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 Miércoles 7 de enero de 2004


Seguridad Pública y Protección Civil

EE UU ficha a miles de viajeros en los aeropuertos en busca de terroristas

Unos 24 millones de personas se verán afectadas en un año por las nuevas medidas de seguridad

Agentes federales comenzaron ayer oficialmente a tomar las huellas dactilares y las fotografías de miles de personas que llegan a EE UU a través de 115 aeropuertos y 14 puertos. A los españoles y ciudadanos de otros 26 países que no necesitan visados para entrar en EE UU y que viajan como turistas, por un tiempo inferior a tres meses, no se les aplica la nueva normativa, pero a todos ellos se les exigirán, a partir de octubre, nuevos pasaportes en los que se incluyan datos biométricos. Según Tom Ridge, responsable del Departamento de Seguridad Interior, se trata de "abrir las fronteras a los viajeros y cerrársela a los terroristas". Las principales fronteras aéreas y marítimas de EE UU reciben a los visitantes con carteles en los que se anuncia el programa US-VISIT, decidido por el Congreso a propuesta del Departamento de Seguridad Nacional. Las instrucciones se dan en varios idiomas y con despliegue gráfico para que el viajero vea claramente que debe colocar el dedo índice de la mano izquierda y el de la mano derecha -por este orden- sobre una pequeña caja en la que hay un lector óptico. Con la huella electrónica tomada y en el mismo mostrador en el que se le controla el pasaporte, el visitante debe mirar hacia una pequeña cámara esférica que le mira, como un ojo, para hacer la fotografía.

El secretario de Seguridad
Interior de EE UU, Tom Ridge,
 habla con una pasajera
chilena en Atlanta

Las huellas dactilares electrónicas se contrastan con una base de datos en la que se combina información sobre historiales criminales y listas terroristas. Se asegura que se protegerán los datos acumulados y que sólo serán accesibles a las autoridades y por razones de seguridad. La toma de huellas y la foto se exigen también a la salida de EE UU, para reiterar el control y para confirmar que no se han violado los términos del visado. Los responsables estadounidenses del programa calculan que unos 24 millones de personas pasarán por estos controles cada año.

Las principales críticas sobre las nuevas exigencias tienen dos capítulos. En primer lugar, las medidas suscitan -desde que fueron anunciadas en otoño- las protestas de los grupos que condenan las medidas de la lucha contra el terrorismo en las que se sacrifican libertades y que atentan contra el derecho a la intimidad. Ridge, que pasó ayer el día en el aeropuerto de Atlanta comprobando la entrada en vigor de los nuevos controles y haciendo un esfuerzo de relaciones públicas con algunos visitantes extranjeros a los que les explicó las medidas, aseguró que son "fáciles para los viajeros, pero difíciles de esquivar para los terroristas". Según el zar de la seguridad estadounidense, "forman parte de un plan más amplio para garantizar que nuestras fronteras siguen estando abiertas para los viajeros, pero cerradas para los terroristas". En un programa piloto aplicado en Atlanta en los últimos meses, aseguró Ridge, se detuvo a 21 personas buscadas por el FBI.

El cierre a los terroristas del que habla Ridge es relativo, porque no hay control sobre los turistas de todos los países exentos de visado. Por el momento, las medidas tampoco se aplican a los que entran en EE UU por carretera a través de Canadá o México.

Otro grave problema de las nuevas medidas es la capacidad que tienen de producir atascos en las ya nutridas colas de entrada en EE UU. En las pruebas hechas en los últimos 15 días para que los agentes se entrenaran ha habido de todo: las huellas y fotos causaron horas de retrasos en el aeropuerto de Filadelfia el pasado 28 de diciembre, entre otros a un vuelo de US Airways procedente de Madrid. En cambio, la sesión de entrenamiento del viernes en el aeropuerto Dulles de Washington, en un vuelo de Londres que tenía retraso por las alarmas que llevaron a la suspensión del vuelo precedente fue mucho más rápida. Y a los pasajeros del mismo vuelo de British Airways que aterrizó el domingo por la noche en Dulles no se le aplicó ninguna de las medidas. Ridge aseguró ayer que después del rodaje de estos días, no deberían emplearse más de 10 o 15 segundos por persona para la toma de huellas y la foto. La mayor parte de los visitantes extranjeros que ayer eran entrevistados se mostraban comprensivos y pacientes con los nuevos requisitos.

