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Los expertos consideran
que el comunicante no era de ETA, pero creen que puede ser de su
entramado.
La llamada telefónica
efectuada el día 12 al diario «Gara», en la que un individuo, en nombre
de ETA, anunciaba la colocación de una bomba en el Santiago Bernabéu de
Madrid, fue realizada desde una cabina pública de la localidad vizcaína
de Portugalete, según informaron a LA RAZÓN fuentes antiterroristas.
La llamada fue realizada a las 19,55 de la tarde y en ella se
anunciaba la explosión de una bomba para las nueve de la noche. En
contra de lo que es habitual en la banda terrorista ETA, el
comunicante no especificó el lugar exacto en el que habría sido
colocado el artefacto. A diferencia de lo ocurrido con los anuncios de
atentado del Puente de la Constitución, el diario «Gara» no «colgó» en
su página web la noticia, lo que, según las citadas fuentes, indicaba ya
la escasa credibilidad que se le daba a dicha llamada. Sin embargo, los
responsables del periódico comunicaron lo ocurrido a la Ertzaintza que,
inmediatamente, lo puso en conocimiento de las otras Fuerzas de la
Seguridad del Estado.
Finalmente, en una decisión atribuida a criterios
profesionales establecidos por la cadena de mando de la
Policía, cuyo director general, Victor García Hidalgo, se encontraba
en el estadio, el recinto deportivo fue desalojado cuando
faltaban pocos minutos para que terminara el partido.
Las fuentes consultadas señalan que parece descartado que
la llamada procediera de la banda terrorista ETA pero que hay que
considerar la hipótesis de que el comunicante pertenezca al entramado de
la banda criminal. La amenaza formaría parte de la estrategia de
desestabilización que contra España mantienen los terroristas y los que
les apoyan. Días antes se había producido una situación similar con una
llamada en la que se anunciaba la colocación de una bomba en la sede
central del Partido Popular, en la calle Génova de Madrid, que también
resultó ser falsa. La amplia difusión que se ha dado a las
investigaciones de los atentados del 11 de marzo, y el modo en que se
llegó a los terroristas, a través del rastreo de los teléfonos móviles
con tarjeta de prepago y, por lo tanto, «anónimos», ha provocado que
delincuentes de todo tipo y los que se dedican a hacer llamadas con
amenazas, extremen las precauciones o utilicen cabinas públicas.
Los terroristas de ETA que, con anterioridad, podían llegar a usar un
móvil para dos o tres llamadas (nunca más), ahora, tras efectuar una en
la que anuncian la colocación de una o más bombas, se desprenden
inmediatamente del teléfono.
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