Gestión y Protección del
Conocimiento
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Las redes de pirateo en
DVD imitan el «modus operandi» de los narcotraficantes
El 30 por ciento
del material incautado en España corresponde a Madrid. Este negocio
millonario sigue en alza, aunque la música es todavía la principal
perjudicada
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La piratería
audiovisual está en alza y las grabaciones fraudulentas de películas
recién estrenadas corren como reguero de pólvora por las calles de
Madrid. Paquistaníes, chinos o ciudadanos de Bangladesh son los
encargados de «tostar» a fuego lento las copias ilegales que dan forma a
este negocio millonario. Organizados en «micro redes», los
piratas industriales ponen la vista en salas de cine americanas y
trasladan sus éxitos de taquilla al otro lado del charco, con un «modus
operandi» que se aleja cada vez más del vendedor ambulante a pequeña
escala para aproximarse a los usos de las redes de traficantes de
drogas.
Los datos de la Federación para la Protección de la Propiedad
Intelectual de la Obra Audiovisual (FAP) hablan por sí solos. El
sector cinematográfico pierde en Madrid unos 70 millones de euros al año
por la venta de este material. En el caso de la industria de los
videojuegos, los perjuicios ascienden a 15 millones de euros. Estos
cálculos se hacen a la baja, es decir, teniendo en cuenta que la venta
diaria sea de 30 películas -se estima que este número puede ascender a
100- y con una media de 10 videojuegos vendidos al día.
A estas pérdidas, además, hay que añadir otros 240 millones de euros de
perjuicios por las «descargas» ilegales desde internet. En total,
aproximadamente el 30 por ciento del material ilegal incautado en España
corresponde a Madrid y sus alrededores.
Grabaciones en los cines
La cadena pirata está bien organizada. Primero, se graba la
imagen de la película en una sala de cine, casi siempre estadounidense,
y se pone a disposición de las redes ilegales en internet. El sonido se
captará después en una sala de cine español. Ambos ingredientes, sonido
e imagen, se sincronizan a través de un programa informático y el cóctel
ya está listo. Tenemos en nuestras manos una copia matriz de la película
más taquillera del momento.
Según José Manuel Tourné, director general de la FAP, estas copias o
«masters» suelen estar en manos de paquistaníes. «Cada copia se
vende a unos 1.000 euros, aunque el precio varía muchísimo según la
demanda».
Después, son redes menores las que duplican esas primeras copias y las
distribuyen entre «mochileros», principalmente subsaharianos, que
las venden a menos de diez euros.
Al estilo de los traficantes
Según Tourné, esta singular cadena de montaje cada vez se reduce más.
«Ahora hay grupos de cinco personas que compran el master, hacen las
copias y las distribuyen ellos mismos. Funcionan de forma parecida a las
redes de narcotraficantes. Incluso cuando contactan por teléfono emplean
un vocabulario muy especial para no levantar sospechas». El resultado
final es un negocio que puede reportar unos 23.000 euros al mes libres
de gastos a cada grupo organizado.
«Ingresan tanto dinero -dice Tourné- que pueden tener tres pisos
alquilados. En uno viven, en otro graban y en el tercero se dedican a la
distribución de las copias. Cada dos semanas intercambian las funciones
de cada piso y así tratan de evitar que les pillen».
Pese a que la venta ilegal de música sigue siendo el primer negocio de
piratería, la distribución de películas se lleva cada vez una porción
más importante de la tarta. De hecho, de cada 100 productos pirata, 65
suelen ser cedés, 30 películas y 5 videojuegos.
Según el director general de la FAP, las primeras películas se
detectaron en el mercado negro en septiembre de 2002. «Al principio
se vendían en formato CD Rom, así que muchos aparatos caseros no podían
leerlas, pero desde el verano de 2003 se distribuyen en DVD, aunque la
calidad es penosa».
De acuerdo con los datos que maneja la FAP, en 2003 se intervinieron más
de 32.000 películas copiadas en Madrid, una cifra que podría ser
superior este año si se tiene en cuenta que sólo en el primer trimestre
de 2004 ya se han intervenido más de 24.000 títulos.
1.600.000 artículos decomisados
También el número de intervenciones en laboratorios y almacenes ilegales
ha seguido un buen ritmo en estos primeros tres meses: 21 centros frente
a los 66 de todo el año pasado. Según datos de la Policía Municipal, en
2003 se decomisaron un total de 1.600.000 artículos, entre cedés y DVD.
El filón que encuentran algunos en «tostar» películas y canciones
no parece mantenerse en el caso de los videojuegos. Pese a que las
pérdidas son también millonarias, la demanda es mucho menor. «Para
usar juegos piratas -dice Tourné- hay que modificar las consolas y
añadirlas un chip ilegal que no cubre la garantía. Además, los juegos
copiados se venden más caros, a más de diez euros, y fallan mucho».