Los países cuyos turistas no necesitan pasar por las huellas y la foto -siempre que estén menos de tres meses- son prácticamente todos los europeos y otros, como Canadá, México, Japón, Singapur, Australia, Nueva Zelanda y Brunei, exentos de visado, pero que dentro de diez meses necesitarán el nuevo pasaporte para entrar en EE UU. En cambio, a los visitantes de otros 25 países que sí necesitan visado para EE UU -y que han tenido que someterse a un amplio cuestionario para solicitarlo- se les aplican automáticamente las medidas, igual que a los ciudadanos de los 27 países exentos que sí tienen visado por razones profesionales o educativas.

Las aerolíneas aplican las medidas antiterroristas

Las compañías aéreas internacionales que operan en los aeropuertos de EE UU no han tenido más remedio que aplicar a conciencia y rápido las medidas antiterroristas que les exige el Departamento de Seguridad Nacional para poder utilizar su espacio aéreo. Y los pasajeros, según indican las propias compañías, están resignados a soportar los nuevos trámites que se aplican en las fronteras estadounidenses. La situación, a pesar de los controles, es de normalidad y los retrasos están siendo muy limitados.

"Estamos aplicando todas las indicaciones y reglas que nos están exigiendo desde el departamento de Seguridad", comentaban ayer fuentes de la compañía aérea de bandera finlandesa Finnair en Nueva York. La misma respuesta la dieron el resto de aerolíneas consultadas, como la portuguesa TAP o Singapore Airlines. Pero ninguna quiso dar detalles precisos sobre las medidas adicionales que se están adoptando dentro de la aeronaves para cumplir las normas de seguridad que se les exige desde la Casa Blanca, incluida la presencia de agentes armados. "Lo que se está haciendo es para proteger a los pasajeros", señalan desde Singapore Airlines. Las compañías consultadas aseguran que ningún pasajero se está quejando de momento por los inconvenientes a los que se les está sometiendo en los aeropuertos. El mayor problema, según explican, es que muchos pasajeros esperan hasta el último minuto para ir al aeropuerto. "Estamos aconsejando a los pasajeros en clase turista que vengan con tres horas de antelación como mínimo porque el proceso de facturación se ha hecho mucho más pesado", explican en Finnair, "pero muchos no hacen caso a nuestras indicaciones".

 

"Si no tienes nada que ocultar, ¿dónde está el problema?"

"Si no tienes nada que ocultar, ¿dónde está el problema?". Es una de las reacciones más repetidas de las que se escucharon durante toda la jornada de ayer entre los viajeros que estrenaron el nuevo sistema de control biométrico en las fronteras de Estados Unidos. Por tierra, por aire o por mar, los primeros extranjeros que se aventuraron a entrar en un país blindado contra la amenaza terrorista se mostraron por lo general bastante compresivos ante las severas medidas de seguridad en vigor. Otros no se cortaron y la calificaron de "indignante".

Las cadenas de televisión estadounidenses mandaron a sus cámaras a los principales aeropuertos del país y otros puntos de entrada para, micrófono en mano, sondear el estado de ánimo de los visitantes después de pasar por los controles. La respuesta fue más bien positiva y la mayoría reconoció no tener "ningún problema" ni sentirse "ofendidos" por que se le tomen las huellas o por que se les haga una foto para poder cruzar la frontera. "Creo que es normal y bueno que se haga ante las cosas que están pasando", afirmaba un viajero jamaicano tras pasar por el escáner del aeropuerto de Miami.

Desde el aeropuerto internacional de Washington, un ciudadano brasileño consideró que "no es necesario llegar a este extremo" y calificó de "denigrante" que se someta a los extranjeros a este proceso. En un tono más duro se expresó otro brasileño, que comparó la medida con los controles del Ejército nazi. "Atenta contra los derechos humanos, viola la dignidad del hombre y es xenófobo", dijo. Su país ha decido aplicar los mismos trámites de seguridad a los ciudadanos estadounidenses basándose en el principio de reciprocidad.

Un informático argentino reconoció, en todo caso, que no tiene más remedio que aceptar las reglas para poder entrar en el país. Los turistas de la Unión Europea teóricamente están exentos de pasar por este trámite, pero no está siendo el caso y varios ciudadanos franceses y españoles afirman que se han visto obligados a pasar por el registro de sus huellas digitales a pesar de que disponían del pasaporte electrónico. "Me hubiera gustado saber por qué, pero todo pasó muy rápido", afirma una francesa.

