- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Lunes 5 de abril de 2004


Seguridad Colectiva y Defensa Nacional

Al menos 20 iraquíes mueren en un enfrentamiento con tropas españolas

Los soldados repelieron el ataque de milicias radicales chiíes en Nayaf

 

Soldados españoles disparan en la base de Nayaf para repeler
 el ataque.

"Es como una revolución", exclamó Husein Abdulhadi mientras escapaba del campo de batalla en que se habían convertido las calles aledañas a la base del destacamento español Al Andalus, a medio camino entre Nayaf y Kufa, al sur de Bagdad. Dos helicópteros Apache estadounidenses ayudaban a dispersar a los milicianos que, por turnos, salían a pecho descubierto para disparar contra el acuartelamiento. Desde primera hora de la mañana de ayer, una manifestación de seguidores del clérigo chií radical Múqtada al Sáder se había congregado para protestar por la detención de Mustafá al Yaqubi, su representante en Nayaf. A media mañana comenzaron los disparos de un enfrentamiento que se prolongó durante horas. Al menos 20 manifestantes resultaron muertos y unos 200, heridos. Un soldado salvadoreño y otro norteamericano perdieron la vida en la batalla, según confirmó el Ministerio de Defensa español.

Al menos otros siete soldados estadounidenses murieron ayer en la depauperada Ciudad Sáder, en Bagdad, y más de una veintena resultaron heridos en un combate callejero entablado al caer la tarde con milicianos de las Brigadas del Mahdi, brazo armado de Múqtada, según una fuente militar de EE UU. Otras dos personas murieron en Bagdad en choques entre radicales chiíes y tropas de EE UU y una tercera en Amara. El presidente de turno del Consejo de Gobierno iraquí, Masud Barzani, condenó el recurso a la violencia de los partidarios de Múqtada. También el máximo líder religioso de los chiíes, el gran ayatolá Alí al Sistani, hizo un llamamiento a la calma. Un portavoz de Múqtada, el jeque Abdelhadi al Daraji, aseguró a última hora que el dirigente chií había desconvocado las protestas "porque no conducen a nada" y acusó a los españoles de haber disparado contra una manifestación pacífica. Desde Bagdad, la oficina de este clérigo radical, emitió un comunicado menos tranquilizador en el que llama a sus seguidores a "aterrorizar al enemigo".

"Los enfrentamientos han empezado hacia las doce, cuando la policía iraquí ha abierto fuego contra los manifestantes que tiraban piedras contra la base española", explica Husein Abdulhadi, que intentaba llegar hasta su casa cuando se vio en medio de las protestas. Este portavoz de Múqtada al Sáder, un joven clérigo chií que se opone a la presencia de tropas extranjeras, está bajo custodia de la coalición. A falta de que EE UU explique cómo ha llegado a esa situación, los fieles de Múqtada responsabilizan a las tropas españolas bajo cuya jurisdicción se encuentra la ciudad santa de Nayaf, donde residía Al Yaqubi.

Milicianos

"Al producirse los primeros muertos, los policías han salido corriendo y los milicianos del Mahdi han disparado contra las tropas españolas que a su vez han respondido", asegura este hombre. "Han trasladado a muchos heridos al hospital, pero he visto gente tirada en el suelo", dice. Curiosamente su ira no se dirige contra los españoles, que para él como para el resto de los habitantes de Nayaf son indistintamente los soldados españoles, hondureños y salvadoreños destacados en la ciudad, ni siquiera contra los milicianos armados, sino contra los policías iraquíes. "¿Por qué disparan contra sus hermanos?".Todos los caminos en Nayaf y alrededores están tomados por el Ejército del Mahdi, que hasta ahora había evitado exhibir sus armas. Tanto desde Kufa como desde Jan al Hamad, por donde llegan a la ciudad santa chií las dos carreteras que vienen de Bagdad, esos voluntarios vestidos de negro y con la única legitimidad de su despliegue tienen el control absoluto. No hay tropas de la coalición ni policía iraquí a la vista.

En Kufa, donde predica el clérigo rebelde, los milicianos han cortado la calle principal y, armados con Kaláshnikov, desvían el tráfico. La ciudad ha seguido a pies juntillas la orden de huelga general lanzada desde todas las mezquitas dirigidas por imames afines a Múqtada. El mercado está vacío y los puestos que han abierto se apresuran a recoger la mercancía ante el repentino nerviosismo de los soldados del Mahdi que ahora corren con las armas arriba y abajo de la calle.

Para llegar a Nayaf hay que rodear el lugar de los enfrentamientos por el norte de Base Baker, el nombre código que los militares dan al conjunto de edificios a medio construir que iba a ser la Universidad de Kufa y que albergan al destacamento español Al Andalus, al grupo táctico salvadoreño Cuscatlán y a la representación de la Autoridad Provisional.

Varios milicianos llegan a la carrera exhibiendo sus fusiles. La gente se retira a sus casas y los comercios y restaurantes bajan las persianas. Al oeste de la ciudad, Base Tegucigalpa, donde se halla el contingente hondureño, se encuentra en estado de máxima alerta. Desde aquí se ha evacuado a los heridos más graves hacia Base España en Diwaniya.

