España
quiere dotar de papel y poderes reales al
Comité Antiterrorista de la
ONU
Inocencio Arias,
embajador español en Naciones Unidas y actual presidente del comité,
considera que la ONU debe dotar al mismo de un órgano ejecutivo
España
seguirá presidiendo el Comité Antiterrorista de la ONU mientras forme
parte del Consejo de Seguridad, es decir, hasta que concluya 2004, y
pretende cerrar su mandato creando un verdadero «brazo ejecutor,
dinámico y activo» que haga frente «a la más seria amenaza para la paz y
la seguridad del presente siglo».
La
propuesta de «reforzar sustancialmente» un comité que hasta ahora se ha
limitado a enviar cartas a los países miembros instándoles a que
acomoden sus legislaciones a las doce convenciones sobre terrorismo y
respondan a exhaustivos cuestionarios ha sido bien acogida por la
mayoría de los miembros del Consejo, especialmente por Estados Unidos y
el Reino Unido. La diplomacia española pretende darle más poder al
comité, dotarle de un director ejecutivo -una suerte de Eliot Ness que
sazone experiencia diplomática y solvencia en cuestiones de seguridad-
que pueda indagar en el interior de los países y proporcionar al comité
«los nombres» de quienes no cumplan con sus obligaciones.
España
considera que una resolución técnica bastaría para reforzar la
resolución 1373 -que prohíbe el apoyo a grupos terroristas y exige la
cooperación de todos los Estados a la hora de combatir el terror-, para
poner en marcha una nueva unidad para la que antes habrá de desarmar las
reticencias de algún socio europeo reticente y convencer al secretario
general de la ONU, que tendría la potestad de elegir al director
ejecutivo de un comité que hoy está integrado por los 15 miembros del
Consejo y dispone de diez funcionarios y diez juristas. En palabras del
embajador español ante la organización, Inocencio Arias, actual
presidente del Comité, «el terrorismo es de una gravedad tal que la
ONU tiene que ser lo más operativa posible para combatirlo, de ahí que
propongamos dotar al comité de un órgano ejecutivo».
Ser
eficaz o no ser
Uno de los
caballos de batalla de la iniciativa española es la del consenso, que es
la forma tradicional en la que opera el sistema de Naciones Unidas, una
«cultura» muy difícil de romper y que a menudo lastra la
capacidad de acción de los organismos y comités de la organización. En
opinión de un experto, «todos los miembros del Consejo están de acuerdo
en que o se reforma el comité para hacerlo verdaderamente eficaz, o
mejor cerrar el negociado». La iniciativa española parte de la idea de
que el comité deber evolucionar desde su tarea actual de recolector de
información -los cuestionarios que remite son tan prolijos que 50
Estados no han cumplido con las exigencias, en muchos casos por
incapacidad material de responder-, a la de adoptar un papel mucho más
activo.
Ante el
temor de recargar las ya castigadas arcas de la organización y despejar
cualquier sospecha de hinchar el repertorio burocrático, la propuesta
pretende ajustar al máximo el coste de la nueva unidad, que contaría con
un personal de 40 personas, especialmente juristas y expertos en
seguridad.
Objetivos y actividades
La
«revitalización» del comité pasaría por clarificar al máximo sus
objetivos y coordinar todas las actividades antiterroristas a escala
internacional y regional, pero sobre todo mejorar los mecanismos de
recolección de una información que debería poder ser trasladada con la
mejor dilación al Consejo de Seguridad acompañada de recomendaciones
específicas.
Al igual
que Washington, Madrid -que ya ha empezado a trabajar en el perfil
idóneo del director ejecutivo e incluso ha barajado algunos nombres- ha
hecho del terrorismo «una prioridad en la agenda internacional», de
ahí que también proponga adoptar «una agresiva estrategia de
comunicación» para que la lucha no decaiga y al igual que otras
propuestas no acabe diluida en el maremágnum onusiano.