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Lunes 30 de agosto de 2004


Seguridad Medioambiental y Protección del Entorno

La deforestación de la Amazonía agrava el calentamiento de la Tierra

Los incendios provocados en la selva emiten al año 150 millones de toneladas de CO2. Ganaderos y agricultores siguen quemando grandes áreas arboladas para ganar nuevos terrenos

 

La Amazonía, el pulmón natural que antes reciclaba la atmósfera terrestre, se está convirtiendo en una gigantesca fuente de contaminación. Carlos Alberto Gurge, jefe de un equipo de investigadores de la Universidad de Brasilia, afirma que los incendios de la selva, provocados con el fin de conquistar nuevos espacios para la cría de ganado y el cultivo de soja, han elevado casi un 2% -de 7.900 millones de toneladas a 8.050 millones de toneladas anuales- la emisión mundial de dióxido de carbono (CO2), principal causante del efecto invernadero.

El 70% de la selva amazónica, que ocupa una superficie de 7,5 millones de kilómetros cuadrados, se encuentra en Brasil, precisamente el más grande exportador de carne de vacuno y de aceite y granos de soja del mundo.

La creciente demanda europea de carne procedente de una región libre del famoso mal de las vacas locas y la apertura del insaciable mercado chino a las importaciones de cereales multiplican los peligros que se ciernen sobre uno de los últimos paraísos naturales del planeta y sobre los 75 grupos étnicos que lo habitan.

«Es lamentable que tras invertir tantos recursos en la preservación del ecosistema tropical y con una actividad industrial que no llega a la décima parte de la que se desarrolla en los países más ricos, Brasil esté liberando a la atmósfera 550 millones de toneladas de CO2 al año, lo que lo sitúa entre los 10 países que más contribuyen al calentamiento del planeta», ha declarado Gurge al diario O Globo.

El bioquímico es uno de los 800 científicos de 12 países que participaron en el Experimento a Gran Escala de Biosfera-Atmósfera, un estudio multidisciplinario conocido por la abreviatura de LBA. La semana pasada se llevaron a cabo en Sao Paulo los debates finales. Las conclusiones son apocalípticas. Se calcula que entre 2001 y 2002 una superficie de 25.500 kilómetros cuadrados de selva desapareció a causa de la tala o de los incendios provocados por el hombre. En 2003, las sierras mecánicas, el fuego y, más que nada, la fiebre cerealística y ganadera consumieron otros 14.754 kilómetros cuadrados.

De selva a desierto

Carlos Nobre, coordinador del LBA calculó que al ritmo que avanza la destrucción -en los últimos cinco años se registró un aumento del 40% en este proceso-, el ecosistema con mayor biodiversidad del planeta acabará convertido en un desierto en un plazo de entre 50 y 100 años.

Al Gobierno de Brasil le corresponde la contención de este proceso, responsabilidad que asumió hace dos años al lanzar el Sistema de Vigilancia Amazónica (SVA), en el que se realizó una inversión cercana a los 2.000 millones de dólares. El SVA dispone de una tecnología que utiliza aviones y satélites para medir el avance de la deforestación. Simultáneamente, Brasil preservó en el corazón de la cuenca amazónica la mayor reserva natural del planeta, que abarca 5,2 millones de kilómetros cuadrados.

Pero, el talón de Aquiles de la iniciativa ecologista reside en la incapacidad de las autoridades para hacer cumplir las leyes ambientales en un territorio inconmensurable que se rige por la ley del más fuerte y un gran componente de depredación de la naturaleza.

Así, aunque la ministra de Medio Ambiente, Marina da Silva, ha abierto expedientes a 200 empresas madereras, entre ellas la gigante canadiense Forest Investements LTD, el problema no se frena. Y es que la mayor amenaza está en la expansión de la soja y los pastos.

En la búsqueda de suelos aptos para esas actividades, se han llegado a invadir los territorios limítrofes del Alto Paraguay, señaló Daniel Kaimowitz, director del Centro Internacional para la Investigación Forestal (CIFOR). «Bajo el síndrome de la hamburguesa, la industria ganadera está convirtiendo el Amazonas en carne picada», concluyó Kaimowitz.

Ecologistas en Acción avisa de que los incendios liberan el carbono

La organización Ecologistas en Acción advirtió ayer de que «los incendios forestales pueden impedir al Gobierno cumplir con el Protocolo de Kioto».

Según el Plan Nacional de Asignación que el Gobierno ha presentado en Bruselas, entre los años 2008 y 2012, los bosques españoles tendrán absorbidos 29 millones de toneladas de carbono en su madera.

Sin embargo -avisan los ecologistas-, cada vez que se producen incendios forestales, el carbono que contiene la materia orgánica vegetal se libera de nuevo a la atmósfera, y ya no puede contabilizarse como toneladas de carbono fijadas, sino como emitidas.

En la denominación del Protocolo de Kioto, el carbono absorbido durante el crecimiento de la materia vegetal se llama sumidero.Este es uno de los mecanismos que tienen los países para descontarse emisiones de dióxido de carbono (CO2). En el caso de España, esas 29 millones de toneladas que se descuenta por sumideros, son cerca del 10% de total de contaminación que se emite.

Según Ecologistas en Acción, la absorción de CO2 por las masas forestales «no es un sistema equivalente para evitar emisiones, ya que tiene una incertidumbre mucho mayor, puede ser reversible y lo que en principio eran sumideros pueden convertirse en fuentes, como es el caso de los incendios».

Añaden que los propios efectos del cambio climático pueden limitar la función de fijación del carbono. Citan las evidencias estadísticas del experto Francisco Ayala, quien constató con datos del Instituto Nacional de Meteorología que la temperatura ha subido 1,53 grados en las últimas tres décadas en España y que decrecen las lluvias.

La ONG concluye que «hay que proteger los bosques pero no debemos esperar confiadamente que nos sirvan para cumplir con Kioto.El esfuerzo debe dirigirse a reducir sustancialmente las emisiones del transporte y la generación de electricidad».

Fuente: El Mundo
03/08/2004

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