Belt Ibérica S.A. Analistas de Prevención

- Menú -

HOME

Noticias...
Se busca...
Eventos...
Legislación...
Bibliografía...
Artículos...

> MAPA del WEB <

Su opinión...

Envíenos la noticia o el comentario que desee.

 

 

Noticias Profesionales

  

Noticias

Viernes 30 de enero de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

Los colombianos relegan a las redes gallegas a simples «narcotransportistas»

A pesar de las cifras espectaculares del año pasado, la Policía considera que la lucha contra el segundo escalón del narcotráfico es aún una asignatura pendiente

 

Las más de 45 toneladas de cocaína intervenidas en 2003 por las Fuerzas de Seguridad suponen un récord histórico no sólo en España, sino también en el conjunto de los países europeos: representan el 60 por ciento de toda la requisada en Europa. La mayor parte de las operaciones fueron consecuencia de investigaciones realizadas por el Cuerpo Nacional de Policía y el grueso de esos 45.000 kilos fueron aprehendidos en intervenciones en alta mar (entre un 70 y un 80 por ciento) con abordajes a barcos nodrizas fletados por los carteles colombianos.

Las cifras demuestran la gran eficacia de la Policía española en la lucha contra el narcotráfico, que ha alcanzado cotas de primer nivel mundial, pero los expertos consultados por ABC admiten que aún queda una asignatura pendiente: el combate contra el tráfico de estupefacientes a media escala. Los técnicos consideran que a pesar de las operaciones realizadas es lógico pensar que aún entran en nuestro país, principalmente por Galicia, grandes alijos de cocaína, que luego son redistribuidos en cargamentos más pequeños por grupos de colombianos. Sin embargo, son pocas las intervenciones que se hacen de estos alijos medios.

Para tratar de resolver el problema, desde la Dirección General de la Policía se ha impulsado la creación y potenciación de grupos especiales destinados a la investigación del segundo nivel del narcotráfico, que es el que permite que la cocaína llegue a los consumidores. De hecho, este es uno de los objetivos que los máximos responsables de la lucha contra la droga se han fijado para 2004.

Las 45 toneladas de cocaína a lo largo de 2003 revelan, además de la ya mencionada eficacia policial, que la demanda de esta droga ha crecido de forma muy notable, por lo que también han aumentado los envíos desde las zonas productoras. Prueba de ello es que, según las fuentes consultadas, los continuados golpes a las redes del narcotráfico no han afectado en modo alguno al precio de la droga en la calle, que se mantiene estable.

Lo que sí ha variado sustancialmente en los últimos años es el papel de las organizaciones de narcotraficantes españolas. La desarticulación de las grandes redes, lideradas por históricos como Manuel Charlín, «Sito Miñanco» o Laureano Oubiña, todos ellos en prisión y con largas condenas por delante, ha provocado la aparición de nuevos grupos más numerosos pero menos potentes y sin capacidad para afrontar en solitario grandes operaciones de narcotráfico.

Con anterioridad, los grupos gallegos tenían contactos con los cárteles colombianos, con los que negociaban la compra y el traslado de la droga a España; ahora -a veces asociados con portugueses- trabajan a comisión para los narcos de ese país afincados en España y su papel se reduce al traslado de la cocaína desde los barcos nodriza hasta las costas españolas, donde esconden el estupefaciente durante una temporada en caletas gallegas hasta que es recogido por los responsables del alijo (éstos suelen vivir en Madrid, Barcelona o alguna otra gran ciudad española). Desde allí, en camiones, la droga se traslada a distintos puntos de España y el resto de Europa.

En palabras de los expertos de la Policía, en estos momentos los grupos españoles, que siguen formados en su mayoría por gallegos, se han convertido en «narcotransportistas» que se quedan en torno a un 30 por ciento del cargamento por su trabajo -esta fórmula es posible porque la infraestructura humana y material de los clanes gallegos persiste pese a los golpes policiales-. Los señores de la droga colombianos que viven en España les marcan el punto de alta mar donde se encuentra el barco nodriza y ellos ponen a su disposición las embarcaciones más pequeñas, y sobre todo su conocimiento de la zona, para poder desembarcar los alijos. Estas organizaciones españolas tienen a su vez conexiones en Europa con grupos de Albania, Italia y Holanda.

Es importante destacar que los grupos españoles no participan en el diseño de las operaciones de narcotráfico. Son los colombianos quienes se ponen en contacto con los carteles de su país y planifican el traslado de la droga en barcos, en cuyas tripulaciones se ha detectado últimamente la presencia de miembros de la guerrilla. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), según informaciones de ese país, se financian en un 75 por ciento con el dinero que obtienen del tráfico de cocaína, lo mismo que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los grupos paramilitares.
 

