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Jueves 29 de abril de 2004


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Las amenazas de Al Qaida alarman a la casa de los 7.000 Príncipes

En el marco de la campaña antiterrorista que desarrolla Arabia Saudí, las fuerzas del orden lograron requisar en días pasados tres todoterrenos cargados con 4 toneladas de explosivos y, ayer mismo, desactivaron en la ciudad de Al Thumama, dos automóviles bomba más

 

El barrio diplomático de Riad, blindado por el Ejército con docenas de barreras de cemento y acero, es un complejo fantasma. En los hoteles y rascacielos del centro financiero de la ciudad se multiplican las medidas de seguridad. La Embajada de Estados Unidos ha pedido a sus 30.000 ciudadanos que abandonen Arabia Saudí y el resto de las legaciones extranjeras ruegan a los suyos que extremen la prudencia, se encierren en sus casas y no acudan a los mercados. Se anuncia un «ataque inminente» de Al Qaida contra complejos occidentales de Riad, similar a los sufridos en mayo y noviembre del año pasado con el resultado de 60 muertos y centenares de heridos.

«¿Por qué se van los norteamericanos? Todo es producto de su paranoia porque se sienten odiados en la región a causa de lo que ocurre en Irak y en Palestina», nos comenta un portavoz del Ministerio de Información saudí. Su análisis no es del todo compartido por una fuente diplomática que pide el anonimato: «Lo que está ocurriendo en este país -dice- es un ajuste de cuentas entre saudíes, y nosotros estamos en medio del fuego cruzado».

El resultado de la batalla abierta desde el último macroatentado de noviembre es muy desfavorable para el Gobierno. Los enfrentamientos a tiros en Riad entre policías e islamistas de células de Al Qaida son casi diarios. Sólo la semana pasada resultaron muertos seis policías, frente a ninguna baja entre los islamistas armados. El Gobierno ha conseguido requisar en las últimos días un total de cinco vehículos. Tres todoterrenos cargados con 4 toneladas de explosivos, y dos coches bomba más, pero la escasez de detenciones de cabecillas terroristas produce una sensación de inquietud en el país.

De paso hacia Irak

La impresión de que el integrismo armado sigue engrosando su cuenta de resultados se complementa con otros datos. La agencia de información saudí acaba de dar a conocer que sólo en el último mes la Policía de fronteras detuvo a 52.811 personas que trataban de cruzar ilegalmente sus fronteras y requisó numerosas armas y explosivos. Son ya 148.000 los detenidos desde marzo. Arabia Saudí se ha convertido en territorio de paso hacia Irak de decenas de miles de «mujahidines», que un día pondrán sus ojos en el Reino del petróleo si salen bien sus negocios en el país vecino.

La Monarquía Saud está en el punto de mira de Al Qaida desde la primera Guerra del Golfo, en 1991, por la presencia en la «tierra sagrada del Islam» de las tropas norteamericanas. Arabia Saudí no es sólo la cuna del Islam, el hogar espiritual de 1.200 millones de musulmanes de todo el mundo, sino también la patria chica de Osama Bin Laden y de quince de los diecinueve terroristas suicidas del Once de Septiembre. Al Qaida pretende castigar a un régimen árabe que considera corrupto y cómplice del infiel occidental, y eso pasa por derrocar a la Familia Saud para instaurar una república tipo talibán en el corazón del mundo islámico.

La sorda guerra que se libra en Arabia Saudí -donde no existe libertad de prensa y la presencia de medios extranjeros es escasa- es una batalla ante todo por ganar los corazones de los 23 millones de saudíes, que desean la paz pero detestan al mismo tiempo la desmesura del tren de vida de los 7.000 príncipes de la Casa Real.

Reformas que no llegan

Es también el resultado de la frustración de su estamento más educado, que pide unas reformas que nunca llegan. La sensación social de vértigo, en un país que ha pasado en treinta años de las jaimas a la vanguardia de la tecnología gracias a las rentas del petróleo, se ve alimentada por la incertidumbre de la sucesión del Rey Fahd, ajeno al poder por enfermedad. Ceder al extremismo del clero wahabí para recuperar popularidad es una tentación a la que parece sucumbir la Casa de los Saud, aunque ese camino les aleje más de Occidente que de los kalashnikov integristas de Bin Laden.
 

Fuente: ABC
20/04/2004

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