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Miércoles 21 de abril de 2004


Gestión y Protección del Conocimiento

Las redes de pirateo en DVD imitan el «modus operandi» de los narcotraficantes

El 30 por ciento del material incautado en España corresponde a Madrid. Este negocio millonario sigue en alza, aunque la música es todavía la principal perjudicada

 

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La piratería audiovisual está en alza y las grabaciones fraudulentas de películas recién estrenadas corren como reguero de pólvora por las calles de Madrid. Paquistaníes, chinos o ciudadanos de Bangladesh son los encargados de «tostar» a fuego lento las copias ilegales que dan forma a este negocio millonario. Organizados en «micro redes», los piratas industriales ponen la vista en salas de cine americanas y trasladan sus éxitos de taquilla al otro lado del charco, con un «modus operandi» que se aleja cada vez más del vendedor ambulante a pequeña escala para aproximarse a los usos de las redes de traficantes de drogas.

Los datos de la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual de la Obra Audiovisual (FAP) hablan por sí solos. El sector cinematográfico pierde en Madrid unos 70 millones de euros al año por la venta de este material. En el caso de la industria de los videojuegos, los perjuicios ascienden a 15 millones de euros. Estos cálculos se hacen a la baja, es decir, teniendo en cuenta que la venta diaria sea de 30 películas -se estima que este número puede ascender a 100- y con una media de 10 videojuegos vendidos al día.

A estas pérdidas, además, hay que añadir otros 240 millones de euros de perjuicios por las «descargas» ilegales desde internet. En total, aproximadamente el 30 por ciento del material ilegal incautado en España corresponde a Madrid y sus alrededores.

Grabaciones en los cines

La cadena pirata está bien organizada. Primero, se graba la imagen de la película en una sala de cine, casi siempre estadounidense, y se pone a disposición de las redes ilegales en internet. El sonido se captará después en una sala de cine español. Ambos ingredientes, sonido e imagen, se sincronizan a través de un programa informático y el cóctel ya está listo. Tenemos en nuestras manos una copia matriz de la película más taquillera del momento.

Según José Manuel Tourné, director general de la FAP, estas copias o «masters» suelen estar en manos de paquistaníes. «Cada copia se vende a unos 1.000 euros, aunque el precio varía muchísimo según la demanda».

Después, son redes menores las que duplican esas primeras copias y las distribuyen entre «mochileros», principalmente subsaharianos, que las venden a menos de diez euros.

Al estilo de los traficantes

Según Tourné, esta singular cadena de montaje cada vez se reduce más. «Ahora hay grupos de cinco personas que compran el master, hacen las copias y las distribuyen ellos mismos. Funcionan de forma parecida a las redes de narcotraficantes. Incluso cuando contactan por teléfono emplean un vocabulario muy especial para no levantar sospechas». El resultado final es un negocio que puede reportar unos 23.000 euros al mes libres de gastos a cada grupo organizado.

«Ingresan tanto dinero -dice Tourné- que pueden tener tres pisos alquilados. En uno viven, en otro graban y en el tercero se dedican a la distribución de las copias. Cada dos semanas intercambian las funciones de cada piso y así tratan de evitar que les pillen».

Pese a que la venta ilegal de música sigue siendo el primer negocio de piratería, la distribución de películas se lleva cada vez una porción más importante de la tarta. De hecho, de cada 100 productos pirata, 65 suelen ser cedés, 30 películas y 5 videojuegos.

Según el director general de la FAP, las primeras películas se detectaron en el mercado negro en septiembre de 2002. «Al principio se vendían en formato CD Rom, así que muchos aparatos caseros no podían leerlas, pero desde el verano de 2003 se distribuyen en DVD, aunque la calidad es penosa».

De acuerdo con los datos que maneja la FAP, en 2003 se intervinieron más de 32.000 películas copiadas en Madrid, una cifra que podría ser superior este año si se tiene en cuenta que sólo en el primer trimestre de 2004 ya se han intervenido más de 24.000 títulos.

1.600.000 artículos decomisados

También el número de intervenciones en laboratorios y almacenes ilegales ha seguido un buen ritmo en estos primeros tres meses: 21 centros frente a los 66 de todo el año pasado. Según datos de la Policía Municipal, en 2003 se decomisaron un total de 1.600.000 artículos, entre cedés y DVD.

El filón que encuentran algunos en «tostar» películas y canciones no parece mantenerse en el caso de los videojuegos. Pese a que las pérdidas son también millonarias, la demanda es mucho menor. «Para usar juegos piratas -dice Tourné- hay que modificar las consolas y añadirlas un chip ilegal que no cubre la garantía. Además, los juegos copiados se venden más caros, a más de diez euros, y fallan mucho».

