Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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Carta de los lectores:
¿hasta cuando?
Miguel Castiñeiras
Garcìa. Vigilante de Seguridad
SI !! ,
hasta cuando un colectivo profesional como el de Vigilantes de Seguridad
(si, no han leído mal…, he dicho profesional), debe seguir sufriendo la
ignominia y el ataque de los medios de comunicación, ciudadanos e
instituciones públicas con su indiferencia, desprecio y desconocimiento
de un sector denigrado pero necesitado.
Podemos
realizar nuestro trabajo con eficacia y entusiasmo dentro de nuestras
posibilidades. Podemos realizar intervenciones afortunadas. Podemos
evitar pérdidas económicas e humanas. Podemos realizar actos meritorios
o heroicos… Da igual, solamente seremos nombrados por haber apaleado a
un inmigrante en una discoteca, por haber robado en el lugar de
prestación de servicio, o lo que es peor ¡!, cargaremos con los delitos
de intrusos profesionales tan habituales en este sector a los que
siempre se tacha de guardias de seguridad o Vigilantes Jurados aunque
sean simples porteros, controladores u oportunistas sin formación o
titulación. A todos se nos tacha de “seguratas”, un termino que
particularmente odiamos por considerarlo despectivo y denigrante. Por si
fuera poco se nos acusa de “policías frustrados”. ¿Y quien les ha
dicho a ustedes que nosotros queríamos ser Policías o Guardias Civiles?
El hecho
de tener que formarnos en academias de Seguridad Privada oficiales o de
reconocido prestigio, realizando cursos de formación en las distintas
especialidades (Vigilantes de Seguridad, de Explosivos, Escoltas,
Guardas de Campo) y a su vez en sus numerosas áreas específicas como
Centros Comerciales, Hoteles, Legislación, incendios, etc., no importa
en absoluto pues seguimos siendo “seguratas de mierda”.
Compañeros nuestros son asesinados y sus ejecutores son condenados con
penas que no se ajustan a su delito. Claro, no somos nada importante,
simples “seguratas”, ni siquiera ciudadanos.
Estoy
de acuerdo con muchos de mis compañeros en que una parte de nosotros no
posee formación adecuada, que no reúne condiciones psicológicas o
físicas adecuadas para el trabajo que debemos realizar. Estoy de
acuerdo en que muchos de nosotros nos extralimitamos en nuestras
funciones o en nuestras intervenciones (en ocasiones por afán de
superación o de servicio, dicho sea). Pero una mayoría nos intentamos
mantener y actuar dentro de una legalidad aunque no estemos de acuerdo
en algunos aspectos de las leyes que rigen nuestro colectivo. Pero eso
no cuenta, solo somos los hermanos pobres y desheredados de la Seguridad
Pública y estamos, como los inmigrantes, para los trabajos menos
agradables. Eso si, hay que evitar que se nos nombre a no ser que sea
para denunciar actuaciones irregulares o para acusar a los dirigentes
políticos de turno de enriquecerse con nuestro sudor.
¿Acaso
hay algún colectivo que no tenga ineptos en sus filas?, ¿Acaso hay
alguna profesión en la que no existan profesionales con el único afán de
ganar dinero?, La verdad es que empezamos a estar hartos del trato
que recibimos. Para nada cuenta nuestra formación ni nuestras ganas de
realizar nuestro trabajo de la mejor forma posible. Estamos condenados
al olvido y a la crítica.
Esta
vez no nos podemos contener. Tenemos que protestar y gritar porque
una vez más se nos quiere condenar al olvido, pero esta vez es
diferente. Esta vez un gran número de nuestros compañeros ha prestado un
servicio a la sociedad que también se ha querido silenciar. El pasado 11
de marzo un gran número de Vigilantes de Seguridad colaboraron en los
auxilios a las víctimas de los atentados, sufriendo algunos de ellos en
sus carnes las consecuencias de las posteriores explosiones, sin embargo
su labor ha sido silenciado por los medios de comunicación.
¿Hasta
cuando debemos soportar este desprecio? ¿¿¡¡ HASTA CUANDO!!??
Miguel
Castiñeiras Garcìa.
Vigilante de Seguridad
Escolta Privado
Profesor de Seguridad Privada
Fuente:
Miguel Castiñeiras
14/04/2004