Zona de alto riesgo

El interés mediático se concentra en Diwaniya, a 180 kilómetros al sur de Bagdad, donde se halla el grueso de los 1.300 soldados españoles desplegados en Irak. Pero es Nayaf, la ciudad santa del chiísmo, donde anida el mayor riesgo. Setenta y siete militares españoles, 370 hondureños y otros tantos salvadoreños llevan a cabo la misión más compleja. Allí realizan, sobre todo, labores civiles de apoyo a las autoridades locales nombradas por la coalición: reparación de infraestructuras, fábricas, escuelas y hospitales; creación del nuevo sistema judicial y asesoramiento al gobernador, que depende de las órdenes del coronel Alberto Asarta.

La base Al Andalus de Nayaf está situada a mitad de camino entre la ciudad santa y la de Kufa, otra localidad símbolo para los chiíes y donde los viernes predica el clérigo radical Múqtada al Sáder, instigador de la manifestación de ayer. La base hispano-centroamericana se asienta en los terrenos de la antigua Universidad de Kufa y su protección resulta complicada por su proximidad a centro habitados. Su entrada principal da a la carretera asfaltada de doble carril que une Nayaf y Kufa, separada por una mediana polvorienta y con árboles. Para acceder a ella es necesario salirse de esa ruta y transitar un centenar de metros en dirección contraria por un camino de arena. El acceso está protegido por sacos terreros y una docena de soldados centroamericanos. Ante esa entrada se suceden las manifestaciones de los descontentos con la ocupación.

La base Al Andalus contaba con la ayuda de Alberto Martínez, comandante del Ejército y agente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que hablaba perfecto árabe y disponía de tres años de experiencia en Irak. Martínez, uno de los siete agentes del CNI asesinados el pasado 30 de noviembre, era, según el coronel José Luis Gutiérrez -entonces al mando en Nayaf-, "los ojos y oídos de la unidad". Su misión: anticipar cualquier problema para las tropas.

En Nayaf está la sede de la Hawza, una especie de centro de estudios coránicos que dirige (como un Vaticano musulmán) la comunidad chií. Su líder es Alí al Sistani, un gran ayatolá y máxima autoridad religiosa de esta rama del islam en Irak. También es la residencia de Al Sáder, quien critica la visión moderada de Sistani, y llama al enfrentamiento con los ocupantes. Al Sáder cuenta con partidarios entre las clases más desfavorecidas de Bagdad y el sur del país. Ya es un enemigo real y no potencial para las tropas españolas, tanto en Nayaf como en Diwaniya, ciudad distante en 80 kilómetros y habitada por medio millón de personas. Lejos de los centros de agitación del chiismo, Diwaniya parece un oasis en un Irak convulso. Pero no hay garantías de que esto continúe así por mucho tiempo.

 

"¡Nos están atacando desde el exterior!"

Las tropas españolas abrieron fuego para defenderse de los disparos de los iraquíes.

Un tableteo apaga las conversaciones. Alguien grita: "¡Nos están atacando desde el exterior!". Los militares españoles corren en busca de sus cascos, chalecos y fusiles mientras decenas de armas disparan a un ritmo trepidante. La guerra acaba de hacer su aparición, con toda su parafernalia y crudeza, en el cuartel Al Andalus en Nayaf. Enpocos minutos, los soldados españoles toman posiciones. También se han desplegado los hondureños y salvadoreños. Los estadounidenses encargados de la seguridad de la sede del gobierno de la autoridad ocupante, que se encuentra en un edificio aledaño, han ocupado los tejados y disparan sin respirar sus ametralladoras pesadas. Un centenar de milicianos del Ejército del Mahdi, la guardia pretoriana del imam chií radical Múqtada al Sáder, se han infiltrado en una manifestación que clama contra la detención de un importante ayudante de Al Sáder y abren fuego contra el acuartelamiento.

El coronel Alberto Asarta, natural de Zaragoza, segundo jefe de la Brigada Plus Ultra y máxima autoridad en el cuartel de Nayaf, cruza el patio hacia su puesto de mando. El teniente coronel Cabezas, con años de experiencia en misiones de paz, ordena a sus hombres ocupar las posiciones y corre hacia el edificio del gobierno. Varios soldados de la unidad sanitaria tienen el rostro sombrío. Llegaron hace una semana y les cuesta entender lo que está pasando. No son los únicos. En la primera media hora nadie es capaz de explicar qué ocurre mientras el fuego cruzado impide mantener una conversación. Miles de balas vuelan de un lado a otro en busca de su víctima.

"Para nosotros esto es una fiesta", afirma en castellano un traductor. "Estamos tan acostumbrados a la guerra que la vemos con naturalidad", añade un compañero. Es posible que haya visto que los presentes no están para celebraciones. Todos menos los estadounidenses, que se comportan como Rambos excitados por el fragor de la batalla. En los primeros minutos han disparado decenas de cargadores y corren por las escaleras reclamando a gritos más munición para seguir en la lucha.