Detectan heroína mezclada con cocaína

Análisis del Instituto Nacional de Toxicología han revelado una tendencia alarmante en el narcotráfico. Al examinar diversas partidas de cocaína intervenidas se ha hallado heroína que había sido mezclada en proporciones variadas, pero con la intención de que no se detectara, según fuentes del Plan Nacional de Drogas. Ni siquiera los consumidores habituales de cocaína habrían percibido en sus dosis la presencia del opiáceo, con propiedades adictivas muy superiores a las de la cocaína. Durante dos décadas la heroína ha causado la mayoría de problemas sociales y sanitarios ligados al consumo de drogas, pese a que el consumo de cocaína era el que se extendía sin tregua, ligado no sólo al ocio sino en algunos casos a la actividad profesional. El mercado de la heroína no atraviesa pues sus mejores momentos al tiempo que la producción afgana se ha recuperado en buena medida y se han abierto nuevas rutas. Estos dos factores han propiciado la nueva estrategia.

 

La caída de los carteles de Medellín y Cali dio paso a más de 150 grupos

La práctica totalidad del cultivo (102.000 ha) y la producción de la cocaína colombiana están en manos de la guerrilla, que sin embargo tiene que llegar a acuerdos con los carteles para poder llevar la droga a sus puntos de destino. Esta es la ruta del «perico» hasta España

A mediados de los 90, sucesivos golpes policiales permitieron acabar con los dos carteles que monopolizaban el negocio de la cocaína en Colombia: el de Medellín, con Pablo Escobar, Rodríguez Gacha y la familia Ochoa a la cabeza, y el de Cali, liderado por los Rodríguez Orejuela. El desmantelamiento de estas organizaciones, que controlaban desde el cultivo hasta la producción y el transporte del estupefaciente, ha dado paso al cabo de los años a la aparición de un gran número de nuevos grupos, con la consiguiente multiplicación de la oferta.

Responsables policiales colombianos cifran en más de 150 el número de pequeños carteles activos en este momento, a los que habría que sumar algunas organizaciones aún muy potentes lideradas por históricos del narcotráfico de ese país. Asimismo, hay redes muy poderosas que trabajan desde México, si bien en este último caso la mercancía tiene como destino EE.UU.

Uno de los fenómenos más interesantes a los que dio lugar el final de los carteles de Medellín y de Cali fue el papel que a partir de entonces empezaron a jugar los grupos guerrilleros y los paramilitares. Ahora son estas organizaciones las que controlan el cultivo y la producción de la cocaína y los beneficios que obtienen son ya su principal fuente de financiación.

Los cultivos de cocaína ocupan hoy 102. 000 hectáreas en la selva colombiana y en buena parte están fuera de cualquier control oficial. La guerrilla y los paramilitares tienen allí sus bases y para los responsables policiales es imposible actuar en esas zonas. Los campesinos sólo han tenido dos opciones: o seguir en sus casas cultivando hoja de coca para sus nuevos «señores» o abandonarlas y emigrar hacia las ciudades, con un horizonte de hambre y miseria.

Desde el momento en que se cultiva la hoja de coca hasta que llega a España la droga sigue un largo recorrido en el que estas organizaciones terroristas tienen un papel preponderante. Así, desde el campo se produce un primer transporte por vía terrestre hasta el laboratorio donde se va a realizar la transformación de la droga. Estas rutas a través de la selva y las instalaciones de destino son controladas por los grupos guerrilleros, que también se encargan del segundo traslado desde los laboratorios hasta las caletas (almacenes) que los carteles tienen, sobre todo, en la desembocadura del Orinoco.

En este punto son los carteles colombianos los que se hacen cargo del estupefaciente y compran los barcos nodriza para el traslado de la cocaína hasta Europa, normalmente viejísimas embarcaciones muy inseguras. Estos mismos grupos contratan a la tripulación contrabandista y llegan a acuerdos con sus clientes en España, igualmente colombianos. Los españoles son los encargados del traslado desde el nodriza hasta las costas, a cambio de un porcentaje variable de la mercancía en función del punto de recogida. Una vez allí vuelven a ser los colombianos quienes redistribuyen la droga por España y Europa, habitualmente en camiones.

Fuente: ABC
25/01/2004

© BELT.ES  Copyright. Belt Ibérica, S.A. Madrid - 2004. belt@belt.es