Seguridad
Corporativa y Protección del
Patrimonio
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Blindajes de hielo para
riesgos de fuego
Las grandes
corporaciones españolas gastan en seguros de 20 a 40 millones de euros
al año cada una para cubrirse de las sorpresas del destino, aunque, en
general, el sector empresarial patrio es cínico: en las encuestas se
muestra preocupado por los riesgos, pero se prepara poco para cubrirlos
y sus límites de responsabilidad civil son los más rácanos de Europa
El
ataque terrorista sufrido por EEUU el 11 de septiembre de 2001 dejó
huellas de dolor y miedo. Los analistas de medio mundo comenzaron a
definir el sangriento choque de culturas con el que se inauguró el nuevo
milenio. Y, entre la legión de estrategas occidentales, los expertos en
analizar siniestros han llegado a una conclusión: el terror
internacional obliga a cambiar la definición del concepto riesgo. Hasta
esa fatídica fecha, nunca un solo acontecimiento había afectado a la vez
y de forma tan terrible a tantos sectores económicos y menos si ese
único hecho había sido provocado por el hombre y no por las fuerzas de
la naturaleza.
Las 13 bombas colocadas en cuatro trenes de Madrid el pasado 11 de marzo
(11-M) -como continuación de los diversos y brutales atentados
sufridos por Turquía o por la propia sede de la ONU en Bagdad el 19 de
agosto de 2003- han causado terremotos personales y centenares de
víctimas, aunque no han conseguido alterar la vida económica europea.
De momento, todavía con la conmoción de las vidas rotas, el mundo
empresarial no parece haber modificado sus estrategias de crecimiento,
pero sí se ha revelado de forma descarnada una carencia. Las empresas
españolas conforman el mercado menos desarrollado de los países de la UE
para la gestión del riesgo.
Hay excepciones. A pesar de que las empresas españolas, en
general, son las que suscriben los límites de cobertura medios más
bajos, el sector energético contrata límites superiores a los pactados
por sus competidores europeos. El sector servicios, hoteles y ocio es el
más rácano. Estos datos han sido obtenidos de un informe elaborado por
Marsh & McLennan Companies (MMC), uno de los líderes mundiales de la
intermediación de seguros.
Según ese estudio, las empresas españolas están poco preparadas
frente al riesgo o muestran una actitud relajada en comparación con
otros países. Si bien las grandes empresas, en general, aplican las
técnicas de gerencia de riesgos, las de menor tamaño se encuentran a
mucha distancia, cuando los siniestros no sólo afectan a las grandes.
Incluso, se da el caso de que las reclamaciones contra una pequeña o
mediana empresa pueden resultar proporcionalmente más desestabilizadoras
para las cuentas de la sociedad.
«El 11-M todavía no ha provocado ningún efecto directo sobre el sector
asegurador, aunque los hechos están aún demasiado recientes. Sin valorar
las consecuencias que estos atentados puedan tener a nivel económico
global en España o Europa, por la incertidumbre que han aportado, el
coste de los siniestros no tendrá comparación con los grandes números
que aparecieron tras el 11-S. Desde este punto de vista, el 11-M no se
ha notado. Otro asunto será si la escalada continúa, en España o en otro
país europeo, y las Bolsas se caen. Aunque se ha aprendido mucho tras el
11-S -las aseguradoras han repartido más sus inversiones en la renta
fija-, no se puede predecir qué ocurrirá si se produce otro gran
atentado.El seguro y el reaseguro mundial no se tambaleó tras el 11-S
por las indemnizaciones que tuvo que pagar, sino porque los mercados,
junto a sus inversiones, se vinieron abajo», asegura Ricardo Sanz,
director general de Aon Gil y Carvajal, filial española de otro de los
grandes broker internacionales.
En España, Telefónica, las eléctricas o las petroleras dedican cada una
de 20 a 40 millones de euros anuales para protegerse.Telefónica, en
concreto, posee una póliza con Allianz -reasegurada con Munich Re,
Zurich o Mapfre- para daños corporativos y lucro cesante que cubre a 50
empresas del grupo repartidas por 15 países.En 2003, esta cobertura le
costó unos 23 millones de euros.
¿Y el gran resto de empresas? La generalidad se contenta con
exhibir su preocupación: adopta una táctica similar a la del avestruz y
emplea un discurso vacuo parecido al utilizado frente a la protección
del medio ambiente. La particularidad española, o factor protector, es
que el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS) -organismo público- es
el que se hace cargo de los daños producidos a personas y bienes por
actos terroristas o desastres naturales.
Renfe, por tener al día su cobertura de viajeros con Mapfre, será
asistido por el CCS para el pago de las indemnizaciones a los viajeros
por el 11-M. Pero las estaciones y el material rodante, salvo el
AVE, no lo tenía asegurado, por lo que la compañía deberá reponer por
sus medios estos elementos.
