coja usted una lámina de plástico
duro de las que encuentre por su casa. Dóblela o retuérzala. Cuando se
rompa observe la fuerza o la energía que se produce en la rotura.
La corteza de la Tierra es como una lámina de plástico, sometida a
tensiones enormes, y que de vez en cuando se rompe como una lámina
rígida. Un terremoto de magnitud 9 en la escala de Richter, como el
registrado el domingo pasado en Sumatra, libera equivalente a una bomba
nuclear de 32.000 megatones, o 32.000 bombas como la Hiroshima.
Una pequeña parte de esa gigantesca energía se invierte en oleaje en el
mar. El oleaje se propaga muy deprisa, como la raíz cuadrada de la
altura de la ola por la profundidad del mar -a unos 700 kilómetros por
hora en el caso del Golfo de Bengala- en forma de una onda no muy alta,
pero muy, muy ancha y larga, es decir, que entre un máximo y un mínimo
de la onda hay algunos cientos de kilómetros.
Cuando la onda se acerca a la costa, el agua avanza sobre ella como una
marea muy grande y extendida, que avanza y avanza sobre la costa y sobre
todo lo que hay tras de ella. La ola avanza y retrocede, avanza y
retrocede, varias veces, generando corrientes que
arrastran con ellas
toda clase de escombros sólidos que contribuyen al daño que causa.
La superficie del mar es un medio elástico que soporta movimientos
ondulatorios, como un cable tenso o una goma estirada. Cuando le
comunicamos energía, cuando el viento al soplar sobre la superficie
genera diferencias de presión, y por tanto realiza trabajo sobre ella,
en esa superficie se generan ondas que llamamos olas.
El proceso es
lento y las olas pueden llegar hasta 20 metros de altura en condiciones
de mar de viento, pero no más de un par de cientos de metros de
longitud.
Sin embargo, cuando se genera un tsunami, la fractura de la superficie
tensa del fondo marino produce una liberación brusca de energía hacia la
superficie del mar. Es como si un huracán tropical liberara toda su
energía en un par de segundos. Un tsunami son muchísimas olas
concentradas en una sola, que no es muy alta en el mar pero enormemente
larga, de forma que, cuando llega a la costa, crece en altura e invade
considerable distancia sobre tierra firme.
Hoy creemos los humanos que dominamos el mundo en que vivimos. Podemos
volar, viajar kilómetros en el espacio. Sabemos de las partículas que
hay dentro de los núcleos de los átomos, sabemos de las galaxias más
lejanas, creemos que conocemos el universo.
Pero aunque viajamos hasta el interior de esos núcleos, no somos capaces
de entrar dentro de nuestro propio planeta más que una decena de
kilómetros. No podemos predecir cuando y cómo se producen las fracturas
de su corteza. Desconocemos como predecir terremotos, tsunamis,
huracanes. Somos grandes, pero somos muy pequeños frente a la
naturaleza. Nos queda aún mucho por aprender.
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Las
epidemias por las condiciones higiénicas pueden
causar más muertos que el propio maremoto |
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Los países occidentales con el mayor
número de ciudadanos oficialmente fallecidos hasta ayer eran Francia
(22), Reino Unido (16), Italia (13) y Noruega (13)
Dos días después de los maremotos que
arrasaron las costas de ocho países del Sureste Asiático, el balance de
víctimas se acerca a los 60.000 muertos y 30.000 desaparecidos, la gran
mayoría registrados en Indonesia y en Sri Lanka. Según todos los
informes, se teme que las cifras se multipliquen en los próximos
días.
El
número de turistas extranjeros que figuran entre las víctimas de la
catástrofe no cesa de aumentar. Sólo en Tailandia, más de 700
extranjeros han perdido la vida, y otros 70 han fallecido en Sri Lanka.
El olor de los cadáveres en estado
de descomposición predomina en toda la zona siniestrada, donde se
están enterrando los cuerpos en masa por temor a la aparición de
epidemias. Confrontada a «una catástrofe sin precedentes», según
palabras de un responsable de Naciones Unidas. A causa del número de
países afectados simultáneamente, la ONU y la Cruz Roja se esfuerzan por
coordinar las ayudas internacionales que
afluyen hacia la zona.
Falta de higiene
La Organización Mundial de la Salud (OMS) teme que las epidemias
consecutivas al maremoto por falta de higiene causen aún más muertos que
las «tsunamis» (olas gigantescas) del pasado domingo, según declaró un
alto funcionario de esta institución.