"Tampoco te preguntan si estás dispuestos a ser fotografiado", añade otro turista, "y si lo haces te responden: 'debe hacerlo", apostilla una estudiante brasileña. En lo que todos coinciden es en la "rapidez" del proceso. "Te miran el pasaporte, te hacen unas preguntas para saber qué vas a hacer en Estados Unidos y después te piden que pongas el dedo en la máquina y que te quedes quieto para tomarte la foto. No lleva más de un minuto", explicaban los viajeros entrevistados.

 

EE.UU., aislado en su hiperseguridad

Las medidas de seguridad aérea impuestas por Estados Unidos están provocando efectos muy heterogéneos, tanto en el mantenimiento de una política antiterrorista global como en las concretas relaciones de seguridad con Europa. La identificación previa de pasajeros, el fichado policial de turistas y estudiantes y la presencia de agentes armados en los vuelos internacionales son iniciativas unilaterales que no están generando suficiente consenso para ser plenamente eficaces, ni se perciben como respuestas totalmente adecuadas a la amenaza que se pretende conjurar. Desde el 11-S Estados Unidos ha defendido su derecho a prevenir nuevos ataques terroristas mediante la legítima defensa y las acciones anticipatorias. La comunidad internacional ha acompañado la determinación estadounidense con respuestas de diversa naturaleza: resoluciones de Naciones Unidas, convenios contra la financiación del terrorismo, reforma de la OTAN, coaliciones militares. La intervención en Irak quebró la unanimidad en torno a Washington, aunque el desacuerdo no privó a Estados Unidos de un número de aliados suficiente para sentirse nuevamente arropado en el derrocamiento de Sadam Husein. En contra del habitual reproche de unilateralismo, Estados Unidos ha comprobado y aceptado que no es posible la autosuficiencia en la lucha contra el terrorismo internacional, en la que la guerra -Afganistán, Irak- ocupa una parte más limitada -aunque más intensa y costosa- que el trabajo diario de inteligencia, información y prevención. Para este trabajo, Washington ya sabe que necesita a sus aliados más que nunca, como actualmente en la extensión de unos nuevos sistemas de seguridad aérea basados, fundamentalmente, en el blindaje de los vuelos a Estados Unidos. Ningún país puede cuestionar el principio de esta ambición, compartida por todos los que están objetivamente señalados por el terrorismo internacional. Pero, precisamente, siendo común el interés en tener unos cielos libres de terroristas, Estados Unidos se excede al tratar la cuestión como un asunto de seguridad exclusivamente interior y se arriesga a colapsar una parte importante del tráfico aéreo (empiezan a ser diarias las suspensiones de vuelos por motivos de seguridad), a generar respuestas de reciprocidad poco amistosas -como la de Brasil, que ficha a todos los pasajeros estadounidenses- y a conceder a los terroristas una victoria psicológica inestimable. Al Qaida puede pensar, con motivo, que ha levantado un bloqueo intimidatorio en torno a Estados Unidos.

Hasta ahora, Estados Unidos ha conseguido ejercer su liderazgo evitando la soledad, lo cual ha sido posible, entre otras causas, porque ha planteado objetivos claros y medidas proporcionadas a la gravedad de la amenaza. Solos, realmente solos, se han quedado aquellos gobiernos que quisieron enfrentar a Europa con Estados Unidos, contraponiendo principios de actuación moral y jurídica, que realmente ocultaban intereses estratégicos de muy diversa índole. Lo que ahora sucede es que esos objetivos no se perciben, al menos con la misma nitidez que en Afganistán o Irak, en sus demandas de control de los vuelos con destino a sus aeropuertos. Siendo planos totalmente distintos -la intervención militar y la prevención policial-, ambos son escenarios de la colaboración internacional contra el terrorismo y, a veces, las mayores discrepancias surgen en asuntos aparentemente de menor cuantía. La negativa de diversos países europeos y de algunas líneas aéreas -como British Airways- a introducir agentes armados en los vuelos a Estados Unidos puede acabar en algo más que una discrepancia táctica, como ocurre, a mayor escala, con Guantánamo. El mayor error que podría cometer Estados Unidos es mostrarse preso de un arrebato por su seguridad y, más aún, pensar que sus aliados están obligados por principio a secundarla. Por coherencia, para un aliado siempre será más fácil compartir una guerra justificada que una obsesión desproporcionada.

Fuente: El País
06/12/2003
ABC
05/01/2004

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