Seguridad Pública y Protección Civil
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Psicología de un 'capo'
mafioso
Psiquiatras
italianos publican un estudio sobre la mentalidad de la 'Cosa Nostra'
El
mafioso es un fundamentalista, un arquetipo antisocial que reniega de
los valores ajenos y que atribuye a los propios un espíritu honorable,
ominipotente, justo y necesario. Necesario para mantener la cohesión de
la familia y para eludir los sentimentalismos. Porque el mafioso no
puede enamorarse ni dejarse llevar por las pasiones. Necesita
rectitud, equilibrio, puntos de referencia estables, concentración en la
misión asignada.
Unos y otros matices pueden leerse entre las páginas de La psiqué
mafiosa, sobrenombre de un ensayo científico, ameno y pionero que han
llevado a cabo los profesores Gianluca Lo Coco y Girolamo Lo Verso
después de haberse concedido una década de estudios.
Ambos trabajan en la Universidad de Palermo (Sicilia) y ambos se han
propuesto emular el papel de Billy Cristal en Una terapia peligrosa.
La diferencia es que Robert de Niro, constreñido a sentarse en el diván
del psiquiatra víctima de una crisis de nervios, representa la parodia
de una realidad extraordinariamente dura, hermética y cotidiana.
«La mafia constituye un mundo antropo-psíquico que exalta los valores
masculinos de la virilidad, de la frialdad, de la resistencia al mundo
de los esbirros y los jueces. Es la representación de un mundo bueno
formado por hombres respetables y de uno externo agresivo y hostil.
Igual que en los sistemas fundamentalistas, predominan las dicotomías
absolutas del pensamiento. Y como en todos ellos, el yo personal resulta
coincidente con el nosotros suprapersonal, escriben ambos psiquiatras en
el preámbulo del ensayo.
No ha sido fácil desentrañar la mente de un capo de la Cosa Nostra ni
irrumpir en el planeta de la omertà (complicidad del silencio).Entre
otros motivos porque la mayoría de los pacientes a disposición provienen
de las filas de los arrepentidos. Es decir, aquellos que experimentan un
doloroso proceso de conversión y que vienen considerados entre los
mafiosos como una estirpe maldita.
«La esencia del boss mafioso se reconoce en el ejercicio del poder y
en la manipulación consciente de los demás. No existe una conciencia
moral ni aparece el sentimiento de culpa respecto a las acciones
violentas e ilegales. El hombre de honor se representa como un ser
especial, incluso como un Dios en sí mismo, porque está en grado de
ejercer el poder de la vida y de la muerte sobre las personas»,
matizan Gianluca Lo Coco y Girolamo Lo Verso en el libro. Ya lo decía el
capo corleonés Leoluca Bagarella: «Dios da la vida, yo la quito».
Y es que el gran boss mafioso, muchas veces aquejado de problemas de
autoestima a imitación de Robert de Niro, necesita prolongarse en una
especie de dimensión jerárquica sobrenatural.
Tanto, que los pistoleros y los matones adscritos a la Cosa Nostra
interpretan las órdenes sin plantearse el menor complejo ético. Hacen el
bien porque combaten al enemigo y porque así lo hicieron sus
antepasados: «Raramente experimentan ansia o miedo cuando matan.
Ignoran los sentimientos de culpa, duermen bien, nunca tienen
pesadillas. En cambio, cuando se convierten en arrepentidos y en
colaboradores de la justicia la situación psíquica cambia radicalmente.
Porque entra en crisis la propia identidad y el problema de la
pertenencia a la Cosa Nostra», escriben los autores del ensayo.
El matiz reviste especial importancia porque los mafiosos, como tales,
no pueden describirse científicamente en el ámbito de los enfermos
psicopatológicos. Es verdad que la cultura mafiosa proviene de un
planteamiento de la realidad distorsionado, pero los capos y los matones
viven su condición con cierta normalidad.
«En la realidad mafiosa el sufrimiento psicológico representa un
motivo de vergüenza, de modo que quienes están dentro de la familia sólo
acuden al especialista secretamente y en casos verdaderamente extemos»,
precisan los profesores de la Universidad de Palermo.
Los casos extremos en cuestión rara vez se atienen a los problemas
morales. Más bien son el resultado de conflictos emocionales.
Probablemente porque la rigidez, la claustrofobia y la severidad de la
Cosa Nostra contradicen la afectividad, el cariño y el amor.
«Dentro de la mafia no está previsto el enamoramiento. Es
desestabilizante y está prohibido. Peor aún: el amor viene interpretado
como una suerte de traición a la familia mafiosa. Este mundo no puede
tolerar los desórdenes de la pasión», explican Lo Coco y Lo Verso en
este estudio innovador.
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Un loco llamado Dante |
La segunda parte
de 'Una terapia peligrosa' consiste en que Robert de Niro,
'capo' mafioso en estado de claustrofobia , improvisa una
enfermedad mental para salir del penitenciario donde se halla
prisionero. Se trata de una parodia y de una comedia, pero el
argumento de la película hollywoodiense está inspirado en la
realidad.
De hecho, el profesor Girolamo Lo Verso ha tenido la ocasión de
entrevistar a un 'boss' mafioso cuyas artes teatrales
convencieron a los grandes especialistas. He aquí el testimonio
personal del detenido: «Antes de ir a la cárcel hay que
buscarse alternativas. Yo, en mi caso, aproveché los
antecedentes familiares para entrar en el manicomio. Mi madre ya
estuvo en uno, de modo que no fue difícil apelar a un problema
psicológico hereditario. En los manicomios no hay tipos
difíciles, se come mejor, incluso hay bastante flexibilidad en
el descuento de las penas. Son razones de peso, ¿no?».
Pues bien, el 'capo' mafioso en cuestión decidió convertirse en
la reencarnación de Dante Alighieri, versión italiana del
prosaico Napoleón y prueba de la incompetencia de los doctores
que el trataron. Ninguno de ellos advirtió que era una persona
sana. «Tuve que hacer el papel de forma verosímil. Así es que
presté mucha atención al modo de comportarse de los
esquizofrénicos. Simulé las manías persecutorias, siempre atento
a evitar los tratamientos de choque. Y sostuve que era el propio
Dante en persona». |
Fuente: El Mundo
18/11/2003
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