«El terror ligado en un primer momento al maremoto y al temblor de
tierra pueden ser nada al lado del sufrimiento a largo plazo de los
pueblos, donde el riesgo de enfermedades transmisibles se ha
convertido en una amenaza grave y real», declaró el representante
del director general de la OMS para las crisis, David Nabarro.
«Podríamos tener al menos tantos muertos a causa de enfermedades
transmisibles que a causa de la «tsunami»», añadió.
Los países donantes, los países afectados y las organizaciones de ayuda,
celebraron ayer una reunión de urgencia en Ginebra. El número de
personas desplazadas es muy elevado. «Hay un millón de personas
desplazadas en Sri Lanka, otras 29.000 en Tailandia y un millar en la
India», declaró en Ginebra una portavoz de la Cruz Roja, Marie-Françoise
Borel.
Los maremotos producidos en el Océano Indico el pasado domingo fueron
provocados por un seísmo de magnitud 9 en la escala abierta de Richter
frente a las costas de Indonesia. A la hora de cierre de esta edición,
el número de muertos confirmados se acercaba a los 60.000, concretamente
59.186 según las cifras provisionales proporcionadas por los países
afectados.
El balance aumentó considerablemente en Indonesia, que anunció haber
registrado 27.174 muertos, mientras que se espera lo peor para las islas
indias de Andamán y Nicobar, situadas en el Golfo de Bengala, que
todavía no tienen un balance de víctimas. En la India, ayer fueron
contabilizados otros unos 8.500 muertos, 4.500 de ellos en el Estado del
Tamil Nadu y otros 4.000 en Andamán y Nicobar, con lo que la cifra total
en ese país se elevaba a 11.499, Pero cerca de 30. 000 personas se
encuentran desaparecidas en Andamán, con lo que es previsible que
aumente considerablemente el número de víctimas mortales.
Un guardacostas estimó que podría haber hasta 10.000 muertos sólo en la
isla de Car Nicobar (45.000 habitantes), donde «un 80 por ciento de los
edificios fueron aplastados».
Duelo nacional
En Sri Lanka, el último balance era de más de 18.706 muertos y 2.000
desaparecidos para el conjunto de la isla. Las autoridades han decretado
un día de duelo nacional para el viernes y desean que se organicen
ceremonias ecuménicas en memoria de las víctimas.
En Tailandia, las autoridades dieron un balance provisional de 1.516
muertos, entre ellos 700 turistas extranjeros, y 1.200 desaparecidos.
Asimismo, 65 personas han muerto en Malasia y 36 en Myanmar (antigua
Birmania), según fuentes de la ONU. Otras 55 han perdido la vida en las
Maldivas.
El terremoto fue tan potente que enormes olas llegaron hasta la costa
oriental de Africa, situada a más de 4.000 kilómetros de distancia,
provocando la muerte de al menos 133 personas, 40 pescadores de Somalia,
país donde otros 60 han sido dados por desaparecidos, además de otras en
Tanzania y Kenia.
Turistas occidentales
Los países occidentales que ayer contaban con el mayor número de
ciudadanos oficialmente fallecidos eran Francia (22), Reino Unido (16),
Italia (13) y Noruega (13). Cientos de turistas seguían desaparecidos o
no han podido ser contactados y registrados a causa del caos que reina
en ciertas regiones.
El temor procede sobre todo de Alemania y Suecia, ya que el ministro
alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, teme «un número de una
amplitud extremadamente grave» de muertos y de heridos, al menos un
centenar, entre los 4.000 turistas alemanes. Al menos 1.600 suecos en
Tailandia están desaparecidos. Entre 15.000 y 20.000 turistas suecos se
encontraba sólo en la región de Phuket (sur) en el momento de la
catástrofe.
Los países occidentales están repatriando a miles de turistas que
querían pasar sus vacaciones de fin de año en los paraísos turísticos de
las Maldivas, Sri Lanka, de Phuket o de Phi Phi, en Tailandia.
Varios países como Japón, Bélgica, Francia y España han comenzado a
enviar aviones cargados de víveres, medicamentos y equipos de rescate.
Un responsable de las cuestiones humanitarias de la ONU, Jan Egeland,
declaró que los maremotos han causado daños valorados en «miles de
millones de dólares» que requerirán la «mayor operación» de ayuda
humanitaria de la historia de Naciones Unidas.
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Fuentes: El País
ABC
El Mundo
Belt Ibérica S.A.
28.12.04
29.12.04
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