Seguridad Pública y Protección Civil
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"Muchos ni luchan. Si se
caen al agua, ni siquiera bracean"
Una terraza en
Tarifa bajo el levante salvaje del Estrecho: Yolanda Vázquez y Carlos
Blanco cuentan su vida como rescatadores de pateras.
Yolanda
Vázquez. Cuando se detecta una embarcación a la deriva y avisan a
Salvamento Marítimo, nos llaman también a nosotros. Y sea la hora que
sea y estemos donde estemos, debemos presentarnos en diez minutos en la
base.
-¿Llevan la cuenta de los salvamentos que hacen?
Carlos Blanco. En año y medio habremos asistido a 1.500 personas.
-Con este viento, habrá veces que no puedan salir.
Y. V. Hemos llegado a salir con viento de fuerza siete y medio, no más.
-Dicen que ahora vienen menos inmigrantes.
C. B. A raíz del último acuerdo con Marruecos, descendió el tráfico, sí.
Pero ahora buscan otros sitios: Granada, Málaga, Fuerteventura...
-¿Y cómo llegan los que llegan?
C. B. Mal, con mucho miedo, hipotermia, ataques de nervios, quemaduras
por la mezcla del combustible con el agua salada, dolor de cabeza,
embarazadas...
Y. V. Vienen por desesperación y llegan llorando de miedo, pero en
silencio, sin escándalos. Se les caen las lágrimas de dolor.
-¿Llegan muchas embarazadas?
Y. V. Bastantes, pero con los pechos secos.
-¿Y cambia el tipo de gente que viene en las pateras?
C. B. Sí, ahora cada vez llegan más jóvenes, e incluso menores de edad.
Ahora hay pateras en las que la mitad son menores.
-¿Qué hacen al ver su lancha?
Y. V. Se alegran al ver la cruz roja, pero no dicen nada para que no se
sepa de dónde son. Se ponen muy nerviosos y hay que intentar calmarlos
para que no se caigan. Muchos no saben nadar.
C. B. Ninguno sabe nadar. Y los subsaharianos ni siquiera luchan por
salvarse: si se caen, se quedan quietos y se hunden.
-¿Y no da tiempo a rescatarlos?
C. B. ¡Son 30 segundos! Es increíble lo rápido que puede morir una
persona.
Y. V. No saben lo que es el mar, igual no lo han visto nunca, y no saben
que pueden por lo menos intentar salvarse, que se puede flotar. Nosotros
no alcanzamos a comprender...
-¿Ahora vienen menos marroquíes?
Y. V. La mitad marroquíes y la mitad subsaharianos. La diferencia es que
a los marroquíes no los coges, se escapan. Y los subsaharianos se quedan
sentados en la playa.
-¿Mueren muchos en el camino?
C. B. Hemos rescatado muchos muertos. Eso es lo más duro: tirarnos al
agua a las cuatro de la mañana y sacarlos ahogados.
-¿Y adónde llevan a los supervivientes?
C. B. A la isla de Las Palomas, al centro de Cruz Roja. Allí les dan de
comer y beber, un poco de ropa. Después, a los marroquíes se les
devuelve a su país; a los demás no, porque no hay acuerdo de
expatriación.
-¿Les cuentan algo ellos?
Y. V. Casi nunca. Son mudos, por la policía, y a un mudo no le puedes
pedir que hable. Pero siempre te entienden algo. Inglés, francés o
español.
-¿Recuerdan alguna historia en particular?
C. B. Un chico de Nigeria había escapado a una matanza en su pueblo.
Habían degollado a toda su familia y él se pasó por muerto. Llegó con un
hueso del brazo fuera...
-¿Qué suelen traer encima?
C. B. Un petate atado con cinta de embalar en el que llevan ropa, frutos
secos, a lo mejor garbanzos secos, y el móvil.
-¿El móvil?
Y. V. Sí, todos traen móvil. Y cuando llegan, llaman.
-¿A quién?
Y. V. Según la policía, a las mafias. No vienen por libre, tienen la
deuda del viaje y deben pagarla, eso es lo único que les importa. Saben
su camino. Los que lo cuentan confiesan que van a Barcelona, Madrid y
Almería sobre todo.
-¿Cuánto tardan en cruzar?
C. B. Depende, salen de noche y tardan sobre siete u ocho horas ahora
que vienen en pateras de goma. Cuando llegaban en las de madera, más.
Eso ha cambiado a mejor.
-¿El Estrecho es asesino?
Y. V. El Estrecho es muy ancho.
C. B. Si desembarcan en la playa no tienen problemas. Pero si llegan a
las rocas, hay cadáveres seguro.
-¿Y ustedes sienten miedo?
Y. V. Al revés, es gratificante rescatar pateras. Y si podemos hacerles
pasar mejor el trago...
-¿Lo suyo es vocacional?
Y. V. Aquí se palpa eso. Tarifa es un pueblo muy solidario. Les ves
llegar cada día y te planteas que puedes ayudar. Te miras en el espejo y
piensas: 'Tengo dos manos, dos pies, sé hablar idiomas, puedo ser
útil'...
-¿Tiene solución este drama?
Y. V. Un mundo mejor repartido. ¿Quién va a parar eso? Si no tienen
nada, ¿dónde van a ir? Las migraciones son inevitables, y mientras no se
pueda llamar vida a lo que tienen allí, seguirán viniendo.
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Calor para los
desesperados del Estrecho |
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Vecinos de Tarifa, un pueblo al que siempre han llegado
avalanchas de inmigrantes, no dormían tranquilos cuando veían
las pateras desembarcar o naufragar. Hoy, los dos son
voluntarios de Cruz Roja, el mejor destino posible para los que
se tiran al mar en África. Yolanda Vázquez, cordobesa de 36
años, es traductora, inteligente y sensible. A su lado, en la
misma lancha, va siempre su jefe y amigo, el sólido Carlos
Blanco, de 32 años. Los dos viven en primera línea el drama del
Estrecho, rescatando vivos o muertos a los miles de desesperados
que cada año se echan al mar sin saber nadar, en busca de un
mundo mejor o, si el destino lo prefiere, una muerte rápida. |
Fuente: El País
05/08/2004
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