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Miércoles 18 de febrero de 2004


Gestión y Protección del Conocimiento

El diez por ciento de la pintura que se compra en el mercado español es falso

Los expertos aseguran que la creciente demanda de arte propicia la proliferación de copias

 

El arte mueve en España más de 700 millones de euros. Nuestro país cuenta con casi 150 museos y una creciente oferta de «merchandising» cultural. Aunque cada vez hay más coleccionistas privados, el mercado depende de las compras de empresas y bancos. También crecen las subastas, la afición por las antigüedades y galerías, más de 600 en toda España. Sin embargo, sobre este friso pintado en rosa, los expertos llaman la atención sobre un dato: el 10 por ciento de la pintura que se vende en el mercado español es falsa. Sólo su certificación podrá poner freno a los «fakes».

Si hay un mundo envuelto de misteriosos y secretos pactos, ese es el mundo del arte. Es de las pocas actividades humanas en las que el valor del objeto la da el precio. Aunque muchos parecen renegar todavía del arte como una actividad mercantil, lo cierto es que cada año se mueven cientos de millones a su alrededor. Se ha convertido en un valor seguro para invertir, un valor, en definitiva, con el que se especula como con el más funcional de los productos industriales.

El único estudio que existe sobre el dinero que gira en torno al arte en España lo ha publicado la Unión de Asociaciones de Galerías. En él se maneja la cifra de 721 millones de euros entre 2002 y 2005. En este capítulo se incluyen todo tipo de objetos artísticos y de sistemas de comercialización. Objetos de anticuario, arte antiguo, ediciones, además del cada vez más habitual «merchandising» de los museos. Sin embargo, los expertos sostienen que el 10 por ciento de la pintura que se vende en España es falsa. En el argot artístico recibe el nombre de «fakes». Esta valoración se hace a partir de muestras recogidas de las incautaciones policiales, por denuncias de compradoras y por la inestimable colaboración de historiadores dedicados a autentificar obras. Es el caso del conservador del Museo de Prado Matías Díaz Padrón, que ha confesado que después de 25 años certificando obras de El Greco sólo ha encontrado ¿un original!.

Teniendo en cuenta el «agujero» que siempre ha presentado la obra gráfica de Dalí, plagada de falsificaciones (por cierto, la Fundación Gala-Dalí de Figueras ya no extiende certificados de autenticidad), y teniendo en cuenta también las dudas que se han extendido en artistas como Miró (sobre todo a partir de que Jacques Dupin dejara de emitir sus informes), es lógico pensar que una décima parte de la pintura que se vende es falsa. Tampoco se escapan de la lista negra «jóvenes consagrados» como Barceló. Así lo recoge también un pormenorizado informe del crítico de arte Carlos García-Osuna.

Un bello negocio

Una cifra que José Manuel Lluent (autor del libro «Expolio y fraude en el arte») todavía considera pequeña. «Si contamos las obras que ha pintado un artista antiguo, comprobaremos que siempre aparece más pintura de la que se ha autentificado. A una espectacular obra le seguirá pronto el feliz hallazgo de otras obras». Bajo su punto de vista, sólo las certificaciones puede poner coto a este submercado.

 ¿Por qué se sigue comprando pintura entonces? Jacqueline Boccador, considerada como la mayor experta en el mundo del anticuario, ofrece un motivo: porque la denuncia de un caso abriría las sospechas sobre toda una colección. Además, no hay que olvidar la revalorización constante de los objetos de arte, que oscila entre el 10 y el 15 por ciento cada año. Pero la mayor rentabilidad la dan las pinturas compradas por más de 100.000 euros, que se revalorizan anualmente un 12,5 por ciento, según un estudio de Kusin & Co. Además, la situación de España en este mercado es especialmente favorable, llegando a alcanzar el 0,6 del mercado mundial (según el informe de «Art Sales Index», recogido por Arco en su web).

José Manuel Lluent cree que el certificado de autenticidad deberá imponerse en los próximos años. Pero ojo. También se está imponiendo la práctica de falsificar estos documentos. «El método es muy sencillo cuenta Lluent. Los piratas se bajan de internet los logotipos de las fundaciones que dan la certificación, luegos los copias y añaden un informe, que por supuesto es falso».

De los 721 millones de euros que factura el arte, entre 180 y 210 millones los generan directamente las galerías, lo que supone una cifra (sobre los 30.000 millones de pesetas) demasiado optimista para la realidad de las salas de arte en España, según el galerista Joan Anton Maragall. «En España, el 80 por ciento de las galerías son muy pequeñas y no facturan más de 30 millones de pesetas al año. Basta hacer números si se cuenta que hay alrededor de 600 galerías». El informe sobre el mercado del arte de la Unión de Asociones de Galerías, presidida por Pepe Cobo, sostiene que la amplia red de museos en España (150 centros) ha impulsado el comercio del arte.

Los únicos datos públicos de ventas son los que ofrecen las salas de subastas, mientras que las galerías siguen, aunque cada vez menos, manteniendo un cierto hermetismo. Sobre esto, Soledad Lorenzo, una veterana del galerismo español, dice que los datos para cualquier estudio pueden encontrarse ya en Hacienda:, «Yo sé más de beneficios y pérdidas, porque tú puedes vender un cuadro muy caro pero tener una comisión muy pequeña». «Cada vez hay más claridad añade. Mis clientes hace tiempo que no ponen pegas para facturar, porque además tienen que certificar que esas obras son suyas». Maragall insiste sobre este aspecto: «Sólo hay que ir al Registro Mercantil. Hay mucho mito sobre el oscurantismo en el arte. Además, hay que tener en cuenta que ahora compran muchas empresas, instituciones, bancos, que deducen el IVA y necesitan factura, aunque sea para demostrar la propiedad».

Soledad Lorenzo cree que la ocultación de datos es dañina y no ayuda al objetivo del sector: conseguir que el arte contemporáneo desgrave lo mismo que el arte antiguo, un 15 por ciento. Pero matiza: «El primer paso lo tendría que dar una buena Ley de Mecenazgo que incentivara el mercado».

 

Fuente: La Razón
Febrero de 2004

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