Seguridad Pública y Protección Civil
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Los colombianos relegan a
las redes gallegas a simples «narcotransportistas»
A pesar de las
cifras espectaculares del año pasado, la Policía considera que la lucha
contra el segundo escalón del narcotráfico es aún una asignatura
pendiente
Las más
de 45 toneladas de cocaína intervenidas en 2003 por las Fuerzas de
Seguridad suponen un récord histórico no sólo en España, sino también en
el conjunto de los países europeos: representan el 60 por ciento de toda
la requisada en Europa. La mayor parte de las operaciones fueron
consecuencia de investigaciones realizadas por el Cuerpo Nacional de
Policía y el grueso de esos 45.000 kilos fueron aprehendidos en
intervenciones en alta mar (entre un 70 y un 80 por ciento) con
abordajes a barcos nodrizas fletados por los carteles colombianos.
Las cifras demuestran la gran eficacia de la Policía española en la
lucha contra el narcotráfico, que ha alcanzado cotas de primer nivel
mundial, pero los expertos consultados por ABC admiten que aún queda una
asignatura pendiente: el combate contra el tráfico de estupefacientes a
media escala. Los técnicos consideran que a pesar de las operaciones
realizadas es lógico pensar que aún entran en nuestro país,
principalmente por Galicia, grandes alijos de cocaína, que luego son
redistribuidos en cargamentos más pequeños por grupos de colombianos.
Sin embargo, son pocas las intervenciones que se hacen de estos
alijos medios.
Para tratar de resolver el problema, desde la Dirección General de la
Policía se ha impulsado la creación y potenciación de grupos especiales
destinados a la investigación del segundo nivel del narcotráfico, que es
el que permite que la cocaína llegue a los consumidores. De hecho, este
es uno de los objetivos que los máximos responsables de la lucha contra
la droga se han fijado para 2004.
Las 45 toneladas de cocaína a lo largo de 2003 revelan, además de la
ya mencionada eficacia policial, que la demanda de esta droga ha crecido
de forma muy notable, por lo que también han aumentado los envíos desde
las zonas productoras. Prueba de ello es que, según las fuentes
consultadas, los continuados golpes a las redes del narcotráfico no han
afectado en modo alguno al precio de la droga en la calle, que se
mantiene estable.
Lo que sí ha variado sustancialmente en los últimos años es el papel de
las organizaciones de narcotraficantes españolas. La desarticulación de
las grandes redes, lideradas por históricos como Manuel Charlín, «Sito
Miñanco» o Laureano Oubiña, todos ellos en prisión y con largas condenas
por delante, ha provocado la aparición de nuevos grupos más numerosos
pero menos potentes y sin capacidad para afrontar en solitario grandes
operaciones de narcotráfico.
Con anterioridad, los grupos gallegos tenían contactos con los
cárteles colombianos, con los que negociaban la compra y el traslado de
la droga a España; ahora -a veces asociados con portugueses-
trabajan a comisión para los narcos de ese país afincados en España y su
papel se reduce al traslado de la cocaína desde los barcos nodriza hasta
las costas españolas, donde esconden el estupefaciente durante una
temporada en caletas gallegas hasta que es recogido por los responsables
del alijo (éstos suelen vivir en Madrid, Barcelona o alguna otra gran
ciudad española). Desde allí, en camiones, la droga se traslada a
distintos puntos de España y el resto de Europa.
En palabras de los expertos de la Policía, en estos momentos los
grupos españoles, que siguen formados en su mayoría por gallegos, se han
convertido en «narcotransportistas» que se quedan en torno a un 30 por
ciento del cargamento por su trabajo -esta fórmula es posible porque la
infraestructura humana y material de los clanes gallegos persiste pese a
los golpes policiales-. Los señores de la droga colombianos que
viven en España les marcan el punto de alta mar donde se encuentra el
barco nodriza y ellos ponen a su disposición las embarcaciones más
pequeñas, y sobre todo su conocimiento de la zona, para poder
desembarcar los alijos. Estas organizaciones españolas tienen a su vez
conexiones en Europa con grupos de Albania, Italia y Holanda.
Es importante destacar que los grupos españoles no participan en el
diseño de las operaciones de narcotráfico. Son los colombianos quienes
se ponen en contacto con los carteles de su país y planifican el
traslado de la droga en barcos, en cuyas tripulaciones se ha detectado
últimamente la presencia de miembros de la guerrilla. Las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), según informaciones de ese
país, se financian en un 75 por ciento con el dinero que obtienen del
tráfico de cocaína, lo mismo que el Ejército de Liberación Nacional
(ELN) y los grupos paramilitares.
