Seguridad Medioambiental
y Protección del Entorno
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Blindaje contra el fuego: la Comunidad de Madrid dobla las patrullas y
crea dos helipuertos
La nueva ley de
protección ambiental prevé instalar el mejor sistema de comunicaciones
de Europa
En los
ocho primeros meses de 2003, los más conflictivos del año en cuanto a
posibilidad de incendios, la superficie arbolada destruida alcanzó las
1.440 hectáreas en la región, 23 veces más que en el mismo período del
año anterior, pese a que el número de incendios -260- fue inferior
que en 2002, cuando se quemaron 63 hectáreas en 314 incendios, según
datos oficiales. Quizá por eso, porque las medidas contra el fuego
existentes habían quedado obsoletas, la Comunidad, a través de la
Consejería de Medio Ambiente, aprobará en unas semanas un «plan de
protección de los ecosistemas forestales contra los incendios». Aún
no hay presupuesto oficial, pero no se ha reparado en gastos. El
Ejecutivo ha contratado el sistema de comunicaciones más avanzado de
Europa, ha creado dos puestos para helicópteros en La Morcuera y
Colmenar de Arroyo, ha alquilado o comprado los mejores vehículos de
«respuesta inmediata» y, en el período más crítico, que va desde el
15 de junio al 30 de septiembre, doblará el número de agentes que forma
cada retén. Así, esos profesionales -14 por grupo cuando hasta 2003
eran sólo 7-, vigilarán los bosques más tiempo y más días; si hasta
ahora lo hacían de lunes a viernes, ahora no descansarán los fines de
semana. Así, cada cuadrilla contará con un vehículo ligero y una
autobomba, por lo que la capacidad de respuesta ante un incendio será
mucho mayor. La zona oeste de la región, donde se encuentra la mayor
masa arbórea, es el lugar donde se focalizan la mayoría de los retenes.
Toda la información se coordinará desde una nueva y moderna central de
la calle Princesa.
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Cada seis horas, un
profesional de la Comunidad de Madrid recibe, en la pantalla de su
ordenador, una información precisa. ¿Hay tormentas? ¿Es probable que
caigan rayos? ¿Sopla fuerte el viento? ¿En qué dirección lo hace?
¿Lloverá? Esos datos se cotejan con un esquema llamado «demanda de
defensa», que destripa el mapa de la región con todos los parámetros
que pueden influir en un incendio. Hay valores concretos, como las
pendientes de las laderas o el lugar exacto en el que están situados los
cortafuegos y los senderos forestales, y otros variables, como el tiempo
atmosférico o el número de árboles de las masas boscosas.
De esta manera, cuando se
declara un fuego, los profesionales que tienen que apagarlo cuentan con
la más completa información. Sin embargo, con eso no basta. Hacen falta
agentes especializados, equipos adecuados y un sistema de comunicaciones
que permita transmitir la alerta a la mayor brevedad posible. «No se
puede controlar un gran incendio. Cuando surge, como ocurrió en Abantos,
sólo termina cuando él quiere, por mucho que trabaje la mano del hombre.
Por eso, nuestro objetivo es impedir que la bestia se haga fuerte».
Lo dice un experto de dirección general de Medio Natural, adscrita a la
Consejería de Medio Ambiente y responsable última de la lucha contra los
incendios.
Hasta hoy, la protección
contra el fuego se regulaba por una ley aprobada en abril de 1999 que
ahora va a ser revisada y profundamente ampliada. En las próximas
semanas, según ha podido saber LA RAZÓN, se aprobará el Plan General de
protección de los ecosistemas forestales contra los incendios, que
mejora el plan inicial porque incluye una contundente batería de medidas
de modernización de los sistemas preventivos y de ataque.
Lo primero ha sido crear
una central de comunicaciones. Está en la calle Princesa y tiene cuatro
puestos de operador. Cuatro expertos, ocho ojos que, sobre todo en
verano, se encargarán, cada uno, de una de las cuatro redes o nodos en
los que se ha dividido el mapa regional. Hasta ahora, en el lugar de esa
central lo que había eran «emisoristas en un cuartucho pequeño»,
en palabras de un representante de la Consjería de Medio Ambiente.
La central coordina el
más moderno sistema de comunicación. Las cifras cantan. Si antes
había dos canales de emisoras, ahora se han creado 20. Si antes había
cinco frecuencias de radio, ahora se cuenta con 40. Si antes había 20
repetidores, ahora son más de 50. Si antes había una única red, ahora la
Comunidad estará dividida en cuatro.
Al igual que los
operadores del 112, cuando los operadores de esta central contra los
incendios reciban una, podrán valorar el peligro real de cada incendio y
obrar en consecuencia. Escuchan la alarma y deciden a qué receptores se
manda la información y la orden de actuar. «Ahora mismo, en España y
en el resto de Europa, somos punteros en este asunto, gracias a la labor
de Tectronic, empresa zaragozana que ha desarrollado el sistema»,
explican.
¿Mejora todo eso el
tiempo de reacción? Indudablemente. Pero luego hace falta que la red de
detención esté preparada. La forma más rápida de llegar es el aire. Por
eso, la dirección general, relatan las fuentes consultadas, ha decidido
comprar dos helicópteros, que tendrán sus bases en La Morcuera y en
Colmenar de Arroyo. Hasta ahora también había acción aérea, pero la
gestionaba Protección Ciudadana; ahora, la dirección general de Medio
Natural controlará esos recursus más los de los nuevos helipuertos.
Por supuesto, la
actuación terrestre es igual de fundamental. En este sentido, la
Consejería ha echado el resto. Se han alquilado o adquirido dos
vehículos de alta movilidad «ligeros y con un gran poder de
penetración, con capacidad para subir grandes pendientes y acercarse al
máximo al fondo del incendio». Cada uno carga 500 litros de agua
que, mezclados con espumantes, tiene una enorme capacidad para matizar
el efecto devastador del fuego.
Pero hay más.
También se han renovado las autobombas. En total, la Consejería cuenta
con 17 ligeras y 10 pesadas. Estas últimas acceden peor al fuego, pero
tienen más agua, 3.000 litros. Por último, en lo que a vehículos se
refiere, se han potenciado las virtudes del camión nodriza. «En casos de
grandes incendios en los que las bombas tengan difícil acceso al agua,
la podrán obtener de este tanque, que carga 20.000 litros de agua y
surte a las bombas.
En última instancia, pese
a todo, el éxito o fracaso de una operación depende de decisiones
humanas. Por eso también se ha decidido aumentar el número de patrullas
forestales y, lo que es más importante, las horas que éstas trabajan. Si
antes lo hacían de lunes a viernes, ahora mantendrán la vigilancia todos
los días de la semana y durante más horas del día que lo que se
acostumbraba. Si antes un retén lo componían siete agentes, ahora serán
catorce. Sea como fuere, cada profesional es sometido a duros
entrenamientos en topografía, en extinción, etcétera, que los convierten
«en agentes del máximo nivel, como los bomberos o mejor». Trabajan
estos retenes -31 en toda la región- en invierno y en verano.
«Últimamente no es raro ver dos semanas en invierno con 25 grados de
temperatura, así que el riesgo es igual casi que en julio». En
cuanto a las zonas de mayor riesgo, las fuentes consultadas prefirieron
guardar silencio: «No es prudente decirlas, porque hay demasiados
pirómanos».
Fuente: La Razón
12/04/2004
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