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Martes 27 de enero de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

Psicología de un 'capo' mafioso

Psiquiatras italianos publican un estudio sobre la mentalidad de la 'Cosa Nostra'

 

El mafioso es un fundamentalista, un arquetipo antisocial que reniega de los valores ajenos y que atribuye a los propios un espíritu honorable, ominipotente, justo y necesario. Necesario para mantener la cohesión de la familia y para eludir los sentimentalismos. Porque el mafioso no puede enamorarse ni dejarse llevar por las pasiones. Necesita rectitud, equilibrio, puntos de referencia estables, concentración en la misión asignada.
Unos y otros matices pueden leerse entre las páginas de La psiqué mafiosa, sobrenombre de un ensayo científico, ameno y pionero que han llevado a cabo los profesores Gianluca Lo Coco y Girolamo Lo Verso después de haberse concedido una década de estudios.

Ambos trabajan en la Universidad de Palermo (Sicilia) y ambos se han propuesto emular el papel de Billy Cristal en Una terapia peligrosa. La diferencia es que Robert de Niro, constreñido a sentarse en el diván del psiquiatra víctima de una crisis de nervios, representa la parodia de una realidad extraordinariamente dura, hermética y cotidiana.

«La mafia constituye un mundo antropo-psíquico que exalta los valores masculinos de la virilidad, de la frialdad, de la resistencia al mundo de los esbirros y los jueces. Es la representación de un mundo bueno formado por hombres respetables y de uno externo agresivo y hostil. Igual que en los sistemas fundamentalistas, predominan las dicotomías absolutas del pensamiento. Y como en todos ellos, el yo personal resulta coincidente con el nosotros suprapersonal, escriben ambos psiquiatras en el preámbulo del ensayo.

No ha sido fácil desentrañar la mente de un capo de la Cosa Nostra ni irrumpir en el planeta de la omertà (complicidad del silencio).Entre otros motivos porque la mayoría de los pacientes a disposición provienen de las filas de los arrepentidos. Es decir, aquellos que experimentan un doloroso proceso de conversión y que vienen considerados entre los mafiosos como una estirpe maldita.

«La esencia del boss mafioso se reconoce en el ejercicio del poder y en la manipulación consciente de los demás. No existe una conciencia moral ni aparece el sentimiento de culpa respecto a las acciones violentas e ilegales. El hombre de honor se representa como un ser especial, incluso como un Dios en sí mismo, porque está en grado de ejercer el poder de la vida y de la muerte sobre las personas», matizan Gianluca Lo Coco y Girolamo Lo Verso en el libro. Ya lo decía el capo corleonés Leoluca Bagarella: «Dios da la vida, yo la quito». Y es que el gran boss mafioso, muchas veces aquejado de problemas de autoestima a imitación de Robert de Niro, necesita prolongarse en una especie de dimensión jerárquica sobrenatural.

Tanto, que los pistoleros y los matones adscritos a la Cosa Nostra interpretan las órdenes sin plantearse el menor complejo ético. Hacen el bien porque combaten al enemigo y porque así lo hicieron sus antepasados: «Raramente experimentan ansia o miedo cuando matan. Ignoran los sentimientos de culpa, duermen bien, nunca tienen pesadillas. En cambio, cuando se convierten en arrepentidos y en colaboradores de la justicia la situación psíquica cambia radicalmente. Porque entra en crisis la propia identidad y el problema de la pertenencia a la Cosa Nostra», escriben los autores del ensayo.

El matiz reviste especial importancia porque los mafiosos, como tales, no pueden describirse científicamente en el ámbito de los enfermos psicopatológicos. Es verdad que la cultura mafiosa proviene de un planteamiento de la realidad distorsionado, pero los capos y los matones viven su condición con cierta normalidad.

«En la realidad mafiosa el sufrimiento psicológico representa un motivo de vergüenza, de modo que quienes están dentro de la familia sólo acuden al especialista secretamente y en casos verdaderamente extemos», precisan los profesores de la Universidad de Palermo.

Los casos extremos en cuestión rara vez se atienen a los problemas morales. Más bien son el resultado de conflictos emocionales. Probablemente porque la rigidez, la claustrofobia y la severidad de la Cosa Nostra contradicen la afectividad, el cariño y el amor.

«Dentro de la mafia no está previsto el enamoramiento. Es desestabilizante y está prohibido. Peor aún: el amor viene interpretado como una suerte de traición a la familia mafiosa. Este mundo no puede tolerar los desórdenes de la pasión», explican Lo Coco y Lo Verso en este estudio innovador.

Un loco llamado Dante

La segunda parte de 'Una terapia peligrosa' consiste en que Robert de Niro, 'capo' mafioso en estado de claustrofobia , improvisa una enfermedad mental para salir del penitenciario donde se halla prisionero. Se trata de una parodia y de una comedia, pero el argumento de la película hollywoodiense está inspirado en la realidad.

De hecho, el profesor Girolamo Lo Verso ha tenido la ocasión de entrevistar a un 'boss' mafioso cuyas artes teatrales convencieron a los grandes especialistas. He aquí el testimonio personal del detenido: «Antes de ir a la cárcel hay que buscarse alternativas. Yo, en mi caso, aproveché los antecedentes familiares para entrar en el manicomio. Mi madre ya estuvo en uno, de modo que no fue difícil apelar a un problema psicológico hereditario. En los manicomios no hay tipos difíciles, se come mejor, incluso hay bastante flexibilidad en el descuento de las penas. Son razones de peso, ¿no?».

Pues bien, el 'capo' mafioso en cuestión decidió convertirse en la reencarnación de Dante Alighieri, versión italiana del prosaico Napoleón y prueba de la incompetencia de los doctores que el trataron. Ninguno de ellos advirtió que era una persona sana. «Tuve que hacer el papel de forma verosímil. Así es que presté mucha atención al modo de comportarse de los esquizofrénicos. Simulé las manías persecutorias, siempre atento a evitar los tratamientos de choque. Y sostuve que era el propio Dante en persona».

Fuente: El Mundo
18/11/2003

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