Un francotirador iraquí ocupa una posición estratégica en la azotea del hospital de Nayaf, el edificio más alto de la ciudad santa y vecino de la base militar de los españoles. Dispara con precisión contra los tejados ocupados por los soldados centroamericanos y estadounidenses. Desde esa posición elevada hace estragos. Parece el tiro al pato de una atracción de feria. Alcanza mortalmente a un estadounidense, hiere a otro y le atraviesa la cara a un salvadoreño.

La primera hora bajo el fuego transcurre como un suspiro. Ni un segundo han dejado de ladrar las ametralladoras y los cañones. Un oficial estadounidense pregona que 700 soldados de refuerzo vienen en camino. A los pocos minutos se desdice: "No queremos intervenir. Debe de ser la división multinacional la encargada de repeler este ataque".

Varios blindados españoles se dirigen hacia la entrada de la base. Separados por una treintena de metros, disparan sus cañones en formación hacia las posiciones de los atacantes. El comandante Manuel Busquier mantiene la calma y habla con la base de Diwaniya. "No hay ninguna baja española", confirma cada media hora. Es la frase más veces pronunciada.

La principal preocupación en Al Andalus es saber qué ha ocurrido en el cuartel general de la Defensa Civil Iraquí, situado a unos 700 metros de distancia, que está protegida por una sección salvadoreña del Batallón Cuscultlan, y donde también se combate. Los soldados están rodeados y se divisa una columna de humo.

Dos aviones de combate estadounidenses sobrevuelan la zona. Un oficial de transmisiones advierte que va a bombardear. ¿Pero qué es lo que van a bombardear?, preguntan porque enfrente sólo hay pequeñas casas de tres pisos. Un comandante español explica a sus hombres: "Cuando estallen las bombas, todos al suelo". Le miran desconcertados. Aunque las pasadas de los aviones son cada vez a menos altura no se produce el ataque. Ahora le toca el turno a dos helicópteros Apache. Desde la terraza ocupadas por los rambos se escuchan gritos de alegría. A baja altura, los artilleros comienzan a descargan sus ametralladoras contra una zona plagada de casas.

La frustración hace mella en los españoles. "Habíamos realizado un buen trabajo durante ocho meses. Teníamos buenas relaciones con todos los grupos políticos y religiosos", explica un comandante. Y de repente todo se desmorona. Porque a partir de hoy nada será igual en Nayaf.

Minutos antes del comienzo del ataque, el coronel Asarta repetía a todos los medios de comunicación que le preguntaban que sus soldados no habían sido los responsables de la detención del imam Mustafá al Yuqubi, ocurrida el viernes por la noche. El sábado explicó que fuerzas especiales de la coalición llegadas desde Bagdad habían detenido al imam y lo habían trasladado a la capital para interrogarlo. Oficiales españoles se lo explicaron a los clérigos que encabezaban una manifestación pacífica que se acercó el sábado por la tarde hasta las puertas del acuartelamiento.

Treinta y seis horas después de la detención, sus responsables, posiblemente soldados de las fuerzas especiales estadounidenses, no habían informado al general Fulgencio Coll, jefe de la Brigada Plus Ultra a pesar de que el incidente había ocurrido en la zona bajo su control. Algunos españoles no pueden ocultar su malestar con el comportamiento de los estadounidenses. "Nos causan más problemas que ayuda", dice un capitán. Antes de la llegada de la Brigada Plus Ultra, los soldados estadounidenses ya eran detestados por sus métodos expeditivos.

El intercambio de disparos comienza a remitir a las tres horas. Salvadoreños y españoles han batido una zona de campo que hay en el interior de la base y han conseguido controlar el perímetro. Dos soldados extranjeros han muerto y al menos 13 han resultado heridos. En el otro lado, 20 personas, entre los que hay, al menos, nueve miembros del grupo atacante, han perdido la vida y otras 200 han resultado heridas, incluidos niños y mujeres. En la azotea de la delegación del gobierno, algunos casquillos de bala están bañados en sangre. Militares de distintas nacionalidades se mantienen a cubierto del ataque de posibles francotiradores mientras ríen las gracias y piruetas de los rambos, felices como niños después del combate. Los helicópteros no dejan de sobrevolar lo que ha sido el campo de batalla.

Fuente: El País
05/04/2004

Noticias relacionadas:

* España aporta 161millones de euros al banco de los países aliados en Irak (04.03.04)
* Entrevista: Comandante Pérez García, Jefe de Seguridad de la Brigada «Plus Ultra», herido en Irak. (27.01.04)
* La Guardia Civil sufre su primer ataque en Iraq (23.01.04)
* El jefe de seguridad de la Brigada Plus Ultra, herido muy grave en un enfrentamiento en Irak (22.01.04)
*
Las empresas españolas de defensa pujan para equipar al ejército iraquí (09.01.04)
* Entrevista: General Fulgencio Coll Bucher, Jefe de las tropas españolas en Irak (22.12)

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es