Seguridad Pública y Protección Civil
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El jefe de los Tedax-NBQ
teme otro 11-M, pero con armas químicas o biológicas
«Si antes del 11-M
ya era posible, ahora se le ha añadido algo más para que esto constituya
una auténtica amenaza», dice el comisario Sánchez Manzano
El Cuerpo Nacional de
Policía cree que la hipótesis de que se produzca un atentado con
artefactos de tipo nuclear, bacteriológico o químico «constituye una
auténtica amenaza» tras lo ocurrido el 11-M en Madrid, porque si
entonces los terroristas usaron explosivos, la próxima vez pueden
emplear ese tipo de sustancias. El comisario jefe de la Unidad de
Desactivación de Explosivos y riesgo Nuclear, Bacteriológico y Químico (Tedax-NBQ),
Juan Jesús Sánchez Manzano, aprovechó ayer la presentación del equipo
NBQ que va a comenzar a operar en Cantabria para alertar a todos los
servicios de seguridad y Protección Civil de que los atentados o
accidentes con este tipo de sustancias representan «un riesgo real».
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Simulacro de
los agentes
Tedax-NBQ en Santander |
«No
quiero alarmar -afirmó el comisario-, pero es evidente que los autores
de los atentados del 11-M, los grupos que están detrás, han estado ya
relacionados con sustancias nucleares, bacteriológicas y químicas. Igual
que esta vez han empleado explosivos, la próxima pueden utilizar
sustancias de este tipo».
«Auténtica amenaza»
En las
palabras que dirigió a los distintos Cuerpos de Seguridad y Protección
Civil de Cantabria, el comisario jefe recalcó que en «los foros
internacionales» a los que su unidad asiste con asiduidad para
intercambiar información y conocer experiencias de otros Cuerpos, «se
evalúa como muy probable la hipótesis de que se nos presenten este tipo
de situaciones, que se hagan reales». «Si antes ya las
considerábamos como posibilidades reales, después del 11-M yo creo que
se le ha añadido algo más para que esto se constituya en una auténtica
amenaza», añadió el responsable policial.
Por eso
subrayó la importancia de que todos los Cuerpos de Seguridad, Protección
Civil y asistencia sanitaria sepan cómo comportarse y qué protocolos hay
que se seguir si se activa una alarma de riesgo nuclear, químico o
bacteriológico. Sánchez Manzano apeló de nuevo a los atentados del 11 de
marzo para resaltar la importancia de actuar de forma coordinada, ya
que, a su juicio, eso fue lo que permitió que Madrid recuperara pronto
una relativa normalidad tras la matanza perpetrada por los terroristas
en las estaciones de El Pozo, Santa Eugenia y Atocha. «En el 11-M,
todos los servicios que tenían que participar lo hicieron bien y por eso
en pocas horas fuimos capaces de estar en funcionamiento de nuevo»,
explicó.
También insistió en que resulta «fundamental» que en ese tipo de
situaciones exista «un mando operativo único» que tome las
decisiones para todos los Cuerpos implicados -policial, si se trata de
un atentado, y de Protección Civil, si es una catástrofe natural o un
accidente-, aunque luego cada uno siga su cadena de mando.
Sánchez Manzano consideró acertado que se haya especializado a los Tedax
para poder afrontar incidentes de tipo NBQ, en primer lugar, porque el
procedimiento de protección del lugar implicado tiene muchas similitudes
con el que se despliega ante una amenaza de bomba y, sobre todo, porque
agentes que están entrenados para desactivar un explosivo están
capacitados para enfrentarse a situaciones de «peligro inminente».
Hasta la fecha, la actuación más importante que se ha realizado ante
riesgos NBQ en España se produjo en 2001, tras la aparición de sobres
con polvo de ántrax en oficinas de correos de EEUU en los meses
inmediatamente siguientes a los atentados de Nueva York.
En esas mismas fechas, los especialistas policiales examinaron en España
un millón de envíos sospechosos, todos ellos falsas alarmas, según
explicó en la misma conferencia el inspector jefe de los Tedax-NBQ en
Cantabria, Juan José Rodríguez de la Rosa.
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La mitad de los
madrileños sufrió estrés y depresión por la tragedia |
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Según un estudio
de la Complutense, uno de cada tres entrevistados consideraba
que la implicación emocional con el atentado influía, además, en
su vida laboral.
La
mitad de los madrileños mostraba síntomas depresivos o cuadros
de estrés una semana después de los atentados del 11-M. Así lo
prueba un estudio realizado por un equipo de investigadores de
la Universidad Complutense después de entrevistar a 1.200
personas, de los cuales un tercio consideraba que esta
implicación psicológica interfería, además, en su vida laboral.
Los resultados de este trabajo serán presentados hoy en la
primera jornada de la VII Conferencia Europea de Evaluación
Psicológica que se celebra en la localidad malagueña de
Benalmádena.
El
estudio trataba de conocer los efectos emocionales y
psicológicos inmediatos a los atentados en la población
madrileña y del Corredor del Henares. Para ello, se entrevistó a
1.179 personas, mayores de 18 años, durante la semana posterior
a la masacre terrorista. Un tercio de los encuestados vive o
trabaja en la zona del Corredor, la zona más castigada por ser
el origen de la mayor parte de las víctimas que viajaban en los
trenes que explotaron.
En el trabajo,
también.
Los datos de la investigación muestran que en la segunda semana
después de los atentados, uno de cada dos encuestados mostraba
síntomas depresivos (tristeza, dificultades para dormir,
sentimientos de soledad, apatía) y de estrés agudo
(aturdimiento, pesadillas, irritabilidad, nerviosismo), que
llegaban a interferir en su funcionamiento cotidiano en un 17
por ciento de los casos. Uno de cada tres entrevistados
afirmaba, además, que su implicación emocional con el 11-M se
extendía, además, a su vida laboral.
La presencia de síntomas de estrés agudo parece relacionarse
con el sexo de los consultados -es mayor el porcentaje de
mujeres afectadas-, con su edad -los mayores de 50 años
presentan más problemas de este tipo- y con la vinculación con
la línea ferroviaria atacada -el estrés es mayor entre los
usuarios habituales de la línea C2 de cercanías-. No obstante,
al contrario de lo apuntado por investigaciones similares (como
las efectuadas tras el 11-S), los expertos sostienen que no
parecen tener una gran influencia psicológica aspectos tales
como residir o trabajar en las zonas afectadas, haber sido
testigo directo de los atentados o tener una relación cercana
con personas que resultaron heridas o fallecidas. |
Fuente: ABC
01/04/2004
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