Es la dirección de las empresas, de acuerdo con una estrategia de riesgo
calculada, la que debe contemplar los escenarios posibles para
establecer las protecciones. En el caso de Renfe, frente al 11-M, el
seguro obligatorio de viajeros está contratado con Mapfre desde 2000 y
con Musini (ahora también perteneciente al grupo anterior) tiene
asegurados los «daños a las instalaciones (carril, traviesas,
catenaria, señales y subestaciones eléctricas), excepto viaductos,
túneles y puentes», según afirma la propia empresa.
En todo caso, puesto que Renfe tenía cubiertas las pólizas de daños
materiales y de accidentes -que incorporan la parte proporcional para el
CCS-, las indemnizaciones por el seguro obligatorio de viajeros serán
abonadas por el CCS y no por Mapfre debido a que el siniestro se ha
producido por causas terroristas. Eso sí, a la espera de lo que el juez
dictamine en concepto de responsabilidad civil -complicado, pues es muy
difícil atribuir la negligencia en un acto terrorista-, los afectados o
las familias de los fallecidos sólo recibirán un máximo de 55.000 euros
(unos 10 millones de las antiguas pesetas) para ayudar a reconstruir sus
vidas. Esta cantidad es independiente de lo que les corresponda si
pueden acceder al fondo de ayudas de 140 millones de euros que aprobó el
Ejecutivo de Aznar.
Desde la publicación del Real Decreto 300/2004 de 20 de febrero se ha
ampliado la cobertura del Consorcio de Compensación de Seguros a la
pérdida de beneficios sufridas por las empresas a raíz de actos
terroristas o desastres naturales. Pero, como en el caso anterior,
esto será efectivo siempre y cuando la empresa afectada tuviera
contratada una póliza de seguros con cobertura de pérdida de beneficios.
Del mismo modo, las coberturas de riesgos personales por actos
terroristas para los empleados en tránsito también se han modificado a
partir del Real Decreto citado.
Desgraciadamente, desde el 11-S el mundo asegurador y los riesgos que
deben afrontar las empresas han sufrido un vuelco irreversible.
Hasta ahora la idea de riesgo estaba asociada a la de acto fortuito.
Desde el 11-S, sobre todo, hay que contemplar que ciertos riesgos están
definidos precisamente por el deseo de causar el mayor daño humano y
económico posible. Ya no basta con estimar como probable que suceda un
fallo en la factoría equis y la producción se paralice, o que el
producto tal sea defectuoso o resulte peligroso para la salud y la marca
se resienta. El componente del impacto directo de un acto del terrorismo
nacional o internacional, o sus efectos indirectos en la marcha normal
de las empresas, ya forma parte de la casuística que deben contemplar
los gestores económicos.
La firma de sondeos Gallup International realizó una encuesta mundial
entre enero y noviembre de 2003 para el Foro Económico Mundial que se
celebró en Davos (Suiza). El resultado fue revelador: el pesimismo
sobre la seguridad del planeta crece entre la población mundial. El 48%
de los encuestados consideró que la próxima generación vivirá en un
mundo menos seguro.
A pesar de que todas las alarmas están encendidas, en el informe
elaborado por MMC -realizado en seis países europeos y en ocho sectores
de actividad- se refleja que España es el mercado menos desarrollado de
los países de la UE para la gestión del riesgo y que «en todas las áreas
del riesgo, las empresas españolas son fatalistas, (ya que) se muestran
algo preocupadas y poco preparadas para afrontar la tarea de
identificación y control del riesgo».
Si el abordaje de la realidad protegida se realiza desde el ámbito de la
responsabilidad civil, en el informe de MMC se comprueba cómo la falta
de concienciación de las empresas españolas, unida a los ajustes
presupuestarios y al aumento del coste de los seguros, tiene su precio.
En España los límites de responsabilidad civil adquiridos por las
empresas se encuentran entre los más bajos de Europa. Y esto sucede a
pesar de que crecen las reclamaciones y los litigios como resultado de
que los ciudadanos son cada vez más conscientes de sus derechos. Las
áreas más calientes son las reclamaciones en materia de sanidad y la
responsabilidad civil de productos, debido a las nuevas exigencias
comunitarias.
Los expertos de Aon destacan por su parte la responsabilidad civil de
los médicos o el transporte público por carretera como las actividades
más caras. Las coberturas ante actos terroristas para los directivos
en el territorio español están prohibidas por la legislación
antiterrorista española y sólo pueden contratarse con aseguradoras
radicadas en el extranjero, preferentemente en Londres.