Según el director de la FAP, la labor de la Policía Municipal «es impresionante» pero pide que se apliquen las leyes y que el público se conciencie «y respete la propiedad intelectual como se respeta la propiedad privada».

«Mochileros», el último invento chino

Se les conoce como «mochileros», aunque entre ellos no se utiliza ese término, «lo puso la Policía», aseguran. Se dedican a visitar los cafés, locales de copas y demás lugares de ocio, ofreciendo a los clientes los cedés piratas que llevan en sus mochilas. La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y la Asociación Fonográfica y Videográfica Española (Afyve) detectaron esta nueva modalidad de venta ilegal en Madrid en el último trimestre de 2003, aunque la presencia de estos comerciantes ilegales —la mayoría, inmigrantes y de nacionalidad china— ya es habitual en cualquier punto de España.

La presión de la Policía Municipal en la capital ha obligado a muchos vendedores del «top-manta» a probar con el «top-mochila», aunque las ganancias al final del día no son las mismas. Mohamed (nombre ficticio de un marroquí que llegó a Madrid en 2001, después de un año en Pamplona y Zaragoza en busca de trabajo) empezó en la capital de España extendiendo una sábana en las calles y colocando sus discos piratas a la vista del público. «No me daban trabajo por no tener papeles, pero todos los días debía comer», afirma.

Desconfianza en los bares

Estuvo en el «top-manta» hasta que a finales del pasado año observó a un grupo de chinos vendiendo cedés piratas con macutos al hombro. Mohamed y otro amigo, por separado, decidieron probar suerte en diciembre, pero solamente aguantaron hasta enero de este año. Ganaban muy poco dinero, a pesar del económico precio de cada disco (2 euros). «Algún día, en Navidades, conseguí 40 euros y casi lo llegué a celebrar, pero había días que ni un euro. ¿Motivo? La gente es más desconfiada en los bares que en la calle, revisan todo el material para no comprarte nada», señala.

Mohamed no llevaba una mochila al uso, sino un bolso azul en forma de bandolera, que ahora sigue utilizando para cargar con la mercancía desde que volvió al «top-manta». Dejó la mochila el día que le faltaron 30 euros para el alquiler de una habitación (270 euros mensuales) que ocupa junto a su mujer, argentina, en un piso compartido con otras tres parejas más. «Los chinos se dedican a la mochila porque, con el poco dinero que ganan, les sobra para vivir cuatro o cinco en una habitación», explica Mohamed. Pedro Farré, jefe de la Oficina Antipiratería de la SGAE, afirma que los chinos «han roto el mercado, han abaratado el precio porque las mafias no pagan a sus empleados».

Repartos en furgoneta

Debido a la presión policial, desde enero los «mochileros» ya no acuden al piso del proveedor —«español en el 90 por ciento de los casos, ¡es la verdad!», apostilla Mohamed—. Ahora, se citan por teléfono en un lugar y el vendedor recoge la mercancía. Pagan al «jefe» hasta 80 céntimos por copia; el resto son las ganancias del «mochilero», que vende principalmente a la hora de la comida, por la tarde y los fines de semana.

Desde la SGAE se insiste en que esta figura de comerciante ilegal está explotada por organizaciones, «que son las que controlan la venta». Según estas fuentes, una de las formas habituales para el reparto de la mercancía es por medio de una furgoneta, en la que los «mochileros» y «manteros» reponen el género, si bien acuden todavía a locales que hacen las veces de almacenes de distribución.

La Policía ha detenido a Mohamed en tres ocasiones. «Me cogen los datos, me quitan la mercancía y me multan», asegura. Y otra vez en la calle.

«El fenómeno de la piratería está ahora en manos de las mafias chinas», recalca Farré, quien asegura que es difícil citar las zonas de Madrid donde proliferan los «mochileros». La organización a la que representa ha pedido a la Policía Municipal que actúe contra esa figura ya consolidada de vendedor ambulante. «El mochilero tipo es chino, de entre 20 y 40 años, aunque cada vez son más jóvenes, que no hablan una sola palabra de castellano», relata Farré.

Solamente en la capital, las pérdidas superaron el millón y medio de euros en 2003 por la venta de discos piratas. «Madrid es la capital de la piratería en Europa», apostilla Farré, quien destaca el «excelente» trabajo de la Policía Municipal para poner coto a este fenómeno. «Este esfuerzo se une al cambio de las leyes, que persiguen ahora estos delitos», destaca.

¿Y la calidad de la grabación? Mohamed dice que sus copias ilegales son muy buenas, «si no, se la descambio al cliente». Farré, sin embargo, asegura que «cada vez va a peor, con una ínfima calidad, y los consumidores de discos piratas protestan cada día más... Ocurre que lo barato puede resultar caro».

Fuente: ABC
13/04/2004

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