Seguridad Pública y Protección Civil
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Tras la huella de la
mafia en España
El Cuerpo Nacional
de Policía investigó el año pasado a 251 grupos criminales dedicados al
tráfico de drogas, el blanqueo, la prostitución y la inmigración. Actúan
en las grandes ciudades y se caracterizan por su organización y
peligrosidad
Cuando
Europol le pedía hace pocos años a la Policía italiana su informe sobre
delincuencia organizada la respuesta obtenida se repetía. En el país
actuaban tres organizaciones la Camorra, la N´ Drangueta y Cosa Nostra;
es decir, sólo consideraban como tal a las omnipotentes y temibles
mafias capaces de corromper políticos, asesinar jueces, manejar empresas
e irradiar su poder a medio mundo.
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Entre
esas tres organizaciones y las cerca de 4.000 de impronta europea que
hoy cita Europol en sus análisis policiales el salto es abismal y, en
parte, ficticio. Tan ficticio como concluir que un cuarto de todas
las redes criminales organizadas que actúan en Europa están asentadas en
España. Sin embargo, según las datos fríos, es así. En 2002 las Fuerzas
de Seguridad conocieron la existencia de 594 bandas y los informes del
Cuerpo Nacional de Policía de 2003 reflejan que la Policía Judicial
investigó la actividad de 251 grupos criminales, de los que se
desarticularon 210 de forma total (153) o parcial (57), según
información de Interior.
Son cifras obtenidas de la base de datos GATI de la Policía, de
máxima fiabilidad. El problema radica en delimitar qué es
delincuencia organizada, ya que una mera trasposición de los criterios
aplicados hasta el momento, marcados por Interpol, hace que aparezcan
como grupos organizados bandas cuya peligrosidad y especialización es
más que discutible, que no hacen sino engordar unas cifras y dibujar un
panorama alejado de la realidad.
El ejemplo más evidente sería el de los numerosos grupos rumanos de «revienta-cabinas»,
que provocan grandes pérdidas económicas pero que están formados por
simples «chorizos» que como «tecnología de vanguardia»
utilizan brocas con las que malbaratan los cajetines y cuya
especialización es nula. Estas bandas aparecen en las estadísticas como
crimen organizado, lo que los analistas de la Policía consideran un
error.
Para conseguir un mapa de delincuencia de alto nivel ajustado a la
realidad, los responsables policiales van a poner en marcha, a partir de
este año, unos criterios más depurados que deben cumplir los grupos para
ser considerados dentro de esta categoría. Con este fin ya se han
mantenido reuniones entre el CNP y la Guardia Civil.
Las condiciones de Interpol
Los requisitos girarán en torno a los once fijados desde hace tiempo
por Interpol de los que ahora necesariamente se han de cumplir los
cuatro primeros y dos más, entre el resto, que son opcionales. Los
fundamentos son: que el grupo esté formado por más de tres personas; que
tenga una actuación en el tiempo, al menos durante seis meses y
continuidad en sus acciones; que cometan delitos graves y obtengan
beneficios, poder o influencia. Los siete alternativos serían: que
exista un reparto específico de tareas; una jerarquía o control interno;
que tengan un ámbito internacional de actuación; que utilicen violencia
e intimidación; que usen estructuras comerciales o empresariales; que
blanqueen dinero y usen la influencia o corrupción. Interior pretende
partir de un mínimo y al ir sumando aumentar el concepto de mayor o
menor peligrosidad de la banda.
Los expertos policiales admiten que con esta renovación de criterios las
cifras de grupos de delincuencia organizada disminuirán, pero aseguran
«que no se trata, ni mucho menos, de ocultar una realidad, sino de
ser más rigurosos para combatir el fenómeno».
Pero hasta que llegue ese momento los datos de los que se disponen ya
hacen intuir esa realidad: en 2001, de los 290 grupos detectados por la
Policía 170 eran de nivel básico o bajo; en 2002, de 268 de los que se
tuvo conocimiento por parte de la Policía, 179 pertenecían a la misma
categoría, y el año pasado de 251, 131 eran poco importantes. Las
fuentes consultadas insisten en que la mayor parte de estas bandas no
debían aparecer en las estadísticas por la distorsión que acarrean.
El peligro búlgaro
De nivel muy alto, en 2001 se investigaron doce, seis en 2002 y sólo
cuatro el año pasado. Tres siguen actuando pero una, la que había
cargado el «South Sea» con siete toneladas de cocaína, quedó
descabezado. Este año podría incluirse en la categoría alta la red
desmantelada a finales de enero por la Comisaría General de Policía
Judicial, formada por búlgaros y que estaba especializada en el robo y
tráfico de coches de lujo. Su jefe está considerado como el capo que
controla este multimillonario negocio en España.
Los delincuentes de esta nacionalidad preocupan a los investigadores,
dada su peligrosidad y violencia, pese a que en 2003 sólo se detuvo a 26
búlgaros miembros de grupos organizados, frente 822 españoles -en total
se arrestó a 2.108 criminales-. «Las organizaciones de tráfico de
coches y prostitutas del Este, las de cocaína y las de hachís y blanqueo
de la Costa del Sol son nuestra Camorra particular», aclara un
responsable policial.
Fuente: ABC
15/02/2004
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