Este panorama general es el que domina la realidad económica desde el
11-S y que se ha vuelto a activar tras el 11-M. El broker mundial Aon
presentó el mes de febrero pasado un particular mapa en el que se
analizan los riesgos políticos y económicos de más de 200 países. Lo
llamativo de este estudio no es la coloración del atlas, según se le
atribuyan a cada país más o menos tribulaciones, sino el cálculo del
coste para la economía mundial del riesgo político.
Antes de los atentados del 11-S, el precio estimado por este concepto
para el actual ejercicio era de unos 200.000 millones de dólares.
Tras la incertidumbre creda por el 11-M, y según los expertos de Aon,
esta cifra podría llegar al billón de dólares (unos 795.000 millones de
euros). Es decir, las naciones que conforman el planeta quemarán este
año las energías y los recursos humanos y de capital de un país con un
Producto Interior Bruto (PIB) algo mayor que el español para neutralizar
los efectos nocivos de su crecimiento desequilibrado y el de las
envidias geoestratégicas.
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Incendio
en la refinería de Repsol de Puertollano (Ciudad Real), en
agosto del año pasado |
Michel
Léonard, director del departamento económico de Aon Trade Credit,
aseguraba en la nota facilitada por la sociedad en la presentación del
estudio que el «riesgo político ha contribuido a la desaceleración de
la economía mundial y ha supuesto el equivalente a un impuesto
geopolítico del 0,25% sobre el PIB mundial. Además del terrorismo, 2003
ha sufrido un repunte de riesgos geopolíticos tradicionales como las
huelgas generales de Nigeria, la insurrección política de Venezuela o la
guerra de Irak».
Según Aon, el impacto de los acontecimientos políticos mundiales es
particularmente significativo en los mercados emergentes, aunque con
varias particularidades. Mientras que en Latinoamérica comienza a
recuperarse la tranquilidad, en Oriente se sufre la incertidumbre que
existe en la antigua Mesopotamia.
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Pulse
encima para ampliarla |
En
Africa disminuyó el riesgo a lo largo de 2003, gracias a la necesidad de
los países desarrollados de conseguir fuentes de petróleo y gas fuera de
Oriente Medio. La zona del Golfo de Guinea es la que ha concentrado
la mayor parte de las exploraciones y prospecciones mundiales.
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Los costes del
fanatismo |
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En la Barcelona de la época de nuestros abuelos, al menos la
de los míos, los empresarios contrataban pistoleros para
liquidar a las células anarquistas que habían declarado la
guerra al capital y que andaban a bombazo limpio para impedir
que la burguesía pudiese conciliar el sueño entre sus sábanas de
seda. En su trasnochada mitología y su fanático odio, y en
su desprecio por la vida del adversario junto con la poca
importancia que, gracias a sus ansias de martirio, acordaban a
la suya propia, aquellas células eran primas hermanas de esas
Compañías de la Muerte de Leganés que anuncian su resolución de
seguir a paso firme por la senda de la bendita yihad.
Ni
en la Barcelona del Fórum y del hablando se entiende la gente,
ni en Leganés, ni en ningún otro lugar, nadie en su sano juicio
pretende hoy organizar cacerías de potenciales muyahidin entre
la comunidad musulmana como antaño se concertaban para abatir a
posibles libertarios entre la prole de los barrios bajos.
Escribo hoy pero ¿y mañana?
No dudo de que la empresa española tiene un camino que recorrer
para asegurarse vía pólizas ante las amenazas que se ciernen no
ya sobre el buen dormir del patrón de turno sino sobre la
conformación misma de una sociedad abierta, plural y tolerante
y, de paso, ilustrada y rica. Será un camino costoso que
penalizará las cuentas que hasta ahora sólo se habían preocupado
por crear riqueza y, de paso, empleo. Con toda seguridad estos
costes añadidos se trasladarán al consumidor, amén de provocar
ahorros previamente no contemplados. Pero a la vez, la sociedad
española exigirá una implacable política de seguridad colectiva
junto a nuevos planteamientos sobre la inmigración e integración
de quienes no comparten los valores occidentales. |
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Un precio de
la fiebre mundial del terror |
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La trágica experiencia del terrorismo se incorpora al cálculo
empresarial para neutralizar el pánico económico. En España,
tras el 11-M, falta el test de la operación paso del Estrecho y
la campaña turística del verano.
La
tozuda realidad manda y los empresarios españoles prestan cada
vez más atención a la mejora de la cobertura de sus riesgos,
sobre todo porque la legislación sobre seguridad y salud
laboral, los ciudadanos y los costes de los seguros se vuelven
cada vez más exigentes y onerosos. Y esto, al margen de la dosis
venenosa internacional o local que porta el crimen organizado.
