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Lunes 19 de enero de 2004


Seguridad Corporativa y Protección del Patrimonio

Dos ancianos mueren en un geriátrico por un incendio causado por una colilla

Además de las víctimas mortales, hubo tres heridos, entre ellos un policía que trabajaba en la extinción. Las llamas sólo afectaron a las estancias contiguas a la habitación

 

La habitación 312, donde
dormían las víctimas, quedó
calcinada

Dos ancianos murieron ayer en una residencia geriátrica de Calella, en la provincia de Barcelona, al producirse un incendio que arrasó su habitación sin que las víctimas tuvieran posibilidad de escapar de las llamas. José Antonio L. M. y Mariano C. M. se fueron a la habitación que compartían, la 312, como cada noche pero uno de ellos, pese a que está prohibido fumar en ese área del edificio, lo hizo. Al parecer, se durmió con el pitillo encendido lo que en pocos minutos provocó que prendieran todos los materiales de la estancia.

El incendio calcinó una de las camas y provocó la muerte inmediata del primer anciano, mientras que el segundo fue trasladado en primera instancia al Hospital Sant Jaume de Calella y posteriormente a la Unidad de Quemados de la Vall d´Hebron de Barcelona, donde los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida. Mariano C. M. presentaba quemaduras en un 75 por ciento de su cuerpo.

Lo detectó el vigilante

Por suerte, una de las cámaras de seguridad de que dispone el edificio de la residencia La Maresma captó la humareda que se producía en la 312 a las 2.13 horas de la madrugada y rápidamente el personal reaccionó para proceder a la extinción del fuego, que afectó a estancias contiguas aunque en menor medida. En las tareas de extinción fue necesario, sin embargo, el trabajo de cuatro dotaciones de Bomberos de la Generalitat, siete de los Mossos d´Esquadra y las policías locales de Calella y Pineda de Mar.

Otras tres personas, dos residentes y un agente de seguridad, resultaron heridas leves por inhalación de humo, mientras que los 25 otros residentes del ala este, donde se produjo el foco del siniestro, fueron evacuados y tuvieron que permanecer en la zona más protegida, donde se encuentran el comedor y la recepción. Al mediodía, cuando volvió la normalidad al inmueble, regresaron a sus habitaciones mientras la nueva consejera de Bienestar Social, Anna Simó, se trasladaba al hospital para visitar a los tres heridos. Por su parte, los técnicos del Instituto Catalán de Asistencia y Servicios Sociales se presentaron en el centro y levantaron acto de lo sucedido sin que pueda comprobarse por el momento la hipótesis del cigarrillo.

La residencia, centro colaborador de la Generalitat aunque de titularidad privada, contaba en la actualidad con una ocupación de 149 personas. La normativa permite fumar en algunas zonas del inmueble -concretamente dispone de una sala para fumadores- aunque se prohíbe taxativamente el uso de tabaco en las habitaciones. Sin embargo, tal como se lamentó ayer el administrador general de la residencia, Jaume Turrull, «no podemos hacer que se cumpla la normativa al pie de la letra porque no podemos ir contínuamente de habitación en habitación controlando si todos los residentes fuman o no».

El alcalde de Calella, Josep Basart, subrayó que el centro -situado en el kilómetro 1,2 de la carretera de Ortsavinyà- ha cumplido en todo momento la normativa de seguridad y que «hace poco pidieron un permiso al propio Ayuntamiento para adaptarse a una normativa mediambiental». La consejera Simó añadió que «es responsabilidad del propio centro si decide tomar medidas más severas para hacer que se cumplan las normas sobre el tabaco para evitar que pueda repetirse una tragedia similar en el futuro». De hecho, el pasado mes de agosto hubo que lamentar la muerte de otro anciano en un geriátrico de Soria, que falleció por inhalación de humo en circunstancias similares.

El personal trató de que, salvo entre los que resultaron directamente afectados por el incendio, la normalidad prevaleciera en el centro en todo momento hasta el punto de que algunos de los ancianos dijeron haberse enterado del suceso a la hora del desayuno o mientras se estaban afeitando, según relató uno de ellos, Francesc Mas, quien dijo haberlo oído por la mañana en la radio mientras se afeitaba.

Fuente: ABC
10/01/2004

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