Cuatro mil bandas organizadas formadas por 40.000 delincuentes actúan en
Europa
La inminente
ampliación de la UE les dará facilidades y nuevos terroristas, según los
análisis policiales
Los servicios
policiales de la UE contabilizaron el año pasado 4.000 grupos de
criminalidad organizada, formados por cerca de 40.000 delincuentes -el
equivalente a las Fuerzas de Seguridad de más de un país miembro-
mientras que en 2001 actuaban en el mismo territorio unas 3.000 bandas
con alrededor de 30.000 miembros.
Las
cifras, pese a su alcance, no son el único indicador aunque sí el más
socorrido de lo que está ocurriendo. Pueden ser algo menores, dado
que cada Estado sigue una pauta para fijar su delincuencia organizada
con puntos más o menos comunes tales como violencia del grupo, capacidad
de hacer daño y número de integrantes. Las actividades terroristas no
están incluidas.
Capacidad de desestabilización
«Son
organizaciones mafiosas con un plus de calidad y enorme capacidad de
desestabilización», aclara un responsable policial. Pero, ¿a qué se
dedican? El abanico es tan amplio que abarca todo el espectro criminal.
Según los últimos análisis policiales europeos a los que ha tenido
acceso ABC, los delitos van desde el narcotráfico hasta la inmigración
ilegal, el tráfico de seres humanos, los delitos financieros, el
contrabando de mercancías y los delitos contra la propiedad, y casi
todos los grupos cometen más de uno.
La
inminente ampliación de la UE de 15 a 25 países dará facilidades a estas
organizaciones criminales para cometer sus actos y les proporcionará
nuevos territorios. «Al trasladar las fronteras hacia el este de
Europa, muchos si no todos los países candidatos a la adhesión, se
convertirán en países de origen, tránsito o destino para las mercancías
y los servicios de los criminales», alertan los informes e insisten
en las frágiles e inestables fronteras de algunos de ellos.
Estos
«ejércitos» criminales y pluriactivos responden a características
comunes dentro de su diversidad de procedencia y métodos. Se ha
detectado en los grupos poderosos el auge de una estructura cada vez más
celular (compuesta por unidades operativas o células), con delincuentes
que entran y salen de las organizaciones criminales de forma regular y
«con cadenas de mando menos obvias», en lugar de la tradicional y
férrea jerarquía que aún persiste en otras bandas muy poderosas. Las
células tienen un número limitado de miembros claves, que se relacionan
con los integrantes de otras células. Para la Policía este cambio de
armazón implica mayor dificultad, dado que estos centros neurálgicos son
sustituidos con gran facilidad.
Al modo de
los Estados, los potentes grupos criminales se basan en un alto grado de
cooperación internacional, con extensión geográfica de sus vínculos,
según constatan los últimos estudios. El factor transnacional implica
relaciones entre bandas que actúan dentro de la UE con otras asentadas
en los países candidatos a la ampliación e, incluso con grupos de
Estados remotos como Canadá, Estados Unidos, China, Irán, Nigeria o
Pakistán.
«Los
viajes internacionales y las comunicaciones son el caldo de cultivo para
este hermanamiento criminal», apunta un mando policial. Un
hermanamiento o flexibilidad que se ha trasladado al crimen, cada vez
menos compartimentado y más compartido -casi todas las bandas de cierto
nivel se dedican a varias actividades-.
Más
ganancias, menos riesgos
A juicio
de quienes se encargan día a día de seguir los pasos a estos
delincuentes guiados por la máxima «más ganancias y menos riesgos»,
factores políticos, económicos, sociales y tecnológicos han contribuido
a allanarles el camino.
En el
ámbito político, al mercado único le sigue ahora la ampliación con diez
países más que se producirá en mayo. Los futuros socios han tomado
medidas para reforzar sus fronteras, cercadas por países que no gozan de
la estabilidad deseada como Ucrania, Bielorrusia, Rusia o Albania. No
obstante, pocos grupos criminales se consideran una amenaza directa para
la UE, aunque cabe la posibilidad de que sí afecten a la credibilidad de
algunos sistemas políticos.
La
globalización económica ha deparado ventajas indudables a los grupos con
un creciente protagonismo en el contrabando transfronterizo y en varios
tipos de fraude, en especial el relacionado con el IVA. Detectar y
combatir a estas bandas con sus entramados societarios es cada vez más
complejo, debido a que empiezan a distorsionar prácticas empresariales
legales y se teme que puedan contagiar a otros participantes del tejido
económico más vulnerables como pequeñas tiendas y locales comerciales.
Desde el
punto de vista social, la movilidad de las personas y los contactos a
larga distancia favorecen el anonimato. Y existe un activo para los
grupos criminales no nativos de la UE: las comunidades de «expatriados»
que viven en Europa sirven de cobertura, refugio y a veces mano de obra
para las redes criminales compatriotas o no, caso de los grupos
nigerianos, iraquíes o iraníes.
Los
cambios tecnológicos de la última década han beneficiado de forma clara
a los emporios criminales sobre todo en lo que concierne al desarrollo
informático y el ciberespacio, que han abonado un terreno hasta entonces
infértil. El anonimato y la opacidad que proporcionan los negocios en
Internet y las «identidades virtuales» no tienen parangón. Las
falsificaciones de documentos y monedas son, con los nuevos medios, un
semipasatiempo para algunos grupos; igual que las transacciones oscuras
y casi imposibles de controlar o la proliferación de móviles.
Adaptación al país
Los
informes policiales analizan con profusión el papel y asentamiento de
los grupos de criminalidad organizada que actúan dentro de la UE o
tomando el territorio de la UE como base de operaciones. Destacan todas
las policías que estos entramados delictivos seguirán teniendo un papel
clave en Europa. Las bandas con mayor influencia son los llamados
«grupos nativos», perfectamente adaptados a sus propios países, con
conocimiento de lo que ocurre en la política local, la justicia, la
economía y la sociedad. Casi todos los Estados miembros han detectado
contactos entre sus grupos nativos de criminales con los grupos
holandeses, de una parte, y con las bandas españolas, de otra, sobre
todo en lo que se refiere al tráfico de cocaína y cannabis.