Según el director de la FAP, la labor de la Policía Municipal «es
impresionante» pero pide que se apliquen las leyes y que el público
se conciencie «y respete la propiedad intelectual como se respeta la
propiedad privada».
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«Mochileros», el último invento chino |
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Se les conoce
como «mochileros», aunque entre ellos no se utiliza ese término,
«lo puso la Policía», aseguran. Se dedican a visitar los
cafés, locales de copas y demás lugares de ocio, ofreciendo a
los clientes los cedés piratas que llevan en sus mochilas. La
Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Asociación
Fonográfica y Videográfica Española (Afyve) detectaron esta
nueva modalidad de venta ilegal en Madrid en el último trimestre
de 2003, aunque la presencia de estos comerciantes ilegales
—la mayoría, inmigrantes y de nacionalidad china— ya es
habitual en cualquier punto de España.
La presión de la Policía Municipal en la capital ha obligado a
muchos vendedores del «top-manta» a probar con el «top-mochila»,
aunque las ganancias al final del día no son las mismas. Mohamed
(nombre ficticio de un marroquí que llegó a Madrid en 2001,
después de un año en Pamplona y Zaragoza en busca de trabajo)
empezó en la capital de España extendiendo una sábana en las
calles y colocando sus discos piratas a la vista del público.
«No me daban trabajo por no tener papeles, pero todos los días
debía comer», afirma.
Desconfianza en los bares
Estuvo en el «top-manta» hasta que a finales del pasado
año observó a un grupo de chinos vendiendo cedés piratas con
macutos al hombro. Mohamed y otro amigo, por separado,
decidieron probar suerte en diciembre, pero solamente aguantaron
hasta enero de este año. Ganaban muy poco dinero, a pesar del
económico precio de cada disco (2 euros). «Algún día, en
Navidades, conseguí 40 euros y casi lo llegué a celebrar, pero
había días que ni un euro. ¿Motivo? La gente es más desconfiada
en los bares que en la calle, revisan todo el material para no
comprarte nada», señala.
Mohamed no llevaba una mochila al uso, sino un bolso azul en
forma de bandolera, que ahora sigue utilizando para cargar con
la mercancía desde que volvió al «top-manta». Dejó la
mochila el día que le faltaron 30 euros para el alquiler de una
habitación (270 euros mensuales) que ocupa junto a su mujer,
argentina, en un piso compartido con otras tres parejas más.
«Los chinos se dedican a la mochila porque, con el poco dinero
que ganan, les sobra para vivir cuatro o cinco en una
habitación», explica Mohamed. Pedro Farré, jefe de la
Oficina Antipiratería de la SGAE, afirma que los chinos «han
roto el mercado, han abaratado el precio porque las mafias no
pagan a sus empleados».
Repartos en furgoneta
Debido a la presión policial, desde enero los «mochileros»
ya no acuden al piso del proveedor —«español en el 90 por
ciento de los casos, ¡es la verdad!», apostilla Mohamed—.
Ahora, se citan por teléfono en un lugar y el vendedor recoge la
mercancía. Pagan al «jefe» hasta 80 céntimos por copia;
el resto son las ganancias del «mochilero», que vende
principalmente a la hora de la comida, por la tarde y los fines
de semana.
Desde la SGAE se insiste en que esta figura de comerciante
ilegal está explotada por organizaciones, «que son las que
controlan la venta». Según estas fuentes, una de las formas
habituales para el reparto de la mercancía es por medio de una
furgoneta, en la que los «mochileros» y «manteros»
reponen el género, si bien acuden todavía a locales que hacen
las veces de almacenes de distribución.
La Policía ha
detenido a Mohamed en tres ocasiones. «Me cogen los datos, me
quitan la mercancía y me multan», asegura. Y otra vez en la
calle.
«El fenómeno de la piratería está ahora en manos de las
mafias chinas», recalca Farré, quien asegura que es difícil
citar las zonas de Madrid donde proliferan los «mochileros».
La organización a la que representa ha pedido a la Policía
Municipal que actúe contra esa figura ya consolidada de vendedor
ambulante. «El mochilero tipo es chino, de entre 20 y 40
años, aunque cada vez son más jóvenes, que no hablan una sola
palabra de castellano», relata Farré.
Solamente en la capital, las pérdidas superaron el millón y
medio de euros en 2003 por la venta de discos piratas.
«Madrid es la capital de la piratería en Europa», apostilla
Farré, quien destaca el «excelente» trabajo de la Policía
Municipal para poner coto a este fenómeno. «Este esfuerzo se
une al cambio de las leyes, que persiguen ahora estos delitos»,
destaca.
¿Y la calidad de la grabación? Mohamed dice que sus copias
ilegales son muy buenas, «si no, se la descambio al cliente».
Farré, sin embargo, asegura que «cada vez va a peor, con una
ínfima calidad, y los consumidores de discos piratas protestan
cada día más... Ocurre que lo barato puede resultar caro». |
Fuente: ABC
13/04/2004
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