Pasada la campaña vacacional de Semana Santa, donde no se ha
apreciado caída turística -al menos la interna-, el
verdadero test sobre el impacto en el sector de los efectos del
11-M llegará con la Operación paso del Estrecho -y el reto para
las Fuerzas de Seguridad- y tras el recuento de la facturación
de los turistas extranjeros de este próximo verano.
En principio, según los expertos consultados, los sectores
más vulnerables ante los acontecimientos del terror son los de
ocio y turismo en general y el de las líneas aéreas en
particular. Pero si toma cuerpo una escalada de atentados o
se produce una ampliación del espectro de daños que se pueden
causar -por un cambio cualitativo en el empleo de otro tipo de
armas o tácticas de los terroristas-, nadie se atreve a calcular
la rebaja que sufriría el comercio mundial y el aumento de la
depresión en los mercados financieros.
Los costes económicos fijados en los grandes desastres que se
muestran en el gráfico de esta página han sido calculados por el
coste de las indemnizaciones o multas que el seguro mundial o
las empresas han tenido que abonar. No será el caso del
11-M, donde los daños totales, en comparación con lo ocurrido en
el World Trade Center, por ejemplo, será una minucia, si se
exceptúan las pérdidas humanas.
Con este baremo, los analistas de riesgos han estimado que
los efectos del 11-M serán transitorios, sobre todo si no se
repiten hechos similares. Pero no todos opinan lo mismo. En
el caso concreto del sector turístico, y al margen de las
campañas del terrorismo local protagonizado por ETA, hay quien
considera que nada volverá a ser igual: el 11-S incluso desvió
clientela turística a la península Ibérica, pero tras el 11-M
España ha dejado de ser un destino seguro.
Hacer una estimación sobre la pérdida de negocio en el sector
turístico es todavía aventurado, tanto como prever la involución
en el proceso de apertura de fronteras entre los socios
comunitarios y las dificultades para el tráfico de mercancías y
personas que esto pueda suponer. Lo que sí parece estar cada vez
más claro para los empresarios españoles es que ya no bastan los
umbrales de protección establecidos por el goteo asesino etarra.
Incluso, las nuevas exigencias medioambientales y de calidad de
los productos reducirá los márgenes de beneficio y obligará a
otra vuelta de tuerca de la productividad.
Es uno de los precios que deben pagar los países
desarrollados. La seguridad se lleva una buena parte de los
recursos. A otro ámbito pertenece la discusión de si esos costes
pueden reducirse si el crecimiento económico y los avances
sociales se producen de forma más compensada en todo el planeta.
Uno de los pocos estudios realizados sobre la confianza
empresarial tras el 11-M lo ha llevado a cabo la consultora
Pricewaterhousecoopers (PwC), que elaboró una encuesta entre 300
empresas y numerosos analistas justo unas semanas después del
11-M.
Sorprendentemente, el estudio de PwC refleja una mayoría que
cree que los atentados no han causado un gran impacto sobre las
expectativas de crecimiento. Teniendo en cuenta también factores
puramente económicos, la mitad de los encuestados opinó que en
el próximo semestre la situación permanecerá igual. Eso sí, los
optimistas, con un 33,04%, ganan a los pesimistas, que suponen
un 16,96%.
¿Son incautos los empresarios españoles o es que el duro
entrenamiento sobre el terror de parte del independentismo vasco
les dificulta el análisis? Según gran parte de los
académicos, la sociedad española tiene un umbral de dolor más
elevado debido al padecimiento constante del terrorismo etarra,
por lo que ha desarrollado defensas frente a la incertidumbre.
Lo que ha roto los moldes -y el patrón genérico social de
medición de riesgo- es la dimensión del terror protagonista del
11-M. Hace muchos siglos que la sociedad ilustrada española
olvidó su proyección mundial.
Lo que vale para empresarios, ciudadanía y Gobierno, es que los
hechos recientes, - si España pretende ser uno de los actores
internacionales y sin entrar en los errores de cálculo-
marcan el aumento de los recursos en seguridad-protección,
inteligencia-organización y control-decisión. Habrá que
redistribuir-reducir otras partidas presupuestarias.
La cantinela es si se afrontan estos gastos de forma aislada
o compartida, según se opte por una posición más nacionalista o
más europeista. Los empresarios españoles más preparados,
siempre pragmáticos, no huyen de la UE. Pero, visto el resurgir
de la entente franco alemana, el histórico sarpullido
continental británico, la pérdida de memoria crónica de Italia o
la insípida posición española, no dudan: habrá que tirar de
cheque y parar al Islam como en tiempos de Isabel y Fernando. Y
que diga el PSOE. |
Fuente: El Mundo
18/04/2004
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