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Detectan heroína
mezclada con cocaína |
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Análisis del Instituto Nacional de Toxicología han revelado una
tendencia alarmante en el narcotráfico. Al examinar diversas
partidas de cocaína intervenidas se ha hallado heroína que había
sido mezclada en proporciones variadas, pero con la intención de
que no se detectara, según fuentes del Plan Nacional de Drogas.
Ni siquiera los consumidores habituales de cocaína habrían
percibido en sus dosis la presencia del opiáceo, con propiedades
adictivas muy superiores a las de la cocaína. Durante dos
décadas la heroína ha causado la mayoría de problemas sociales y
sanitarios ligados al consumo de drogas, pese a que el consumo
de cocaína era el que se extendía sin tregua, ligado no sólo al
ocio sino en algunos casos a la actividad profesional. El
mercado de la heroína no atraviesa pues sus mejores momentos al
tiempo que la producción afgana se ha recuperado en buena medida
y se han abierto nuevas rutas. Estos dos factores han propiciado
la nueva estrategia. |
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La caída de los
carteles de Medellín y Cali dio paso a más de 150 grupos |
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La
práctica totalidad del cultivo (102.000 ha) y la producción de
la cocaína colombiana están en manos de la guerrilla, que sin
embargo tiene que llegar a acuerdos con los carteles para poder
llevar la droga a sus puntos de destino. Esta es la ruta del
«perico» hasta España
A mediados de los 90, sucesivos golpes policiales permitieron
acabar con los dos carteles que monopolizaban el negocio de la
cocaína en Colombia: el de Medellín, con Pablo Escobar,
Rodríguez Gacha y la familia Ochoa a la cabeza, y el de Cali,
liderado por los Rodríguez Orejuela. El desmantelamiento de
estas organizaciones, que controlaban desde el cultivo hasta la
producción y el transporte del estupefaciente, ha dado paso al
cabo de los años a la aparición de un gran número de nuevos
grupos, con la consiguiente multiplicación de la oferta.
Responsables policiales colombianos cifran en más de 150 el
número de pequeños carteles activos en este momento, a los que
habría que sumar algunas organizaciones aún muy potentes
lideradas por históricos del narcotráfico de ese país. Asimismo,
hay redes muy poderosas que trabajan desde México, si bien en
este último caso la mercancía tiene como destino EE.UU.
Uno de los fenómenos más interesantes a los que dio lugar el
final de los carteles de Medellín y de Cali fue el papel que a
partir de entonces empezaron a jugar los grupos guerrilleros y
los paramilitares. Ahora son estas organizaciones las que
controlan el cultivo y la producción de la cocaína y los
beneficios que obtienen son ya su principal fuente de
financiación.
Los cultivos de cocaína ocupan hoy 102. 000 hectáreas en la
selva colombiana y en buena parte están fuera de cualquier
control oficial. La guerrilla y los paramilitares tienen allí
sus bases y para los responsables policiales es imposible actuar
en esas zonas. Los campesinos sólo han tenido dos opciones: o
seguir en sus casas cultivando hoja de coca para sus nuevos
«señores» o abandonarlas y emigrar hacia las ciudades, con un
horizonte de hambre y miseria.
Desde el momento en que se cultiva la hoja de coca hasta que
llega a España la droga sigue un largo recorrido en el que estas
organizaciones terroristas tienen un papel preponderante.
Así, desde el campo se produce un primer transporte por vía
terrestre hasta el laboratorio donde se va a realizar la
transformación de la droga. Estas rutas a través de la selva y
las instalaciones de destino son controladas por los grupos
guerrilleros, que también se encargan del segundo traslado desde
los laboratorios hasta las caletas (almacenes) que los carteles
tienen, sobre todo, en la desembocadura del Orinoco.
En este punto son los carteles colombianos los que se hacen
cargo del estupefaciente y compran los barcos nodriza para el
traslado de la cocaína hasta Europa, normalmente viejísimas
embarcaciones muy inseguras. Estos mismos grupos contratan a
la tripulación contrabandista y llegan a acuerdos con sus
clientes en España, igualmente colombianos. Los españoles
son los encargados del traslado desde el nodriza hasta las
costas, a cambio de un porcentaje variable de la mercancía en
función del punto de recogida. Una vez allí vuelven a ser los
colombianos quienes redistribuyen la droga por España y Europa,
habitualmente en camiones. |
Fuente: ABC
25/01/2004
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